Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

After death, without memories - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. After death, without memories
  3. Capítulo 22 - Capítulo 22: Preparación - Parte 2
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 22: Preparación – Parte 2

Leo me sacudió con su mano. Abrí los ojos: era hora del cambio. No lo había notado antes; Leo traía consigo un pequeño reloj de arena que marcaba la hora. Lo tomé y esperé a que él se recostara, y comenzó a contar el tiempo.

Por suerte había traído conmigo dos libros: uno de jugadas sobre ajedrez que dejé recién empezado. Estaba aún lejos de ser un gran maestro.

El otro, de nombre Amadís de Gaula, que aún no comenzaba, pero lo vi un tanto grande y lo tomé.

Amaneció rápido y antes de que pudiera siquiera acercar mi mano para levantarlo, él ya estaba por sentarse.

Había dormido o se había quedado despierto esperando si yo caía dormido.

No lo sé y no le tomé mucha importancia.

Y así continuaron nuestros seis días restantes hasta llegar al pueblo.

***

La entrega al pueblo fue corta y directa. Tan rápido como llegamos nos fuimos. Las palabras de Leo fueron severas, pero llenas de realidad.

—Venimos a trabajar, no a turistear.

Solo recolectamos un poco de información. Al parecer no era un solo jabalí, sino una manada de al menos cinco que podría rondar hasta veinte.

La carreta y las mulas también se quedaron en el pueblo. No había tiempo que perder.

—Debo explicarte a lo que estamos por cazar.

—Son grandes, casi midiendo un metro cuarenta, dos metros de largo y llegando a pesar más de trescientos kilos.

—En sí podrían tomarse como criaturas de medio riesgo. Lo que los hace distinguirse de los normales principalmente son sus pieles duras y sus colmillos más alargados. También su tenacidad de atacar sin parar aun cuando deberían huir.

—El detalle no es cortar por cortar. Es saber dónde encajar la espada.

—Al cuello para causar inmovilidad al instante. Al cráneo o detrás de sus orejas, incluso en el mismo oído para llegar al cerebro. En una ocasión específica, en la zona detrás del hombro, pueden dar en sus pulmones o corazón dependiendo del ángulo.

—No los subestimes. Necesitas ser preciso y la fuerza necesaria para matarlos con facilidad. Por obvias razones, que ni siquiera te toquen, porque estarás perdido.

***

Nos adentramos muy profundo en el bosque, buscando huellas o restos que dejaría un jabalí: saliva o pelaje, y esperamos con paciencia. No tomó mucho tiempo hasta que nos topamos con uno.

Ideamos un plan simple: yo me treparía a un árbol y Leo lo atraería para que con Rúnstingr lo acabara rápido.

Y así sucedió.

El primero llegaba con una ferocidad aterradora. Su tamaño, pelaje cobrizo lleno de tierra, saliva y restos de sangre lo hacía ver temible. Y atacó justo como Leo mencionó: sin miedo y decidido a ejecutar.

—¡Ahora!

Salté de inmediato sobre él. Puse fuerza sobre mis piernas para agarrarme a él y no salir volando. Tomé la daga con las dos manos y la dejé caer en su oreja izquierda.

Para mi sorpresa ni siquiera entró la mitad de la daga.

—¡Qué carajos!

El jabalí giró su cabeza intentando alcanzarme con los colmillos.
Si me tocaba… me abriría el estómago.

Se retorció sin parar, corriendo sin rumbo.

De un lado a otro.

Cada sacudida de su cuerpo era como intentar sostenerme sobre una roca que se movía.

Con más fuerza en mis pies y mi mano derecha me agarré a su pelaje. Con la izquierda, a puño cerrado, martillé la daga para que entrara con fuerza bruta.

Pero la bestia no cedía. Seguía moviéndose y corriendo sin dar señal de perder fuerza.

—Hah… hah… —jadeaba mientras mi respiración se aceleraba.

En un intento desesperado intenté rasgar su piel atrayendo la daga hacia mí…

Pero el movimiento fue nulo.

Saqué la daga por impulso para intentar penetrar de nuevo, pero no pude mantenerme más sobre él y salí volando cayendo al suelo.

—¡Pum!

Un pitido abundó en mis oídos.

Intenté ponerme rápidamente de pie, pero cuando tomé aire mi cuerpo flaqueó. Al caer me golpeé el hígado o un pulmón, quién sabe.

Para mi suerte, el jabalí ya estaba listo para arremeter contra mí.

Intenté apartarme con la poca fuerza que alcancé a reunir.

Pero antes de que el jabalí hiciera su recorrido, fue interceptado por Leo a una velocidad abrumadora. El metal de su espada chilló antes de clavarse al oído del jabalí.

Fue entonces que la bestia, aturdida, intentaba mantenerse en pie, pero en instantes perdió fuerza y cayó al piso.

Cayó el primero.

Y aun así pude haber muerto.

—No estuvo mal para ser tu primera vez. Ven, vamos a quitarle los colmillos.

A pasos pequeños me acerqué mientras aún me recomponía por completo.

—Pero primero lo despellejaremos. Puedes encargarte de ello.

