Academia Edimburgo - Capítulo 22
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22: Capítulo 21 “Secreto revelado…” 22: Capítulo 21 “Secreto revelado…” SASHA La noche había caído sobre la Academia, los ventanales del dormitorio femenino reflejaban la luz azulada de la luna.
Afuera, la lluvia fina comenzaba a cubrir los jardines con un brillo tenue, mientras dentro del edificio todo era silencioso y respiraciones dormidas.
Aila estaba sentada en la orilla de su cama, con el cabello aún húmedo por la ducha y una toalla enrollada alrededor del brazo derecho.
La tela se manchaba con un leve resplandor azulado que se filtraba debajo: el sello.
Su piel ardía, pulsando en intervalos como un latido independiente, cada gesto suyo era una prueba de la agonía que estaba viviendo y no podía hacer nada más que estar con ella y apoyarla en su dolor.
La observaba desde el escritorio.
—No puedo creer que aún siga doliéndote de esa forma—murmuré mientras me levantaba para acercarme—.
Aila, esto no es normal.
—Nada en mí lo es—respondió ella, con una sonrisa agotada.
Me arrodillé frente a ella, tomando con cuidado su brazo.
El calor que emanaba era casi insoportable, como si el fuego estuviera aún bajo su piel.
—Anoche creí que te mataría este sello—susurré, recordando el momento en que vi el sello por primera vez, no era algo de cual no tuviera conocimiento, pero el verlo fue impactante.
Aún recordaba la primera vez que Aila me habló del sello, aunque en esa época todavía este no despertaba, sin embargo, fui testigo del poder del sello de su madre una vez y fue que me di cuenta de que era mi deber como amiga de Aila ayudarle en todo lo que pudiera para evitar que Aila caiga en las manos equivocadas.
Pero tras el incidente que tuvimos con Sonja, el sello se había manifestado, aunque en menor medida, sin embargo, sus poderes de bruja se manifestaron antes de tiempo, lo cual hizo que muchos ojos se posaran en Aila y en el poder que despertó antes de lo esperado, tiempo después las dos fuimos separadas y luego fue que tuve aquel enfrentamiento con Sonja.
—No quería que lo vieras,—dijo Aila absorta en la ventana, en voz baja—no quería que nadie más lo viera.
Alcé la vista, con una mezcla de preocupación y lealtad obstinada.
—Soy tu amiga.
De no saberlo yo, ¿Quién más podría tener la capacidad de cubrirte cuando lo necesitas?
El silencio se prolongó unos segundos antes de que Aila bajara la mirada, derrotada.
—La profesora Draven, lo sabe.
Me incorporé de golpe.
—¡¿Cómo?!
—Lo notó en clase—respondió—.
No sé cómo, pero supo lo que era cuando lo vio.
Fue al instante, me llamó después de clase.
Me lo dijo todo.
Su voz tembló apenas.
—Dijo que conoció a mi madre.
Que el sello…
no es solamente mío.
Que fue el sacrificio que ella hizo, para evitar una catástrofe.
El sello era el símbolo de los Crown, pero tras aquel incidente Sonja tomó la decisión de ser el recipiente del sello y evitar mayores desastres.
Ella al darse cuenta de lo que estaba pasando fue entonces que decidió tomar el riesgo y con el paso del tiempo su cuerpo no lo soportó y entonces fue que quedó en esa silla de ruedas hace dos años—.
Me dejé caer en la cama frente a ella.
Intentaba procesar lo que me había dicho.
—Entonces…
era verdad—murmuré—.
Tu madre, el Rey Damon, los híbridos…
todo eso de lo que siempre hablaban en los registros…
—Fue una gran mentira, además yo estaba envuelta en el asunto por el hecho de que Damon se dio cuenta de que el poder del sello emanaba dentro de mí, estaba latente, y por lo tanto, él buscaba hacerlo despertar con el propósito de deshacerse de todos los híbridos, además de que el hecho de que no fue él quien despertó el poder del sello cuando mis padres se conocieron.
Fue lo que hizo que Damon enloqueciera pensando en que él debió de haber despertado ese poder, pero la Diosa Luna tuvo otros planes.
Patético, ¿no crees?—Expresó con una mezcla de pesar y de lástima.
Ella sentía pena, no por su madre, sino por un hombre que nunca fue correspondido por el amor que propiciaba por una mujer que nunca lo miraría de la misma forma que Sonja alguna vez llegó a mirar al Padre de Aila.
Damon en cambio, terminó corrompido por su propia ambición.
—¿Alguna vez pensaste que esto pasaría?—Su mirada se oscureció por completo.
Me di cuenta de que esa pregunta no la debí de haber hecho.
Un silencio denso se plantó en la habitación.
Fue mala idea preguntarle eso.
