Academia Edimburgo - Capítulo 38
- Inicio
- Todas las novelas
- Academia Edimburgo
- Capítulo 38 - Capítulo 38: Capítulo 37 "El chico de cabellos blancos"
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 38: Capítulo 37 “El chico de cabellos blancos”
AILA
Hacían ya tres semanas que Sasha y yo fuimos castigadas limpiando el salón de combate, finalmente cumplimos con el primer castigo que se nos dio, pero ahora había que seguir con el segundo castigo. Ser voluntarias en las rondas con los Guardianes de tercer grado. Al llegar a la sala de entrenamiento de los Guardianes de tercer grado, estos nos miraban con hostilidad junto con una mezcla de curiosidad.
El hecho de ser hija de Sonja no iba a atraerme nada bueno. Sobre todo porque la mayoría de los Guardianes de tercer grado, se componían de varios grupos, el primero: los recién graduados que buscan escalar a un mayor puesto, los segundos: aquellos que no lograron el puesto que deseaban y se quedaron rezagados, sin nada más y por último los terceros: aquellos que tuvieron alguna vez un puesto sobresaliente y que por errores que cometieron, terminaron siendo enviados a los más bajo de la cadena alimenticia de los Guardianes.
—¿Ustedes viene hacer el trabajo voluntario?—Nos habló un hombre de piel canela, treinta y tantos años, serio, voz afilada. Sus ojos castaños nos miraban con una indiferencia calculada, sobre todo a mí. Al ver mi rostro su mirada había cambiado, pasó de ser indiferente a estar muy sorprendido, creo que no se esperaba que yo fuera alguien capaz de hacer esta clase de trabajo. Pasó una mano por su abundante cabello café oscuro, corto y pulcro. Era más alto que Sasha y yo juntas, musculoso, formidable, daba esa apariencia de respeto que no debía ser cuestionado.
—Así es—. Respondió Sasha sin apartar la mirada del hombre.—Venimos a cumplir con las doscientas ochenta horas impuestas por el director.—su voz sonó firme y segura, pero el sutil temblor de sus manos me hizo dar cuenta de que estaba nerviosa, por todos los rumores que había oído de las rondas de los Guardianes de tercer grado.
—De acuerdo, soy Vidar Goldberg y a partir de hoy estarán bajo mi supervisión.—Ambas asentimos en respuesta a ello.—Síganme—Ordenó con voz profunda. En el camino pasamos junto a la entrada de las catacumbas, sentí una extraña sensación de inquietud y de preocupación. Sin darme cuenta me detuve en la entrada, pero al sentir la mano de Sasha en mi hombro fue lo que me hizo seguir caminando. Los pasos de los tres resonaban por todo el pasillo, apenas dimos vuelta vi una puerta entreabierta, había una mujer acostada en una cama de hospital, miré un poco y vi que era la chica de cabellos blancos, la misma que nos había atacado a Sasha y a mí.
Ella estaba durmiendo, con un respirador que respiraba por ella, oía claramente el sonido del respirador, de las máquinas que monitoreaban sus signos vitales, el olor a desinfectante era insoportable, los ojos me ardían tanto que debía cerrarlos para soportarlo. Aceleré el paso, no quería estar allí. Sabía que pronto tendría que confrontar a esa mujer, pero no era momento.
—Crown, espero durante su voluntariado no haga ninguna estupidez, siendo hija de Sonja no me extraña que haya hecho lo que hizo, su madre era igual a usted y aún así no dejó provocar problemas hasta ahora.—Sus palabras me dejaron sin palabras, porque yo sabía que Sonja era todo menos una santa.
—No tengo excusa para lo que hice, pero puedo decir que todas mi acciones tienen una explicación a ello—. Respiré profundo y seguí hablando—, pero yo nunca he sido igual a ella en el sentido de querer a las personas que más amo…
No dijo nada, solo suspiró. Pero eso no evitó que dijera lo siguiente que me hizo dar cuenta que debía ganarme el respeto de todos para dejar en claro que no soy Sonja, sino Aila.
—Entonces demuestra que no eres Sonja Crown, porque a mi parecer eres igual a ella, eres su misma imagen, eres su viva imagen, tienes ese mismo brillo en sus ojos cuando fue castigada tras haber intervenido en la captura del brujo del viento, fue una heroína, pero eso no evitó que fuera castigada.
—Conozco la historia,—admití—pero muchos consideraron a mi madre una leyenda, sin embargo, las leyendas como ella tienden a ser castigadas con el fin de que entiendan que sin importar cuán famosos e importantes eso no significa que sean inmunes a las consecuencias.
Me dio la razón. Pero eso no quería decir que me respetaba por quien era yo. Eso no, a sus ojos era alguien que no merecía estar en la AE, por el simple hecho de ser hija de la mujer que posiblemente le arruinó la vida de una forma que ni la diosa luna era capaz de mirar.
—Espero que sea así porque de lo contrario haré de su vida un infierno—asentí sin decir nada, no había necesidad de decir algo, porque el decir algo más solo sería caer más profundo y provocaría una guerra innecesaria entre una estudiante y un guardián de tercer grado como él.—Sigamos, su turno va a comenzar en unos minutos y no quiero que se distraigan, vamos.
Apresuramos el paso por el pasillo dejando atrás la puerta que llevaba a las catacumbas, luego de haber dejado atrás aquella puerta, llegamos a una de las torres de vigilancia, era vieja, pero conservaba esa esencia de prevalecencia y antigua gloria que todavía emanaba la torre. Las paredes grises de ladrillo tenían esa sensación gélida y sobria. Sasha miró la torre con asombro y a la vez con curiosidad.
—Bienvenidas al infierno,—dijo el guardián Goldberg con voz seria y gélida—no causen problemas y todo lo que pase en esta torre, lo sabré, todo lo que pasé fuera de ella también lo sabré. Así que no hagan nada estúpido. ¿Entendieron?—asentimos mirando la torre pensado en que después de clases tendríamos que estar allí sin excusa alguna.
Pronto entró alguien, al verlo supe quién era.
—El chico de cabellos blancos…—murmuré en voz baja, Sasha suspiró. Serían las doscientas ochenta horas más largas de nuestras vidas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com