—Claro.

Había aprendido con Ravenscroft. Él asintió y se tomó un momento para sacar algo de su mochila: una hachuela y las cuerdas.

Puse mi mano izquierda sobre la cabeza del jabalí y canalicé agua caliente para que cayeran restos de saliva, sangre y todo lo que se pudiera remover.

Pero había algo más que molestaba y que ni con agua caliente se iba: el hedor.

Fue un poco complicado tajar la piel de su hocico, pero no tanto como hacerlo mientras está en movimiento.

Con mi derecha canalicé una pequeña llama, la cual hice trasladarse a la punta de mi dedo índice. Presioné alrededor del primer colmillo para ablandar la carne, pero no por mucho tiempo: unos cinco segundos por colmillo.

Leo tomó la hachuela y de tres tajos sacó los colmillos.

—¿Qué haremos con toda la carne y la piel que aún falta por quitar? —pregunté

—Habrá que regresar al pueblo y pedir una carreta. Pero en lo que vamos y regresamos otras cosas podrían aparecer.

—Cortaremos lo que podemos llevar y se los daremos. Con nosotros solo se echarán a perder.

—O podría congelarlo y lo enterramos bajo tierra.

—Es una buena idea sin duda, pero ¿cuánto nos tomará cavar para hacerlo? Si fuera un solo jabalí sería perfecto. Pero aún no sabemos contra cuántos más nos enfrentaremos.

—Es cierto —admití

—Para no desperdiciar, enterraremos una porción que podamos sacar con facilidad. Y lo demás que la naturaleza aproveche sus nutrientes.

Yo asentí y comencé a cavar con las manos, mientras Leo cortaba el resto del jabalí.

Al pequeño pozo con el hielo le echamos sal para que se mantuviera lo más conservado posible.

Comimos para recuperar fuerzas, pues lo que seguía sería bastante duro.

Conjuré unos bloques de hielo en los cuales amarramos las patas y un tanto de carne, solo lo que se pudiera arrastrar con facilidad. Ya asegurados, nos amarramos la piel y el bloque a la cintura.

El trayecto fue muy cansado. Cada unos quince minutos aproximadamente paramos a tomar aire y agua.

Y así hasta llegar al pueblo.

Nos recibieron con mucho entusiasmo. Incluso nos invitaron a quedarnos a pasar la noche, pero Leo se negó rotundamente; solo les pidió cuerdas y sal. Ellos accedieron a su petición.

Mientras Leo hablaba con aquellas personas, yo estaba sentado recuperando energías. Cuando a lo lejos vi un grupo de niños acompañados de una niña que se veía más o menos de mi edad.

No mentiré, se veía un tanto linda. Y al parecer notó que estaba observándolos. Ella me miró a los ojos y saludó tímidamente. Yo solo sonreí un poco y regresé el saludo. Nada especial, solo cordial.

—Vamos —dijo Leo mientras me tocaba el hombro.

Y partimos de nuevo al bosque.

***

Esta noche yo dormiría por petición de Leo. Esto me venía perfecto, pues ya me pesaba bastante el cuerpo entre los turnos de siesta y el trabajo realizado hoy.

***

Tan rápido como me levanté, Leo ya estaba desayunando. Yo me uní a él y charlamos.

—Drake, te tocará hacer guardia toda la noche. Depende de ti qué tanta energía gastes en el transcurso del día.

—Lo sé.

—El jefe de la aldea me comentó que hay un pequeño río no tan lejos al noroeste. Iremos a darnos un baño y buscar más jabalíes. Deben estar cerca por el agua.

—Y de paso podríamos pescar algo.

—Exactamente. Tres pájaros de un tiro.

***

Para cuando llegamos al río, lo que nos esperaba empeoró las cosas. Había dos de ellos. Eso significaba que debía haber más, sin dudarlo.

Esto nos complicaba la pesca y la limpieza.

—¿Qué hacemos, Leo?

—Observar. No queda de otra. Si aparecen más y nos persiguen, estaremos en problemas.

Tampoco era opción regresar donde matamos el primer jabalí; estaríamos peleando y gastando energía contra animales o monstruos sin sentido.

Caminamos en dirección contraria de los jabalís; ellos estaban hacia el sur.

Pudimos limpiarnos nosotros y lavar nuestra ropa sin problema. Pero no había señal de que hubiera muchos peces u otros animales. Esas cosas tenían apartados a todo el mundo.

Y para colmo, los dos jabalís venían siguiendo nuestro paso.

Esto era una oportunidad: acabar con dos de ellos para ir reduciendo su manada, pero también una tarea difícil.

—Voy a distraerlos al mismo tiempo.

—No, déjame uno. Me las arreglaré.

Leo suspiró antes de aceptar.
—Está bien.

Ya había fallado una vez. No sucedería una segunda. Leo chifló atrayéndolos hacia nosotros. No tardaron nada en olernos y arremeter contra nosotros.

—Madre naturaleza…

Corrían sincronizados, uno al lado del otro.

—Bríndame tu apoyo cubriéndome de las amenazas externas.

Puse mis manos en el piso.

—¡Muro de piedra!

