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Academia Edimburgo - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 3 Más allá de un simple acertijo
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4: Capítulo 3 “Más allá de un simple acertijo” 4: Capítulo 3 “Más allá de un simple acertijo” Íbamos escaleras cuesta abajo; nuestros pasos resonaban por todo el lugar con cada paso que dábamos al bajar cada escalón de piedra.

Las antorchas colgaban de las paredes, lanzaban destellos tintineantes, proyectando sombras danzantes sobre nuestros cuerpos.

La piedra húmeda, los ecos sordos de nuestras pisadas y el olor de magia antigua, a humedad y sangre, llenaban el ambiente.

Bajamos con prisa, como si nuestras vidas dependieran de ello, y nuestro futuro.

Aunque realmente eso en parte era verdad, pero a la vez deseaba tanto no entrar a la Academia y ser Escriba o curandera; sin embargo, algo me decía que debía continuar y no mirar atrás.

Deseaba tener libertad, pero al mismo tiempo deseaba tener algo por lo que estar orgullosa; dadas las circunstancias, lo mejor era seguir con la prueba.

Entonces bajamos el último escalón dando un paso al unísono que me hizo estremecer.

—Se puede percibir un olor a sangre y humedad —murmuré al olfatear el aire.

—Es cierto —espetó Heiner, desconcertado por el aroma—, pero no percibo el olor de ninguna persona respirando.

Ni siquiera el de un muerto, ¿de dónde proviene el olor?

—Era una buena pregunta.

—Lo que sea que haya más adelante no debe ser bueno, y dudo que esto sea parte de la prueba.

—Sasha tenía algo de razón, pero…

por experiencia de gente cercana a mí, sabía que la Academia Edimburgo era conocida por su estricto entrenamiento y enseñanza que iba más allá de ser dura y disciplinada al extremo—, aunque no me extrañaría que alguno de los instructores tuviese la gran idea de hacer algo tan extremo como eso.

Sobre todo tratándose de Adam Wolf; ya nada es extraño en las pruebas de esta Academia.

—No dudo eso, pero él es conocido por hacer este tipo de hazañas para burlarse de los aspirantes.

Nadie sabe por qué está ahí, pero es bien sabido que es bueno en lo que hace y los resultados de ello son excepcionales.

Seguimos caminando mientras tratábamos de entender de dónde demonios provenía el olor de la sangre, pero un grito desgarrador rompió esa concentración.

Un eco frío se arrastró por los muros del laberinto, enredándose en las tinieblas del silencio como una advertencia.

—¡Corramos!

—gritó Heiner con los músculos del cuello palpitando su piel en transición—.

¡Es por aquí, puedo percibir el olor con mucha intensidad!

Corrimos sin importarnos las consecuencias de lo que podía pasar; de todos modos, a mí no me importaba en absoluto si quedaba o no en la Academia, solo deseaba tener libertad y vivir mi vida a mi modo.

—¡AAAHHH!

—Oímos con más claridad el grito; era tan agudo e intenso que incluso llegué a creer que estaba a punto de quedarme sorda.

Por un momento no reconocí la voz, pero luego Heiner mencionó algo que me dejó helada y a la vez desconcertada.

—Creo que esa voz es de la Instructora Volakis, no puede ser…

—Espetó entre dientes indignado—.

Espero estar equivocado.

—Yo también buscaba estar equivocada, pero algo me decía que él no estaba equivocado.

Aunque sinceramente deseaba que fuera solo una equivocación.

Dimos vuelta hacia otro pasillo; este era más amplio y mejor iluminado.

Pero el silencio y la sensación que se podía percibir en el ambiente eran muy densos, pesados e inquietantes.

Nuevamente el grito hizo zumbar mis oídos y los de los demás.

Aceleramos un poco y finalmente llegamos a una antigua cripta que solo había oído por medio de rumores y secretos a voces, por lo que nunca creí que lo vería con mis propios ojos y menos en la primera prueba de admisión.

—¡No dejaré que te salgas con la tuya, hijo de perra!

—gritó la Instructora Volakis decidida.

Por su voz supe que no era una mujer que le temiera a algo o alguien.

Nos acercamos un poco más y entonces lo vimos.

Un hombre alto de un poco más de un metro ochenta estaba de espaldas; llevaba puesta una capucha que no dejaba ver su rostro.

La soga era de hilo de nylon y de hilos de plata; el mango era de madera color caoba.

No dejaba de lanzar latigazos a larga distancia,, lo quehacíaa que la instructora tuviera difícil el acercarse al enemigo.

Un solo latigazo que llegara a recibir la iba a dejar endesventaja,a, sobre todo por la fuerza y velocidaconon la que lo mov;a, pese a que se movía con velocidad precisión,ón ellaunún así recibió varias heridas en su cuerpo y en el rostro también.

—Eres un vergüenza Elisa, ni siquiera eres capaz de darme un solo gol —espetó con desdén ese tipo—.

Eres patética…

Elisa se mostró impotente ante las palabras del enemigo, pero no se dejó vencer.

