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After death, without memories - Capítulo 12

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12: Descubierto – Parte 2 12: Descubierto – Parte 2 Ethan Sapphirús Después de una cena tranquila, donde la desconfianza de Angie apenas se disimulaba detrás de su sonrisa cortés, la casa se sumió en silencio.

Solo entonces, cuando la noche abrazó al hogar y mi familia dormía, me encontré a solas con John Ravenscroft.

La tensión en el ambiente era palpable.

Yo, el hombre que había protegido a su familia como un león, ahora enfrentaba al enigmático maestro de su hijo.

Sin embargo, antes de que pudiera decir una palabra, John rompió el silencio.

—Descuide, señor Ethan.

—Su voz era calmada, pero firme—.

No tengo segundas intenciones con usted ni con su familia.

Una sonrisa irónica se dibujó en mis labios.

—Eso… me inquieta aún más.

—Solté una leve risa, pero mis ojos permanecieron atentos, estudiando cada uno de sus movimientos.

John buscó algo entre sus bolsillos.

Cuando lo encontró, lo colocó delicadamente sobre la mesa.

Era un emblema.

Pero no uno cualquiera.

El emblema real.

El sello de la familia del rey Charles Von Mondragon XII.

Contuve la respiración.

Ese pequeño objeto tenía el poder de inclinar reinos… y ahora estaba frente de mi.

—No es una amenaza.

—La voz de John fue suave, pero sus palabras resonaron con fuerza—.

Es para mostrarle que soy alguien en quien puede confiar.

El aire se volvió pesado.

Aquello no era un juego.

—Su hijo es un niño extraordinario.

—Los ojos de John brillaban con orgullo—.

Aprende rápido, demasiado rápido, con una curiosidad insaciable.

Pero… aunque a veces es impulsivo… —una sonrisa nostálgica se asomó en sus labios— es parte de su encanto.

Usted sabe de lo que hablo.

No pude evitar sonreír al recordar la travesura de la “pata de cerdo” que Drake hizo por celos hacia Thomas.

—Sí… —rió suavemente—.

En eso tiene toda la razón.

—Pero hay algo más… —su tono cambió, volviéndose más serio—.

Su hijo no es solo talentoso.

Es un prodigio, señor Ethan.

Y no puedo creer que usted no lo haya notado.

Mi corazón de latió más fuerte.

—Lo sé.

—Suspiró profundamente, mirando hacia el techo, como si buscara respuestas en las estrellas—.

Intenté retrasar sus enseñanzas de esgrima tanto como pude.

Aunque sea un prodigio… sigue siendo un niño.

—Mi voz se quebró levemente—.

No quiero arrebatarle esa parte tan pura y hermosa de su vida.

Crece y aprende tan rápido… que en un abrir y cerrar de ojos, querrá marcharse.

John vio reflejado en Ethan el amor puro de un padre que teme perder a su hijo.

Fue entonces cuando decidió abrir su corazón.

—No mentí cuando hablé de mi pelea con mi esposa.

—Su mirada se perdió momentáneamente en los recuerdos—.

Pero… la verdadera razón es que aún no he aceptado el puesto de maestro en el Instituto de Magia de la capital, en Aurenthia.

Mis ojos se estrecharon., sorprendido.

—¿El Instituto de Magia?

—Sí.

—Asintió—.

Después de vagar por los pueblos… encontré a Drake.

Su sed de conocimiento, su potencial… me hizo darme cuenta de que no puedo alejarme de esto.

Si puedo enseñar a niños como él… entonces ese es mi propósito.

John hizo una pausa, su voz ahora cargada de determinación.

—Por eso le hago una propuesta, señor Ethan.

—Me miró directo a los ojos—.

Cuando Drake cumpla once años, permítale inscribirse en el Instituto.

Yo me haré cargo de todo.

Usted no tendrá que preocuparse por los gastos, ni por dónde dormirá.

Su hijo tiene un potencial que puede cambiar el destino de este reino… y merece explorar ese don.

El silencio se prolongó.

Mis pensamientos giraban en torno a Drake… y a todo lo que significaba para mí.

¿Podía realmente confiarle la vida de mi hijo a este hombre?

Sentí un nudo en la garganta.

Saber que alguien cercano al rey reconocía el talento de su hijo era un orgullo inmenso.