El muro apareció frente al de la derecha, haciendo que se estrellara de lleno.

Lo atravesó, dejándolo aturdido. Leo corrió al instante en dirección al bosque para separarlos. El de la izquierda lo seguía chillando, como si estuviera avisando a su compañero que lo siguiera, lo cual casi funcionó.

El que se encontraba aturdido ya comenzaba a querer correr detrás suyo cuando un segundo muro le negó el paso.

Se notó molesto ante el muro y me miró directo.

Arremetió con más ferocidad.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, di un salto sobre él y, con ambas manos:

—¡Llamarada!

Le dejé caer todo el hechizo.

Su pelaje no se quemó del todo; la tierra y la mugre lo habían protegido bastante. No obstante, había saltado al río desesperado.

Salió rápidamente, aún más enojado. Con heridas graves, falta de pelo en muchas zonas, pero con una determinación inquebrantable de matarme.

Si con magia no era suficiente para acabar con él, no quedaba más que a espada.

Corrí hacia los árboles. Él me siguió.

Cuando estuvo por alcanzarme, tomé impulso saltando de un árbol para dar un corte en diagonal.

Rodé por el suelo y seguí corriendo.

—¡Crack!

El tronar de ramas esparcidas por el suelo. Arbustos sacudiéndose. Y seguía mi paso, cada vez más cortando la distancia.

Miraba a mis alrededores. No veía qué podría usar a mi favor.

Su respiración pesada estaba cada vez más cerca.
Demasiado cerca.

Me acerqué a un árbol y di media vuelta.

Alcé mi espada, tomé guardia de Ochs, clavándola en su frente. Al igual que la daga, no penetró lo suficiente.

Pero sí lo que yo necesitaba.

Reuní un hechizo a una mano mientras corría lo más rápido en dirección al río. Estábamos a escasos metros.

—¡Llamarada!

Logré quemar su costado e inmediatamente corrió hacia el agua.

No sin antes toparse con una pared. Pegué furtivamente mi mano al piso.

—¡Muro de piedra!

Esta vez intentó detenerse como pudo. Pero la espada que había sido clavada hizo su trabajo.

—¡Crack!

Su cráneo fue destrozado con el impacto.

Cayó muerto al instante.

No tuve chance de celebrar mi victoria; perdí todas mis fuerzas. Una descarga de maná hizo colapsar mi cuerpo.

El dolor fue inmenso. Sentía cómo mis órganos ardían. Mi respiración, frenética.

Me quedé tirado en el suelo, retorciéndome de dolor, sin poder hacer nada.

Leo no tardó en regresar corriendo.

—¿Te encuentras bien?

Para no preocuparlo, no dije nada sobre la descarga de maná.

—Sí, solo me empujó y caí mal. Estoy recuperando fuerzas.

—Bien hecho. ¿Puedes lanzarte la curación?

—Sí, solo dame un momento.

Cuando por fin pude recuperarme y sanarme con el hechizo, la rutina fue la misma de ayer: despellejar, cortar… pero ahora con más carga.

Y de regreso al bosque

***

Cené poco y estaba demasiado cansado como para hacer guardia. Sin embargo, esta vez no sería en partes; toda la noche me quedaría despierto.

Como pensamiento lógico, decidí no usar la manta para cubrirme, pues con el calor en algún momento caería dormido sin pensarlo.

La fatiga me tenía cabeceando, el hambre me hacía rugir las tripas. Pero el frío me dejaba helados los pies. Por más cerca que estuviera de la fogata, no entraba en completo calor. Y eso fue un martirio.

***

No sé cuánto pasó.

Ante mi propia decisión, no pude aguantarlo por más tiempo. Me cobijé en la manta buscando ese calor. Obviamente el frío no desapareció de inmediato, pero poco a poco…

…

Abrí los ojos y ya era de día. Di un brinco mirando a mis alrededores. Y ahí estaba Leo, sentado, comiendo sin decir una palabra. También tenía el plato de madera bien surtido de comida frente a mí.

—Lo vi todo. Incluso cuando tu maná colapsó.

Él sabía que caería rendido en algún momento. Por algo me hizo pasar por tanto cansancio.

—Eso te habría matado solo.

No me regañó, no me reprendió, y eso dolió más que cualquier golpe. Él tiene toda la razón. Solo asentí y comencé a comer.

Pero había algo: una tercera espada. No la mía, no la de Leo. Una nueva. No dije nada y seguí comiendo en silencio.

Leo terminó primero y dijo:

—Es un regalo de tus padres y mío. Es momento de que cambies esa espada bastarda.

—Su nombre es Dainsleif. No es para desenvainarse por costumbre. No importa si es un animal, un monstruo o alguien como tú. Cuando sale… alguien no vuelve a levantarse.

—Ravenscroft te dio su daga. No la dejes de lado y confía en ella. Y con Dainsleif termina lo que estás por empezar.

Me quedé asombrado. No solo me estaban preparando, sino también me armaban.

No pedí esa espada.

Y aun así, estaba en mis manos.

Algo estaba claro: su confianza estaba totalmente puesta en mí. Y eso es lo que no debo deshonrar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo