Academia Edimburgo - Capítulo 40
- Inicio
- Todas las novelas
- Academia Edimburgo
- Capítulo 40 - Capítulo 40: Capítulo 39 " Zafiro gris"
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 40: Capítulo 39 ” Zafiro gris”
ASHER
—Maldita sea, escapó—. Gritó Aila frustrada tras una larga persecución que dio hasta el lago de la diosa. La chica se dejó caer en el pasto con los brazos y piernas extendidos, soltando suspiro cargado de frustración absoluta. Miró hacia arriba estirando un poco el cuello.—La luna es tan hermosa esta noche, tanto que su belleza es hipnotizante…
Miré hacia la luna y en efecto era hermosa esta noche, ni siquiera me había dado cuenta en que momento había anochecido. El cielo estaba despejado, la luna resaltaba desde lo más alto en el cielo azul oscuro como los ojos de la mujer que tenía frente a mí mirando el cielo con una fascinación que me dejó sin habla. Su aroma a lavanda y menta me atraía tanto que había momentos en los que deseaba tanto tenerla cerca de mí, aspirar su aroma y decirle al oído en un susurro: “Eres MÍA”, pero no podía hacer eso, ella no debía saberlo, sin embargo, tenía certeza de que ella posiblemente sospecharía en algún momento.
Pero pronto su olor desapareció y ella se levantó del suelo de un salto, aún mantenía esa sonrisa despreocupada, mirando aún a la luna con una paz que no pensé que ella tendría. Su sonrisa me daba paz, me daba todo lo que en ese momento creía que no existía, pero su sonrisa me hizo ver todo lo contrario. La paz es posible si uno la busca, pero a veces llega de la forma menos esperada.
Aila finalmente me miró y dijo:
—Entremos, el Guardián Goldberg creerá que estoy holgazaneando y te regañarán por no reprenderme—. Estuve de acuerdo, volvimos adentro antes de que alguien se diera cuenta de lo que estábamos haciendo.
—Es muy extraño—habló Aila de repente de regreso a la torre de vigilancia.
—¿Qué cosa?—pregunté creyendo que no diría lo que yo ya estaba formulando en mi mente.
—Esa mujer de cabellos blancos ha estado jugando con nosotros desde el inicio y no parará hasta conseguir lo que quiere. ¿Qué es lo que quiere? No tengo idea, pero sé que no es bueno.—Sus palabras me dejaron con más dudas que respuestas, pero antes de poder seguir preguntando habíamos llegado a la torre, abrimos la pesada puerta de hierro, que rechinó un poco al empujarla, entramos y lo primero que vimos fue a Goldberg de brazos cruzados y esa expresión sería que tenía escrito: “Son unos irresponsables”.
Sin embargo Aila intervino y dijo la verdad. La expresión de Goldberg de suavizó un poco, pero no demasiado. Solo exigió los detalles de lo ocurrido.
—Fue lo que pasó, luego de eso la mujer escapó por el pasillo, la seguimos, pero…
—Huyó antes de que pudiéramos atraparla, además puede que vuelva, algo está buscando esa mujer. No sé de qué es, pero… debe ser algo tan importante que incluso sus heridas no le impidieron venir a molestar un poco.—El Guardián Goldberg no dijo y siguió patrullando con Sasha quien estaba en el pasillo alejada con Aila conversando algo breve que no pude escuchar con claridad, pero las palabras “sello” y “brillo” se quedaron grabadas en mi mente.
Se fueron y seguimos patrullando hasta que vino el cambio de turno luego de un rato. Pasamos en patrullar el primer y tercer nivel a seguir patrullando el segundo y cuarto nivel. Cuando amaneció todo a nuestro alrededor fue tocado por la luz del sol, incluido el rostro de Aila que dormía pacíficamente en un catre improvisado en el pasillo del cuarto nivel. Se veía tan hermosa y tranquila, la miraba mientras dormía y mi lobo interior estaba ansioso y deseoso de marcarla, olerla, disfrutar del calor de su cuerpo aunque fuera solo un segundo. Estaba tan tentado que sin darme cuenta, ya estaba sentado en el borde del catre, mirando más de cerca su rostro, vigilando su respiración que era suave y tranquila a la vez. Ella se movió un poco mientras dormía y cambió de posición pasó de estar dormida de lado a boca arriba con un brazo descansando sobre el abdomen, su brazo de la nada comenzó a emitir un brillo, lo miré con cuidado de no despertarla, lo vi, realmente lo vi. El sello en su cuerpo había crecido más y se extendía a la altura del codo. Las runas alrededor de la media luna se extendían hasta el bíceps.
Era obvio que el poder de esa cosa haría más que provocarle dolor y cansancio, provocaría una guerra si ella no comenzaba a aprender a usar ese poder de la forma correcta. Tenía que hablar con Draven sobre ello como Adam Wolf. No como Asher Klein, ni como Asher White. Solo como Adam Wolf podré sacarle la verdad.
—Tus ojos…—murmuró ella somnolienta—son como el zafiro gris, intensos pero calmos en noches de luna llena. Dan una sensación de serenidad y calma en noches de tormenta, además de ser intuitivos.
Siguió durmiendo y luego de un rato ella despertó.
—Buenos días dormilona—. Despertó algo desorientada, pero luego abrió los ojos en grande y vio su teléfono y pasó de estar dormida a muy despierta. Soltó una maldición y se fue corriendo.
—¡¿A dónde vas?!—Le grité mientras la veía correr.
—¡A ver a la profesora Draven! ¡Tengo que entrenar con ella!—Negué con una sonrisa.
—Esa chica es muy interesante, pero tan despistada a la vez.
La miré irse sabiendo que tendría la oportunidad de verla cada día sin que ella se diera cuenta de la verdad, por ahora.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com