After death, without memories - Capítulo 21
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Capítulo 21: Preparación – Parte 1
Fue un tanto melancólico saber que Ravenscroft ya no estaría para seguir entrenando. No obstante, eso no me detuvo para seguir haciéndolo por mí mismo. Ya sabía qué hacer exactamente en técnica; era momento de pulirlo y refinarlo. Lamentablemente en la magia no tenía un gran arsenal de hechizos, pero esto no me detendrá y los perfeccionaré tanto hasta poder realizarlos en un segundo y medio, tal y como él lo indicó.
Estaba por comenzar a estirar mi cuerpo fuera de casa hasta que papá se puso a mi lado con ropa más cómoda de lo habitual y comenzó a estirar por igual.
—Estoy algo oxidado, pero creo que puedo seguirte el ritmo.
—Eso quiere decir que ¿no irás al trabajo?
—Exacto. Y prepárate bien, que tendremos un duelo.
Llegó el momento de demostrar que no fue en vano el entrenamiento. Si bien no es un combate a muerte, de esto dependerá si podré hacer ese viaje.
—Qué buen momento entre padre e hijo.
Se escuchó a la cercanía. Leo también había llegado.
—Tendremos un duelo, ¿gustas unirte, Leo?
—Justo venía por lo mismo. No podía dejar de pensar en ello.
Comenzaba a sentir la presión cada vez más sobre mi cuerpo. También unos pocos nervios. Un pequeño nudo se formaba en mi estómago.
No era el momento de titubear. Llegó la hora de demostrar.
Reglas simples y claras, usando espadas de madera. El que se rinda o caiga al suelo pierde. Solo podré usar magia contra Leo. Eso deja mucho que decir.
Si bien me encontraba en cierta desventaja al ser un niño, el mundo real no perdona errores, mucho menos a los débiles. Y eso ya lo viví en carne propia.
Mi primer contrincante, mi padre. Sé que tuvo entrenamiento para defensa personal, ¿pero qué tan bueno fue? ¿Quiénes llegaron a enseñarle? ¿En verdad está tan fuera de forma como dice?
Sin mucho revuelo, una vez que sentimos que eran más que suficientes estiramientos, nos pusimos en posición, uno frente al otro.
—No te contengas. Que yo tampoco lo haré —sentenció mientras tomaba posición de Pflug.
Opté por lo mismo: Pflug. Pero esta vez decidí tomar la iniciativa.
Me acerqué lo más rápido posible, dando una estocada apuntando a sus costillas. Él retrocedió un paso, lo bloqueó sin mucho problema e intentó levantar mi espada.
Puse fuerza en mis piernas para no salir volando y aferrarme al piso. Contraatacó de inmediato intentando un corte en diagonal. Bloqueé sin más, pero su fuerza me hizo retroceder aunque lo haya detenido.
Por más que sea mi padre, sigue siendo un hombre. No me puedo comparar a su fuerza, no por el momento.
Una vez más me abalancé contra él, ahora intentando un golpe a su pecho.
Bloqueó y lo regresó. No solo eso: arremetió contra mí sin piedad. Así tuvimos un intercambio entre bloqueos y ataques.
Por izquierda, derecha.
—¡Wack!
—¡Tac!
Bloqueo, golpe en diagonal.
—¡Plas!
Si bien no era mucho problema, su fuerza me comenzaba a abrumar.
—Ughh..
Solté un pequeño suspiro para tomar aire.
Un golpe directo, ya fuera con espada o a puño limpio, me haría más daño a mí que a él.
Vi una pequeña señal en sus estocadas. Al regresar a la postura era por el mismo lado derecho.
—¡Tac!
Una apertura. Era momento de tomar riesgos y acabar esto.
Me acerqué, mas no ataqué. Tomé la espada con mi izquierda.
Intentó dar una estocada a mi pecho. Puse mi espada de por medio para bloquearla, pero sin mucha fuerza, solo la suficiente para hacerla rebotar.
—¡Pum!
Puso demasiada fuerza en su golpe. Esto lo desequilibró y dio un paso en falso. Aproveché la apertura, me desplacé para estar cara a cara.
Lo sorprendió por completo. Solo le quedó seguirme con la mirada. Golpe directo a su estómago. No sería suficiente para terminarlo aquí.
Con el impulso me lancé hacia él, haciendo que cayera de espaldas.
Y así fue como yo gané el primer duelo.
Sentí un alivio gigantesco una vez que acabó el encuentro. Había algo más que no noté: me estaba abrazando. Estaba tan concentrado que ignoré lo demás.
—Lo hiciste grandioso, Drake.
—El entrenamiento no fue en vano, papá. Pero ¿podemos ya levantarnos?
—Jaja, claro.