—Esto… —susurró— es algo que debo hablar con él a su debido tiempo.

Le diré… y lo que él decida, eso será.

—Me parece justo.

—John asintió—.

Una vez que lo decidan, por favor, hágamelo saber.

Me encargaré de hablar con Drake.

El ambiente, aunque más relajado, seguía cargado de emoción —Bueno… —sonreí levemente—.

Como parece que nos veremos más seguido, dejemos las formalidades a un lado.

Por favor, solo llámame Ethan.

—Y tú llámame John.

—Su sonrisa fue sincera, cálida.

Nos estrechamos la mano, pero antes de soltarla, un pensamiento cruzó mi mente.

—John… —mi tono cambió, más grave—.

Si algún día… algo me llegara a pasar… El aire se volvió denso.

John entendió de inmediato.

—Por favor… —mi mirada se clavó en la suya— cuida de mi hijo como si fuera tuyo.

El peso de esas palabras pareció sorprenderlo, pero después de un instante de duda, asintió solemnemente.

—Puedes contar con ello… Ethan.

Y en ese momento, supe que John Ravenscroft no solo era el maestro de mi hijo… podría ser el hombre que velaría por él si algún día yo ya no estaba.

*** Me dirigí de regreso a mi habitación, pero cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior.

El silencio del pasillo parecía envolverme, como si la misma casa compartiera mi incertidumbre.

Mi mente era un torbellino de pensamientos, girando en torno a una sola pregunta: ¿Cómo le diría esto a Drake?

Sabía que su reacción sería de pura emoción.

Sus ojos brillarían con esa chispa de curiosidad insaciable que siempre lo caracterizaba, y aceptaría sin dudarlo.

Pero… ¿entendería realmente lo que significaba?

¿Comprendería que esa decisión lo alejaría de nosotros, de su hogar, de todo lo que conoce?

Sentí un nudo formarse en mi garganta.

Aún era solo un niño… un niño que soñaba con aventuras y grandeza, sin pensar en el precio que esas hazañas podían cobrarle.

¿Sería justo arrebatarle su infancia tan pronto?

¿Podría perdonarme si algún día miraba atrás y se daba cuenta de todo lo que dejó atrás?

Apoyé la mano en el marco de la puerta antes de entrar, tomándome un momento para respirar profundamente.

Debo encontrar las palabras correctas… No podía simplemente dejarme llevar por la emoción del momento.

Esto cambiaría su vida para siempre.

Y la mía también.

Para mi sorpresa, Angie aún seguía despierta cuando entré en la habitación.

La suave luz de la vela iluminaba su rostro, pero sus ojos reflejaban preocupación.

A su lado, Thomas dormía plácidamente, ajeno al torbellino de emociones que me consumía.

Aunque intenté disimular mi inquietud, Angie me conocía demasiado bien.

—¿Qué pasa, mi amor?

—susurró suavemente, pero en su tono había un matiz de alerta.

Me quedé en silencio por un momento, debatiéndome internamente.

¿Le digo directamente la propuesta… o menciono primero lo del rey?

Mis pensamientos eran un caos, pero antes de que pudiera ordenar mis ideas, Angie volvió a hablar.

—Te ves… angustiado.

—Sus ojos se entrecerraron, analizándome—.

¿Qué te dijo ese tal John?

Tomé aire, sintiendo el peso de las palabras que estaba a punto de pronunciar.

—Mmm… —mi voz salió apenas un susurro—.

No sé por dónde debería empezar.

Ella se acercó, posando su mano suavemente sobre mi rostro, acariciando mi mejilla con ternura.

—Empieza por lo más importante… —susurró—.

Drake.

El nudo en mi garganta se hizo más fuerte.

—Para él serían noticias maravillosas… pero para nosotros… —mi voz se quebró un poco— serían un tanto… tristes.

Angie ladeó la cabeza, su mirada reflejaba una mezcla de curiosidad y temor.

—¿Por qué tristes, cariño?

Sentí el corazón latir con fuerza mientras buscaba las palabras adecuadas.

—John me hizo una propuesta… —mi mirada se clavó en la suya—.

Quiere que, cuando Drake cumpla once años… lo inscribamos en el Instituto de Magia de Aurenthia.

