Academia Edimburgo - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 Capítulo 31 La chica de cabellos blancos
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32: Capítulo 31 “La chica de cabellos blancos” 32: Capítulo 31 “La chica de cabellos blancos” NARRADOR OMNISCIENTE La mujer de cabellos blancos observaba la academia desde la distancia, oculta entre los pinos oscuros que crecían en las laderas más antiguas de los prados que rodeaban la AE.
La noche era fría, oscura, con un manto casi obediente, y la luna—casi llena—se reflejaba en su cabello albino con un brillo antinatural, como si este no perteneciera del todo a este mundo.
Nadie conocía su nombre.
Porque ella se había encargado de enterrarlos a todos.
Había sido hija, discípula, hermana, aliada…
Y finalmente, traidora.
O eso decían o dirían los libros, si alguna vez se atrevían a escribir su historia.
Apretó los puños alrededor del colgante que pendía de su cuello: una runa rota, vieja como la guerra entre reyes y clanes.
No era un adorno, era una promesa.
—Sigues vivo, Asher Klein—murmuró, con una voz tan suave como el filo de una daga lista para apuñalar a cualquiera que se atravesara en su camino.—Igual que la sombra que te acompaña.
Recordó el instante en que su hoja había atravesado la defensa del rey alfa en las catacumbas.
Dudó, mucho menos había temblado.
Pero eso tampoco la hizo querer matarlo.
Siendo así, eso la hubiese sido ser misericordiosa con él.
El muchacho, Adler Crown, hijo de la comandante que la llevó a ser lo que ella era en el presente.
Sin embargo, eso era diferente, algo con lo que después tendría que lidiar.
Cuyo ataque no fue por debilidad, sino por conocimiento.
Adler había descubierto y leído cosas que no debían ser sacadas a la luz, pero los Crown no entendían de razones.
La mujer se apartó del árbol y avanzó unos pasos, sintiendo cómo la magia bajo la tierra respondía a su presencia.
Las catacumbas la reconocían.
Siempre lo habían hecho.
Porque mucho antes de que la Academia se alzara de los suelos y cimientos de las catacumbas, ella había caminado por los túneles.
—La niña ha despertado el sello—susurró, cerrando los ojos.
El sello de la media luna.
Había sentido su pulso la noche anterior, un latido antiguo que le erizó la piel.
La sangre de Sonja no solo había sobrevivido.
Había florecido.
Eso había cambiado todo.
Aila Crown, no era una pieza en el tablero de ajedrez.
Ella era el tablero de ajedrez.
Sonrió, pero no hubo alegría en el gesto.
Solo determinación cansada.
—No tienes idea de que lo que llevas en el brazo, pequeña híbrida—dijo al viento—.
Ni lo que te exigirán cuando el mundo lo recuerde.
Se dio la vuelta, su capa oscura fundiéndose con la noche.
Tenía poco tiempo.
Los Guardianes comenzaban a moverse.
El rey alfa ya estaba alerta.
Y la profesora Draven…
siempre había sido más perceptiva de lo que ella aparentaba.
Pero no importaba.
El juego había comenzado mucho antes de que cualquiera de ellos creyera que podía ser participe.
Y ella no buscaba venganza, buscaba redención, equilibrio.
Cuando la verdad saliera a luz, nadie agradecería a quien la protegió desde las sombras.
La mujer de cabellos blancos estaba dispuesta a cargar con ese odio.
Era un precio que ella estaba dispuesta a pagar.
Incluso si eso conllevaba a tener que enfrentarse al rey alfa nuevamente.
Hacerle frente a Sonja y destruir lo que ella había creado.
La luna ascendió un poco más alto en el cielo.
Y algún punto bajo de la Academia, algo antiguo respondió a su llamado.
**** AILA El ardor en mi brazo fue lo que me hizo despertar.
Como si este estuviera o quisiera decirme algo.
Una clase de alerta o cualquier otra cosa.
El ardor era diferente, por lo que no pude ignorarlo por más que traté, además el sello estaba prácticamente iluminando toda la habitación.
Lo cual hizo que Sasha se despertara molesta, pero al ver lo que estaba pasando pasó de estar medio dormida y molesta a estar muy despierta al ver la intensidad del sello.
Tanto que incluso brincó fuera de la cama y corrió hacia a mí en un intento desesperado de entender qué demonios estaba pasando.
Estaba igual o más desconcertada que ella, pero de igual forma ambas no íbamos a quedarnos de brazos cruzados.
—¿Qué demonios está pasando?—Exclamó Sasha asombrada y desconcertada.
—No tengo idea, creo que el sello trata de decirme algo—.
Sasha frunció el ceño aún más desconcertada.
—Perdóname, pero eso es absurdo—Sabía que era ridículo, sin embargo, era algo que no podía explicar.
Era una sensación que mi mente y corazón no podía ignorar.
—Lo sé, pero no puedo ignorar esta sensación.—expliqué pensando en que mis palabras no habían convencido a Sasha del todo.
—No es que no te crea Aila, pero…—se tomó un momento y después siguió hablando—No dejes que el sello domine tu buen juicio ante las cosas.—asentí en respuesta a su consejo.
Era verdad.
No debía permitir que el sello decidiera por mí las cosas.
—Entiendo lo que dices, pero tengo la sensación de que algo o alguien está cerca de la Academia y que pronto pasará algo.
Sin embargo, deseo estar equivocada—.
Expresé esperando que así fuera.
Solté un largo suspiro y entonces decidimos volver a dormir.
Tendríamos clases muy temprano y el estar despiertas muy tarde conllevaría problemas.
Además el brillo del sello se había atenuado y, por lo tanto, no debía de causar otro problema más.
Incluso al día siguiente comenzaría mis lecciones con Draven para aprender a controlar el sello y usar su poder como arma para protegerme a mí y a la gente de mi alrededor.
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