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After death, without memories - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Heridas del alma
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19: Heridas del alma 19: Heridas del alma Ahora lo entendía.

La aventura tenía dos caras: la que soñaban los niños… y la que quebraba a los hombres.

El día siguiente llegó demasiado rápido, sin darme tiempo a descansar.

Sin asimilar.

Sin comprender del todo mis emociones ni el dolor que debería sentir.

Y con él, mi entrenamiento.

Como un recuerdo vivaz, aquellas sensaciones seguían ahí, aferradas a mí.

Me habían marcado por completo y, tomadas de la mano, nació una desconfianza natural hacia Ravenscroft.

Se tomó la molestia de ir hasta mi hogar para asegurarse de que no faltara.

Ese gesto, lejos de tranquilizarme, me mantenía alerta… más a la defensiva con él.

Cuando llegamos al claro no comencé a correr ni a seguir los entrenamientos habituales.

Me quedé completamente quieto, observándolo, esperando su primer movimiento.

—¿Qué cosa quieres que te explique primero?

—preguntó—.

¿Aura o vínculos espirituales?

No parecía afectado.

Ni lo más mínimo.

Y eso comenzó a irritarme.

—Aura, por favor —respondí al instante, procurando mantener distancia.

Como si nada le importara, Ravenscroft se colocó frente a mí.

Imponente.

Su sola presencia hacía que el aire se sintiera más pesado.

—Como darás un paso aún más grande, debo dejar en claro unas cuantas cosas indispensables.

Alzó la voz y me miró directamente a los ojos.

—La más importante, y no debes olvidarla por nada en el mundo: no debes reforzarte con maná.

Aquellos lobos de tu misión eran seres capaces de hacerlo, entre otros.

Pero cualquier ente viviente fuera de esas capacidades está condenado.

Señaló su propio cuerpo con la punta del dedo.

—En simples palabras: nunca intentes llevar maná a partes de tu cuerpo.

No a los brazos.

Ni siquiera a las piernas.

Mucho menos a los ojos.

Su tono se volvió aún más severo.

—Es magia prohibida, y las consecuencias no son nada amables.

En el mejor de los casos, una fractura.

Pero incluso el uso más mínimo, aunque dure solo un pestañeo, puede hacerte perder la mitad… o toda la movilidad.

Ni el mejor mago, ni el hechizo de curación más elevado podrán reparar ese daño.

Así de insano es para cualquier ser viviente.

Hizo una breve pausa.

—Es raro.

Extraño, lo sé.

El maná se concentra en las palmas para formar hechizos, pero no puede llevarse más allá.

Son reglas simples y estrictas de la magia.

Igual que recitar mal un hechizo o forzar un vínculo espiritual.

Todo sigue reglas… y quien las rompa sufrirá las consecuencias.

Luego continuó, como si nada.

—Dicho esto, para comenzar a ver el aura de una persona debes prestar atención a tu objetivo.

Concéntrate.

Imagina, poco a poco, llamas de fuego a su alrededor: serenas, fluctuantes… como agua corriendo por un río.

Dejé que terminara su explicación, pero no seguí sus instrucciones.

Apenas lo escuchaba.

El hecho de que hablara con tanta naturalidad, como si nada hubiera pasado el día anterior, me hervía la sangre.

—¿Cómo puede hablar así?

¿Como si todo fuera normal?

Suspiró, como si hubiera estado esperando mi reclamo.

—Mira, Drake… cálmate.

La vida sigue.

Es tu decisión aferrarte al pasado o avanzar hacia el futuro.

Es un dolor que tendrás que canalizar tú mismo, solo… o con ayuda externa, en el peor de los casos.

Sus palabras me erizaron la piel.

La rabia comenzó a subir sin control.

—No lo entenderás de inmediato, pero… —No —repliqué con furia.

Ravenscroft guardó silencio.

—No permitiré que minimice mi situación —apreté los dientes, los puños temblaban—.

Me duele pensar que usted podría ser peor de lo que imagino.

Y no porque no sea como aquella niña… sufrimos diferente… No me dejó terminar.

