Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Fin de los Duelos Mágicos
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11: Capítulo 11: Fin de los Duelos Mágicos 11: Capítulo 11: Fin de los Duelos Mágicos —¡Eso fue increíble!
¿Desde cuándo puedes hacerlo?
—Desde ahora.
—¿No lo habías hecho antes?
—Lo había pensado… pero nunca lo había hecho.
Después de que terminara mi combate, regresé con mis amigos, todos estaban impresionados conmigo, sobre todo Faelith.
—…¿No crees que fue muy arriesgado hacerlo por primera vez en medio del duelo?
—Bueno, sí… pero de todas las ideas que tuve, esa fue la que pensé que sería más útil para la ocasión.
Normalmente, cuando no tengo nada que hacer, me pongo a imaginar cosas que se puedan hacer con magia.
A veces, eso termina convirtiéndose en una técnica nueva.
Aunque muchas son tontas o no sirven, algunas resultan útiles, como el cañón gatling o esta última que aún no tiene nombre.
—Realmente estás llena de ideas… Me pregunto si… —¡NI SE TE OCURRA COPIARLA, TIENE DERECHOS MÁGICOS!
—Está bien, está bien… aunque no sé qué significa eso de “derechos mágicos”.
“¡Me dolería mucho si vuelve a mejorar una de mis técnicas!” —Ya, chicas, ¿por qué no vamos a descansar?
—interrumpió Lonie—.
Ambas deben estar con las reservas de maná muy bajas.
Será mejor dormir un poco.
La segunda ronda no será tan fácil.
La lista de los siguientes combates se publicará mañana temprano, y las peleas comenzarán al mediodía.
Me preocupaba esa ronda, porque esta vez podía tocarme luchar contra uno de mis amigos.
Los tres son más fuertes que yo, pero tengo más posibilidades contra Faelith que contra los demás.
Contra Dareth… sería muy difícil.
Pero nada se compara con enfrentarme a Kael.
Lo he visto entrenar, y está al mismo nivel que Therion.
Además, es muy inteligente, así que no creo que pudiera ganarle.
Al día siguiente, estaba en casa, mirando por la ventana, esperando ver llegar a Therion.
Él había ido a la ciudad para revisar la lista de oponentes y ya debía estar regresando.
Normalmente, se tardaría unas tres horas caminando hasta la escuela de magia, ya que no está tan cerca como parece.
Pero pidió prestado un caballo a un vecino, así que no debía tardar mucho.
—¡Ahí viene!
Salí corriendo de la casa al verlo llegar.
Therion se bajó del caballo y, sabiendo lo que quería, me entregó una hoja con los nombres de los oponentes.
Empecé a leer: el primer nombre que vi fue el de Kael, su oponente era alguien que no conocía.
Luego vi el de Dareth; su rival era una chica que creo que he visto antes, pero no era importante.
Seguí leyendo… y de pronto lo encontré.
—¿¡FAELITH ES MI OPONENTE!?
—Jajaja, sí.
¿¡No es emocionante!?
—¡No del todo!
Bueno, tenía que pasar tarde o temprano… pero justo en la segunda ronda… —Aunque una de las dos pierda, no deben sentirse mal.
Llegar hasta la segunda ronda ya fue algo increíble.
Y mejor aún, una de las dos llegará a la tercera.
La verdad es que llegar hasta aquí ya era mucho.
Otros alumnos de cuarto año que se inscribieron en los duelos no pasaron de la primera ronda.
De hecho, rara vez alguien de cuarto año llega tan lejos.
Vencer a Faelith será difícil, pero lo intentaré.
—Ella tiene tus mismas habilidades, pero mayor reserva de maná.
Si usas bien tu cabeza, podrías ganar.
Solo trata de no agotar todo el maná como la vez pasada.
—Eso ya lo sé.
—Pero el que la tiene difícil es Dareth.
Pobre… le tocó el peor oponente.
