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Academia Edimburgo - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Capítulo 5 Peor miedo
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6: Capítulo 5 “Peor miedo” 6: Capítulo 5 “Peor miedo” —¿Cómo le está yendo a ella?—Preguntó una voz profunda y masculina, con un leve acento británico que sonaba sofisticado, elegante y lleno de misterios indescifrables en ese momento.

—No se preocupe, nuestra futura Reina Luna, está a salvo.

Sin embargo, no comprendo por qué hacerla pasar por esto, ¿no sería más sencillo hacer que esas dos se enfrenten?—preguntó el beta del Rey Alfa, cuya identidad permanencia inerte entre las sombras oculto a través de los ojos de los demás.

—No—Respondió Majestad, acomodándose en su asiento—, ella debe hacerle frente a sus miedos, antes de poder tomar cartas en el asunto, además…

¿de qué sirve hacerla pasar por esto sin antes hacerle ver que puede ser más valiente de lo que se imagina?

Y es lo que ella va a demostrar aquí y ahora, por lo que ningún hombre puede intervenir a menos de que ella esté en un verdadero peligro.

—Si, su majestad—Respondió el beta con firmeza en su voz.

(***) Mientras tanto Aila seguía siendo atormentada por la insistente voz de su madre, cargada de arrogancia y superioridad de una militar y estratega como ella era algo que me hacia sentir asco, porque una madre no debe de tratar a sus hijos con tanta dureza y menos con una que no desea ser Guardiana, pero que de todas manera ella hace todo lo que está en sus manos para demostrar que puede hacerlo, pese a que no deseaba hacer lo que se le estaba imponiendo.

Había leído tanto de su vida que lo único que él buscaba era que ella encontrara su propio camino, ya fuera dentro o fuera de la Academia.

Sin importar el resultado de la segunda prueba, él no la dejaría ir jamás, porque desde el instante en que posó su mirada en ella y viceversa, sus destinos se habían juntado de una manera única y sin igual.

Miraba a Aila siendo atormentada y hubo momentos en los que estuvo a punto de doblar las manos y enviar a alguien a suspender la prueba, pero antes de poder hacer un movimiento…

Aila Crown; levantó la mirada hacia su madre, quien no dejaba de decirle que era su destino ser Guardiana y que, por lo tanto, debía de dejar de ser tan infantil y patética, tomar cartas en el asunto y ser la mujer despiadada que según Sonja; Aila debía de ser.

Aila estaba en el suelo de rodillas llorando en un completo silencio que apenas sus sollozos eran perceptibles.

Su largo cabello oscuro cubría el frente de su rostro dejando ver únicamente la punta de su nariz y sus labios.

Su madre una mujer imponente en silla de ruedas, que no podía mover ni un solo dedo físicamente, era capaz de hacer un infierno la vida de cada enemigo que ha enfrentado a lo largo de los años y sobre todo desde el instante en que quedó postrada en una silla de ruedas.

Aquella mujer de belleza madura y cabellos negros con algunas canas en él, ojos afilados, mirada penetrante, fría y despiada.

Miraba con desdén y desconfianza a su hija de la misma forma en que siempre la miró desde el instante en que vio su rostro por primera vez cuando la tuvo en brazos.

Su hija siendo su mismo retrato, era evidente que solo la toleraba por dicha razón, era su misma imagen y semejanza, era innegable el parecido.

Sin embargo, para Aila era un maldito infierno ser la imagen y semejanza de Sonja Crown.

Por lo que al tener cara a cara a esa mujer era algo que ella no soportaba desde niña, sobre todo por la manera en que veía cómo trataba a sus hermanos menores.

Siendo la mayor ella hacia todo lo posible para evitar los maltratos y malas caras de su madre hacia ellos.

Al pasar los años Aila se dio cuenta de una cosa…

Sonja Crown; era incapaz de sentir amor por otros más que por ella misma.

Por lo que al pensar en ello, Aila miró nuevamente a su madre, pero con valor y decisión, al posar su mirada en ella fue que las palabras simplemente fluyeron.

—Jamás fuiste mi madre—Espetó ella con indignación y enojo en su voz—, nunca amaste a mi padre, ni a mis hermanos y mucho menos a mí…

Se levantó del suelo sin apartar la mirada de su madre, quien en ese momento mostraba aún esa mirada llena de orgullo y arrogancia que denotaba que poco le importaba ver a su hija sufrir.

Pero esta en cambio no deja que la arrogancia de su madre la humillen, por el contrario, ella miró a su madre con una determinación y fuerza que ni ella misma sabía que tenía y entonces pronunció aquella palabras que la liberaron de la opresión en la que tuvo que vivir por años sin ser dañada.

—Me diste la vida, pero también me la arruinaste en más de un sentido y no solo a mí, sino también a mis hermanos, sin embargo, eso ya no importa porque gracias a que todos tuvimos el valor de salir del oscuro abismo en el que nos hiciste vivir por años, es que puedo decirte que ya no soy tu hija, no soy nada tuyo y no quiero ser como tú,—El asombro en los ojos de Sonja era evidente.

Su propia hija la detestaba profundamente—por lo que, seré Guardiana, pero no porque me hayas obligado a venir aquí, sino para demostrar que aún siendo conocida como tu hija ante los ojos de los demás, puedo ser mejor persona, mejor Guardiana, hermana, hija y sobre todo una mujer con valores y principios.

Tú en cambio desde que te volviste una mujer amargada e infeliz, dejaste de ser la temida y respetada Guardiana que todos en el mundo sobrenatural temían hasta los cimientos con solo escuchar tu nombre, que ahora es solo un eco que quedó en el aire y que ya nadie más temblará de miedo por ello—Sonja apretó los labios con impotencia, su hija había dicho verdades que aunque eran ciertas, aun así eran dolorosas y difíciles de asimilar, pese que habían pasado ya muchos años desde que quedó postrada en aquella silla ruedas que ahora era su único soporte.

Pronto la figura de Sonja Crown desapareció en el aire, dejando atrás a una Aila con mejor aspecto y un peso menos sobre sus hombros tras haber enfrentado su peor miedo.

Su madre…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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