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Academia Edimburgo - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Capítulo 28 El peso de la corona
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29: Capítulo 28 “El peso de la corona” 29: Capítulo 28 “El peso de la corona” ASHER Había quienes decían que Adam Wolf era un hombre imposible de descifrar.

Su silencio era más pesado que un desafío directo, que su fuerza no provenía de hechizos sino de algo más profundo, más primitivo, más…

salvaje.

Debajo de esos ojos azules, tan inmutables como la neblina del norte, debía esconder un pasado que jamás compartiría.

Tenían razón.

Solo se equivocaban en una sola cosa: No se imaginaban cuán profundo era ese pasado.

Asher Klein, rey alfa de Edimburgo, rey del clan del norte, nunca planee convertirme en nadie más.

Pero la traición de Damon, el caos que arrasó al reino y el precio que Sonja pagó para evitar una tragedia.

Me obligaron a tomar decisiones que nunca pensé que tendría que tomar, que no tenían nada que ver con el honor que me habían inculcado desde niño.

Había nacido para liderar.

Para proteger territorios, clanes, pactos antiguos y vidas enteras.

Pero después de aquella noche…

Protegí algo más valioso que mi corona: la verdad que podría destruir al mundo.

Fue entonces que cree a Adam Wolf.

El nombre surgió en una madrugada silenciosa, mientras quemaba mis ropas reales, me despojaba de mi anillo en el fondo de un armario dentro de una caja de madera pequeña color caoba con un hechizo que impide que alguien a excepción de mí pueda tomarlo.

La identidad, sin embargo, surgió de algo más profundo: de la necesidad de esconder al lobo más brillante entre el resto de las sombras.

Como Adam Wolf, tenía algo que siendo Asher nunca pude disfrutar en realidad: libertad.

Libertad era una palabra demasiado grande para mi posición.

Pero siendo Adam Wolf, era completamente distinto.

Nadie esperaba nada de mí.

Nadie me seguía.

Nadie se arrodillaba ante mí.

Y sobretodo, nadie me vigilaba.

Me gustaba esta extraña e incómoda paz.

Esa sensación de que mi vida, por primera vez, no estaba escrita en leyes y responsabilidad.

En la AE era solo un instructor de combate—severo, inaccesible, incansable—y un Guardián que cumplía con su deber sin levantar sospechas.

Las mujeres me observaban, claro.

El misterio atraía.

Mi fuerza los desarmaba.

Mi silencio era un arma que parecía prometer más de lo que jamás me atrevería a dar.

Pero yo nunca levanté la mirada hacia alguna de ellas.

Adam Wolf no podía tener vínculos.

Y Asher Klein ya tenía demasiadas cicatrices como para permitirse uno nuevo.

A veces escuchaba las risas en los pasillos, los susurros entre estudiantes que no entendían el por qué el instructor más atractivo e intimidante de la AE jamás mostraba interés alguno.

Algunas me consideraban arrogante, mientras que otras inalcanzable.

La verdad era mucho más simple, casi dolorosa: Seguía siendo un rey.

Y los reyes no amaban la libertad.

Tampoco la elegían.

Ni mucho menos podían pertenecer a nadie.

Pero siendo Adam, si tenía esa posibilidad.

Adam Wolf podía caminar sin sentir la presión de los Clanes y Manadas.

Podía entrenar alumnos sin llevar la carga de miles.

Podía respirar sin que cada exhalación determinara la política de Edimburgo.

Podía existir sin que su sombra se convirtiera en la máxima autoridad.

Asher era poder.

Adam era libertad e independencia.

Cuando más me miraba en el espejo por las noches, ya no estaba seguro de cuál de mis dos identidades era real o más bien cuál era la verdadera.

Me quedé de pie, apoyando sobre el alféizar de la pequeña ventana de mi habitación en la Academia.

La luz de la luna delineaba daba directamente en mi rostro perfilando mi sombra.

Mostrando al hombre que el mundo conocía…

y al que nunca conocería realmente.

—Mientras nadie recuerde mi nombre, Edimburgo seguirá con vida…—murmuré—, nada se perderá…

Era un sacrificio silencioso.

Una renuncia que solo yo entendía.

La amenaza de una guerra era palpable, se olía, se respiraba, se percibía en el ambiente.

Damon debía ser contenido o destruido.

Aila estaría a salvo de la sangre que la perseguía.

La estabilidad de Edimburgo dependía de cuán capaz era de mantener mi posición bajo las sombras sin ser descubierto por nada ni por nadie.

La seguridad de Aila era la máxima prioridad.

Ser Adam Wolf le daría esa protección sin exponerla al peligro de mi verdadera posición.

El amanecer llegó sin darme cuenta, el sol entraba por el reflejo de la ventana dando directamente al suelo.

Era hora de ser el Instructor Wolf, ser el profesor que todos ven con otros ojos, a diferencia del Rey Alfa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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