—¡Aquella niña sufrió igual o peor que tú!

—estalló.

Las venas de su frente se marcaron con claridad.

—No te creas el centro del mundo.

Todos cargamos problemas.

Que no se sufran de la misma manera no los hace menos importantes.

—¡Deshazte de esas ideas mediocres o terminarás como…!

Se detuvo en seco.

Estuvo a punto de mencionar un nombre que no conocía.

—¿Como quién?

—exigí—.

¿Con quién me está comparando?

Respiró hondo, conteniéndose.

Cuando habló, su voz era firme… rasposa.

—Entonces aún no estás listo para comprender el dolor, Drake.

Ni el tuyo… ni el mío.

Mis manos temblaron sin control.

No encontré palabras.

La furia nublaba todo.

Di media vuelta y corrí instintivamente.

Necesitaba aclarar mi mente… o destrozarla en el intento.

*** Corrí sin rumbo, sin pensar.

El dolor, las emociones, los recuerdos… nada lograba calmar la tormenta.

No solo eso.

—¡Crac!

Me giré de inmediato, buscando el origen del sonido.

Nada.

Los ruidos del bosque me mantenían tenso.

Quería llorar, pero no podía.

Quería romper algo.

Gritar desde el fondo de mi alma.

No encontré respuestas.

Seguí adelante, dejando que el viento decidiera por mí.

*** Perdí la noción del tiempo.

No sé cuándo logré calmarme lo suficiente como para regresar.

Volví al claro con dudas.

Pensé seriamente en irme a casa.

Pero huir no resolvería nada.

Elegí este camino desde el inicio.

Me advirtieron que no sería fácil.

Al menos debía aprender cómo afrontar momentos como este.

Ravenscroft seguía ahí, sentado sobre una roca, tal como lo había dejado.

—Lamento no haber comprendido mejor tu situación, Drake.

Guardé silencio un momento antes de hablar.

—Yo también… siento haber explotado.

—Fue mi error —admitió—.

Aún eres un niño, y yo… ya te estoy tratando como a un hombre.

Había culpa en su voz.

Pero también algo más.

Un peso antiguo que no lograba comprender.

—Entonces… ¿podría decirme qué hacer?

Suspiró antes de responder.

—No existe fórmula, hechizo ni remedio.

No es algo que desaparezca de un día para otro.

—Algunos se refugian en otras cosas y dejan que el tiempo haga su trabajo.

Otros se apoyan en la familia, en el amor… a veces eso fortalece los lazos, otras los rompe.

Algunos convierten el dolor en aprendizaje.

Cada quien encuentra su propio método.

Me observó con atención.

—He visto que no sabes cómo asimilar tus emociones en ciertas situaciones.

Tal vez, muy en el fondo… tengas miedo.

—¿Miedo?

—No me malinterpretes.

El miedo no te hace débil.

Afrontarlo… eso te hace más fuerte.

Me indicó que me sentara.

—Déjame contarte una historia.

Me acerqué con cautela, manteniendo cierta distancia.

—Hubo una vez un reino con una raza peculiar.

No eran de agua ni demonios.

Parecidos a los humanos, pero su altura los diferenciaba.

—Su grandeza no estaba solo en su tamaño, sino en su conocimiento.

Genios adelantados a su época.

—La raza de los gigantes, los arquitectos del descenso.

No entendía por qué me contaba esto… pero algo en su tono me obligó a escuchar.

—Consumidos por su egocentrismo, construyeron una torre.

Una que, simbólicamente, rozaría la divinidad.

—Pero no apuntaba al cielo.

Contra toda lógica, descendía hacia el suelo.

—Su soberbia ofendió a los dioses.

Al completarse la torre, la raza fue extinguida por una peste incurable.

Como castigo, todas las razas fueron maldecidas con el habla.

No dividida… sellada.

—No temían que habláramos entre nosotros —continuó—, sino que entendiéramos el mundo como ellos.

—¿Como el maná?

—Exactamente.

Solo déjame aclarar un punto más, igual de importante.