La sorpresa en el rostro de Angie fue instantánea.

—¡¿El Instituto de Magia?!

—Su voz se elevó sin querer, y casi despertó a Thomas.

—Amor… —susurré, posando un dedo sobre mis labios—, vas a despertar a Thomas.

—Lo siento… —susurró ella de nuevo, llevándose la mano a la boca, pero sus ojos seguían muy abiertos, desbordados de asombro—.

¿El mismo instituto…?

¿En la ciudad donde solíamos vivir?

—Sí… —asentí con un leve suspiro—.

Ese mismo.

La emoción comenzó a brillar en sus ojos, pero su sorpresa aún no se disipaba.

—Esto… esto es increíble, Ethan, pero… —su voz tembló un poco—, ¿cómo puedes estar seguro de que ese hombre dice la verdad?

¿Y si…?

—Angie… —susurré, sacando del bolsillo el pequeño objeto que John me había entregado—.

Tiene el emblema real.

Trabaja para Su Majestad, el rey Charles Von Mondragon XII.

Sus labios se entreabrieron, y sus ojos se fijaron en el emblema como si fuera un objeto sagrado.

—Oh, por los cielos… —susurró, casi sin aliento—.

¿Cómo… cómo alguien así terminó en este pueblo perdido?

—Hasta yo me sorprendí de la respuesta… —mi voz reflejaba mi propia incredulidad—.

Se peleó con su esposa, es cierto… pero la verdadera razón parece ser que aún no ha decidido aceptar un puesto como maestro.

—¿Un puesto como maestro…?

—susurró, casi como si hablara para sí misma—.

¿Quién rechazaría algo tan prestigioso?

—No lo sé, amor.

—Sacudí la cabeza—.

No me dio detalles… pero puedo intuir que enseñar es algo que ha hecho muchas veces antes.

Angie frunció levemente el ceño.

—¿Por qué dices eso?

—Por la forma en que trata a Drake.

—Sonreí con nostalgia—.

La paciencia que le tiene, cómo le habla… y sobre todo, el orgullo en su voz cuando lo menciona.

No es la primera vez que guía a alguien como él… estoy seguro.

Un breve silencio nos envolvió mientras ella procesaba todo lo que le había dicho.

Sus ojos, antes llenos de sorpresa, ahora reflejaban comprensión.

—Visto desde esa perspectiva… —susurró finalmente, con una leve sonrisa—.

Tienes razón, Ethan.

Sus palabras eran reconfortantes, pero el peso de la decisión aún se sentía como una sombra que nos rodeaba.

Ambos sabíamos que el camino de Drake estaba por cambiar… y que nada volvería a ser igual.

—También mencionó… —mi voz apenas fue un susurro mientras buscaba las palabras—, que no deberíamos preocuparnos por su estadía o por los gastos.

John… dijo que se encargaría de todo.

Sentí un peso inmenso en el pecho al pronunciar esas palabras.

El aire se volvió denso, y sin pensarlo, me incliné hacia Angie, abrazándola con fuerza.

Pero en lugar de alivio o alegría, sentí angustia… una angustia que me oprimía el corazón más de lo que podía soportar.

—¿Qué deberíamos hacer, Angie?

—susurré, mi rostro enterrado en su cuello—.

¿Qué quieres tú… como madre de Drake?

Angie no respondió de inmediato.

En su lugar, sus dedos comenzaron a deslizarse suavemente por mi cabello, acariciándome con esa ternura que siempre lograba calmar mi tormenta interna.

Sus manos hablaban antes que sus palabras, transmitiéndome consuelo sin necesidad de decir nada.

—Ethan… —susurró al fin, con una calma que contrastaba con mi agitación—.

Creo que, al igual que tú… —hizo una pausa, como si sus emociones pesaran en su voz— estoy orgullosa.

Orgullosa de que alguien del calibre de un hombre que trabaja para su majestad haya reconocido el talento de nuestro hijo.

Sentí su corazón latir bajo mis manos, y aunque sus palabras eran de orgullo, la preocupación también se filtraba en su tono.

—Pero… —continuó suavemente— aún es un niño.

Y debemos prepararnos… hablarlo bien con él.

No podemos dejar que tome una decisión tan importante sin entender las consecuencias.

Mis pensamientos divagaron por un momento, llevándome a un rincón oscuro de mi mente.

Aurenthia… La ciudad capital.

El lugar donde todo comenzó… y donde también casi terminó.

Mi pecho se tensó.

—Angie… —susurré, sintiendo que mi voz temblaba—.

Me preocupa que… si Drake va allí… pueda encontrarse con la familia Ciavattini.

Sus caricias se detuvieron por un instante.

Sabía que esas palabras traerían consigo recuerdos que ambos habíamos enterrado hace tiempo.

—Ethan… —sus ojos se encontraron con los míos, reflejando comprensión—.

Entiendo que todavía te preocupe… pero han pasado muchos años.

Demasiados.

Ya nadie debe recordar siquiera que nuestras familias existieron.

—Tal vez… —murmuré, pero el peso de esa posibilidad seguía aplastando mi alma—.

Y aun así… no puedo evitar sentir esa angustia.

Angie apoyó su frente contra la mía, sus labios rozando los míos apenas.

—¿Y si…?

—susurró suavemente—.

¿Y si Drake también terminara algún día bajo el manto de Su Majestad?

¿Acaso eso no te llenaría aún más de orgullo?

Mis ojos se clavaron en los suyos, sintiendo cómo sus palabras me desarmaban poco a poco.

—Suena… —Mi voz tembló, aunque una leve sonrisa cruzó mis labios— suena increíble, pero… —Sacudí la cabeza—, Angie, te estás llenando de demasiadas expectativas.

—¿Y qué?

—respondió, con una chispa de determinación en sus ojos—.

Es el futuro de Drake.

¿Qué es lo peor que podría pasar…?

Con ese maestro y Su Majestad de su lado, ¿qué podría salir mal?

El silencio nos envolvió de nuevo.

Esta vez, no por miedo o dudas… sino por la certeza de que Angie ya había tomado su decisión.

—Entonces… —susurré, mi voz apenas audible—, eso significa que estás de acuerdo… —Sí, Ethan.

—Sus labios dibujaron una sonrisa suave, aunque sus ojos estaban empañados de emoción—.

Estoy de acuerdo.

Por más lejos que esté… por más que no lo veamos tanto… siempre será nuestro hermoso hijo.

Y si esto es lo mejor para él, entonces… —hizo una pausa, su mirada se tornó más firme—, haremos un juramento.

Fruncí el ceño, sorprendido por la seriedad en su tono.

—¿Un juramento?

—pregunté, incrédulo.

—Sí.

—Sus labios apenas rozaron los míos, esbozaban una sonrisa, pero sus ojos… sus ojos reflejaban el peso de una madre que entendía el sacrificio que implicaba ese camino.—.

Pase lo que pase… en los próximos años… Drake irá a ese instituto.

Sí o sí.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Un juramento… Algo que Angie jamás tomaba a la ligera.

—Y dime… —mi tono cambió a uno más juguetón, buscando aliviar la tensión que aún flotaba entre nosotros—.

¿Cómo… planeas asegurarte de que mantenga esa promesa?

Una sonrisa traviesa curvó sus labios, y en un movimiento lento, tomó mi mano y la posó suavemente sobre su pecho.

—Mmm… —susurró, su voz cargada de insinuación—.

¿Y si… lo averiguas?

La tensión del día se evaporó en un instante.

Mis preocupaciones, mis temores… todo quedó relegado a un rincón de mi mente cuando sentí su calor envolverme.

Ella sabía exactamente cómo distraerme de mis pensamientos oscuros.

Y en ese momento, decidí dejar que esa distracción me consumiera.

—Supongo que… —susurré, acercándome aún más— es hora de explorar… ese juramento.

Su risa suave resonó en mis oídos, pero antes de perderme por completo en ella, un último pensamiento cruzó mi mente.

Perdóname, Thomas… —miré de reojo a nuestro hijo, quien seguía dormido—.

Esta noche quizás te interrumpamos un poco.

Y con esa última pizca de culpa… me entregué por completo a Angie, sabiendo que, sin importar lo que deparara el futuro, nuestro hijo siempre tendría un camino brillante frente a él.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES ManuelTP11 Si te está gustando esta historia, no olvides añadirla a tu biblioteca.

Así podrás seguir cada capítulo apenas se publique.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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