Entonces Elisa se levantó del suelo tras haber recibido varios golpes en el aire que la hicieron volar por los aires, pegando contra la pared dladrillos,os provocando que escupiera saliva en el proceso.

—Ahora dime, ¿dónde está la Elegida de la Diosa?

¿Elegida de la diosa?

¿No era solo un cuento?

—Todavía no ha sido revelado su paradero, y dudo mucho que la diosa te dé el privilegio de tenerla bajo tus sucias garras—expresó Elisa, burlándose de él.

—Eso lo veremos, por lo pronto me desharé del esto.—Maldita sea, nos descubrió…

Antes de poder reaccionar este apareció detrás de nosotros y primero golpeó con su látigo a Heiner dejándolo en desventaja ya que fue herido por los hilos de plata de la soga del arma.

Sasha logró golpearlo con su magia, pero no fue suficiente.

Ella terminó por ser lanzada hacia la pared,d provocando que esta terminara con unaabolladuraa en la pare.

Ell hombre encapuchado fijó su mirada en mí y fue entonces que un silencio aterrador se plantó en la habitació.

Estabaa lista para ver qué demonios ibaa hacermee a mí, pero en cambio este se quedó inmóvil.

No pronunció palabra alguna.

Pese a que no podía ver su rostro, la sorpresa en su lenguaje corporal era evidente.

No esperaba es;, sin embargo, algo en él mehacíaa sentir una extraña sensación que no podía explicar.

—¿Qué demonios está pasando?

—murmuré desconcertada.

¿Qué es esta sensación?

¿Por qué siento la necesidad de conocer su rostro y poder?

Pero antes de poder hacer o pensar en algo, una voz se cruzó en mi mente.

—¡Aila!

——gritó ella desesperada por hacerme entrar en razón; no sabía qué demonios me estaba ocurriendo.

Desperté y entonces reaccioné lanzando un hechizo de fuego al encapuchado, el cual hizo retroceder al encapuchado y casi de inmediato soltó un quejido lleno de dolor, cubrió más de la mitad de su rostro con la capucha; aparentemente lo había herido, pero no estaba del todo segura.

—¿Quién eres?

—me preguntó el encapuchado, incrédulo por lo que había hecho.

Ni siquiera yo misma pude entender cómo fue que hice eso sin parpadear.

—Eso a ti no te importa, ahora lárgate —expresé con furia contenida—o haré que desees no haber nacido.

Mis palabras tuvieron un efecto que no me esperaba;, este se fue usando un hechizo de teletransportación.

Tras eso, fui hacia Saha y Heiner, quienes se habían levantado con algo de dificultad, ambos estaban bien, pero pude percibir el olor a sangre en Heiner; este había sido herido y justo a la altura de las costillas.

Necesitaba atención médica…

Pero antes…

la Instructora Volakis se levantó del suelo con dificultad, sosteniéndose del costado izquierdo, caminó con dificultad hacia nosotros; al llegar, ella habló antes de que pudiera hacerlo yo.

—No hace falta decir que eso fue muy estúpido y arriesgado por parte de los tres, pero debo reconocer que fueron valientes, gracias.

Sin embargo, eso no quiere decir que hayan pasado la prueba, por lo qu, les digo que todavía tienen diez minutos para salir de aquí.

No desperdicien su tiempo y, por cierto…—Me miró.— Crown…

eres igual de despiadada que Sonja; en efecto, eres su vivo retrato.

Cuando ella se enfurece, por la diosa hace años que no veía esa furia.

Buena suerte, aunque siendo su hija sé que entrarás en la Academia sin problema alguno.

Ella se fue caminando con una ligera cojera que no había notado hasta que la vi caminar.

Sin embargo, sus palabras las sentí como una apuñalada, porque yo no deseaba ser como ella y menos ser una despiadada con la gente de mi alrededor que realmente se preocupa por mí.

—Vámonos de aquí, no tenemos tiempo que perder…

—Habló Heiner lanzando un quejido lleno de dolor; apenas podía estar de pie por la herida que tenía en el costado izquierdo de su cuerpo a la altura de las costillas.

Nos fuimos de allí con el tiempo encima de nosotros, corrimos tan rápido como pudimos tras haber curado lo suficiente las heridas de esos dos, que apenas podían correr.

Ya no había tiempo que perder; ese hombre encapuchado había sido una inoportuna distracción innecesaria; sin embargo, me dejó muy en claro que ese tipo iba a regresar cuando menos lo esperamos.

Tras haber salido de aquella pelea innecesaria con el encapuchado, supe que estábamos en la mira de ese tipo y sobre todo yo, por una razón que todavía desconocía tras haber tenido ese primer encuentro con él.

Entonces volví a pensar en el acertijo y fue que supe el verdadero significado de ese acertijo cuando llegamos a la segunda puerta.

Había una rosa negra grabada en la puerta de acero; era una flor muy hermosa y delicada, un grabado perfecto y sin defecto alguno en su diseño.

—Esto es más que un acertijo.

—Sasha tenía razón.

Me miró—, ¿recuerdas aquella historia que nos contaban de niñas?

—En ese momento la recordé.

La historia de Gizella y Alexander…

eso era.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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