—Toda mi vida he vivido con la incertidumbre de que en cualquier momento, él vendrá por mí y cuando eso pase, ni siquiera mi madre podrá evitarlo, ya su cuerpo sufrió las consecuencias del sacrificio que hizo, para evitar que Damon hiciera aquella atrocidad…—Expresó con gelidez en su voz.—Sin embargo, soy consciente de que sino aprendo a dominar el poder del sello, este me consumirá hasta no dejar rastro de lo que soy actualmente.
—¿Vas a confiar en Draven?—pregunté dejando de lado el tema de Damon, por un momento, lo cual hizo que su semblante cambiara, ese brillo gélido en sus ojos se apaciguó y en cambio fue reemplazado por un brillo de esperanza e incertidumbre.
—Sí.
Una pausa.—Dijo que mi madre confió en ella, entonces haré lo mismo.
Respiré hondo, pasando una mano por mi propio cabello rojo, aún despeinado.
—Entonces, yo también haré lo mismo.—hablé con firmeza—.
Si confías en ella, confiaré.
Pero tienes que prometerme algo, Aila.
—¿De qué se trata?
—Que no cargarás solo con esto otra vez.—Le toqué el hombro con cuidado—.
No me importa si es una maldición, una promesa o incluso una locura.
Si esto te duele, lo vamos a enfrentar juntas.
Aila me miró unos segundos antes de sonreír, aunque sus ojos estaban húmedos.
—Eres la única persona que me hace pensar que puedo hacer esto.
Solté una pequeña risa y me dejé caer hacia atrás sobre la cama, mirando al techo.
—Bueno, alguien tiene que asegurarse de que la futura portadora de un sello ancestral no se convierta en un caos andante antes de los exámenes de mitad de curso.
Lo cual sería algo beneficioso porque nadie de aquí los quiere hacer…
Aila soltó una risa ahogada, que rompió la tensión del aire.
La luz del sello disminuyó poco a poco, hasta que quedó un leve resplandor bajo la piel.
Por un instante, todo volvió a parecer normal: dos amigas, en una habitación, riendo a media noche en la Academia.
Pero en el fondo, ambas sabíamos que esa paz sería algo temporal, que nada sería igual.
Mientras la lluvia golpeaba los ventanales, Aila se permitió una última mirada hacia el cielo cubierto por nubes.
La luna apenas era visible…, pero su reflejo seguía latiendo en su brazo, como si no pensara en dejarla en paz.
Porque pese a que Aila era una mujer fuerte y persistente, ella…
por dentro era bastante frágil y llena de miedos que ocultaba bajo una máscara cargada de severidad y frialdad, pero eso…
no era lo que parecía.
—¿Qué es eso de un sello ancestral en el brazo de Aila?—Nos incorporamos enseguida en el instante en que oímos a Heiner entrar.
Estaba consternado, confundido, incrédulo.
Ninguna de las dos dijo nada, pero Heiner insistió, traté de explicarle que no era nada, sin embargo Aila, me detuvo poniendo una mano en mi hombro, me miró y negó con la cabeza.
—No hace mentir, percibí su olor en el instante en que la lluvia se soltó.
Fue tenue el olor, pero suficiente para poder darme cuenta—.
Heiner tragó saliva, no fue por nerviosismo sino porque fue atrapado antes de que él se diera cuenta.
—Vaya, me atrapaste—.
Habló con algo de vergüenza en su voz.
—Siendo un Alfa me sorprende que no pensaras en algo tan básico como eso.
Pero lo entiendo, cuando un alfa encuentra a su luna, es imposible que tenga cabeza para otras cosas, aunque siendo honesta te voy a pedir que no le digas a nadie del sello en mi brazo, no deseo que alguien sea injustamente lastimado por eso.
—Entiendo, no te preocupes por eso.
Además teniendo a alguien que sepa esto, a parte de Sasha es bueno porque ninguna de las dos llevará la carga de esconder esto.
¿Quién más lo sabe?
—Hasta el momento la profesora Draven y tú—respondí.
—Comprendo, por lo pronto le pediré a uno de mis hombres que te cuide en las sombras, para evitar que el secreto se sepa.
No te preocupes, no sabrá el secreto, le diré que necesito que proteja a Sasha.
No hará preguntas, es discreto.
—Mientras no llame la atención, no me importa.—respondió Aila con algo de desdén en su voz, pero estaba cargado de un tono de agradecimiento que ella misma no podía expresar a otros, a excepción de su padre, hermanos y a mí, en especial.
Tras haber respondido preguntas algo incomodas, pero necesarias para tener una mejor comprensión de la situación de Aila.
Heiner se fue sin decir una sola palabra más, nos quedamos solas Aila y yo pensando en que al menos él lo entendió de una forma en la que me hizo dar cuenta de que él sabía más de lo que pensaba.
Pero no quise indagar, era hora de dormir y teníamos clase.
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