Nos pusimos de pie rápidamente. Entre nosotros nos ayudamos a quitarnos la tierra sacudiendo con las manos.
—Los dos tuvieron un gran combate. Si no me quieren creer, pregúntenle a los espectadores.
Los dos miramos hacia nuestra casa y ahí estaban Thomas, Emma y mamá, atentos en silencio. Ni siquiera me percaté de su presencia.
—No tomarás descanso —sentenció Leo—. Ahora sigo yo.
Asentí en silencio. Mi papá caminó apartándose. Por un segundo juré ver una reacción inesperada en su rostro; tal vez enojo, desesperación o decepción. ¿En qué? ¿En mí? ¿En él? No estoy seguro. Pero no le daré más vueltas al asunto. El momento crítico había llegado.
Opté por usar Pflug nuevamente; era lo más seguro. Nunca había visto pelear a Leo. No que lo recuerde.
Leo no tomó guardia rápidamente, esperó mis movimientos, gestionando mi cuerpo de pies a cabeza.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Pero antes de que pudiera dar un paso, mi instinto me advirtió que me quedara quieto. Que no peleara. Que me protegiera. Inmediatamente oculté mi propia aura. Si bien no podría mantenerla por más de una hora, ese no era un problema en este momento.
Entonces vi cómo las llamas salían impacientes. Su aura lo hacía ver gigantesco. Pero tal y como practiqué con Ravenscroft, esto no me afectó en lo más mínimo para desconcentrarme o intimidarme; sin embargo, sí me erizó la piel. Me mantuvo más alerta. Era peligro real.
Había algo raro. El aura de Ravenscroft, de hidra, inmediatamente se hacía ver imponente. Pero con Leo eso no sucedía. Era tardío. No se reflejaba qué bestia, animal o criatura tomaba.
¿Lo hacía a propósito?
Al notar que no perdía la calma, soltó una pequeña sonrisa de satisfacción y las llamas desaparecieron en un parpadeo.
Tragué saliva. Agarré con firmeza mi espada y me abalancé hacia Leo.
Intenté varios golpes: Uno en diagonal. Una estocada. Con un desplazamiento intentando conectar desde otro ángulo.
Y Leo ni se inmutaba. Bloqueaba con suma facilidad.
Tomé mi espada con la derecha. A su vez que tomaba a una mano mi arma, concentré maná en mi izquierda. Una bola de agua fugaz.
Uno.
Busqué fintarlo con un golpe descendente…
Dos.
Con el hechizo busqué su pierna de apoyo. Con el propio impulso del movimiento de mi izquierda aparté mi brazo derecho con la espada. Vi cómo sus ojos se abrieron más…
Tres.
Mi mano ya había hecho su recorrido para que el hechizo fuera lanzado.
Él echó hacia atrás mitad de su cuerpo. Con su derecha dio un tajo y cortó con suma facilidad la bola de agua. Inmediatamente levantó su espada con ferocidad.
—¡Ahhh!
Me dio de lleno en mi mano izquierda. Me acerqué sin pensar, cerrando la distancia.
Sacudí la mano para intentar que el dolor cesara un poco. El dolor me hizo perder la concentración y puse más maná de manera frenética.
—Dios del fuego…
Un intento desesperado.
—Yo, tu hijo, te ruego por tu ayuda…
Un arrebato de ira.
—Calcina a mis enemigos…
Me acerqué sin pensarlo.
—En el fondo de tus llamas…
De abajo hacia arriba.
—¡Llamarada!
Dejé salir el hechizo con toda la potencia que podía.
—Juh-juh-juh…
Cuando el hechizo acabó, ahí se encontraba él, con algunas heridas sobre su cuerpo, su ropa con algunas partes prendidas en fuego. No lo esquivó. Lo recibió. Se había cubierto con su brazo la cara.
Y en un pestañeo dejó caer su puño sobre mi quijada.
Haciéndome caer al piso.
Yo había perdido este duelo.
Mientras estaba reincorporándome poco a poco del puñetazo, no pude evitar mirarlo y exigir respuestas.
Di un golpe al suelo, frustrado. El golpe no solo me tiró al suelo. Me recordó algo peor: aún estaba lejos de ser fuerte.
—Muy apenas tienes rasguños… ¿Cómo eso no te hirió de gravedad?
—Experiencia y buen ropaje. No es la primera vez que recibo fuego a quemarropa.
—Es verdad. ¿Debe ser muy caro tener ese equipamiento, cierto?
—No tienes idea de cuánto. Pero el equipo no hace inmortal a nadie. Solo te da una segunda oportunidad. Y eso hace que valga hasta la última moneda.
Me acerqué, puse mi mano izquierda adolorida sobre su costado y con mi derecha la apoyé.
