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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 – El precio de la vida
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15: Capítulo 15 – El precio de la vida 15: Capítulo 15 – El precio de la vida Cuando desperté, me dolía todo el cuerpo, especialmente el estómago.

Recordé de inmediato lo ocurrido e intenté ponerme de pie, pero tenía atadas las manos y los pies.

También llevaba una venda en los ojos y un collar de metal en el cuello.

—¡Uuuuaaahhhh!

¡Uuuu mmm!

—escuché el llanto de un niño cerca de mí.

Y no era solo uno.

Al prestar más atención, escuché sollozos y quejidos de varios niños.

También percibí cómo el suelo vibraba constantemente, además del sonido del galope de caballos.

Tras pensarlo un poco, deduje que me encontraba en una carreta en movimiento.

“Me han secuestrado… ¡Maldito Tarn!

¿A dónde me lleva con todos estos niños?” No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente.

Y ya que estaba en una carreta, era posible que estuviéramos lejos de la ciudad.

Más que preocuparme por mi situación actual, me inquietaba lo molesto que estaría Therion cuando regresara.

“Seguro me va a gritar otra vez… bueno, ya me preocuparé de eso después.

Por ahora, mejor busco una forma de salir.” —Hey, ¿alguien podría ayudarme?

¡Quítenme esta venda de los ojos!

—¿Eh?

—uno de los niños que lloraba me escuchó, y al parecer estaba cerca de mí.

Escuché cómo se acercaba y con sus pequeñas manos me quitó la venda.

—Gracias.

Al abrir los ojos, al principio no vi nada.

Estaba muy oscuro, pero tras unos instantes mi visión se adaptó y logré ver con claridad.

“Adoro mi visión nocturna.” No es perfecta, como si viera a la luz del día.

No puedo distinguir pequeños detalles ni colores.

Y si no hay absolutamente nada de luz, no veo nada.

Pero normalmente siempre hay al menos una fuente mínima de luz, como en este caso.

El lugar parecía ser el interior de una carreta de madera y metal, con finos rayos de luz filtrándose por entre las ranuras.

Un humano normal no podría ver mucho, pero para mí era perfecto.

Dentro había otros diez niños.

Todos parecían tener no más de seis años, y a excepción de una, todos eran humanos.

Quien me había quitado la venda era una pequeña niña Vanthraan.

Lo primero que me llamó la atención fueron sus ojos: brillaban levemente, como los de un animal en la noche.

Al ser Vanthraan, podía ser de una de sus dos variantes: Vanthar (canina) o Vanthde (felina).

Sé que los Vanthar son más robustos y altos, con colas peludas como lobos.

La de ella era un poco peluda, pero no tanto.

Aunque sus orejas sí se asemejaban a las de un Vanthar… ¿Será mestiza como yo?

Nunca he escuchado de una mezcla entre ambas variantes.

Bueno, asumiré que es Vanthde por ahora.

“No sé en qué momento dejó de impresionarme una niña con cola y orejas de animal…” —Me llamo Airen Vhaldron, ¿cómo te llamas?

—le pregunté para tranquilizarla, pues parecía al borde de llorar otra vez.

—Ni… Syrel.

—¿Syrel?

—No, Syrel.

Syrel Eun.

—Ya veo.

¿Sabes dónde estamos?

Ella negó con la cabeza.

Pensé en desatarme las manos usando magia de fuego, pero podría asustar a los niños o incluso quemarme yo misma.

—Oye, ¿puedes ayudarme a desatarme las manos?

Syrel se acercó y comenzó a intentarlo.

Tuvo dificultades, pero tras insistir logró aflojar el nudo lo suficiente para que yo pudiera desatarme y luego liberarme los pies.

“Tengo suerte de que también pueda ver en la oscuridad.” —Gracias.

Lo único que no pude quitarme fue el collar en el cuello.

No apretaba ni pesaba, pero me molestaba que me lo hubiesen puesto.

¿Y por qué era yo la única vendada y atada?

Ni que fuera una bestia salvaje.

Solo faltaron las cadenas.

Sin embargo, el collar no parecía un grillete.

Era liso, con bordes suaves y esferas incrustadas.

Lo preocupante era que no tenía ranura para llave ni unión visible; parecía una pieza sólida.

Me acerqué a una ranura por donde entraba luz y miré.

Era de día, y tal como había pensado, estábamos en un carruaje tirado por caballos.

Íbamos rápido, cruzando una extensa pradera.

