Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Academia Edimburgo - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Academia Edimburgo
  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 35 Verdades ocultas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: Capítulo 35 “Verdades ocultas” 36: Capítulo 35 “Verdades ocultas” AILA Luego de haber terminado de limpiar el salón de combate, Sasha y yo fuimos a dormir, sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando nos despertamos de golpe al oír golpes en la puertas eran precisos, pero apresurados.

Sasha se levantó adormilada y al abrir la puerta soltó un jadeo cargado de sorpresa.

Lo cual hizo que me despertara de golpe, me asomé a la puerta y vi que era Wolf, me levanté de golpe de la cama, sin saber qué hacer sobre todo porque era incomodo estar en la misma habitación con un hombre que es mi profesor y que además me estaba observando con aquella mirada fría a la que ya estaba acostumbrada, pero había algo diferente en esa mirada y ese algo era…

¿incomodidad?

No, eso no era.

¿Deseo?

¡Eso era imposible!

No llevaba nada provocativo, solo una pijama simple que se componía de una camiseta ancha que era de mi hermano Adler, y un pantalón ancho de cuadros rojos que usaba para dormir.

NO entendía el por qué de esa mirada oscura cargada de lujuria pura en él.

Entonces oyó a Sasha suspirar con pesadez y fue que reaccionó.

Aquel momento de tensión fue suficiente para dejarme más desconcertada que incomoda que no lograba entender y eso me hizo dudar, pero pronto se aclaró la garganta y habló con esa seriedad y severidad que lo caracterizaba.

—Vengan conmigo, el director quiere hablar con ustedes dos—.

Asentimos sabiendo que negarnos sería mucho peor.

Salimos de la habitación yendo detrás de él camino a la oficina del director de la Academia.

Sinceramente no pensé que decir la verdad sobre el asunto de la pared de las catacumbas nos llevaría a estar en la oficina del director.

Realmente no deseaba ir por una simple y sencilla razón.

El director había sido compañero de equipo de mi madre y siendo honesta no lo culpo por odiarla en más de una forma.

Y al ser muy parecida a Sonja eso lo hacía más incomodo.

No sé cuánto tiempo pasó cuando llegamos a la puerta de la oficina del director, la miré y al ver la puerta de color caoba oscuro, la placa con su nombre estaba grabada en letra Helvetica que era de un color opaco que combinaba con el color de las letras negras del nombre de ese hombre.

Estefan Petrov…

Un hombre en sus cuarenta, alto, de pelo oscuro con algunos cabellos plateados a los costados que reflejaban los años de experiencia que se iban acumulando y reluciendo de a poco, barba cortada, perfectamente cuidada.

Sus ojos grises eran agudos y afilados, además de ser bastante perceptivos, parecían evaluar más allá de la experiencia, como si cada persona que entraba fuera un texto abierto esperando a ser leído entre líneas, pero siendo un hombre con semejantes características de personalidad, no se le podía comparar con alguien como Sonja o al menos eso era lo que ella decía.

El hombre que mi mamá a veces mencionaba con cierto desprecio, pero a la vez con una validación tan falsa como la manera en que siempre se expresaba de quienes consideraba inferiores en más de una forma.

Ver ese nombre me trajo recuerdos incomodos de mi infancia, pero que de alguna forma me ayudaron a entender a la clase de mujer que era mi madre.

Solté un largo suspiro y pensé en muchas cosas entre ellas que el pobre tipo la daría un infarto del disgusto cuando me viera entrar a su oficina.

Vestía un traje oscuro que contrastaba con la seriedad de su rostro.

Fría, dura, despiadada y algunas veces grosera.

Sasha me miró asintió.

Entonces la puerta se abrió y detrás de esta allí estaba…

El director me miraba como si hubiese visto un fantasma, pero pronto se dio cuenta de que no era así.

Sus ojos grises brillantes me miraban con una expresión de sorpresa y de incredulidad, era como si hubiese presenciado la imagen de alguien a quien conoció en el pasado demasiado bien como para poder disimular dicha reacción.

Dicha reacción quedó atrás en el momento en que Wolf habló rompiendo ese incomodo e incesante silencio que se había instalado en el ambiente.

La oficina del director estaba impecable sin una sola pieza fuera de su lugar, el enorme escritorio de madera lo decía, había dos carpetas verde militar sobre este, la lampara sobre el escritorio tenía una luz tenue, pero iluminaba a la perfección nuestros nombres escritos con letra Helvetica escrita con una precisión que me dio esa sensación de que recientemente los había escrito.

El olor era un delator que al parecer hizo a propósito con el fin de que nos diéramos cuenta de lo serio que era esto.

Las paredes estaban repletas de historia y de secretos que nadie debía de conocer, pero eran tantos que eran difíciles de ignorar.

Las estanterías repletas de grimosos, archivos sellados y objetos más antiguos que la AE misma vibraban con la misma magia e intensidad de la misma.

El aire olía a pergamino viejo y a humo de cigarro.

No solo habíamos irrumpido en las catacumbas sino que también provoqué la ira de quien menos debía provocar, un profesor que ahora me miraba con deseos de matarme con sus propias manos sin importar que estuviera presente el director.

—Ahora…

señorita Crown—Habló Wolf rompiendo la tensión en el ambiente—, diga lo que vio en la pared tras haber irrumpido con Burnedead en las catacumbas.

Asentí pensando en que ya no tenía sentido seguir mintiendo y lo dije.

—Durante la pelea con la chica de cabellos blancos noté en una de las paredes que dan a las celdas…—me tomé un segundo y seguí hablando—a alguien observando lo que estaba pasando.

No salió nada, no salió nadie y sinceramente no creo que sea una coincidencia.

Había dicho la verdad y eso posiblemente dejaría una mancha en mi historial, pero no me importaba.

A veces decir la verdad era la mejor política.

Pero la razón de mi visita a las catacumbas era algo que no pensaba revelar hasta haber unido todas y cada una de las piezas del rompecabezas que mi hermano comenzó a buscar, unir, entender y comprender.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo