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Academia Edimburgo - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capítulo 34 Castigo
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35: Capítulo 34 “Castigo” 35: Capítulo 34 “Castigo” SASHA A la mañana siguiente Aila y yo nos levantamos de cama con dificultad luego de la paliza que nos dio Wolf la noche anterior tras haber entrado a las catacumbas y haber traído con nosotras a la chica de cabellos blancos a la cual no le vimos el rostro, su cabello lo cubría por completo.

—¡Ah!—Exclamé al sentir el golpe en mi cadera en el momento en que me senté en la cama.

—¡Ay!—Chilló tras haberse sentado en el borde de la cama.—Recuérdame nunca desafiar a Wolf, eso dolió—.

Se quejó.

Y yo en cambio me reí con ganas.

Y después ella negando con la cabeza.

Luego de transcurrido unos minutos de risa, finalmente el silencio invadió la habitación.

Había algo de verdad en lo que dijo Wolf, fuimos irresponsables, no pensamos en las consecuencias de lo que iba a suceder, pero entonces Aila dijo algo que me hizo dar cuenta de que lo que hicimos fue el primer paso para saber más sobre el incidente de Adler.

—Es verdad lo que nos dijo Wolf, pero…

el haber dado con esa mujer fue un factor clave, sin embargo, no creo que me dejen hablar con ella para preguntarle sobre el incidente de Adler.

Aunque no dudo en que pronto vendrán los Guardianes de primer nivel a preguntarnos por qué diablos fuimos a las catacumbas y también por qué había una mujer de cabellos blancos allí—.

Soltó un suspiro cargado de frustración, tiró de su cabello con fuerza harta de la situación.

Mientras pensábamos en qué hacer para salir de la situación en la que nos habíamos metido.

Pero antes de poder decir algo o hacer algo, golpes en la puerta resonaron en la habitación.

Aila y yo nos miramos dudosa en sí abrir o no la puerta.

Pero la insistencia de los golpes en la puerta fue lo que me hizo querer abrirla, respiré profundo y antes de abrir dije: —¿Quién?—Pregunté imaginándome que era Wolf, pero la respuesta me sorprendió y a la vez me tranquilizó.

—Soy yo.

Heiner—Abrí la puerta y entró casi como rayo, rápido y sin esperarlo una invitación a entrar.

Me abrazó antes de tan siquiera decir algo.

Le correspondí el abrazo, realmente lo necesitaba.

Rompimos el abrazo y hablamos los tres.

—Me enteré de su hazaña.

¿Están bien las dos?—Preguntó con evidente preocupación.—¿Qué estaban pensando al ir solas?

Aila y yo nos miramos mutuamente y ella asintió.

Entonces confesamos.

—Esta es la razón por la que Sasha y yo fuimos a las catacumbas—puso el diario sobre la cama, dejándolo como una sentencia a la cual todos estábamos a punto de caer todavía más y más profundo.

Heiner abrió el diario y al leer unas cuantas palabras, fue suficiente para que todas sus preguntas fueran respondidas sin la necesidad de hacerlas.

—¿La mujer herida que apareció esta mañana es la chica de cabellos blancos?—Preguntó desconcertado.

Soltó un largo suspiro cargado de preocupación y miedo en su voz.

—Así es—respondió Aila con seguridad.— y además fuimos sermoneadas por Wolf y unos palos de combate.

Por lo que ahora nos duele estar sentadas, pero no podemos estar de pie sin antes caernos.—Dijo Aila mientras sobaba su cadera que aún le dolía.

—¿Ya les dio su castigo?—Preguntó Heiner lanzando un largo suspiro cargado de una mezcla de frustración y resignación.

—No.

Todavía no, pero dijo que él mismo se iba a encargar de eso y que no hablemos con nadie sobre el tema, así que por favor no digas nada a nadie.

No quiero que te castigue por nuestra culpa—Le pedí mirándolo a los ojos, tragó saliva nervioso.

Aceptó sin más remedio.

—No diré nada, pero…

Antes de que completara la oración Wolf hizo acto de presencia.

Al vernos era muy obvio que quería estrangularnos o matarnos a gritos hasta dejarnos sordas y aturdidas.