—¿Ah, sí?
Volví a mirar la lista y busqué su nombre.
—Anyia Leihar… ¿Es fuerte?
—¡Muchísimo!
Es la más poderosa de toda la escuela.
—¡¿En serio?!
—Es nieta del último príncipe que tuvo Pyrenhal antes de que la monarquía fuera abolida.
—¡¿Una princesa?!
—Mmm… no exactamente.
Su abuelo fue el último con un título real.
Sus descendientes solo tienen títulos de nobleza.
—Si ya no hay reyes, ¿por qué siguen los nobles?
—Fueron los mismos nobles quienes quitaron del poder a la familia real.
Pero no se quitaron los privilegios entre ellos.
“Así que los nobles estaban hartos de los reyes y organizaron una revuelta… luego establecieron otra forma de gobierno, pero mantuvieron su estatus.” —Bueno, al menos no fueron tan crueles… dejaron con vida a algunos.
—Ni tanto.
A todos los eliminaron menos a la madre de Anyia, porque estaba prometida con el hijo de una de las casas que lideró la rebelión.
—¿Eh?
¡Eso no lo enseñan en la escuela!
—Porque no está en los libros comunes.
Lo leí en la biblioteca de los padres de Lonie.
Pero volvamos al tema: la familia real no gobernaba solo por tradición.
También eran los más poderosos.
Anyia heredó esa fuerza.
—Y yo que pensaba que enfrentarme a Faelith era complicado… Horas más tarde, fui a la ciudad y me reuní con los demás.
Faelith sonrió al verme, lo que me hizo pensar que estaba emocionada por nuestro duelo.
En cambio, Dareth estaba pálido y tembloroso.
El combate de Kael sería el primero del día, así que fuimos a las gradas para observarlo.
Todavía no empezaba.
—Vamos, Dareth.
Solo es un duelo —dijo Therion.
—Lo sé, pero… ¡no puedo estar tranquilo sabiendo que voy a perder!
—Tal vez no sea tan fuerte —dijo Faelith.
—¡No la has visto luchar!
Le gusta terminar los combates rápido, va con todo desde el inicio… es aterradora.
—¡Comiencen!
—gritó el maestro sin que nos diéramos cuenta.
—¿¡Ya empezó!?
“Nos distrajimos hablando…” A diferencia de la primera ronda, donde Kael venció fácilmente a un oponente más débil, ahora se enfrentaba a un alumno de séptimo año igual que él.
Al parecer, ese rival era muy hábil, o al menos lo suficiente para rivalizar con Kael.
La pelea comenzó con un intercambio de bolas de agua que no fue tan impresionante, ya que ninguno logró impactar al otro.
Luego Kael se lanzó al ataque, y su oponente sonrió.
Justo cuando Kael estuvo lo suficientemente cerca, levantó un muro de fuego que giraba a su alrededor, atrapándolos a ambos en un anillo ardiente.
Kael no tuvo más opción que luchar cuerpo a cuerpo.
Pero su oponente parecía haber preparado ese escenario a propósito.
Por su postura y cuerpo entrenado, era obvio que el combate cuerpo a cuerpo era su especialidad.
Kael cambió de táctica.
Cuando parecía estar a punto de perder, golpeó el suelo con ambas palmas abiertas.
En un instante, la plataforma se fracturó y pilares de roca surgieron, rompiendo el muro de fuego y separándolos.
—¡Jajaja, esa fue buena!
—exclamó Therion, emocionado—.
Pero debe haber gastado mucho maná… probablemente ya está cerca del límite.
La plataforma está hecha de una roca especial: lo bastante dura para resistir una pequeña explosión, pero también lo suficientemente blanda como para permitir que los magos usen magia de tierra.
Cuanto más dura es la tierra, más difícil es manipularla con magia.
Y cosas como el metal… eso está fuera del alcance de cualquiera que no tenga un nivel muy avanzado.
