After death, without memories - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Maestro – Parte 1
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7: Maestro – Parte 1 7: Maestro – Parte 1 Siguiendo el consejo de aquel anciano encapuchado, y ahora con apenas cinco años, decidí dedicarme al entrenamiento de esgrima con mi tío Leo.
Era un aventurero experimentado, fuerte y hábil con la espada, y aunque no siempre estaba disponible, no se me ocurría mejor maestro.
Por desgracia, justo ahora se encuentra fuera del pueblo, y eso significa que no podré comenzar el entrenamiento por un buen tiempo.
Mis padres, por su parte, también están ocupados la mayor parte del día.
En su ausencia, me refugio en los libros de casa.
Sin embargo, la mayoría son cuentos o relatos sobre los once héroes del mundo: fascinantes, sí… pero inútiles si quiero avanzar en mi camino.
Tampoco tengo a quién recurrir para aprender magia.
Los vecinos son en su mayoría ancianos dedicados al comercio o a la agricultura.
Aunque amables, ninguno posee el conocimiento que anhelo.
Cuando pregunté a mis padres si sabían algo del arte mágico, me explicaron que su única instrucción se limitaba al uso de la espada para defensa.
A veces, me pregunto si el mundo está guardando la magia solo para unos pocos… o si simplemente no estoy buscando en el lugar correcto.
Con esa esperanza en el corazón, tomé unas cuantas monedas, por si acaso, y emprendí el camino.
La biblioteca era un edificio de madera de tamaño moderado, de apariencia modesta pero bien conservada.
No era vieja, pero tampoco se veía nueva.
Al entrar, el crujir de la madera bajo mis pasos rompió el silencio solemne del lugar.
Detrás del mostrador, un anciano bibliotecario atendía con aire tranquilo y mirada paciente.
Me sentí nervioso por un momento, pero sabía que no podía titubear.
Si realmente deseaba aprender, debía actuar con decisión.
Así que, con voz firme, pregunté: —Buenos días, disculpe, señor.
¿Tiene libros de magia?
El anciano levantó la vista y asintió con calma.
—Sí, jovencito.
Busca en la estantería del fondo, sigue en línea recta.
—Muchas gracias.
Con un nudo de emoción en el estómago, caminé hasta la sección indicada.
Sin embargo, para mi sorpresa, no encontré ningún libro de magia.
En su lugar, los estantes estaban repletos de obras literarias de un renombrado escritor conocido como Barón de Avon, William Shakespeare.
Sus obras me intrigaban, pero no era lo que buscaba en ese momento.
Revisé los estantes una y otra vez, pero los libros que parecían promisorios estaban fuera de mi alcance, demasiado altos.
Después de varios intentos frustrados, suspiré con desaliento y, en un murmullo desesperado, solté: —¿Cómo se supone que aprenda magia si ni siquiera puedo encontrar un libro?
Como si el destino hubiera respondido a mis palabras, una voz profunda y serena me interrumpió.
—¿Dices que quieres aprender magia, niño?
Me giré de inmediato y me encontré con una figura imponente.
Un hombre alto, de cabello rubio brillante y orejas puntiagudas, vestido con ropajes elegantes y de exquisita confección.
No había duda, era un elfo.
—Sí, mucho —respondí con entusiasmo—, pero no encuentro ningún libro para aprender.
La mayoría de estos son cuentos o historias.
El elfo soltó una leve risa.
—En una biblioteca común es casi imposible encontrar grimorios…
o, como los llamas tú, libros de magia.
—¿Grimorios?
¿Así se llaman?
—Así es.
Recordé de inmediato mis modales y me apresuré a presentarme.
—Disculpe, señor.
Soy Drake y tengo cinco años.
El elfo asintió con una leve sonrisa.
—Mucho gusto, niño.
Yo soy John Ravenscroft, un elfo.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—¡Wow!
¿Y cuántos años tiene, señor Ravenscroft?
—Tengo doscientos veintidós años.
Lo miré con incredulidad antes de soltar una exclamación sin filtro: —¡Es un anciano, señor Ravenscroft!
Por un instante, su ojo tembló con un tic nervioso, y su ceño se frunció ligeramente antes de responder con tono firme: —No, niño.
Para mi raza, aún soy joven.
Estoy en plena juventud.
—Oh, ya veo…
—respondí con cierta vergüenza.
Sin embargo, mi curiosidad era más fuerte que cualquier error social.
—Entonces…
¿usted sabe usar magia?
—Por supuesto, y soy bastante bueno en ello.
—¿Podría enseñarme?
—Eso depende.
¿Estás dispuesto a esforzarte?
—¡Sí!
Pero…
no traje mucho dinero conmigo.
El elfo rió suavemente y negó con la cabeza.
—No busco dinero.
Si realmente deseas aprender y estás dispuesto a dar todo de ti, con gusto te aceptaré como mi aprendiz.