En mis diez años nunca había salido del bosque.

Aquella vista me produjo una nostalgia extraña.

Siempre creí que no me afectaría dejar el bosque, pero ahora… me sentía mal de estar lejos.

Me había encariñado demasiado con mi estilo de vida actual.

“Un momento… ¿se está poniendo el sol?” A lo lejos vi que estaba atardeciendo.

Recordé que no era ni medianoche cuando fui a la ciudad minera, entonces… —Syrel, ¿sabes cuánto tiempo ha pasado desde que me trajeron aquí?

—Pues… un día, creo.

—¿¡Qué!?

“¿Han pasado unas 18 horas desde que perdí el conocimiento?

¡Estoy durmiendo demasiado!

Lo peor es que el carruaje va muy rápido… Maldición, ya debo estar muy lejos.” —Tengo que salir antes de que me lleven más lejos.

Lo primero que hice fue acercarme a la puerta.

Estaba, por supuesto, cerrada con cadenas por fuera.

Romperla por la fuerza era imposible.

Entonces pensé en la magia.

A mis diez años puedo usar magia de agua, fuego, viento, refuerzo y sanación.

Descartando las dos últimas, no había agua cerca y usar fuego sería peligroso.

Así que mi única opción era el viento.

—Hazte a un lado, Syrel.

Voy a cortar la puerta para salir.

Levanté mi mano derecha, extendiéndola horizontalmente.

Mi plan era crear una cuchilla de viento para cortar la puerta.

Lo de cómo bajar después lo pensaría luego.

Justo cuando empezaba a canalizar mi maná, la carreta empezó a reducir la velocidad.

—¿Por qué se detienen?

Miré por la ranura y vi altos muros, no de ciudad, sino de una propiedad privada.

El carruaje cruzó puertas custodiadas por dos guardias humanos con lanzas.

Dentro, había más guardias.

Poco después, el carruaje se detuvo.

Alguien se acercó a la puerta.

Me alejé y me preparé para emboscar al primero que entrara.

Conté ocho guardias, pero debía haber más.

Si actuaba rápido, podía noquearlos, tomar el carruaje, huir con los niños y buscar ayuda.

En cuanto abrieron la puerta, salté y pateé al hombre que entraba.

Aunque mi golpe fue débil por mi cuerpo infantil, él no se lo esperaba y cayó.

Miré a mi alrededor.

Estábamos en una hacienda amurallada.

Corrí hacia las riendas del carruaje, pero un guardia se interpuso.

Alto y musculoso, pero no un Gashem.

Con magia de viento sería fácil… “¡¿Eh?!” Usé magia, pero nada ocurrió.

No salió maná.

Lo intenté otra vez, nada.

Probé con fuego… tampoco.

Mi maná no salía.

Era como si estuviera atrapado bajo mi piel.

—¡Maldita mocosa!

El guardia que pateé se levantó furioso.

Me atacó, pero esquivé sus golpes con facilidad.

Más gente llegó: guardias, sirvientes, incluso niños mayores.

Pensé que todos me detendrían, pero solo observaban.

—¿¡Qué es todo este alboroto!?

Una voz autoritaria hizo que todos se estremecieran.

Los criados regresaron a sus tareas.

Los guardias se pusieron firmes.

Desde la casa salió un hombre bajo, calvo y gordo, cubierto de joyas.

Obviamente, el dueño.

Lo acompañaba un hombre joven, con armadura dorada y espada.

—¿Qué está pasando, Drazh?

—Señor, esta niña intentó escapar.

Estoy tratando de atraparla, pero es escurridiza.

—¿Y por qué los demás solo miran?

¡Atrápenla!

¡Si escapa, se los descuento del sueldo!

Los guardias me rodearon.

Tres vinieron a atraparme, pero salté sobre uno, usándolo como trampolín, y escapé del círculo.

“Mi magia está bloqueada, pero aún soy más ágil que un humano.

Lo siento, Syrel… sin magia no puedo salvarte.

Por ahora debo escapar y buscar ayuda.” Corrí hacia la puerta, pero un guardia la cerró.

Entonces corrí hacia un carruaje cercano, salté sobre un barril, del barril al techo y de allí hacia la muralla.

Desde arriba vi el exterior.

—¡Oh, diosa del viento, concédeme tu gracia!

Alguien dijo esas palabras.

Un viento violento me golpeó, arrojándome hacia atrás entre unas cajas.

Los guardias me atraparon de inmediato.

