Academia Edimburgo - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 8 Determinación
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9: Capítulo 8 “Determinación” 9: Capítulo 8 “Determinación” SASHA Sin darme cuenta estaba sumida en lo más profundo del bosque, las ramas de los árboles y arbustos se movían con brusquedad, el viento era frío y cortante a la vez, todo estaba en completo silencio a excepción del sonido del viento moviendo las ramas de los árboles.
Miraba a todos lados con la sensación de que alguien me estaba observando desde algún punto, pero dicha sensación no desaparecía, incluso era más que innegable.
El ser observada me recordaba a todas las veces que la madre de Aila enviaba gente a vigilarme a mí y a la misma Aila cuando ella venía a mi casa o íbamos juntas a la escuela, cualquier lugar al que íbamos ambas, era lo mismo de siempre hasta que ese día en que Aila fue a mi casa con la excusa de ir a la biblioteca, pero en realidad ella y yo habíamos quedado en ir al rio que colindaba con mi casa a disfrutar de un buen día luego de clases, pero luego de un rato Sonja llegó hecha una fiera y se llevó a Aila del cabello gritándole que era una ingenua por tener amigos, al tratar de ayudarla lo único que conseguí fue que mi familia tuviera dificultades, entre ellas que mi Padre que era un Teniente respetado y con una gran influencia en el ejército, pero luego de aquel día Sonja Crown hizo de su vida un infierno hasta el punto en que mi padre pasó de ser General de División a Subteniente.
Lo cual hizo que nuestra economía y reputación dentro del ejército y del país hizo que mi hermano tomara la decisión de ser Guardián, lo cual logró de alguna forma evitar que mi padre pasara por más vergüenzas y gracias a la inteligencia y fuerza de mi hermano Ragnar es que nuestra economía mejoró e hizo que Sonja quisiera hacerle la vida imposible, pero al final esa pobre mujer terminó en esa silla de ruedas por ser tan despiadada y cruel con los híbridos que se revelaron contra ella, por sus acciones tan viles.
Era obvio que todos sabían que sus hijos tenían su misma naturaleza y aún así no le importó y fue peor cuando las acusaciones contra ella, fueron respaldadas por gente más poderosa que ella, y tras haber sido herida de gravedad los cargos fueron reducidos a ser puesta bajo arresto domiciliario, pero al final logró conseguir un trato y pudo evitar el arresto.
Fue asignada a estratega del ejército siendo vigilada por los Guardianes de Alto Rango del Rey Alfa, quienes hasta la fecha la siguen vigilando bajo las sombras.
Al saber esto, fue algo que me hizo sentir mal por Aila y el resto de su familia.
Diez años después tras haber pasado tantas dificultades mi único deseo era decirle a Aila que ella no era culpable de nada, pero aún así me sentía culpable pese a que no era así.
Levanté la mirada y al ver unas botas militares negras, pesadas y enormes.
Esa sensación de superioridad y arrogancia, me daba tantos escalofríos que apenas fui capaz de mantener la mirada en esa mujer que ahora estaba en silla de ruedas.
—Eres patética—Pronunció provocando que me arrojara lejos de ella, dando contra el tronco de un árbol.
Sentí un intenso ardor en la espalda y un fuerte dolor de cabeza que me hizo sentir muy mareada.
Todo estaba borroso y apenas era capaz de distinguir a la mujer que tenía enfrente de mí—, no sirves para nada y eres un estorbo para mi hija que tiene el potencial de estar en la excelencia, eres una inútil y, por lo tanto debes morir…
Me levanté del suelo con dificultad sintiendo aún el dolor de cabeza que venía combinado con un intenso dolor de espalda, más el ardor que sentía en la misma.
Todo mi cuerpo temblaba de una forma que no lograba comprender, pero esa sensación me era conocida, porque una vez fui víctima de esa mujer y desde entonces he vivido con ese miedo por muchos años.
Ahora comprendía que debía hacerle frente a esa mujer, sino nunca iba a poder ser la Guardiana que deseaba ser y menos la hija y hermana que mi padre y hermano necesitaban que fuera.
El bosque había dado con mi miedo más grande, ese día…
No pensaba en que volvería a sufrir el terror que una vez sentí, pero ahora luego de diez años debía de superar el miedo que sentía por esa mujer.
Nuevamente volvió a arrojarme lejos, sin embargo, caí derrapando contra el suelo, me levanté con algo de dificultad.
El enojo e ira que estaba sintiendo en ese momento, fue algo que llevaba años sin sentir.
—Aquí la patética eres tú,—Su expresión de superioridad cambió y pasó a ser la bruja que conocí aquel día.—una mujer como tú que tanto desprecia a los híbridos débiles y que para ti son seres que no deben de existir.
No merece respirar en este mundo…— Un hormigueo se hizo presente en mis manos, una sensación que nunca antes sentí pese a que había desarrollado mi magia desde los cuatro años, pero esta sensación no era nada comparado a lo que había experimentado de niña.
Una energía emergió desde la punta de mis dedos hasta mis palmas, la energía que emanaba en ellas era de un rojo vivido e intenso, que brillaba con una intensidad que incluso la misma Sonja Crown estaba aturdida y la vez sorprendida, pero en sus ojos tan azules intensos como los de Aila reflejaban ira pura.
No era de extrañar que alguien como Sonja Crown odiaba que otros fueran más fuertes y poderosos que ella y peor aún que esas personas fueran de mentalidad débil y de resistencia.
—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?!—Me golpeó con poder de viento, pero este ni siquiera me hizo cosquillas.
La sorpresa en su rostro, era tal que hasta llegué a creer que estaba soñando, pero cuando volvió a atacarme con el mismo golpe de antes, fue entonces que ya no me contuve más.
Levanté mis manos con la energía roja emanando en ellas, miré a Sonja y entonces la golpee con mi magia y esta cayó al suelo lejos de su silla de ruedas, se veía tan, pero tan indefensa que un instante pensé en hacerle lo mismo que me hizo de niña, aunque a una mayor escala.
Sin embargo, al verla en ese estado me hizo dar cuenta de cuán patética era ella.
Una mujer rota, insegura, que provocaba solo tristeza y pena.
Ella en ese momento se mostró como alguien indefensa tanto que con solo verla me hacia sentir pena.
—No te haré nada, no vale la pena deshacerme de alguien como tú, además…
luego de ver que eres incluso más débil de lo que aparentas, por lo tanto, te dejaré ir.
Espero que algún día tus hijos te perdonen y que la diosa se apiade de ti—.
Me di la vuelta yéndome del lugar sin saber bien a dónde estaba yendo, hasta que a lo lejos divisé una figura masculina que caminaba en la dirección contraria, conforme fui acercándome esa figura estaba más cerca y entonces este volteó hacia a mi dirección y fue que me di cuenta de que se trataba de…
—¡Heiner!—Volteó cuando lo llamé y este corrió hacia a mí.
Me abrazó y sin pensarlo le correspondí el abrazo, estaba aterrada y con deseos de salir corriendo, pero después de haber enfrentado a la madre de Aila fue que me di cuenta de que el miedo es algo que no podía seguir dominando más.
Mi determinación era mayor que miedo.
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