Mi corazón latía con fuerza.
La emoción me invadió y sin dudarlo, respondí con determinación: —¡Sí, señor!
¡Haré todo lo posible por convertirme en un gran mago!
Sin saberlo, aquel encuentro marcaba el inicio de una nueva etapa en mi vida.
Una llena de desafíos, aprendizajes y, sobre todo, magia.
*** John Ravenscroft me miró con seriedad, sus ojos dorados reflejaban una sabiduría que solo los siglos podían otorgar.
Su voz, firme pero tranquila, rompió el silencio del claro donde nos encontrábamos.
—Primera lección, niño: el maná no lo es todo.
Y ser un mago no te hace invencible.
Sus palabras me tomaron por sorpresa.
Siempre había pensado que la magia era el pináculo del poder, el arte definitivo que separaba a los prodigios de los comunes.
Pero el elfo no había terminado.
—Los guerreros que empuñan una espada están al mismo nivel que un mago.
La fuerza bruta, la destreza y la estrategia pueden rivalizar con la magia si se dominan con maestría.
Por eso, si realmente deseas aprender, te entrenaré tanto en el uso del maná como en el manejo de la espada.
Solo así serás un verdadero combatiente.
Asentí con entusiasmo, pero él levantó una mano, indicándome que debía escuchar antes de hablar.
—Pero antes de comenzar, hay algunas cosas que debes entender.
Hizo una pausa y señaló el suelo con el bastón que llevaba consigo.
Una brisa ligera agitó las hojas secas a nuestro alrededor.
—Todo ser vivo tiene aunque sea una pizca de maná en su interior.
Puede que algunos tengan más y otros menos, pero la magia fluye en todas las razas y criaturas.
Sin embargo, hay quienes nacen con cantidades absurdas de maná en su interior.
Esto es común en linajes de realeza o en híbridos entre razas.
Hizo girar el bastón en su mano y prosiguió: —Un ejemplo claro de esto fue el gran héroe Charles Von Mondragón.
Su padre fue el Rey Dragón y su madre, la Reina Demonio de aquella época.
Su herencia le otorgó un maná descomunal desde su nacimiento, haciéndolo uno de los magos más poderosos de la historia.
Me quedé maravillado ante la idea de tal poder, pero el elfo no me permitió perderme en ensoñaciones.
—Sin embargo, no debes obsesionarte con la cantidad de maná con la que naciste.
Lo importante no es cuánto tienes, sino cómo lo usas y cómo lo entrenas.
Se giró hacia mí, clavando su mirada en la mía.
—¿Quieres aumentar tu maná?
Entonces debes agotarlo constantemente.
Piensa en ello como la resistencia de tu cuerpo.
Si corres todos los días, si entrenas con la espada, poco a poco serás capaz de resistir más y mejorar tu fuerza.
Con el maná es lo mismo.
Pero hay una diferencia clave: mientras que el entrenamiento físico te hace mejorar de dos en dos, el crecimiento del maná es de uno en uno.
Es un proceso lento, pero gratificante para aquellos con paciencia y determinación.
Asentí con firmeza.
—De momento, basta de explicaciones.
Es hora de comenzar.
John se acercó y colocó una mano sobre mi hombro.
—Lo primero que debes aprender es a sentir y controlar tu propio maná.
Sin esto, cualquier intento de usar magia será en vano.
Se apartó un paso y me observó con expectativa.
—Cierra los ojos y concéntrate en los latidos de tu corazón.
Siente su ritmo constante, cómo corre sangre a cada parte de tu cuerpo.
Deja que esa sensación te envuelva.
Hice lo que me pidió.
Inspiré hondo y traté de enfocarme en mi corazón.
Al principio, solo sentí la brisa del viento y el crujir de la hierba bajo mis pies.
Pero luego, poco a poco, noté el pulso dentro de mi pecho, un latido fuerte y rítmico.
—Bien —dijo John—.
Ahora, canaliza esa sensación.
Imagina que, en lugar de sangre, es energía fluyendo por tus venas.
Deja que se acumule en tus manos.
No apresures el proceso, solo siéntelo.
Un escalofrío recorrió mis brazos y un ligero hormigueo se instaló en mis palmas.
—Es una sensación extraña señor —Eso es normal —aseguró el elfo con una leve sonrisa—.
Sigue concentrándote y, cuando estés listo, intenta reunir esa energía en un solo punto.
Visualiza un pequeño orbe transparente formándose entre tus manos.
Me concentré aún más.
El hormigueo se intensificó, y por un instante, creí ver un destello en la penumbra de mis párpados cerrados.
Era un comienzo.
Mi primer paso en el mundo de la magia.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES ManuelTP11 Este capítulo fue dividido en dos partes para hacer la lectura más cómoda y digerible.
Gracias por acompañarme en esta historia, ¡espero que disfrutes esta entrega!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com