El combate no se detuvo ahí, y Kael aprovechó la confusión para cargar contra su oponente.
Por desgracia, este había pensado lo mismo: usó magia de viento para impulsarse —de forma muy parecida a como yo lo había hecho antes— y tacleó fuertemente a Kael con su cuerpo.
Este, al retroceder unos pasos, se tropezó con un trozo de roca de los que él mismo había hecho salir del suelo… y cayó de espaldas.
Ciertamente, hacer que tu oponente caiga al suelo es una de las tres maneras de ganar.
Quizá no sea la más impresionante, pero es igualmente válida que sacarlo de la plataforma o conseguir que se desmaye.
—Y pensar que Kael perdería… —dije, algo sorprendida.
—Bueno, se topó con un oponente complicado —dijo Therion—.
Kael es mejor con la magia que con el combate cuerpo a cuerpo, y su rival era todo lo contrario.
Cometió el error de acercarse demasiado, aun sabiendo que eso no le favorecía.
—¿Por qué crees que lo hizo?
—Supongo que se confió, por la facilidad de su primer combate.
Eso puede pasar.
Más tarde presenciamos el encuentro de Dareth.
La verdad, esperaba que durara al menos un minuto, pero los rumores acerca de Anyia no podían ser más ciertos.
Nada más empezar el combate, la chica descargó una lluvia de potentes proyectiles de fuego hacia Dareth.
Este intentó esquivarlos, pero la cantidad era abrumadora y no había ni un solo hueco dentro del campo de batalla en donde pudiera escapar.
Así pues, Dareth perdió el encuentro tan solo siete segundos después de iniciar.
Cuando regresó al grupo, nadie dijo nada.
Y, como un acto de cariño, hicimos como si aquella pelea nunca hubiera ocurrido… —Así que por fin llegó mi turno… Después de esperar durante varias horas, me encontraba en la plataforma para mi combate contra Faelith.
Dos de nuestro grupo ya habían sido eliminados, así que ya no sentía la pres’ón de tener que ganar a tod’ costa.
Eso me quitaba un gran peso de encima.
—¡Comiencen!
Tras la señal, Faelith corrió hacia mí a toda velocidad, igual que la primera vez que luchamos.
“Esta vez no voy a perder tan fácilmente.” En vez de huir del combate cuerpo a cuerpo, decidí ir con todo desde el inicio.
Retrocedí rápidamente al borde de la plataforma, como en los duelos anteriores, y comencé a reunir agua para formar mis látigos.
Pero en lugar de usar el viento para impulsarme desde la espalda, lo concentré en mis piernas.
Así, aligeraba mi peso y podía moverme con mayor agilidad en la dirección que quisiera.
“¡Allá voy!” Corrí directamente hacia Faelith, golpeando con mis látigos de agua repetidamente, mientras me desplazaba hacia los lados y por detrás, evitando que pudiera devolverme un ataque.
Con mi velocidad aumentada, le costaba seguirme el ritmo.
Aun así… no parecía afectarle.
Al observar mejor, descubrí la razón: cada vez que mis látigos intentaban golpear, Faelith creaba bolas de aire en sus manos, repeliendo el impacto sin recibir daño directo.
“Cambio de estrategia.” Apunté con la mano izquierda y lancé un chorro de agua a presión.
No creí que lo fuera a recibir, así que ya tenía previsto lo siguiente: usar el otro látigo para atrapar su pierna y hacerla caer.
Sin embargo, Faelith detuvo mi ataque con una capa de viento en sus palmas, reteniéndolo el tiempo suficiente para que el rastro de mi maná se disipara.
Luego, con su propio maná, tomó el control del agua y la dividió en múltiples esferas.
“¿¡Planea atacarme con mi propia técnica!?
¡No lo permitiré!” Apenas disparó su versión mini del cañón gatling, envié una fuerte carga de maná al viento que rodeaba mis piernas y salté con todas mis fuerzas, elevándome más de lo previsto.
—¡Waaaaahhh quéeee…!
Salté demasiado alto.
Tal vez veinte metros.
¡Solo quería saltar dos o tres!
“¡No, no, no, esto es malo!” Desde esa altura, una caída directa significaría fracturas graves… o algo peor.
Lo único que se me ocurrió fue usar magia de viento para frenar la caída.
—¡UOOOOHHHH!
Desde abajo, oía gritos de asombro.
Todos pensaban que lo había hecho a propósito.
Incluso Faelith… quien empezó a lanzarme bolas de fuego como si fuera parte del combate.
“¿¡Quieres matarme!?” “¡AGHHH!
¡Esto es culpa mía por andar mostrando técnicas llamativas!
¡Ahora nadie nota que estoy en peligro real!” ¡BAM!
Una bola de fuego me dio directamente.
No le presté atención.
Extendí ambas manos hacia el suelo y liberé una potente ráfaga de viento para amortiguar la caída.
¡BAM!
¡BAM!
Más bolas de fuego me golpeaban de lado.
Faelith esquivó el aire, creyendo que era un ataque.
¡CRACK!
Mi brazalete estalló en pedazos justo antes de tocar el suelo con fuerza.
La magia de viento redujo parte del impacto, pero fue suficiente para romperme un brazo y una pierna.
“E… estoy viva…” —¡¡AIREN!!
Faelith corrió hacia mí, totalmente preocupada.
Curiosamente, no sentía tanto dolor.
Después de pensar que iba a morir, fracturarme no era tan terrible.
Mi corazón latía rápido, y apenas podía respirar por la emoción… o el susto.
—¡AIREN!
¿¡Qué pasó!?
—¿¡Qué va a pasar!?
Salté fuera de control y trataba de no morir mientras tú me lanzabas bolas de fuego.
¡¿Querías matarme?!
—¡Lo siento!
¡Lo siento mucho!
¡Debí darme cuenta!
—Bueno… supongo que fue mi culpa también… ¡Auh!
Me empieza a doler.
Llama a un med… —¡¡¡AAAUUUUAAAAHHHHH!!!
—¡¡¡MÉDICOOOOO!!!
Horas después, ya me encontraba completamente bien.
El médico y maestro de magia sanadora acudió rápidamente y comenzó a sanarme justo cuando el dolor empezaba a crecer rápidamente.
Pensé que habría un gran escándalo por parte del público, pero no fue así; al parecer estas cosas son muy comunes, y los únicos que se alarmaron de verdad fueron mis amigos, especialmente Therion.
El médico me trasladó fuera de la plataforma con ayuda de otros maestros y procedió a sanarme de forma más eficiente.
La magia de sanación fue, sin duda, increíble.
En tan solo tres horas logró volver a juntar mis huesos rotos y sellar mis heridas sin siquiera dejar una cicatriz.
Quizá lo más extraño —y sobre todo doloroso— fue sentir cómo mis huesos se movían lentamente hasta regresar a su posición original.
Faelith se disculpó un sinfín de veces mientras regresábamos a casa, lo cual fue más molesto que mis propias lesiones.
Ella ni siquiera se preocupó de que había ganado la pelea y había pasado a la ronda 3.
Al día siguiente regresamos a la escuela para ver el encuentro de Faelith.
Según dijo Therion, lo iba a tener difícil.
Su oponente era un alumno de séptimo año, especialista en magia de tierra y genio autoproclamado.
Nada más empezar la pelea, se envolvió el pecho y los brazos con pequeñas rocas que, al compactarse, dieron un aspecto liso y muy duro, como si fuera una gruesa armadura.
—¡Armadura de roca!
—Lonie mencionó eso con un tono preocupante.
—¿Qué es?
—pregunté.
—Armadura de roca.
Es magia de tierra que está en el tope del nivel intermedio.
Cubres tu cuerpo con rocas como si fuera una armadura para hacerte muy resistente a ataques tanto físicos como mágicos.
Además, ganas mucha fuerza.
Ese chico, al parecer, solo puede formar la mitad, pero si golpea a Faelith con eso, se acabó para ella.
—Eso es muy peligroso… Faelith comenzó a atacar con bolas de fuego, las cuales su oponente ni siquiera esquivó.
Los ataques que impactaron su pecho parecían no hacerle ningún daño y caminó hacia ella.
Faelith atacaba lo mejor que podía, pero no pudo detener su avance.
Corrió hacia ella y, cuando estuvo a su alcance, levantó el puño y lo dejó caer rápidamente.
Ella lo esquivó, pero el brazo recubierto con roca creó un pequeño cráter en el suelo, haciendo que Faelith se tambaleara por la vibración.
—¡Eso fue demasiado fuerte!
“¿¡Acaso planea matarla!?” Faelith recuperó por poco el equilibrio y se alejó, descargando sobre él una ráfaga de bolas de fuego.
Su oponente la siguió sin inmutarse por los ataques.
Cuando ella llegó al borde, se preparó para usar el ya muy bien conocido cañón gatling… y digo “muy conocido” porque, con las veces que se ha usado en estos duelos, ya todos lo reconocen.
Incluyendo al oponente de Faelith, quien, al ver la pose de disparo, se apresuró a crear un enorme muro de roca.
Este muro era muy distinto al que había hecho el chico de la primera ronda: varias veces más grueso.
Incluso cuando Faelith descargó la ráfaga de bolas de agua, apenas logró destruir una pequeña porción.
Lo más sorprendente fue que el chico no se quedó detrás del muro.
Por increíble que parezca, comenzó a empujar el muro hacia adelante, arrinconando a Faelith en el borde.
El muro era lo suficientemente largo como para cortar su escape por los lados y, aunque no era tan alto, saltarlo sería obviamente un suicidio.
Lo que Faelith eligió fue destruirlo como hizo con el de la primera ronda…
y lo hubiera logrado, de no ser porque su oponente actuó muy inteligentemente.
Cuando Faelith ya había destruido más de la mitad de la parte central del muro, su oponente desprendió esa parte del resto y, al ser mucho menos grande y pesada, la empujó con fuerza hacia ella.
Faelith, que no se esperaba tal cosa, fue golpeada por el trozo de roca y, al estar cerca del borde, no pudo evitar caer fuera de la plataforma.
—Hasta aquí llegamos, eh… —No estuvo mal.
Llegar a la tercera ronda fue bastante bueno —dijo Lonie—.
Además, Faelith no se ve deprimida.
Más bien parecía conforme.
Después de todo, ella no esperaba ganar desde el inicio.
Los duelos mágicos continuaron su curso.
En las semifinales, de verdad se mostraron participantes con habilidades increíbles.
El control de maná de estos estaba mucho más avanzado que el nuestro, en especial Anyia, quien en la tercera ronda volvió a derrotar a su oponente en menos de un minuto.
En la semifinal lo tuvo un poco más complicado con el mismo chico que enfrentó a Faelith, pero al final lo derrotó, llegando así a la final donde luchó contra un chico que no conocía.
La pelea fue intensa, como era de esperar de una final, y al final Anyia fue la vencedora por muy poco.
Con esto, los duelos mágicos llegaron a su fin.
Después del fin de semana, las clases volvieron a la normalidad.
Regresamos a nuestras clases de magia de fuego.
Faelith y yo fuimos como celebridades por unos pocos días en las clases de cuarto año por haber llegado tan lejos en los duelos mágicos.
Yo, de momento, no pienso volver a participar… aunque no puedo decir que no me divertí.
Continuando con las clases, en poco tiempo logre dominar la magia básica de fuego y comenzar a aprender magia de nivel intermedio.
Lo mismo con Faelith.
Aunque no fue así con todos los demás.