—Madre Naturaleza, protectora de toda vida, yo, tu hijo —las heridas de Leo desaparecían al igual que el dolor de mi mano— te imploro que me asistas en mi camino y cures mis heridas.
—Drake, tu habilidad con la magia es aterradora. No son simples palabras vacías.
—Aunque no tenga muchos hechizos a mi merced, tengo mucho por mejorar.
Papá se unió a la conversación mientras se acercaba hacia nosotros.
—Calidad, no cantidad, Drake.
Leo siguió hablando.
—Lo que un hechizo de buen tamaño toma alrededor de más de cinco segundos, tú lo completas en cuatro. Un segundo es vida o muerte en combates reales.
—En otras palabras, pasaste la prueba de combate con honores. Solo queda la de supervivencia.
Encontré una satisfacción inesperada en sus palabras. Ser reconocido y, aparte, ser elogiado.
Cuando el calor del momento comenzaba a bajar, nos dirigimos hacia la casa. Mi mamá estaba consolando a Emma.
—¿Qué sucedió, mamá?
—Cuando tú y Leo quedaron frente a frente, un momento antes de que iniciaras a atacar, comenzó a llorar con mucho sentimiento.
Esto me dejó pensando en una cosa: el aura.
Pero ¿por qué Emma la podía ver o sentirla? Algo parecido. Tal vez al ser una bebé tiene más afinidad a las energías. ¿Pero por qué?
—Yo no lo sé. ¿Alguna idea, Leo? —preguntó papá.
—No puedo responder correctamente a eso. Solo sé que los bebés son más susceptibles y eso es todo.
—¿Drake?
Decir algo en este momento solo dejaría más dudas. Pero podía reunir información poco a poco.
—No tengo la más mínima idea. ¿Thomas, cómo te sientes?
—Con ganas de pelear. Fue una gran pelea.
Supongo que sus instintos no reaccionaron al aura de Leo. ¿Por eso no la manifestó por completo y se contuvo? Pero no responde a la pregunta de por qué Emma aun así reaccionó…
Justo cuando Ravenscroft no está, suceden más dudas.
***
Ese mismo día, después de los duelos, entrené muy poco, solo unas cuantas conjuraciones de agua y fuego. Aún pensaba mucho en lo de Emma. Sin embargo, como no obtendría respuestas inmediatamente, decidí posponerlo, pero anotándolo en papel. Leo se había ido por unos asuntos, pero regresaría para cenar.
No sé qué tanta capacidad de maná tenía. Había conjurado tres hechizos el día de hoy y aún me sentía capaz de más. ¿Qué tanto es ese más?
Mañana, que esté recuperado, intentaré ver mi límite actual para después romperlo.
No quiero sonar engreído, pero si mi capacidad es de diez hechizos y seguir sin percances sería perfecto. Aún no me pruebo contra otros magos de mi nivel o superior, por eso debo mantenerme con los pies sobre la tierra.
***
Nos reunimos todos para cenar. Aún había algunas cosas que dejar en claro sobre mi viaje. Más sobre esa prueba de supervivencia que Leo había dicho.
—En verdad te luciste, Drake. Fue un gusto para la vista el combate, ojalá hubiera podido durar un poco más el encuentro.
—Yo también quedé impresionada, pero eso no quiere decir que estoy dispuesta a que viajes solo.
—Me siento bien al ser elogiado por ustedes. Pero me alegra más estar a las expectativas de todos.
Leo tomó la palabra.
—Los tiempos cambiaron, ya es más fácil viajar entre ciudades. Tanto nuevos como viejos caminos ya son más concurridos, por ende más seguros.
—Pero de igual forma me llevaré a Drake de aventura. Cuando regresemos, confirmaré si es seguro dejarlo hacer el viaje a Monfigt.
—Hasta entonces, pueden seguir discutiéndolo ustedes dos.
Él intentó suavizar la desconfianza y preocupación de mi mamá. Sin embargo, esa prueba de supervivencia me tenía al margen.
***
A la mañana siguiente regresó por mí para que lo acompañara a aprender de su rutina cuando estaba por irse de aventura. Había tomado una mochila vieja guardada de mi papá y la llevé conmigo para guardar todo.
—Hay que prepararse muy bien y compraremos lo indispensable. Lo primero: hierbas como romero, tomillo y menta.
—Entiendo el romero para comer. ¿Pero por qué tomillo y menta?
—El romero no solo sirve para comida. También es bueno en cosas medicinales y para eliminar malos olores. El tomillo y la menta por igual.
—En mi caso, yo tomo la limpieza como algo igual de importante que otras cosas. Borrar tu olor y mantenerte fresco puede ser una ventaja ante muchas circunstancias.
—¿Cómo en cuáles?
—El cansancio no mata primero —dijo Leo—. Lo hace el descuido. El olor, la sangre seca, la suciedad… eso te vuelve lento. Y lo lento muere.
