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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 – Confrontación Inevitable
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13: Capítulo 13 – Confrontación Inevitable 13: Capítulo 13 – Confrontación Inevitable Tan solo escuchar las palabras del tipo más grande, de inmediato hice crecer la llama en mi mano, lista para lanzarla.

Pero me detuve al ver al hombre más bajo darle un golpe con el codo.

—¡Cállate, Drazh!

—lo regañó—.

Emm… escucha, pequeña.

Eso fue un malentendido.

Me llamo Vaeric, y este grandote es Drazh.

Él no es muy listo, así que espero que lo perdones.

¿Podrías relajarte un poco?

No queremos hacerte daño.

No confío en ellos… pero no quiero iniciar una pelea en un lugar como este.

Lo mejor es ganar tiempo hasta que Faelith regrese.

Disipé la llama de mi mano, aunque seguía acumulando maná en la palma, por si acaso.

Por ahora, lo importante era mantener la calma.

—Bien, así está mejor —dijo Vaeric—.

Vamos a acercarnos, ¿sí?

Solo quiero ver esa pared.

—…Está bien —murmuré, dando un paso a un lado.

Se acercaron.

Yo me aparté del centro del altar, cuidando de no quedar acorralada.

De cerca, eran aún más intimidantes.

Para verles el rostro debía mirar casi verticalmente hacia arriba.

A través de las sombras, pude distinguir su piel pálida y el brillo metálico del cabello claro de Vaeric.

—¿Puedo saber tu nombre, pequeña?

—…Airen.

—Bien, Airen.

¿Sabes qué es este lugar?

—No… solo caminaba por la cueva cuando el suelo se vino abajo y caí aquí.

No era toda la verdad, pero bastaba.

—Ya veo.

De no ser por ti, nunca habríamos encontrado este lugar.

Llevamos semanas buscándolo.

Lo que ves aquí es la entrada al santuario de la legendaria espada etérea Ignis.

—¡Oye, no deberías…!

—protestó Drazh.

—Está bien —continuó Vaeric, como si nada—.

Verás, Drazh y yo nos metimos en un gran lío en nuestra tierra.

Casi nos ejecutan por una tontería… pero el rey nos dio una última oportunidad.

Si llevamos esta espada a Duraga, no solo nos perdonarán, sino que seremos recompensados.

—¿¡Duraga!?

—¿No te lo dije?

Somos Gashems de Duraga.

Nuestro rey en Altmayren nos envió, junto con otros, a buscar esta y las demás espadas Etéreas.

Gashems… la raza que inició la gran guerra hace siglos… Ambos se quitaron la capucha.

Lo primero que vi fueron sus ojos rojos como brasas encendidas.

Sus pieles eran de un gris ceniza, y el cabello, apenas más oscuro, les caía en mechones gruesos.

—Seguro escuchaste cosas malas sobre los Gashems, ¿no es así?

—N-no… no realmente.

—¿Entonces por qué reúnes tanto maná en tu mano derecha?

¿¡Cómo lo supo!?

Vaeric sonrió con suficiencia.

—Nuestra tierra está cubierta de ceniza volcánica.

La luz solar casi no llega, y con los siglos, desarrollamos ojos capaces de ver el maná.

Es un mecanismo de defensa.

Si alguien planea atacarte, lo sabrás antes de que lo intente.

Pueden ver el maná… esto se acaba de poner peor.

—Tú estás planeando algo… y yo que confiaba en ti, pequeña Airen~ —su tono cambió repentinamente.

La tensión se hizo densa.

Miré hacia la salida.

En ese momento, Drazh se lanzó hacia mí con una velocidad que no esperé en alguien tan grande.

Blandió su enorme espada con un rugido.

Salté hacia atrás y la hoja se estrelló contra el suelo, creando un cráter.

¡Si me golpeaba con eso, me partía en dos!

—Bueno, pequeña Airen —dijo Vaeric con una sonrisa cruel—.

Fue un placer, pero lamentablemente morirás aquí.

Estaba atrapada.

Drazh levantó su espada y la blandió otra vez.

Esquivé con un salto hacia el lado.

Aunque rápido para su tamaño, era torpe comparado con un elfo.

Pero entonces, Vaeric entró en acción.

Atacó con su claymore, más ágil que Drazh.

Esquivé sus cortes, retrocediendo hasta quedar frente al altar.

—Vaya que eres escurridiza.

Aproveché para contraatacar.

Formé una bola de fuego y la lancé a Drazh.

Le dio de lleno en el rostro… pero apenas frunció el ceño.

¿Tiene refuerzo mágico?

Esto es grave… y yo solo puedo usar fuego en este lugar.

—No hagas las cosas difíciles, niña.

Solo ríndete y déjate matar tranquilamente —dijo Vaeric.

—Como si fuera a hacer eso.

Volví a lanzar fuego, intentando crear una distracción.

Corrí hacia el estrecho camino de roca, pero esta vez Drazh bloqueó el ataque y Vaeric lo esquivó, contraatacando con un tajo rápido.

Me vi forzada a retroceder.

Su espada buscó mi cuello.

Esquivé por centímetros.

Sentí el balanceo de la hoja de Drazh tras de mí.

Me lancé hacia atrás y, como a cámara lenta, su espada pasó a un milímetro de mi espalda, cortando un mechón de cabello.

—¿¡Es en serio!?

—gruñó Vaeric, incrédulo.

Aterricé sobre mis pies.

Ellos me observaban con sorpresa, pero no tardarían en recuperarse.

Mis ataques no les hacían nada.

No podía escapar por el pasillo.

No podía crear un camino.

El salto hacia el sendero de roca era de seis metros.

Tal vez… solo tal vez… ¿Y si uso magia de viento… para impulsarme?

No podía controlarla bien en mis pies.

Si lo hacía mal, caería a la lava.

Pero si solo creaba una corriente para ayudarme a saltar… Y si antes creaba una cúpula sin oxígeno… una que los dejara sin aire durante unos segundos… Comencé a concentrar maná.

Ellos lo notaron.

—¿No te rindes, verdad?

¿Qué pretendes ahora?

Me puse en posición de meditación.

Junté mis manos en el pecho y contuve la respiración.

Me rodearon.

Justo cuando estaban por atacar, abrí los brazos.

El oxígeno desapareció en un radio de cinco metros.

Ambos comenzaron a toser, sorprendidos.

No lo esperaban.

Yo corrí hacia el borde y salté al vacío.

Justo cuando el impulso comenzaba a desvanecerse, liberé una ráfaga de viento comprimido tras de mí.

El vendaval me empujó con violencia.

Estuve a punto de pasarme y caer al otro lado… pero logré aterrizar de pie.

Miré atrás.

Los Gashems me observaban con furia.

Ahora sí que están molestos… Por un momento pensé que había perdido una oportunidad para matarlos… pero solo imaginarlo me estremeció.

Nunca había estado tan cerca de matar a alguien.

—¡Que no se escape!

—rugió Vaeric, corriendo hacia el borde.

Una bola de fuego impactó junto a mí, arrancándome bruscamente de mis pensamientos.

Había sido Vaeric, y esta vez su furia era innegable.

Comencé a correr hacia la salida mientras esquivaba sus ataques.

Pero entonces recordé que no podría salir por ahí… la pared era lisa y muy alta.

¿Tendré que luchar otra vez contra esa maldita pared…?

Pero al llegar, mis ojos se abrieron con alivio: una escalera de madera y cuerdas ya estaba colocada.

A un lado, unas mochilas —sin duda el equipaje de los Gashems.

No lo pensé dos veces.

Me lancé hacia la escalera y trepé tan rápido como pude hasta alcanzar la superficie.

No había rastro de Faelith.

Solo espero que no le hayan hecho nada… La escalera, seguramente colocada por ellos, era un riesgo.

La incendié de inmediato para cortarles el paso.

Pero Vaeric no se dio por vencido: se subió a los hombros de Drazh y comenzó a escalar a la fuerza.

Corrí de nuevo, esta vez hacia el túnel por donde Faelith se había ido.

Vaeric, ya afuera, me perseguía lanzando bolas de fuego, aunque su puntería era deficiente bajo la luz del sol.

Aun así, no cesaba en su intento de alcanzarme.

Me guié por una brisa fresca que surgía desde el fondo del pasaje.

Era un tramo largo… comprendí por qué Faelith no había regresado aún.

Cuando por fin vi la luz al final del túnel, una oleada de alivio me recorrió.

Me lancé entre los matorrales y salí al borde de un frondoso bosque.

—¿Airen?

La voz de Faelith me hizo girar de inmediato.

Venía corriendo hacia mí con una cuerda en las manos —seguramente para ayudarme a salir.

Pero no estaba sola.

A su lado venía un minero, el mismo que habíamos visto al llegar.

Al verlo, mi expresión se endureció.

El hombre se encogió y se ocultó tras un árbol.

Faelith, en cambio, corrió a abrazarme.

—Me alegra que estés bien —susurró con alivio.

—Y a mí… —respondí, antes de girarme bruscamente hacia el minero—.

¿¡Qué hace él aquí!?

—Ah… no es lo que parece, Airen.

Él solo quería ayudarnos.

No es un mal sujeto.

—¿Es cierto eso?

—E-eh… yo… lo siento si me malinterpretaste.

No es común ver niñas en las minas.

Pensé que estaban perdidas y… quise ayudar.

Ahora que lo pienso… eso tiene sentido.

Tal vez fui demasiado dura antes.

—Te ves agotada, Airen.

¿Deberíamos descansar antes de regresar?

Estamos bastante lejos del punto de entrada.

—¡No!

¡Maldita sea, lo había olvidado!

¡Tenemos que irnos ahora!

—¿Qué?

¿Por qué?

—¡Te explico luego, solo corre!

—¡Ahí estás, maldita!

¡No vas a escapar!

Demasiado tarde.

Vaeric acababa de salir de la cueva.

Lleno de furia, comenzó a lanzar bolas de fuego con violencia.

No pareció ver al minero, quien huyó sin mirar atrás.

¡Maldito mentiroso…!

El sol lo afectaba.

Su puntería era errática, y sus ataques se desviaban.

Pero aun así, era peligroso.

Comenzamos a correr hacia el bosque.

Mala idea.

A medida que nos internábamos, los árboles bloqueaban más la luz, y la puntería de Vaeric mejoraba.

Además, estaba provocando un incendio forestal.

El calor, el humo, la tensión… todo empeoraba.

—¡¿Airen, quién es ese y por qué nos ataca?!

—gritó Faelith.

—¡Es un Gashem!

¡Me atacó sin razón!

¡Está completamente loco!

Por un instante, lo pensé bien.

Vaeric esquivaba mis ataques, pero no era tan resistente como Drazh.

Si Faelith y yo lo enfrentábamos juntas, tal vez… solo tal vez, podríamos vencerlo.

—¡Faelith, vamos a enfrentarlo!

—¡¿Qué…?!

Nos detuvimos en un claro bañado por la luz.

Le lancé una bola de fuego directa al rostro.

Esta vez no pudo esquivarla.

El sol le impedía reaccionar con rapidez.

El impacto fue certero: se cubrió el rostro con ambas manos, herido.

—¡Faelith, atácalo también!

Sin vacilar, comencé a lanzarle bolas de fuego una tras otra.

Al principio trató de esquivarlas, pero pronto usó su espada como escudo.

Ya no le hacían tanto daño como antes: había activado algún tipo de refuerzo mágico.

Faelith se unió al ataque.

Sus hechizos eran más potentes que los míos, pero ni así lográbamos detenerlo.

—¡Malditas niñas…!

Vaeric rugió de rabia.

Una capa de humo negro lo envolvió por completo.

La temperatura descendió abruptamente.

Nuestras bolas de fuego se desintegraban a centímetros de tocarlo.

—¿Qué es eso…?

Nunca había visto algo así… —¿Nunca habías visto magia de oscuridad?

Qué pena por ti… ¿Magia de oscuridad…?

Esto ya se salió de control.

Detuvimos el ataque.

Era inútil.

El humo desapareció un momento, pero Vaeric volvió a convocarlo, esta vez solo sobre su espada.

Luego se abalanzó hacia nosotras.

—¡Faelith, no dejes que se acerque!

Lanzaba tajos como un poseso.

Intenté esquivar sus golpes, pero ignoró por completo mi presencia y se centró en Faelith.

Su espada oscura me daba escalofríos.

Tomé una rama para defenderme, pero la cortó como si fuese papel.

La madera comenzó a pudrirse donde pasó la hoja.

¡Eso es letal!

Corrimos hasta toparnos con un pequeño riachuelo.

Para mí, fue una bendición.

De inmediato, creé dos látigos de agua y contraataqué.

El primero golpeó su espada y ambas energías se anularon.

El humo desapareció por un instante… pero volvió.

Puedo cancelar su oscuridad con agua… Lancé el segundo látigo.

Lo esquivó y contraatacó.

Intentó cercenarme la mano, pero reaccioné a tiempo y detoné una explosión de viento que nos separó.

Vaeric retrocedió unos pasos, pero yo volé hacia atrás y golpeé la cabeza contra un árbol.

Todo se volvió negro.

Cuando recuperé la conciencia, Vaeric estaba justo frente a mí, espada en alto, listo para rematarme.

—¡Airen!

Faelith apareció de pronto y le lanzó una bola de fuego directa a la espalda.

El impacto fue fuerte.

Vi el rostro de Vaeric retorcerse de furia.

Se giró para atacarla, y en ese instante creé otra explosión de viento más potente, lanzándolo varios metros atrás, cerca de Faelith.

—¡Hyaaaa!

—gritó ella, asustada pero valiente.

Retrocedía mientras le lanzaba más bolas de fuego sin detenerse.

Vaeric volvió a invocar su escudo de humo oscuro, anulando los hechizos.

Pero ya sabía cómo anularlo.

Corrí al riachuelo y formé un cañón de agua mágica.

No necesitaba potencia, solo saturarlo.

Las pequeñas balas anularon el humo, y los ataques de Faelith comenzaron a impactar de lleno.

Vaeric resistía… pero con dificultad.

Entonces empezó a formar llamas negras en sus manos.

¡Eso no puede ser bueno!

Aumenté la potencia y el tamaño de mis disparos.

Faelith también incrementó la fuerza de sus ataques.

Sus bolas de fuego explotaban al impactar.

Nos vamos a quedar sin maná pronto… pero no podemos dejar que use eso… Justo cuando sentía que mis reservas se agotaban, Vaeric cayó de rodillas, jadeando, vencido.

Cesamos los ataques.

Me acerqué, aún con cautela.

El corazón me retumbaba con fuerza dentro del pecho.

—Estás acabado, Vaeric.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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