Algunos, al igual que yo, aprendimos bastante rápido, pero a otros les parecía la cosa más imposible del mundo.
El maestro explicó que cada quien tiene uno o varios tipos de magia con los que tiene buena afinidad, y con otros no.
Algunos son muy buenos aprendiendo magia de agua, pero se les hace imposible avanzar más allá del nivel básico en magia de fuego.
Hasta ahora, se me había dificultado solo un poco aprender magia de viento, pero logre dominar la básica e incluso llegar al nivel intermedio, así que no creía tener, de momento, una magia con poca afinidad… …O eso pensaba hasta ese momento.
—Deben saber que no solo es la cantidad de maná; también la temperatura, presión y velocidad se toman en cuenta a la hora de sanar una herida.
Si no se hace correctamente, entonces, en lugar de sanar, puedes terminar empeorando la herida.
Una vez aprendimos toda la teoría, por fin empezamos con la práctica.
A cada uno se nos dio una pequeña planta con una hoja de más o menos 3 cm de ancho y 6 de largo, con un pequeño corte.
La tarea era regenerar las fibras de la hoja para sanar dicho corte.
El maestro nos dio una breve explicación sobre cómo aplicar sanación mágica en la planta.
El concepto era el mismo, pero en una planta solo hay que tomar en cuenta la cantidad de maná, y como no cuentan con muchas partes para memorizar, son perfectas para practicar.
Comencé a poner en práctica todo lo que había aprendido y, para mi sorpresa, lo logré a la primera.
—¡Oh!
¡Es increíble, miren chicos, Airen lo ha logrado!
El maestro comenzó a alabarme justo después de que había logrado sellar el corte de la hoja.
No fue tan fácil; me tomó alrededor de cinco minutos, y eso que la hoja medía solo 3 cm de ancho.
—En todos mis años, jamás había visto que un estudiante lo lograra el primer día.
Esperaba que pasara una semana antes de tener resultados… ¡Es realmente increíble!
El maestro no dejaba de elogiarme, y me había convertido en el centro de atención: cerca de cincuenta niños mirándome fijamente como si yo fuera un objeto en exhibición.
Realmente me incomoda.
—Airen, ¿cómo lo has hecho?
—¿Qué cómo lo hice?
Cuando el maestro me preguntó eso, pensé en lo que había hecho.
Ya que el objetivo era unir nuevamente una hoja cortada, visualicé la regeneración interna de los tejidos como si pudiera ver lo que sucedía en su interior.
Al enviar mi maná al corte de la planta, sentí cómo se estimulaba poco a poco, como si mi energía le indicara por dónde empezar a curarse.
Lentamente, la herida comenzó a cerrarse.
“No hay manera de que le diga eso al profesor…” —Eh… no tengo idea, solo lo hice —opté por la táctica de Faelith.
—Ya veo… suele pasar.
Cuando una persona tiene talento en algo, logra resultados sin ser del todo consciente de cómo lo hace.
Airen, tienes un maravilloso talento y te sugiero que le saques el máximo provecho.
—Ah… sí.
No es talento realmente, sino más bien intuición, pero no voy a contradecirlo.
Durante el resto de la semana, mis compañeros no dejaban de acudir a mí para pedir consejos o hacer demostraciones.
Por un lado, me alegra que no hayan reaccionado con envidia o celos.
Aquí todos me ven como alguien de quien pueden aprender.
Y no me molesta eso, pero por otro lado, ser el centro de atención definitivamente no es lo mío.
Después de tantas demostraciones, regreso a casa sin energías.
La sanación mágica consume cantidades excesivas de maná, y eso solo para regenerar un corte de un centímetro y medio en una pequeña hoja.
No quiero ni imaginar cómo sería curar un corte de espada o una quemadura.
En un mes de clase, de 56 alumnos, solo 5 logramos aprender la magia curativa, de los cuales 4 éramos niñas.