—Es imposible identificar a alguien solo por su aura.

Todo puede alterar la percepción.

—Claro, a mí me reconocerías si te intimido con la Hidra.

Pero la mayoría… no.

—Y cuando ocultas tu aura, no solo escondes quién eres.

Te proteges de la de los demás.

—¿Protegerme?

—Un aura fuerte puede presionarte, alterar tus emociones.

Retraer la tuya es como cerrar una puerta al viento.

Me miró con seriedad.

—Los fuertes siempre intentan imponerse.

Aprende a ocultar tu aura… y no podrán tocarte de esa forma.

—Por ahora solo entrena.

Luego, si quieres, seguiré explicándote.

—Está bien.

Ese día no avancé mucho.

Todo fue más por obligación que por voluntad.

Pero comprendí algo valioso: el dolor no se supera… se aprende a cargarlo.

Y ese fue el primer paso.

*** Si bien el entrenamiento lograba distraerme de mis pensamientos, evité todo lo que pude utilizar la postura Alber.

Bastaba con posar la espada en ese ángulo para que mi corazón comenzara a acelerarse y, con ello, mi concentración se desvaneciera por completo.

El recuerdo volvía sin pedir permiso, clavándose como una espina.

En un momento en que decidí detenerme para tomar aire, Ravenscroft habló.

—Este es un punto aparte —dijo—.

Los vínculos espirituales con criaturas míticas.

Alcé la mirada, aún con el pulso alterado.

—Un claro ejemplo es Charles von Mondragón, quien tenía como compañero a un fénix.

Se decía que su vínculo era tan profundo que, si uno de los dos sufría el más mínimo rasguño, el otro lo sentía por igual.

Tal vez intentaba distraerme.

O quizá recuperar un poco de la confianza que se había resquebrajado entre nosotros.

—Igual que él —continuó—.

Yo poseo un vínculo con la Hidra.

Por un instante dudé.

Las preguntas se agolparon en mi mente.

Ravenscroft lo notó de inmediato y fue tajante.

—No es de tu incumbencia cómo conseguí ese vínculo.

Guarda tus palabras —sentenció.

Luego, su tono se suavizó apenas.

—Si lo piensas bien, un vínculo es algo hermoso.

Dos voluntades unidas y reforzadas entre sí.

Escudo y espada.

Fuertes ante cualquier adversidad.

Son tan fieles que las emociones del portador se reflejan en la criatura.

Estrés, ira, dolor… los vuelven sobreprotectores, incluso agresivos.

En momentos de calma o felicidad, en cambio, son dóciles, casi afectuosos.

Son un reflejo de uno mismo.

Tragué saliva.

—¿Qué ocurre cuando la criatura muere?

—Renace.

Necesita tiempo para recuperar su poder y tamaño.

En algunos casos el vínculo se rompe, pero la mayoría de las veces persiste.

—¿Y si muere la persona?

—Entonces el vínculo se rompe por completo.

La criatura puede, de inmediato o con el tiempo, establecer uno nuevo con alguien más.

Guardó silencio un momento antes de continuar.

—No esperes que todos tengan un vínculo espiritual.

Tener un gato o un perro no significa nada en ese sentido.

Los vínculos verdaderos son raros… especiales.

Rozan lo divino, porque hablamos de criaturas legendarias.

—¿Es tan difícil encontrarse con una?

—pregunté.

—Con algunas sí.

Otras no tanto.

Viven en territorios propios o protegen civilizaciones enteras.

Son neutrales; no toman partido en las guerras de hombres, demonios o elfos.

Pero eso no significa que vivan en paz.

Entre ellas existen disputas feroces.

Choques tan descomunales que el mundo aún conserva sus cicatrices.

Me observó con atención.

—Tranquilo.

Te lo explicaré las veces que sean necesarias.

Tanto el aura… como los vínculos espirituales.

*** Esa noche, recostado en mi cama, no podía dejar de pensar en las consecuencias de reforzar el cuerpo con maná.

Ravenscroft nunca decía las cosas en broma… pero quizá esta vez exageraba.