—Cuando estás sucio, tu mente también lo está. No notas pisadas. No notas cambios en el viento. No notas cuándo algo está mal.
—Lo que tú dices es que siga haciendo lo mismo que en casa al igual que en otras partes.
—Exacto.
Me perdí en lo cotidiano que estaba siendo comprar los preparativos, yendo y viniendo de un lado hacia otro.
Cuerdas.
Sal. No solo para comer.
—Toma, un regalo.
Me dio una piedra de afilar. Ya cuidaba bastante bien la espada bastarda que Ravenscroft me dio. La mantenía lo mejor posible a pesar de que le faltaba mucho filo. Tanto que en cierto momento mi mamá me regañó por usar la piedra de casa para la espada.
Fue imposible no sonreír ante el recuerdo. Y seguimos.
Aguja e hilo.
Un barrilete propio.
Yesca. No la vi necesaria; podía hacer fuego por mi cuenta.
Y así es como se nos fue mitad del día en un parpadeo, comprando aquí y allá. Cuando terminamos con las compras fuimos directo al gremio.
—Buenas tardes, Odette.
—Buenas tardes, señorita Odette.
—Buenas tardes, Leo y Drake.
—Sé que ya lo conoces, pero los presentaré de nuevo. Mira, Odette, es el hijo de Ethan: Drake.
—Un gusto conocerte de nuevo, Drake.
—El gusto es mío nuevamente.
Había algo en las miradas entre ellos dos. Similar o idéntica entre mamá y papá. A comparación de hablar con otras personas, con Leo y Odette era distinto; si mirabas fijamente, un tenue brillo se reflejaba en sus ojos.
Una palabra, cursi e inoportuna para mí en este momento.
Amor.
Las diferencias entre amor de familia y de pareja deben ser mínimas, pero notorias. Supongo que sí.
—Buscamos un trabajo de al menos un mes de duración.
—Mmmm… no hay uno así por el momento. Pero sí dos o tres que puedan equivaler a lo mismo. Dame un segundo, los buscaré.
Mientras Odette buscaba nuestra petición, Leo preguntó:
—¿Piensas hacer la prueba para ser aventurero?
—Esperaré un poco más. Sé que debo prepararme un poco más.
Leo sonrió, no en tono de burla.
—Bien por ti.
—Miren, estos son los tres trabajos y un cuarto que les queda de camino por si gustan tomarlo.
—Su primer trabajo sería llevar herramientas y provisiones a un pequeño pueblo hacia el sur. Y en conjunto con ella, cazar un jabalí rojo un poco más al oeste. Después buscar unas hierbas cerca de donde habita el jabalí. Y por último hacer un informe de al menos siete días del por qué hay tantos animales mudando hacia el norte.
Con una sonrisa amable y un tono de intento de compasión comentó:
—Me urge que hagan las primeras dos. Nadie las quiere tomar por el tiempo y la carga del material.
Clavó su mirada hacia Leo y con la sonrisa forzada dijo:
—Pero sé que tú, Leonard, irás, ¿verdad?
—Sabes que sí.
Odette, con su mirada, presionó a Leo a aceptar. Con que ahí va una de las explicaciones del por qué toma misiones que llevan cierto tiempo.
Entre otras cosas, los detalles sobre las misiones fueron: cazar al jabalí y traer sus colmillos, dificultad rango B. Llevar materiales, recoger hierbas y realizar el informe, dificultad rango E. Sorprendentemente, la recompensa era buena juntándolas todas.
Para mi sorpresa, esa misma tarde solo regresamos a mi casa por una manta. La despedida fue rápida, sin tiempo a dudar.
Nos dieron una carreta arriada por dos mulas con todo lo que se llevaría. Y partimos.
***
Esa noche avanzamos un buen tramo, hasta pasada la medianoche paramos en una zona despejada con pocos árboles. Leo rápidamente preparaba madera para una fogata. La encendí, serví agua para las mulas y las amarré.
Mientras cenábamos, Leo dejó unas cuantas cosas en claro.
—Hoy dormiremos los dos, pues aún estamos en zona segura. Para mañana empezaremos a hacer guardias por turnos de cinco horas, de aquí hasta llegar al pueblo. Ya en el pueblo será por noche.
—Entiendo.
Cenamos y no se dijo nada más. Dormimos y a la mañana siguiente a continuar.
***
No hubo nada espectacular más que la caza de una liebre. Lo demás fue normal: desayunar, limpiarnos con agua que conjuré, alimentar a las mulas, comer por la tarde y cenar.
Ahora me tocaba dormir después de cenar.
Esas dos semanas de descanso de la universidad me van a caer perfecto :,).
Mientras tanto, disfruten el capítulo ;).
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