Academia Edimburgo - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Capítulo 22 El secreto del sello
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23: Capítulo 22 “El secreto del sello…” 23: Capítulo 22 “El secreto del sello…” AILA Las voces dentro de mis sueños eran tan frecuentes que ni siquiera era capaz de cerrar los ojos sin antes despertar de golpe, jadeando, temblando hasta el punto de no poder tener el control en mi cuerpo, el sello brillaba más hasta el punto en que ni la ropa era capaz de opacar el brillo que emanaba la marca.
Desperté por cuarta vez.
Otra vez ese día, nuevamente reviviendo ese incidente.
Jadeaba sintiendo que no era capaz de respirar por mi cuenta, me sentía dentro del agua, ahogándome de a poco hasta el punto en que ni podía dar un suspiro.
Me dolía el pecho, me dolía el cuerpo, me ardía tanto que no tenía la fuerza para moverme sin antes caer en una profunda desesperación por dejar de sufrir.
Desde que supe que mi cuerpo sería portador de un antiguo y poderoso poder ancestral, supe que mi vida jamás sería normal, de eso era consciente, pero realmente no tenía ni idea de lo que en verdad conlleva ser la portadora del sello de media luna.
No deseaba más que ser libre y feliz a mi manera, pero fue mi madre quien se interpuso en mi destino y lo hizo en más de una ocasión, ahora lo importante era saber por qué mi hermano intentó suicidarse en la AE.
Preguntar de forma tan abierta, no era la mejor opción.
Sin embargo, tenía la idea de quién podría darme información, pero debía de tener cuidado con la forma en que preguntara.
Pronto los temblores y jadeos cesaron de a poco, el dolor y el ardor en mi cuerpo se desvanecieron tan pronto como llegaron.
Me levanté de la cama con algo de dificultad, la pesadez en mi cuerpo era un efecto secundario del cual tenía que acostumbrarme, sobretodo en mis entrenamientos en combate que eran prácticamente todos los días con Wolf.
Miré la hora en mi celular, al mirar la pantalla el reloj marcaban las cuatro de la mañana, el cielo era oscuro y profundo, no había estrellas tintineando en el cielo, solo la luna llena brillando con su máximo esplendor, la luz que entraba por la ventana iluminaba una parte de la habitación.
La luna era tan hermosa, su luz era tan pura y al mirarla sentía tanta paz y a la vez una calma que incluso el mismo sello dejó de arder, pero su resplandor azul seguía latente en mi piel.
—La luna…—murmuré—está cerca…
Seguí mirando la luna hasta que sin darme cuenta de que alguien estaba dentro de mi habitación.
Sabía que no era Sasha porque esta había sido secuestrada por Heiner en su cama.
Esos dos no tenían remedio alguno, por lo que no tenía sentido discutir con un alfa lujurioso que había encontrado a su luna.
A veces pensaba que incluso yo no iba a tener la oportunidad de experimentar lo mismo que Sasha estaba experimentando, el amor.
Algo que muchos damos por sentado que el amor vendrá a nosotros los seres sobrenaturales como yo, pero aún sabiendo que mi madre tuvo esa oportunidad, aún así ella nunca lo valoró y, por lo tanto no deseaba vivir esa clase de vida.
Era patético.
Ni siquiera la gente era capaz de mirarme a los lejos, menos siendo hija de Sonja.
Entonces mi teléfono sonó y vi que era Sasha.
“Volveré en un rato, este lujurioso no me deja en paz, aprovecharé en cuanto logre que se duerma…” Me solté a reír.
Sabía que no le iba a ser tan sencillo conseguir hacer eso, además los alfas eran muy perceptivos y muy difícilmente iba a conseguir quitárselo de encima.
—Eso lo dudo…—murmuré mientras negaba con la cabeza.
Dejé el teléfono de lado y seguí pensando en que mi destino posiblemente era estar sola.
—Ahora debo concentrarme en buscar la razón por la que Adler intentó suicidarse…
Tomé mi teléfono, una sudadera negra con capucha y mis botas de combate, salí de mi habitación dejando un sustituto en la cama que no duraría mucho, pero serviría para evitar levantar sospechas.
Me fui por la ventana, irme por la puerta no serviría de nada, además corría el riesgo de ser descubierta.
Me movía en silencio entre los pasillos subterráneos que eran prohibidos para los estudiantes de primer año, el corazón me martillaba contra las costillas.
Las luces mágicas del corredor superior habían sido apagadas hace ya una hora, y solo el tenue resplandor del sello en mi brazo y la linterna de mi celular guiaba mi camino.
Afuera, en los pasillos superiores, los Guardianes de primer nivel—los vigilantes encargados de mantener la seguirdad de la Academia—realizaban su ronda.
No debía dejar que me vieran.
No después de que el sello emegiera en mal momento.
Giré a una esquina y me deslicé detrás de una estatua agrietada, justo cuando dos Guardianes pasaban.
Sus capas oscuras se movieron como espectros camuflados en la penumbra.
Sus ojos, cubiertos por visores arcanos, destellaban con un brillo plateado que era capaz de detectar cualquier anomalía mágica.
Contuve la respiración.
—Nivel inferior despejado—dijo uno de ellos, su voz distorsionada y metálica a través del comunicador.
—Continuemos al ala oeste—El otro respondió sin emoción.
Esperé hasta que sus pasos desaparecieran antes de salir de mi escondite.
El sello en mi brazo ardía levemente, como si reconociera el lugar.
Había oído rumores desde que era una niña, sobre túneles antiguos bajo la Academia Edimburgo, que habían sido construidos antes de que se convirtiera en el prestigioso internado moderno que ahora todos conocían.
Algunos decían que esos túneles guardaban secretos acerca del fundador, mientras que otros decían que albergaban los pecados que la historia quiso enterrar.
Fue ahí, entre los pasillos olvidados, donde mi hermano Adler Crown, fue visto por última vez antes de ser encontrado en el patio trasero hace dos años, vivo, pero roto, con la mirada vacía y las manos cubiertas de sangre.
Nunca quiso hablar de ello, simplemente dejó una frase antes de desaparecer de la Academia: “La sangre de los Crown no debía ser tocada…” Llegué a la puerta de hierro oxidada, medio oculta tras un tapiz viejo.
Con un hechizo leve de desbloqueo—uno que aprendí de los libros del ejército al cual me uní en secreto para reunir información sobre mi madre, sus secretos y principalmente por mi hermano.
Muy pocos sabían que yo era parte del ejército, pero nadie sabía mis razones, sin embargo, lo único que he buscado es ser libre de las ataduras de Sonja, creía que al no poder ser parte de la Academia, mi mejor alternativa era ser escriba del Rey Alfa, pero al lograr entrar a la Academia mis posibilidades de descubrir la verdad eran más altas y al mismo tiempo corría el riesgo de no lograr mi objetivo.
El cerrojo cedió con un ligero chasquido.
El aire que salió de la grieta era frío y antiguo.
Dentro, de la catacumbas eran más amplias que el laberinto del día del examen, no era lo que esperaba.
Filas de columnas cubiertas de símbolos olvidados se extendían hasta perder en la oscuridad, entre ellas, el resto de cofres, pergaminos y runas apagadas cubrían el suelo.
Y allí, en el centro, una mesa de piedra.
Sobre ella, había un diario encuadernado en cuero negro, cubierto de polvo y telarañas.
Me acerqué lentamente, con el pulso acelerado.
Cuando lo toqué, el sello de mi brazo reaccionó con un resplandor tenue.
Las runas del libro respondieron al instante, iluminándose como si estas me reconocieran.
Lo abrí.
La primera página estaba firmada con una caligrafía que me hizo contener el aliento.
Adler Crown.—Cuaderno de apuntes de defensa de artes oscuras.
Nivel avanzado.
Mi hermano.
Las paginas estaban llenas de anotaciones: diagramas mágicos, referencias a sellos, y descripciones de rituales prohibidos.
Pero lo que realmente me hizo temblar fue un fragmento en medio de las últimas hojas, escrito con prisa, manchado de tinta y lágrimas secas: He encontrado la verdad sobre la herencia del sello de la media luna, no es una herencia, es una maldición.
Sonja Crown simplemente selló algo que no es solo magia ancestral.
Fue algo vivo.
Y ahora late dentro de mi hermana, pronto este sello se revelará ante ella y luego de ello el poder del sello la dominará sino es capaz de ver la verdad.
Di un paso atrás, mi respiración era entrecortada.
Las palabras parecían arder sobre el papel.
Volví a leer.
Una segunda nota, escrita más abajo, con una caligrafía torcida y temblorosa: Intenté advertirle a la profesora Draven, pero ella no pudo hacer nada, cuando supo la verdad, fue peor.
El consejo lo sabía, no hay salida.
Si me encuentran, será porque ya es demasiado tarde.
El diario se resbaló de mis manos y cayó al suelo con un golpe seco.
El eco se expandió por toda la catacumba, y un escalofrío recorrió mi espalda.
Detrás de mí, un murmullo sutil se elevó.
—Aila…
El sello de mi brazo comenzó a arder con fuerza, proyectando el símbolo de la media luna sobre el suelo.
Las runas de la catacumba respondieron, encendiéndose una a una, formando un círculo de luz alrededor de mí.
—No…—susurré—.
No ahora…
La energía se elevó como una corriente viva, envolviéndola en una niebla plateada.
Por un instante, creí ver una silueta frente a mí—alta, con el mismo cabello oscuro que nuestra madre,—observándome desde el otro extremo de la sala.
Y entonces, antes de poder decir una palabra, la puerta de hierro se cerró con un estruendo, sellando el lugar.
El eco de la voz de mi hermano resonó en mi mente, claro, doliente, desesperado: No despiertes lo que duerme, Aila…
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