Tal como cuando afirmaba que estudiar era un lujo.

Mientras más lo pensaba, más me convencía de ello.

Mis latidos comenzaron a acelerarse.

Me incorporé de golpe y me senté con las piernas cruzadas.

Alcé las manos, palmas abiertas, mirando fijamente la puerta de mi habitación.

Comencé.

Cerré los ojos y dejé fluir el maná hacia mis palmas, igual que al recitar un hechizo.

Tensé los brazos, pensando que eso ayudaría a guiar el flujo hasta mis ojos.

Y, extrañamente… funcionó.

El maná ascendía poco a poco.

No solo por la tensión, sino porque lo imaginaba como un río a contracorriente.

Esa imagen facilitaba el proceso.

La sensación era asombrosa.

Recorría mis antebrazos, los codos, los músculos, los hombros.

Un cosquilleo intenso, acompañado de un calor imposible de describir.

Algo que jamás había sentido, ni siquiera en mis mejores días.

Subía.

Subía.

Hasta detenerse en el cuello.

Por más que lo intenté, no avanzó.

Se estancó.

La sensación comenzó a disiparse.

El calor desapareció.

Abrí los ojos.

Nada.

Todo se apagó.

Horrorizado, llevé mis manos al rostro, forzando mis párpados para asegurarme de que estaban abiertos.

Lo estaban… pero no veía.

En un instante me había quedado ciego.

Antes de poder gritar, algo aplastó mi cuello con brutalidad.

Sin aire.

Sin vista.

Moría en la oscuridad de mi habitación.

—¡AAAAAAHHH!

El calor se disipó de golpe.

Ya no sabía si estaba despierto… o soñando.

—¡Juh… juh… juh!

—jadeé, recorriendo mi cuerpo con las manos.

La puerta se abrió de golpe.

—¡Drake!

—gritó mi padre.

Mi madre apareció detrás.

—¿Qué sucede?

No podía responder.

Ambos me tomaron de las manos.

—Respira.

—Déjalo ir.

—Respira.

—Déjalo…

No sabía si había sido un sueño, una reacción del maná o un ataque de pánico… pero el miedo había sido real.

*** La saliva me ardía al bajar por el cuello.

El consuelo de mis padres me ayudó a calmarme poco a poco.

Las sensaciones seguían ahí, marcadas.

No eran iguales a las de Ravenscroft y su aura… pero se parecían.

Algo difícil de explicar con palabras.

Lo más extraño era que mi cuello no tenía ninguna marca.

Y aun así… ardía.

Como si alguien realmente me hubiera estrangulado.

Mi madre me sostuvo entre sus brazos.

Mi padre acariciaba mi espalda.

Mi respiración seguía agitada.

—Mmm… Drake… —mi padre intentó decir algo, pero se interrumpió al oír el llanto de Thomas—.

Yo me encargo.

Salió de la habitación.

—Mamá… —¿Sí?

—Ya puedes ir con papá… ya estoy bien.

—No me iré hasta que te duermas —sentenció.

Seguía asustado.

En apenas dos días me habían ocurrido cosas inimaginables.

—Siempre… siempre estarán conmigo, ¿verdad?

—Por supuesto, mi amor.

En las buenas y en las malas.

Somos una familia.

Y nos apoyamos.

Me aferré a ella, sollozando.

Con un susurro dulce, acariciando mi cabeza, comenzó a cantar: —La, la, la… —Del reino un niño muy especial….

—Drake su nombre hará resonar… —Caballero, héroe, mago o algo más… —La, la, la..

—Duerme tranquilo, mi dulce sol… —Tus sueños siempre te guardo yo… —Aunque la noche te quiera asustar… —Mi voz contigo siempre estará… —Siempre serás mi niño de mamá —La, la, la..

Con un beso en la frente, Angie se acurrucó junto a Drake.

Una cosa era segura: Hay heridas que no sangran… pero pesan más que cualquier cicatriz.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES ManuelTP11 Gracias por seguir aquí y por la paciencia.

Les deseo una muy feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

Espero que este capítulo haya valido la espera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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