Por algún motivo, la sanación mágica es más fácil de comprender para las mujeres que para los hombres… A los demás se les hizo imposible, por más que lo intentaran, y creí que sería algo raro.
Pero, según el maestro Garem, eso es bastante normal.
Las clases de magia curativa solo son obligatorias el primer mes.
Luego de eso, se dan como clase opcional, en un salón diferente, solo para aquellos que lograron aprenderla y desean dominarla.
Yo, por supuesto, me inscribí.
Luego de esas agotadoras semanas, cuando creí que ya podría descansar, empezó otro calvario: esta vez, la magia de tierra.
Nos encontrábamos en uno de los terrenos de la escuela, cerca de la arena de duelos.
La tarea del día era hacer crecer un pilar de tierra de al menos 10 cm.
Y después de tres horas, todos lo habían logrado… todos menos tres personas.
Incluyéndome a mí.
No me estaba yendo como de costumbre.
No podía ni hacer que se levantara un solo milímetro.
Sentía que vibraba cuando intentaba levantarla, pero era como tratar de sacar un ladrillo de una pared solo con las manos.
Le pregunté al profesor qué pasaba.
Al principio intentó hacerme repetir el proceso paso por paso, pero después de varios intentos sin resultado, finalmente dijo: —Parece que no tienes buena afinidad con la magia de tierra.
—¿Eso quiere decir que no podré usarla nunca?
—No es así.
Tener mala afinidad con un tipo de magia solo significa que se te hace más difícil aprenderla.
Es normal tener un tipo de magia con poca afinidad.
Hay quienes tienen dos o hasta tres sin afinidad.
Por eso, suelen centrarse en un solo tipo.
—Entonces… —Tómalo con calma.
Ve a tu ritmo, aprende lo que puedas, y luego concéntrate en otro tipo de magia.
No hace falta que domines todas las categorías.
—…Está bien.
Eso dije, pero quería intentarlo de todos modos.
Practiqué todos los días, no solo en la escuela, sino también en casa y en el claro.
Incluso le pedí ayuda a Lonie.
Pero aun así, no avancé mucho.
Pasaron los días hasta llegar a las vacaciones de verano.
Hoy, precisamente, regresaba del claro rocoso después de entrenar con magia de tierra.
Aunque sentía que había avanzado un poco, no podía hacer más que mover pequeños granos de arena, lo cual me frustraba demasiado.
Faelith, en cambio, ya podía crear un muro o excavar un túnel.
Como un día de verano cualquiera, el sol estaba tan caluroso que decidí regresar temprano a casa.
No me animaba a fallar en la práctica mientras el sol abrazador me fatigaba aún más.
Nada más llegar, mamá me buscó y me dijo: —Airen, una amiga mía está de visita en una ciudad cercana.
Vamos a ir a visitarla en dos días, y pensé que te gustaría invitar a Faelith.
—¿En una ciudad cercana?
—Lemuel.
Lemuel.
Es una ciudad al oeste de Pyrenhal.
Más o menos, a una semana de camino yendo a caballo.
Tres días si se va a prisa.
Lemuel es un reino vasallo de Pyrenhal.
Su ciudad es mucho más pequeña y con menos personas, pero produce muchos minerales gracias a sus trabajos de minería, por lo que su economía es importante.
Lo único malo es que es la ciudad élfica más cercana a los límites de Duraga, el continente donde viven los Gashems, y muy cerca de las tierras humanas de Astald y Aglar.
Al estar casi fuera del bosque, incluso tiene caminos y rutas comerciales con ellos.
O eso es lo que aprendí en clase.
—Me gustaría conocerla, pero… ¿no está eso muy cerca de Duraga?
—Para nada.
Es la ciudad élfica más cercana a Duraga, pero no está tan cerca.
Además, no es que vaya a haber Gashems por ahí.
Ellos no salen de su territorio desde hace siglos.
—Mmm… creo que sí.
Bien, le diré a Faelith mañana.
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