—Crown, Burnedead…

vengan conmigo—Nos levantamos de la cama con dificultad.

Seguimos a Wolf temiendo que nos fuera a dar algo más que un castigo y los golpes que nos dio anoche.

Llegamos al salón de combate y vimos los palos de combate, Aila y yo nos miramos mutuamente y ambas tragamos saliva.

No era bueno…

Wolf tomó uno de los palos de combate, golpeó con él suelo con una firmeza que me hizo sobresaltar.

Aila por otro lado, ella no se inmutó ni siquiera un poco, no era de extrañar sabiendo la clase de mujer que la crió y entrenó con mano dura.

Esa mirada cargada de furia y decepción fue más que evidente.

El silencio incomodo y mortal que se había instalado en la habitación se rompió cuando Wolf habló.

—Ahora que estamos aquí.

Les diré lo siguiente—Se tomó un momento y prosiguió—.

A partir de este momento tienen prohibido ir a las catacumbas por lo que reste de este semestre, además vendrán aquí por tres semanas a limpiar el salón de combate y cada una de las armas debe quedar reluciente y luego de que terminen irán hablar con el Director de la Academia sobre lo sucedido en las catacumbas y de cada una de las actividades que han hecho dentro y fuera de las catacumbas—.

Asentimos sin decir una sola palabra, porque de lo contrario lo único que provocaríamos sería que nuestros días en la AE estén contados.

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez era más tenso, más aterrador, más…

estremecedor.

No había manera de decirlo de otro modo, era una sensación que no se lograba describir con palabras, pero el hecho de vivirlo en carne propia era suficiente para rogarle en silencio a la Diosa Luna porque nos ayudara a salir del problema en que nos habíamos metido.

Aila seguía estando tranquila, demasiado tranquila era com sí ella hubiese esperado a que todo esto sucediera, era evidente que era hija de Sonja Crown, por más que ella deseara negarlo.

Y era consciente de ello.

Aila Crown era todo menos normal.

—¿Qué tienes qué decir a tu favor, Crown?—Aila se mantuvo serena incluso ante esa pregunta, que a cualquiera lo hubiese puesto incomodo o nervioso.

Wolf levantó una ceja desconcertado, lo cual hizo que se irritara más.—¿En serio no tienes nada qué decir?—Aila suspiró pesadamente.

—Sinceramente no tengo nada que decir, pero…

debo decir que cuando fuimos atacadas por la chica de cabellos blancos, vi algo raro en una de las paredes de las catacumbas, justo en el lugar donde la ataqué, pero no estoy segura de qué fue, sin embargo tengo la certeza que alguien estaba observando—.

Wolf suspiró pesadamente tras la confesión de Aila, se frotó el puente de la nariz con frustración una que ni siquiera pude descifrar tras haber visto la furia en su rostro.

—Váyanse de aquí—Nos ordenó.

Simplemente obedecimos y nos fuimos de allí antes de provocar un problema todavía mayor.

Nos fuimos a clases tratando de no levantar sospechas, pero muchos no dejaban de hablar de la chica de cabellos blancos que fue encontrada en las catacumbas, fue un tema de conversación durante todo un día.

Luego de clases volvimos al salón de combate y nos pusimos a limpiar.

El sonido de la escoba barriendo, Aila murmurando insultos hacia Wolf mientras barría, me hizo dar cuenta de que ella realmente estaba frustrada y molesta en más de una forma.

Mientras limpiaba las armas que estaban claramente pegajosas y con un olor a agrio.

Era asqueroso.

Pensaba en lo ocurrido anoche y más el hecho de que Aila había mencionado lo de la peculiaridad de la pared cuando atacó a la chica de cabellos blancos.

Entonces Aila se acercó a mí con una escoba en la mano y en la otra un trapeador.

Me dio el trapeador y comencé a trapear, mientras que ella se dispuso a limpiar las armas faltantes.

Al terminar de limpiar, tomamos asiento y soltamos un largo suspiro cargado de cansancio absoluto.

No hablamos sobre lo ocurrido de anoche, mucho menos del motivo por el que fuimos a las catacumbas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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