Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

After death, without memories - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. After death, without memories
  4. Capítulo 16 - 16 Sombras del mundo - Parte 2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Sombras del mundo – Parte 2 16: Sombras del mundo – Parte 2 Mientras corríamos un poco más allá del claro habitual, algo inusual estaba por suceder.

Un encuentro extraño.

El tipo de suceso que parece escrito por el destino, no por la rutina.

Ravenscroft y Leo.

Dos figuras clave en mi vida.

Dos hombres que, en teoría, no deberían conocerse… pero que, por alguna razón, ya lo hacían.

Siempre supe que era posible.

Que eventualmente sus caminos se cruzarían.

Tal vez en una cena formal, con vino y anécdotas incómodas.

Algo tranquilo.

Esperado.

Pero como me dijo mi maestro una vez: “Lo que debe ocurrir, ocurrirá… cuando menos lo esperas.” Y ese momento había llegado.

Nos encontramos con Leo por azar, en una zona donde rara vez pasábamos ni cerca de la casa del lago ni de algún sendero habitual.

Ambos hombres se detuvieron en seco al verse.

Sus rostros eran serios, inmutables… pero en sus ojos había algo que los delataba: una chispa de reconocimiento, confusión… y tal vez, algo más.

Antes de que pudiera procesar la tensión, Leo fue quien rompió el silencio.

—¿John?

—preguntó, acercándose a paso firme.

—Cuánto tiempo sin verte, Leonard —respondió Ravenscroft, levantando la mano para estrechársela.

Y entonces, todo estalló dentro de mí.

Un remolino de preguntas sin respuesta: ¿Desde cuándo se conocen?.

¿Por qué jamás lo mencionaron?.

¿Cómo es posible que ambos hayan estado en mi vida sin cruzarse… hasta ahora?

Mi maestro, al notar mi desconcierto, fue el primero en decir algo.

—Conozco a tu tío desde hace ya un tiempo.

Hemos hecho algunos trabajos juntos… pero nunca imaginé encontrarlo como tu familiar.

—Eso es imposible —dije, con la voz un poco más alta de lo que pretendía.

Leo, como si supiera que venía esa reacción, bromeó: —Claro que no.

En un mundo tan grande, uno se encuentra con más Drakes, Leos y Johns de lo que imaginas.

Intentó restarle importancia, como si fuera una coincidencia más, algo anecdótico.

Pero para mí no lo era.

—¿Corriendo antes del entrenamiento?

—preguntó, cambiando de tema.

—Así es —respondió Ravenscroft, sin perder la compostura.

—Recuerdo cuando hacíamos lo mismo antes de lanzarnos a una buena aventura… —rió Leo.

—Fueron buenos tiempos —asintió mi maestro—.

Deberías entrenar con nosotros un día de estos.

—Agradezco la invitación, pero… últimamente, no tengo mucho tiempo.

—¿Te estarás volviendo viejo, quizá?

—Mira quién habla —replicó Leo, riendo—, un elfo hablando de vejez.

Ambos soltaron una carcajada.

Cálida.

Cómplice.

Como si los años y las experiencias compartidas estuvieran ahí, invisibles, hablándoles al oído.

Pero mientras ellos reían, yo me hundía en un océano de preguntas.

¿Quiénes eran realmente estos hombres?

¿Qué compartían?

¿Qué secretos arrastraban?.

Tal vez debí haberlo sospechado.

Quizás esas miradas, esas pausas… ya habían intentado decírmelo antes.

Se despidieron con naturalidad, como si nada hubiera pasado.

Leo incluso invitó a Ravenscroft a cenar en casa esa misma noche.

Curioso, porque mi maestro ya tenía planes de hacerlo.

Pero ahora… la cena tendría un matiz distinto.

Para mí, y probablemente también para mis padres.

Tal vez Leo se adelantaría y suavizaría las cosas con mamá y papá, como lo ha hecho antes.

—Sí… eso pasará —me dije, queriendo creerlo.

Pero no hubo tiempo para asimilar nada.

Ravenscroft intensificó el entrenamiento como si nada hubiera ocurrido.

Fue más exigente, menos descanso, más movimiento.

Quizá él también necesitaba evadir el momento.

O tal vez simplemente no quiso darme el espacio para pensar.

*** En la cena, todo parecía normal.

Demasiado normal.

Papá sonreía como siempre.

Mamá reía con Leo.

Incluso Thomas, con su energía desbordante, no notaba nada raro.

¿Acaso era yo el único que sentía que algo no encajaba?

No sabía cómo reaccionar.

¿Debería estar feliz de que mis dos figuras más importantes se conocieran?.

¿O molesto, porque lo ocultaron durante tanto tiempo?.

¿Tal vez emocionado por imaginar todas las historias que compartieron, las aventuras de las que quizás fui indirectamente parte?.

No lo sabía.

Solo tenía claro una cosa: Estaba confundido.

Y nadie parecía dispuesto a explicarme por qué.

Y entonces, Leo rompió el equilibrio con una noticia tan inesperada como ajena al tema, pero lo suficientemente grande como para silenciar cualquier otra cosa: —Escuché por una muy buena fuente que Su Majestad Charles planea reformar por completo el calendario imperial.

Las miradas se volvieron hacia él, extrañadas.

—Dentro de cinco años —continuó—, los días de la semana se reducirán de once a siete.

Los meses pasarán de cuarenta y cuatro días a treinta o treinta y uno.

Incluso se añadirá un mes más, dando un total de doce.

El año tendrá trescientos sesenta y cinco días exactos.

El silencio fue inmediato.

Las expresiones variaban entre la sorpresa, la incredulidad y la fascinación.—Imaginen todo lo que cambiará —añadió con entusiasmo, alzando su copa—.

Registros, festividades… edades.

Drake, por ejemplo: con el nuevo calendario, ya tendrías aproximadamente siete años.

No cinco.

—El nuevo calendario será conocido como “La Nueva Era”.

Esa última frase pareció marcar un antes y un después.

Como si de pronto todos entendieran que estaban ante algo que quedaría en los libros de historia.

La conversación se desvió entonces hacia el futuro: los cambios, las posibilidades, el simbolismo detrás de una medida tan radical.

Pero yo apenas los escuchaba.

Mientras los demás discutían animados sobre lo que vendría, yo seguía atrapado en lo que no se había dicho.

En lo que no encajaba.

El calendario podía cambiar, el mundo podía girar hacia una nueva era… pero yo aún no lograba entender en qué momento mi vida había comenzado a transformarse sin que nadie me lo advirtiera.

*** Por la mañana, una vez más, todo el cuerpo me dolía.

¿Caminar?

Dolía.

¿Respirar?

un poco.

¿Cuánto tiempo tardaré en acostumbrarme al dolor?.

Pero había otro tipo de dolor, más silencioso… y más difícil de ignorar.

Lo que realmente pesaba era lo otro: la confusión persistente sobre Ravenscroft y Leo.

Un malestar diferente, uno que no se cura con reposo.

Un dolor mental que no se mostraba en la piel, pero que latía con la misma intensidad.

Cansado de pensar tanto, decidí dejarme llevar por la rutina.

Al menos el ajedrez exigiría toda mi concentración, y eso significaba menos espacio para las preguntas sin respuesta.

Aunque, claro, con Ravenscroft… incluso el ajedrez podía doler.

Así que me encontré con mi maestro, como de costumbre, para seguir nuestro entrenamiento en el ajedrez.

Todo parecía seguir su curso habitual… hasta que unos gritos desgarradores rompieron la tranquilidad.

—¡Ayuda!

¡Por favor!

Instintivamente rebusqué con la mirada, buscando de dónde provenían.

Me disponía a correr hacia el sonido… cuando sentí una mano firme en mi pecho.

Era Ravenscroft.—Quédate aquí —dijo, con un tono grave y autoritario que no le había escuchado nunca antes.

Me congelé.

Algo en su voz no permitía discusión.

Ravenscroft avanzó solo.

Los gritos cambiaron: ya no pedían ayuda… ahora eran gritos de dolor.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

En menos de un suspiro, el silencio se abatió como una losa sobre el bosque Cuando reapareció, venía ayudando a una joven temblorosa, con lágrimas corriendo por su rostro.

La niña apenas podía sostenerse.

El vestido desgarrado, la mirada vacía.

No dijo nada, pero sus ojos…

gritaban.

Apenas pudo hacer una reverencia antes de salir huyendo, su figura desapareciendo entre los árboles.

Mi cuerpo se tensó.

No entendía todo… pero algo en mí sabía que aquello no estaba bien.

Que esa mirada no era de miedo, sino de algo mucho peor.

Mi maestro regresó hacia mí, su andar firme, pero sus ojos… había en ellos una rabia contenida, un desprecio silencioso que nunca le había visto mostrar.

Cuando estuvo cerca, una presión pesada me envolvió.

El instinto me gritó que me apartara.

Retrocedí un paso sin pensarlo.

Él notó mi reacción y, en un parpadeo, la tensión en el aire se disipó como si nunca hubiera existido.

—Lo siento —murmuró.

Tragué saliva.

Mi voz tembló cuando pregunté:—¿Qué… qué sucedió allí?

Ravenscroft exhaló lentamente, como si soltara una carga.—Esa niña estuvo a punto de ser atacada —dijo, su voz grave, cargada de una ira que apenas lograba controlar.

—¿Atacada?

¿Cómo…

atacada, maestro?.— Pregunté confundido  Por un momento guardó silencio, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

—Es un tema delicado, pero creo que ha llegado el momento de que conozcas la realidad de este mundo.

Ven… hablemos en un lugar más tranquilo.

Nos alejamos hasta el claro donde solía entrenar en magia.

Allí, bajo el cielo abierto, el mundo parecía menos opresivo…

pero la sombra de sus palabras no desaparecía.