Por más que luché, me dominaron y volvieron a atarme.

“¿Qué fue eso?

¿Magia?

¿Quién la usó?” —Buen trabajo, Kaelor.

Si no fuera por ti, se habría escapado mi preciosa mercancía.

“¿Mercancía?

¡No soy un objeto!” —Es mi trabajo, señor.

—Comparado con estos inútiles, estás en otro nivel, jeje.

¡Y ustedes, inútiles!

¡Llévenla con los demás y asegúrense de que nadie escape!

—¡Sí, señor!

“¿Fue él?

Es humano.

¿Y ese rezo?

Mamá nunca necesitó rezos para usar magia… pero ese Gashem también hizo algo similar.” —Por poco te escapas, pero no habrías llegado lejos.

Te recomiendo que seas obediente de ahora en adelante —dijo Kaelor.

—¿Ser obediente?

¡Me han secuestrado!

—Ahí te equivocas.

Nosotros solo te compramos.

—¡No soy un objeto!

—Ahora lo eres.

Deberías estar agradecida.

El que te secuestró pensaba violarte, pero le ofrecimos la mitad del pago si no lo hacía.

Cambió de opinión.

—¡Tarn!

¡Maldito bastardo!

¡No soy propiedad de nadie!

¡Déjenme ir!

—Oh, bien, entonces solo tienes que devolver lo que pagamos por ti.

—¿Qué?

—Es muy raro tener un elfo aquí y seguramente alguien pagará una buena suma por ti.

Si me das las 5 monedas de oro que pagamos por ti, entonces podrás irte.

Ah, pero debo cobrarte una más por el transporte y la mano de obra de quienes te trajeron.

Y ya que por ir a recogerte perdimos otra chica, pues también tendrás que asumir ese cargo… en total: 10 monedas de oro.

—¡¿Diez monedas de oro?!

¡Estás loco, no tengo algo así conmigo!

—Ja, por supuesto que no.

—Pero… ¡Mis padres te pagarán!

¡Si me dejas ir…!

—Creo que tus padres me matarían antes de eso.

Jajaja.

—¿Y qué es este collar?

—¿El collar?

Tarn dijo que no te lo quitara ya que podrías usar magia.

Supongo que él te lo puso.

“¿Un collar que bloquea la magia?

¡Viod… ah, lo recuerdo!

¡Viod es el mineral que bloquea la magia!

Mientras tenga este collar no podré usar magia, pero si me lo quito…” —Es imposible quitártelo.

No se va a abrir si no es con esto.

Kaelor me mostró un brazalete negro con gemas doradas.

Sin duda debe ser la llave para quitarme el collar.

De inmediato traté de quitá’selo, pero los guardias me sujetaron con fuerza.

Kaelor parecía divertirse viéndome forcejear inútilmente.

—Será mejor que te des por vencida.

Mientras más rápido aceptes que eres una esclava, mejor será para ti.

Llévensela.

—¡No!

¡Déjenme ir!

Me llevaron a la fuerza junto con los demás niños.

Estaban parados en fila a un lado del carruaje, algunos lloraban mientras que otros me miraban fijamente, Syrel incluida.

Al verla fuera, pude apreciar que era increíblemente bonita.

Su cabello plateado y sus ojos color zafiro daban ganas de abrazarla fuerte, aunque no era algo que pudiera hacer en ese momento.

Apenas llegamos, Drazh, el hombre de antes, me dio una fuerte bofetada.

Habría seguido si los guardias no lo hubieran detenido.

—¿Eres idiota?

¿Sabes qué te hará Lord Vhaelor si lastimas su mercancía?

—Tch… sí lo sé.

Nos llevaron a todos a un sótano detrás de la casa principal.

Era un lugar bastante grande, repleto de celdas.

Me sentí como si me llevaran a prisión, caminando por el pasillo con celdas a ambos lados.

En cada una había hasta tres o cuatro niños de varias edades.

Algunos muy pequeños, otros mayores que yo incluso.

A medida que avanzábamos, iban metiendo niños en celdas con uno o dos ocupantes.

A mí me llevaron hasta el final.

Al parecer los clasificaban por raza.

Casi todas las celdas desde la entrada estaban ocupadas por humanos: llegué a contar 62 niños y niñas.

Luego, unas pocas al final estaban ocupadas por niños Vanthraan.

Solo había doce de estos, incluyendo a Syrel.

Cuando pensé que vería varios elfos al final, no fue así.

Únicamente había uno: un chico de cabello negro y corto.

Claramente mayor que yo, pero se veía más joven que Therion.

Quizá tuviera doce o trece años.

Al ver sus orejas, me di cuenta de que era medio elfo como yo.

—Tú te quedas aquí, y nada de numeritos como el de antes.

Me empujaron dentro de la celda contigua a la del chico medio elfo, sin quitarme las cuerdas de las manos, y cerraron la puerta con candado.

—Maldito Tarn, me las pagará cuando lo vuelva a ver.

—¿Acaso crees que vas a salir de aquí?

—dijo el chico con tono burlón.

—Por supuesto.

—Te ahorraré disgustos.

No hay manera de escapar.

Será mejor que te rindas.

—Ja, casi escapo hace unos momentos.

—¿Una pequeña como tú?

Imposible.

—¡Es verdad!

—¿Y si es así, cómo es que te atraparon?

—Bueno… lo hubiera logrado de no ser por ese hombre… Kaelor.

—Ah, el capitán de la guardia.

Es un tipo peligroso.

Un maestro en lucha cuerpo a cuerpo y con la espada.

Además, sabe usar magia.

— ¿Lo conoces?

—Era famoso donde yo crecí.

—¿Eres de por aquí?

¿De dónde eres?

¿De Lemuel, Gehnad o quizá de Hagad?

—¿Qué?

—Nunca te he visto en la escuela.

—¿De qué hablas?

No conozco esos lugares.

Yo crecí en Pyrenhal.

—¿Pyrenhal?

Pero es una ciudad humana.

—¿Y?

Hablas como si no fueras humano.

—Soy mitad elfo, como tú.

—¡¿Qué?!

“Ah, claro… mi cabello me cubre las orejas.” Moví la cabeza para que pudiera verlas.

Su reacción fue como si acabara de ver una criatura mítica, y de inmediato se acercó a mi celda, agarrando los barrotes.

—¡De verdad!

¡Nunca había visto a otro como yo!

¿Cómo te llamas?

—Me llamo Airen Vhaldron.

Por cierto, ¿podrías desatarme?

Me acerqué y él, pasando sus manos por entre los barrotes, me quitó las ataduras.

—Gracias.

¿Cómo te llamas?

—Lazran.

Lazran Erannel.

Oye, ¿entonces tú conoces más elfos?

—Sí.

Mi padre es un elfo y yo vivo en Pyrenhal.

—¡¿Pyrenhal?!

Increíble.

“No sé por qué me da la sensación de que este chico nunca ha conocido a otro elfo.” —¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Como una semana.

“Vaya, esperaba que me dijera que lleva aquí cinco años o más.” —¿Cómo terminaste aquí?

—Fui traicionada por el bastardo al que intentaba proteger… me siento tan idiota.

—Vaya.

A mí me engañaron.

Me ofrecieron comida y alojamiento, pero me trajeron aquí.

—¿Y tus padres?

—No conozco a mi padre.

Vivía con mi madre hasta que falleció.

—Ah, lo siento.

—Cuando mi madre falleció, quise ir a buscar a mi padre.

Ella me dijo que él era un elfo, así que quería ir a Pyrenhal.

Pero me estafaron y terminé en la calle.

Después me engañaron y me encerraron aquí.

—¿Puedo saber por qué se separaron tus padres?

—No se separaron.

En realidad, nunca estuvieron juntos.

Mi madre nunca le dijo que estaba embarazada y me crió sola.

—Debió ser muy difícil.

—Sí… Seguimos hablando así por horas.

Me contó cómo fue crecer en una ciudad humana.

Al parecer, nunca pudo hacer amigos.

Al ser mejor en todo que los demás niños, comenzaron a evitarlo.

Puedo imaginármelo: más rápido y ágil, mejor visión y oído, incluso más atractivo.

Cosas así hacen que te ganes la envidia y el desprecio de los demás.

Cuando le pregunté si sabía usar magia, me dijo que no, ya que no podían pagar un maestro.

Iba a decirle que en Pyrenhal esas clases son gratuitas, pero mejor me callé.

No quería restregarle mi suerte.

Luego hablamos sobre el lugar donde estábamos.

El dueño es Lord Vhaelor, quien, a primera vista, es solo dueño de esta hacienda y las tierras cercanas, pero en realidad secuestra niños y los vende a nobles de Ondull, el continente vecino.

—¿Por qué a nobles de Ondull?

¿No sería más fácil y barato vendernos a nobles de Armath?

El continente donde vivo, y donde está ubicado Pyrenhal, es Armath.

Ondull queda al sureste, más grande que Armath pero con la mayor parte de su territorio siendo desierto.

Es famoso por sus recursos minerales y sus reinos ricos.

No sé mucho más.

—La esclavitud está prohibida en Armath.

Si descubren que Lord Vhaelor secuestra niños, lo ejecutarían.

—Es lo que merece.

—En Ondull, sin embargo, tener un esclavo es normal.

—¿Entonces planean llevarnos a Ondull?

—Sí.

Dentro de dos o tres semanas nos llevarán.

No a todos; algunos se quedan aquí, aunque casi siempre son niñas.

No sé si lo sabes, pero Ondull queda muy lejos.

Si nos llevan allá, olvídate de regresar.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Todos los días nos sacan de aquí y nos obligan a trabajar en los campos.

Afuera escuché las conversaciones de los guardias y criados.

A ti seguramente te lleven a limpiar la casa como una criada hasta que nos envíen a Ondull.

—¿Nadie se da cuenta de que ese viejo tiene niños secuestrados, incluso cuando los pone a trabajar?

—Este lugar está entre los reinos de Pyrenhal y Áglar.

No hay casas cerca.

Además, las tierras que trabajamos están amuralladas y vigiladas.

Nadie que pase por fuera nos vería, ya que los muros son altos.

Y si alguien lo intentara, los guardias lo atacarían.

—Eso ya me lo habías dicho.

—Con “todo” me refiero a todo… No hagas que se moleste contigo.

Cuando él se enoja… puede volverse muy radical.

Sobre todo, trata de no llamar la atención.

—No entiendo del todo lo que dices, pero está bien.

Gracias por el consejo.

Salimos de la habitación y Bell me llevó con las dos chicas que serían mis compañeras de trabajo.

Luego se marchó, dejándome sola con ellas.

Tras una breve presentación, una de las chicas mencionó que estaban esperando a Lord Vhaelor, quien terminaba de arreglarse en su habitación.

Poco después, él salió.

Las dos chicas inclinaron la cabeza al verlo y lo saludaron.

Yo las imité en silencio.

El hombre ni siquiera nos miró; simplemente siguió caminando hacia una sala que parecía su despacho.

El despacho no era muy grande, tenía un escritorio en el centro, un sillón a la derecha y una estantería al fondo repleta de libros.

En la pared izquierda colgaba una gran cortina, probablemente cubría una ventana.

El resto del día transcurrió entre órdenes absurdas.

Nos mandaba traerle esto, llevarle aquello.

No entendía cómo alguien podía comer tanto en tan poco tiempo.

Yo iba de la cocina a su despacho sin descanso.

Mientras una de las chicas le daba masajes, la otra le alcanzaba papeles y documentos.

Cuando no hacíamos eso, debíamos limpiar, aunque el lugar no estaba sucio en lo absoluto.

El día se hizo eterno.

Apenas pude sentarme.

Por suerte, tuvimos unas pocas horas de descanso.

Aproveché para conseguir algo de comida en la cocina.

Luego volvimos al agotador ritmo.

Ya por la noche, vino a buscarnos el mismo guardia que nos había traído.

La anciana nos mandó a cambiarnos de ropa antes de irnos y luego nos llevaron de nuevo al sótano.

Allí nos esperaba otro trozo de pan duro y un vaso de agua con sabor a tierra.

Por suerte había comido algo antes.

De no ser así, habría pasado otro día sin probar bocado.

—¿Qué tal tu primer día?

—dijo Lazran.

—Horrible… qué cansancio.

—Pues acostúmbrate.

Así será tu vida de ahora en adelante.

“Este chico es realmente molesto…” —¿Eso es lo que le dices a una niña que está secuestrada?

—No eres como las demás.

¿Será porque eres medio elfa?

Cualquier otra en tu lugar estaría llorando, pidiendo por su madre.

Pero tú… desde el principio te veías muy tranquila.

“Quizá llorar sería lo normal, pero no creo que sea por ser medio elfa.

Es más bien porque… estoy acostumbrada a pensar con claridad incluso en momentos difíciles.” —Sea como sea, igual voy a escapar de aquí.

—Me encantaría ver cómo lo haces.

Especialmente ahora que tienes que estar todo el día tras Lord Vhaelor.

Ni siquiera estás cerca de Kalec como para intentar quitarle el brazalete.

“Maldición, tiene razón… estando en la casa no puedo hacer nada.

Y si dejo la casa para buscar a Kalec y fallo, me pondrán vigilancia constante…” —Tienes razón… no puedo hacerlo sola.

—Te lo dije.

—Por eso vas a ayudarme.

—¿¡Qué!?

—Tú trabajas fuera.

Estás cerca de Kalec.

Eres rápido… tú mismo lo dijiste.

—Sí, pero ser rápido no significa que pueda quitarle el brazalete.

Él sigue siendo más fuerte que yo.

Y además… sabe usar magia.

—¿Y si tú también supieras magia?

¿Podrías enfrentarlo?

—No lo sé.

Él tiene experiencia de combate… y yo solo soy un muchacho del campo.

—Tienes muy poca confianza en ti mismo.

¿Y aún así te haces llamar un hombre?

—¡Es la verdad, y no tengo de qué avergonzarme!

—Qué poco varonil.

A mi lado, no eres nada, mocoso.

Yo salvaba mujeres en callejones oscuros de… ¿cómo se llamaba esa ciudad?

No importa.

¡Era más valiente que tú!

—¿Qué estás diciendo?

Hablas como si tuvieras experiencia, pero solo eres una frágil niñita.

No me vengas a hablar de hombría cuando pareces una flor.

—¿¡Flor!?

Puede que me vea así, pero te aseguro que puedo ser más fuerte que tú.

¡Y con estilo!

—¿Te dejaron caer de bebé, verdad?

—¡Serás…!

¡Aaaggghh, olvídalo!

“Eso me pasa por tratar de razonar con este niño.

¿Quién se cree cuestionando mi valentía cuando ni siquiera tiene bigote?” —¿Estás molesta?

—¡CÁLLATE, NI SIQUIERA TIENES BIGOTE!

Pasé las siguientes horas refunfuñando en silencio, tratando de calmar mi enojo.

No sé si lo que me molestó fue que me llamara “niñita delicada” o si simplemente fue todo el estrés acumulado.

Sea como sea, me desquité con Lazran… y eso me hizo sentir un poco mejor.

Luego pude volver a enfocarme en lo más importante: encontrar una forma de recuperar mi libertad.

Imaginé todos los posibles escenarios.

Pero sin magia, siempre terminaban igual: capturada.

Incluso si lograba escapar del terreno de la mansión, sin mis habilidades mágicas me atraparían después.

Si intentaba recuperar mi magia enfrentando a Kaelor, él ganaría con seguridad.

“El único escenario posible es que Lazran me ayude a recuperar el brazalete… Pero es imposible que un niño común le gane a Kaelor en una pelea.

¿Y si le enseño magia?

Al menos lo básico, para que pueda ayudarme.

En dos semanas podría lanzar una ráfaga de viento… quizás eso baste para distraerlo.” Pero luego pensé: es demasiado negativo, seguro huiría en medio del enfrentamiento… Aun así, no tengo muchas más opciones.

—Lazran… ¿estás despierto?

—…Sí.

¿Todavía estás molesta?

—Olvídalo.

He tomado una decisión.

—¿Qué decisión?

¿Vas a rendirte y aceptar tu vida como esclava?

—Ni lo sueñes.

Voy a enseñarte magia.

Y tú me vas a ayudar a escapar.

—No hablas en serio… —Sí hablo en serio.

En dos semanas puedo enseñarte lo básico.

¿Si lo hago, me ayudarás?

—¿Crees que podré ganarle a Kalec con magia aprendida en dos semanas?

¿Sabes que probablemente estudia magia desde los doce años?

—Y yo desde los cuatro.

No necesito que lo derrotes, solo que lo distraigas.

Mientras tú lo haces, yo le quitaré el brazalete y recuperaré mi magia.

—Ese plan es una locura… —Confía en mí.

Puedo vencerlo, pero necesito ayuda.

Por favor.

—¿De verdad puedes enseñarme magia?

—¡Por supuesto!

Lazran lo pensó durante unos segundos.

Respiró profundo, exhaló lentamente y finalmente dijo: —Está bien… Te ayudaré.

—¿¡De verdad!?

—Sí… Después de todo, aprender magia siempre ha sido uno de mis sueños.

Pero no me culpes si las cosas no salen bien.

¡Y si muero, te juro que te perseguiré como espíritu el resto de tu vida!

—Trato justo.

Pues bien… mañana, comenzamos las clases.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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