—Dime, Drake… ¿cómo ves esta ciudad donde has crecido?

—preguntó mientras se sentaba sobre una roca.

Pensé un instante.—Pues… más que una ciudad, para mí siempre ha parecido un pueblo.

Pequeño.

Sin nada realmente emocionante.

Ravenscroft suspiró, como si esa respuesta fuera la que temía o esperaba.

—Lo entiendo.

Pero debes empezar a verla como lo que realmente es: una ciudad —Se inclinó ligeramente hacia adelante, su mirada clavándose en la mía —Tú sólo ves las calles que conoces, las casas cercanas… Pero en los rincones donde nunca miras, en las sombras que ignoras… suceden cosas que ni imaginas.

Me removí incómodo.

—¿Qué clase de cosas?

—pregunté, sabiendo que no me gustaría la respuesta.

—¿Recuerdas lo que te conté sobre los padres del héroe Charles Von Mondragón?

—comenzó.

—Sí, ¿Pero que tiene que ver una cosa con la otra?

—Su unión fue forzada —Ah, mi madre ya me explicó eso, de los matrimonios arreglados.

Se que es grave pero meramente político.

Asintió, pero su expresión se ensombreció.

—Tu madre te explicó la versión más amable.

La política fue sólo la fachada.

La verdad es que su unión fue… forzada.

De la peor manera.

Tragué saliva, un nudo formándose en mi estómago.

—¿Peor que un matrimonio arreglado?

—susurré.

Ravenscroft asintió lentamente.

—Fue atacada —dijo con voz baja pero firme—.

Cuando una persona es forzada a entregar su cuerpo contra su voluntad… es el acto más cobarde y vil que existe.

Sentí el corazón golpeándome con fuerza en el pecho.

Era un concepto tan brutal… tan ajeno a mi mundo de juegos y entrenamientos… que apenas podía procesarlo.

—Así como esa niña hoy… —continuó— también aquella reina sufrió lo mismo.

Y en esta ciudad, como en cualquier otra, existen seres despreciables capaces de cometer tales atrocidades.

Su voz se tornó amarga.

—Perdón por arrebatarte un poco de tu inocencia —añadió—, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Quiero que seas consciente, Drake.

Que seas fuerte… y que jamás cierres los ojos a la verdad, por dura que sea.

Apreté los puños, un estremecimiento recorriendo mi espalda.

¿Qué clase de mundo era este?

¿Cómo podía existir tanta oscuridad a plena luz del día?.

Dolor.

Confusión.

Asco.

No lo entendía… pero ahora ya no podía ignorarlo.

—Maestro… —mi voz apenas era un susurro—.

¿Su familia… sufrió algo parecido?

Ravenscroft negó con calma.

—No.

Y nunca sucederá.

Mi raza, los elfos, no carecemos de instintos, pero despreciamos la cobardía.

No toleramos actos de esa naturaleza.

Guardó silencio un momento antes de añadir, más serio: —Pero eso no es lo único que debes saber… Hay más formas en que la ambición corrompe la sangre —dijo con un tono que anticipaba algo igual de perturbador — La unión entre familiares  Mi frente se frunció en confusión.

—¿Familiares?

—Sí.

Para preservar poder o linaje, algunas familias unen a primos, tíos, incluso… padres e hijos.

El asco que sentí fue inmediato.

—No es algo que apoyemos —aclaró Ravenscroft—, pero debes saber que sucede.

Que en este mundo, a veces, el poder importa más que el amor, más que la sangre, más que la razón misma.

Su mirada se suavizó apenas.

—En mi caso… mi esposa y yo somos parientes lejanos.

Una elección voluntaria.

Un lazo de amor, no de imposición.

Pero no todos tienen esa suerte.

Guardó silencio, dejándome digerir sus palabras.

El viento susurraba entre los árboles, como si el mundo mismo respetara aquella conversación tan pesada.

—La vida no es un cuento bonito, Drake —concluyó—.

No todo será justo, no todo será noble.

Guarda esta verdad en tu corazón.

No para perder la esperanza… sino para protegerla mejor.

Asentí, aunque mi mente estaba todavía enredada en la gravedad de todo lo que había aprendido.

Hoy, mi mundo se había ensanchado de golpe… y con él, la sombra que lo acompañaba.

—Y por último… esto no es teoría, ni filosofía.

Si alguna vez te cruzas con espadachines o aventureros experimentados…  —¿Qué debería hacer?

—pregunté.

—Evítalos.

Huye si es necesario.

Con tu nivel, por mucho que avances, solo llegarás al rango avanzado.

Para ellos… eso apenas es un calentamiento.

—¿Y si no tengo opción?

—Entonces prepárate para morir.

Pero haz todo lo posible para que no llegue ese momento.

Y mientras la magia parecía, por fin, empezar a abrirme las puertas de su mundo… el mundo real decidió enseñarme el precio de ignorarlo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES ManuelTP11 :0

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo