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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 – Una chispa de rebelión
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16: Capítulo 16 – Una chispa de rebelión 16: Capítulo 16 – Una chispa de rebelión Ha pasado una semana desde que llegué a este lugar.

Todos los días, desde temprano en la mañana hasta que cae la noche, me obligan a trabajar como sirvienta para Lord Vhaelor.

De vez en cuando veo a Syrel junto a la hija de ese desgraciado.

No lo está pasando tan bien como pensé… más que compañera de juegos, esa niña la trata como si fuera un juguete.

Últimamente se ha estado quejando de que le duele la cola, ya que la hija de Vhaelor suele tirársela.

Me da rabia solo de imaginarlo.

—Oye… ¿lo estoy haciendo bien?

—Sí, muy bien.

Durante esta semana logré que Lazran aprendiera magia básica de viento.

Al principio pensé en enseñarle magia de agua, pero como solo podemos practicar por las noches y no tenemos acceso a agua aquí, decidí que la magia de viento sería más adecuada.

También consideré la magia de fuego para darle una opción más ofensiva contra Kaelor, pero recordé mis propios errores cuando estaba aprendiendo.

Requiere experiencia y dominio.

Enseñarla a un principiante sería demasiado peligroso: si perdiera el control, podría salir herido… o herirnos a todos.

—Trata de mantenerla más estable… que no se mueva tanto.

En ese momento, Lazran practicaba magia de viento sosteniendo un trozo de tela en el aire con un pequeño remolino.

Es un ejercicio básico para aprender a controlar la cantidad de maná utilizada.

A pesar de haber tardado tres días en generar una simple brisa, ha demostrado que realmente quiere aprender.

—Es increíble… De verdad los elfos no necesitan cánticos.

—Ni siquiera sabía que los humanos sí los usaban para activar el flujo de maná.

—Pero con esto… dudo que pueda derrotar a Kaelor.

—Esto solo es un ejercicio de control.

Te enseñaré magia ofensiva… aunque no sé cuándo podré hacerlo.

Normalmente practicamos durante horas por la noche.

Nuestras celdas están al final del sótano, alejadas del resto, así que nadie puede vernos.

Durante el día, apenas si nos cruzamos.

Solo lo veo cuando salgo a buscar agua fuera de la casa.

—Creo que podría escaparme del trabajo una o dos horas —dijo Lazran.

—¿Qué?

¿Cómo harías eso si te están vigilando?

—Desde hace dos días, el guardia que me vigila me deja solo por varias horas.

Como soy obediente y hago mi trabajo rápido, se va a beber con otros.

Pasa lo mismo con otros chicos.

Si termino antes, puedo escaparme un rato.

¿Y tú?

—No lo sé… Además de la anciana, nadie me vigila en la casa.

Supongo que creen que no me arriesgaré a irme sin recuperar el brazalete.

Quizá pueda escaparme unas horas, pero las otras chicas se darían cuenta.

Si me delatan, estaré perdida.

—Hmm… Creo que puedes contarles.

—¿Contarles?

No estoy segura de poder confiar en ellas.

—Diles lo que planeas.

Estoy seguro de que te cubrirán.

—Espero que tengas razón… Pero incluso si lo logramos, ¿dónde podríamos practicar?

Necesitamos un lugar abierto y sin vigilancia.

—Conozco uno.

Espérame mañana en la puerta trasera, después del mediodía.

Al día siguiente, seguí su consejo y hablé con las dos chicas sobre mis intenciones.

Al principio pensaron que quería escaparme para ir a coquetear con algún chico… —¿Te das cuenta de que eres una esclava?

No pienses en buscar novio con tanta libertad —dijeron.

Me ofendió que eso fuera lo primero que pensaran.

¿¡Novio!?

¿En serio?

Me dieron ganas de gritarles un par de cosas, pero me contuve.

Les expliqué que era medio elfo, que sabía magia —aunque el brazalete la bloqueaba—, y que estaba enseñándole magia a otro niño cautivo.

Ya conocían a Lazran, así que no tuvieron razones para dudar.

—Ya se me hacía raro que fueras tan bonita… Así que medio elfo, ¿eh?

—dijo una de ellas.

—Eso no importa ahora.

¿Me cubrirán?

—Sí, pero no más de dos horas o nos arriesgamos demasiado.

—Gracias.

—Lo que sea con tal de salir de aquí algún día.

—Pensé que eran empleadas normales… —Ni en sueños.

Ese malnacido nos secuestró hace dos años.

—¿¡Dos años!?

—Sí.

Y no solo a nosotras.

Todos aquí son prisioneros, aunque no lo parezca.

—Pero nunca los he visto en el sótano… —Si eres obediente, no intentas huir y haces tu trabajo, te dan mejor trato.

Incluso una habitación dentro de la mansión.

Pero no te equivoques: seguimos siendo esclavos.

Al mediodía, me reuní con Lazran detrás de la casa y fuimos a un terreno baldío, algo alejado y oculto tras unos establos abandonados.

Comenzamos con las clases de magia ofensiva.

—Primero, debes usar tu maná para reunir viento en una pequeña esfera.

Junta todo lo que puedas y comprímelo.

—Ehm… ¿así?

Los primeros intentos salieron mal.

El viento no se concentraba en un punto y se dispersaba en ráfagas desordenadas.

—Intenta que el viento se quede en un solo sitio.

No es tan difícil.

—¡¿No es tan difícil?!

¡Moverlo ya es complicado y ahora quieres que lo junte!

—Yo aprendí eso cuando tenía cinco años.

—¡Presumida, lo sabías?

—Menos quejas, más práctica.

—Tch… Volvió a intentarlo.

Fracasó de nuevo.

El viento apenas se agrupaba.

“Tal vez no lo está visualizando bien…” —Imagina que tu maná es como una parte extra de tu cuerpo.

Como si tuvieras brazos nuevos.

—¿¡Brazos!?

¿Qué estás diciendo?

“No soy tan buena como Lonie enseñando… pero tengo que lograr que aprenda algo útil o no servirá de nada.” —Hasta ahora has aprendido a hacer corrientes de aire.

Eso es fácil: solo dejas salir el maná y lo empujas.

Ahora, en vez de dejarlo ir, debes contenerlo en la palma de tu mano.

—¿Contenerlo…?

—¿No sabes lo que es?

—¡Yo pescaba, no estudiaba!

¿Qué iba a saber de magia o de contención?

—¿Pescabas con red?

—Sí.

¿Por?

“Perfecto… Eso servirá.” —Imagina que tu maná es una red de pesca.

El viento son los peces.

No te sirve lanzar la red para alejarlos.

Necesitas atraparlos, juntarlos.

Así que, usa tu maná como la red y atrapa el viento.

—… ¿Atrapar el viento con mi maná como si fuera una red?

Lazran cerró los ojos.

Al principio, solo generó una brisa.

Pero poco a poco, logró concentrar el viento en un solo punto.

—¡Creo que lo logré!

—¡Sí!

Lo hiciste bien.

—Nunca imaginé aprender magia con ejemplos tan ridículos… —Los elfos usamos la imaginación para manejar la magia.

Si puedes imaginarlo, puedes hacerlo.

—Increíble.

—Será mejor que volvamos antes de que noten nuestra ausencia.

—Nos vemos más tarde.

—Hasta entonces.

—Oye… ¿de verdad tienes diez años?

—¿Qué?

Sí.

¿Por qué?

—Eres demasiado lista y madura.

Pareces una adulta atrapada en cuerpo de niña.

Además, a veces actúas como un chico… “¿Eso es lo que transmito…?” —Eso es porque soy una genio.

No saques conclusiones raras.

—De verdad que eres presumida —dijo Lazran, riendo mientras posaba la mano sobre mi cabeza.

Ese gesto me recordó a Therion… Al principio me hizo sentir bien, pero luego la nostalgia se volvió pesada.

Pensar que quizá aún me busca, culpándose por no haberme protegido, me parte el alma.

—Hmp.

Regresamos a nuestros lugares.

Por suerte, nadie notó nada.

Me asusté al entrar a la casa, pues un guardia me detuvo.

—¿Qué hacías afuera?

Ya lo había previsto.

Antes de salir, dejé un cubo vacío junto a la puerta.

Al volver, lo llené en el pozo.

—Solo fui por agua —dije, mostrando el cubo lleno.

El guardia me creyó y me dejó pasar.

Las chicas cumplieron su parte.

Todo iba bien.

Lazran aprendía rápido.

Si todo seguía así, pronto estaría listo para distraer a Kaelor.

Podría recuperar mi brazalete.

“Esta noche, seguiremos con el control del viento.

Y mañana… le enseñaré a formar una esfera ofensiva.

Si todo va bien, incluso podría mostrarle la cuchilla de viento…” —¡Iwaaaaahhhh!

—¿!Syrel!?

Antes de llegar al cuarto de las sirvientas, escuché claramente su grito desde la planta de arriba.

Subí de inmediato.

La hija de Lord Vhaelor la arrastraba del brazo hacia su habitación.

No sé si fue su expresión de dolor… o verla forcejeando con la cola caída… pero algo explotó dentro de mí.

—¡Suéltala!

¡PLAS!

Ni siquiera lo pensé.

Me acerqué, le grité, y le di una bofetada.

Esa mocosa, de unos doce años, delgada, malcriada, con sus coletas mal hechas, me miró en shock.

Luego, con furia.

Al notar que llevaba el uniforme de sirvienta, su rostro cambió por completo.

Sin decir palabra, intentó lanzarse sobre mí, pero me eché atrás.

Tropezó y cayó al suelo, golpeándose la cara.

—¿Estás… bien?

—pregunté.

—Uuuggghhh… No se levantaba.

Solo emitía esos quejidos.

Algo me decía que esto iba a acabar muy mal.

Le hice señas a Syrel para que huyera.

Ella corrió hacia una habitación cercana donde había otras niñas observando en silencio.

Y entonces, tras unos segundos de silencio… —¡IIIIWWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!

—¿Qué rayos…?

IIIIWWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

—¿Estás llorando?

No es para tanto… —¿Señorita, está bien?

No tardó en aparecer la primera sirvienta, llena de preocupación y visiblemente nerviosa.

Luego otra, y otra más.

En cuestión de segundos el lugar estaba lleno de mujeres tratando de averiguar qué había pasado.

Incluso Lady Draeleen apareció.

Para mí era evidente que aquella niña estaba fingiendo para perjudicarme.

Aquí quien merecía un castigo era ella, pero sabía que cualquier cosa que dijera no cambiaría nada.

Nadie me escucharía.

Así que decidí esperar en silencio el castigo que me tocaría.

Entre sollozos, logró decirle a la anciana que yo la había atacado por envidia mientras ella jugaba tranquila.

Todas las sirvientas me miraban.

Algunas lo hacían con duda, como si no creyeran del todo la historia, otras resoplaban, como si pensaran “no hay forma de que eso haya pasado”.

Pero la única que tenía la última palabra era Draeleen y ella me veía con total desconfianza.

—De verdad no sabes lo que has hecho, niña maleducada —dijo, frunciendo el ceño—.

Desde el primer momento que te vi pude ver cierta rebeldía en ti, y no me equivocaba.

Vendrás conmigo.

Lord Vhaelor será quien te castigue.

Solo mencionar su nombre bastó para que las demás sirvientas comenzaran a murmurar, aunque no pude distinguir qué decían porque todas hablaban a la vez.

Lady Draeleen me sujetó del brazo con fuerza y comenzó a caminar a paso firme hacia el despacho del lord.

Al llegar, la puerta estaba sola.

A esta hora del día, Lord Vhaelor solía pedir privacidad.

La anciana llamó, y tras un permiso breve desde dentro, entramos.

Él estaba recostado, con aspecto agotado, tal vez durmiendo o fingiendo que trabajaba.

Lady Draeleen me empujó al interior y cerró la puerta.

—¿Sucede algo, Lady Draeleen?

—Lamento interrumpir su descanso, pero encontré a su hija llorando en el pasillo.

Al parecer tuvo un altercado con esta niña.

Nunca ha pasado algo así, así que preferí consultarle sobre el castigo que crea conveniente.

—¿Por algo así?

—dijo él, soltando un suspiro y mirando hacia otro lado.

Luego se giró a verme con algo que parecía interés, lo cual solo me provocó incomodidad.

—Lady Draeleen, déjeme un momento a solas con ella.

—¿Disculpe?

—¿No me escuchó?

Salga de la habitación.

—Sí, Lord Vhaelor.

Mis disculpas.

La anciana salió y cerró la puerta tras ella.

Me quedé sola con el causante de todo este infierno.

Por un momento consideré si podría encontrar una manera de forzarlo a ordenarle a Kaelor que me devolviera el brazalete, pero la mayoría de las ideas que se me ocurrieron incluían puñales o cuerdas, y no, aún no me veía matando a nadie.

—¿Cómo te llamas?

—preguntó él.

—…Airen.

—¿Airen, eh?

¿Por qué no te sientas?

—Estoy bien así.

Me miró de una forma que dejaba claro que no aceptaría un “no”.

Odiaba a ese tipo de personas.

Sin ánimos de mostrar mi rebeldía habitual, simplemente obedecí.

Él sonrió como si todo fuera normal y comenzó a pasearse por la habitación.

—¿Qué tal tu estadía aquí?

—Terrible —le respondí con sinceridad.

—Entiendo.

Estás prisionera, después de todo.

Pero ¿sabes?

El problema es que crees que no perteneces a esta vida.

—¿Eh?

—El mundo está dividido en clases por una razón.

¿Te imaginas si un esclavo dirigiera un señorío o un reino?

Sería un desastre.

La gente que nace en la clase baja vive para servir a la alta.

Ese es su propósito.

“¿Qué estupidez está diciendo ahora?” —Pobres, esclavos, huérfanos, ladrones… Todos los niños que llegan a mí tienen algo en común: son ignorados.

Nadie se preocupa por ellos.

Yo los acojo.

Les doy un propósito.

¿No crees que soy bondadoso, Airen?

“Quiero pensar que no… pero seguro este idiota cree que soy una huérfana cualquiera, y aunque lo fuera, no tiene derecho a venderme como ganado solo porque nació en una mansión.

Qué pensamiento más retorcido.” —Puede que creas que te estoy arrebatando tu libertad, pero con el tiempo aceptarás el camino para el cual naciste.

“Mi familia tenía una vida decente.

No éramos nobles, pero tampoco miserables.

Aun así, no creo en eso de que el destino esté determinado por el nacimiento.

Cada uno puede cambiar su vida con esfuerzo.” Lord Vhaelor rodeó la silla donde estaba sentada y puso sus manos en mis hombros.

Me invadió un escalofrío.

—¿Y qué hay de mi castigo?

—pregunté, solo para terminar esto cuanto antes.

—¿Castigo?

Ah, por lo de mi hija… Es una tontería.

—¿Tontería?

—Esa niña llora por todo.

No le des importancia.

Pero tú… deberías esforzarte en tu trabajo.

Su cercanía me resultaba insoportable.

Deslizó sus manos lentamente de mis codos a mis hombros, hablando muy cerca de mi oreja.

Me daban ganas de golpearlo y acabar con todo, pero sabía que solo empeoraría mi situación.

Solo tenía que aguantar unos días más… —Verás, Airen, dentro de poco enviaré a casi todos los niños a otros lugares.

Irán a servir a nuevos señores.

Pero algunos se quedarán… los que me agradan, los que son útiles.

Y tú, Airen, creo que puedes ser muy útil para mí… Su voz sonó oscura.

Me recorrió un escalofrío aún más fuerte.

Algo en su tono no auguraba nada bueno.

—Bueno, no tengo nada más que decir.

Puedes irte.

Se apartó y se dejó caer en su sillón, cubriéndose el rostro con un sombrero.

Al parecer, iba a dormir.

Me levanté de inmediato y salí de la habitación.

Afuera, Lady Draeleen me esperaba.

Lo primero que hizo fue asomarse al interior.

Al ver que Vhaelor dormía, cerró la puerta.

—¿Qué te dijo Lord Vhaelor?

“¿Se molestará si le digo que me dejó ir sin más…?

Mejor invento algo.” —Que trabajaré el doble y me quedaré sin cena esta noche.

—Hmp.

Ha sido muy blando contigo.

“¿Blando?

¿Esta anciana esperaba que me colgaran del techo con cadenas o qué…?” Al parecer le creí, porque me dejó en el pasillo.

Cuando se fue, respiré aliviada.

Pudo haber sido peor.

No me arrepiento: esa niña necesitaba una lección.

Solo espero que no vuelva a molestar a Syrel.

El resto del día volví al trabajo.

Extrañamente, Lord Vhaelor ahora sí notaba mi presencia.

Me daba las gracias, me sonreía… Lejos de agradarme, todo esto me ponía de mal humor.

No importa cuán amable finja ser: sigue siendo un secuestrador, un esclavista y un monstruo.

Al regresar al sótano pude hablar con Syrel.

Me dijo que la hija del lord no la había molestado más.

Sin embargo, ahora la niña tenía una nueva víctima.

Siempre buscaría a alguien más débil.

Debería hacer algo al respecto… —¿Todo salió bien?

—preguntó Lazran.

—Sí.

No me descubrieron.

Tuve otros problemas, pero no por eso.

—Qué bien.

Oye… ¿es normal sentirse tan agotado?

—Sí.

Al principio, agota mucho.

Yo casi me desmayo la primera vez que usé magia.

Tú tienes más maná que yo entonces, así que no creo que te desmayes.

Con práctica, se te hará más fácil.

Le expliqué que al usar magia por primera vez solo se puede acceder a un 10% del maná total.

Esa cantidad crece con la práctica.

En los elfos, una vez se alcanza el 100%, puede ocurrir un “aumento de maná”, duplicando su capacidad.

—La cantidad de maná que posees debería ser, en teoría, el doble de la mía.

Pero como eres principiante, ahora mismo usas muy poco.

Es como un músculo: hay que ejercitarlo.

—Ya veo… ¿Entonces practicaremos esta noche también?

—Tengo una idea.

No es exactamente una práctica, pero también te ayudará a controlar tu maná.

Poco a poco, los niños fueron regresando a sus celdas.

Cuando todos estaban dentro, los criados trajeron la cena.

Pero por alguna razón, a mí no me dieron nada.

—¿Y yo?

—pregunté.

—Lo siento.

Ordenes de Lady Draeleen “Esa anciana… Aun cuando lo inventé, se aseguró de castigarme igual.

Maldita sea.” —Toma parte del mío —me ofreció Lazran, partiendo su pan.

Me conmovió.

—No hace falta.

Puedo comer mañana en la cocina.

—Dormir sin cenar es malo para una niña pequeña.

Come.

—Ignoraré eso de ‘niña pequeña’ solo por esta vez.

Gracias.

—Te trato como lo que eres —rió.

Acepté el pan.

Estaba duro, sabía horrible, pero me sentía agradecida.

Luego de que los guardias se marcharan, Lazran preguntó por el entrenamiento.

—Sí.

Como hace calor, hoy practicarás control de flujo de maná.

Vas a mover una corriente de aire por todo el sótano, de ida y vuelta.

Como un aire acondicionado.

—¿Aire acondicionado?

¿Qué es eso?

Suena genial.

Le expliqué que debía generar una corriente continua de aire, sin detenerla.

Dudó, porque los demás podrían notarlo.

Pero lo convencí diciéndole que solo los Varnaleth podrían percibirlo, y aun así, no verían nada.

El viento no se ve.

Además, este ejercicio le ayudaría a desarrollar control a distancia, algo esencial.

Así que, esa noche, el sótano entero fue refrescado por un viento suave, y Lazran dio un paso más hacia el dominio de la magia… —Bueno… lo haré entonces.

Lazran comenzó a acumular maná y el viento alrededor nuestro comenzó a moverse.

Luego lo hizo correr hacia las celdas cercanas, pero pude notar cómo perdía fuerza a poca distancia.

—Imagina el recorrido que hará el viento y usa tus manos para guiarlo.

El maná puede salir de cualquier parte del cuerpo, pero suele ser más fácil controlarlo desde las manos.

En magias como la de agua y viento se usan movimientos con las manos para dirigir las corrientes.

El fuego y las rocas suelen usarse para atacar rápido y directamente, por lo que solo se usan las manos para crear y apuntar.

—Creo que lo tengo.

Lazran había conseguido que la corriente de viento fuera constante.

Tal como quería, había conseguido mi aire acondicionado.

El sótano se estaba refrescando y empezaba a ser agradable.

Se oían murmullos de los demás niños que se preguntaban qué sucedía.

Tal como había pensado, solo cinco se percataron de que nosotros éramos los responsables.

Cinco pares de ojos levemente brillantes nos miraban fijamente.

Eran los Vanthraan, los únicos aparte de nosotros que podían ver en la oscuridad.

No parecían molestos, sino más bien agradecidos.

Aparte de Syrel, que tiene cinco años, también hay otra niña de unos doce.

Los demás son chicos de entre catorce y dieciséis años.

Tras unos minutos todos se quedaron en silencio y aprovecharon el momento agradable para dormir.

Fue una noche fresca y tranquila que me hizo olvidar por un momento que estaba secuestrada en un sótano muy lejos de casa.

Ya habían pasado diez días desde que me habían traído a este lugar.

Las clases de magia con Lazran iban muy bien.

Ya era capaz de hacer la bola y la cuchilla de viento.

Esta última no corta armaduras, pero puede causar cortes superficiales en madera.

Aprende bastante rápido.

Creo que ya tiene habilidad suficiente para enfrentar a los guardias.

Ayer comencé a enseñarle cómo crear un pequeño tornado.

Más que todo para situaciones en las que esté rodeado.

Es difícil, necesita mover el viento muy fuerte y rápido alrededor suyo.

Por otro lado, yo no me encuentro tan bien.

Lord Vhaelor ha pasado de sonreírme a tocarme siempre que puede.

Al principio apenas me tocaba el hombro, pero luego comenzó a pasar sus manos por mi espalda y brazos.

Claramente estoy camino a la peor situación posible.

Cada vez que me toca se me eriza la piel.

Me disgusta su tacto.

He resistido lo posible, pero desde hace dos días me ha pedido que me quede con él después de que las otras chicas se van.

De momento solo bebe y habla, dice que le gusta tener conversaciones conmigo, pero yo apenas hablo de lo incómoda que es la situación.

Falta poco para el plan de escape, así que intento aguantar.

—Cuatro días más… —susurré.

—¿Qué?

—Ah, solo pensaba en voz alta.

Faltan cuatro días para que nos lleven de aquí.

Tenemos que hacer el ataque un día antes.

—Sí, ¿ya hablamos de eso no?

En tres días escapamos.

Ayer hablamos con los chicos mayores.

Les contamos parte del plan.

Ellos deben crear una distracción tratando de escapar o atacando a los guardias.

No los matarían, ya que son importantes para el “negocio” de Lord Vhaelor.

Nosotros solo necesitamos que los distraigan mientras Lazran y yo enfrentamos a Kaelor.

Ocultamos que Lazran sabe magia.

Puede que los Vanthraan lo sospechen, pero no lo saben con seguridad.

El plan es que, al anochecer, cuando regresen al sótano, los chicos mayores creen la distracción y nosotros atacamos a Kaelor.

Una vez que recupere mi magia podré encargarme del resto.

El día transcurrió con normalidad hasta la noche.

Como de costumbre, al final del día, Lord Vhaelor cenaba en su despacho.

Era lo último que debía hacer antes de irme.

Aunque quizá me pidiera quedarme una hora más como en los últimos días.

—¡Iah!

—¡Ioh, lo siento!

Una de las chicas tropezó conmigo mientras repasaba el plan mentalmente.

Derramó sobre mí una bebida para Lord Vhaelor.

Era alcohólica y olía muy fuerte.

—No te preocupes, solo tengo que cambiarme de ropa.

—Yo… de verdad… lo siento mucho.

—No estés tan mal.

No es gran cosa.

“Ni siquiera es mi ropa.” Ella se veía muy arrepentida.

No dejaba de mirarme y mirar a Lord Vhaelor.

Seguro estaba preocupada por su reacción.

Él, algo ebrio, solo sonrió y dijo: —No pasa nada.

Pero no quiero que me sirvas oliendo así.

Ve a cambiarte de uniforme y tráeme otra botella de vino.

“Pero si huele más él que yo… bueno, como sea.” —¿Ves?

No hay de qué preocuparse.

—Yo… realmente… Salí del despacho y fui a la habitación de la servidumbre.

No había más uniformes que me quedaran.

Solo había trajes enormes y uno pequeño, negro, sin mangas, con escote y falda por encima de la rodilla.

“Definitivamente no saldré así… y mucho menos frente a ese viejo verde… ¿por qué me lo puse siquiera?” —Airen.

—Bell… ¿qué haces aquí?

Ah, sobre esta ropa… —Lord Vhaelor quiere su bebida.

Solo vine a avisarte.

—¿No hay otro uniforme limpio?

—Lady Draeleen los llevó todos a lavar.

Eso que llevas es de la señorita Graelia.

—¿La hija de Lord Vhaelor?

¿Y por qué está aquí?

No importa, ¡no puedo salir así!

—No hagas esperar a Lord Vhaelor… sobre todo, no lo desobedezcas.

—Oye, ¿y por qué no se lo llevas tú?

—Yo tengo cosas que hacer, lo siento de verdad… —dijo antes de salir corriendo.

—¡Bell, oye!…

rayos… “Espero que esté demasiado ebrio como para notar esto.” Fui a la cocina, tomé la botella de vino y me dirigí al despacho.

Me paré en la entrada, respiré hondo.

Ya casi era hora de regresar al sótano.

Solo debía entregarla y podría irme.

Al entrar, solo estaba Lord Vhaelor.

Me quedé de pie sin saber qué hacer.

Me pidió la botella sin expresión.

Me alivió.

Caminé y la dejé en el escritorio.

Entonces escuché el sonido de la cerradura.

La puerta se había cerrado con llave.

—Sabes, Airen… Lord Vhaelor se levantó, copa en mano, y comenzó a caminar.

Yo retrocedí hacia la puerta.

—Trato bien a los que me sirven.

Les doy regalos, privilegios.

Había considerado que te quedaras a mi servicio.

“Ni en sueños.” —Aun así, pareces no estar contenta con mi amabilidad.

—¿Usted planeó esto?

—señalé el vestido y la puerta—.

¿Qué pretende?

—¿No te gusta?

Pensé que te verías bien con otra ropa.

Seguía caminando.

Yo, pegada a la puerta.

Sentía cómo su presencia se volvía más inquietante.

—Algunos dirían que no eres más que una niña.

Pero yo veo más allá.

Estás en la edad en que comienzas a ser mujer.

¿Quieres serlo, verdad?

—No tengo prisa.

—No tienes de qué asustarte.

Confía en mí.

Sé lo que quieres y lo que es mejor para ti.

“No es más que un viejo pervertido.” La atmósfera cambió de golpe.

Lord Vhaelor arrojó su copa al suelo y su mirada se volvió amenazante.

Me estremecí.

—Intento ser amable contigo y tú me insultas.

Supongo que a la clase baja se le debe tratar como tal.

Comenzó a quitarse el cinturón y a enrollarlo en la mano.

Mi corazón latía con fuerza.

Caminó hacia mí, quiso golpearme.

Salté al lado contrario y corrí al otro extremo, usando el escritorio como escudo.

Me miró sorprendido.

No esperaba que me moviera.

“Habrá bloqueado mi magia, pero no mi agilidad.” Se puso violento, volcó el escritorio.

—¿De verdad creías que podrías huir de mí con ese ridículo plan?

—¿¡Qué!?

“¿Cómo lo sabe?” —JAJAJA.

¿Pensaste que sería tan fácil?

¿Organizar a esos mocosos?

Vaya estupidez.

¿Te digo lo mejor?

Ya deben estar de camino a Ondull.

—¡Imposible!

¡Aún faltan cuatro días!

—Así que lo sabías… alguien habló.

“¿Quién fue?

¿Una de las chicas?

¿Me engañaron?

¿Por qué la gente me traiciona cuando intento ayudarlos…?” —¿Recuerdas que preguntaste por tu castigo?

Ha llegado el momento, Airen.

Lord Vhaelor comenzó a desvestirse.

La escena me causó asco y miedo.

Sin magia, con mi poca fuerza física, solo tenía mi agilidad.

Pero no sabía cuánto podría esquivar.

Tenía un nudo en la garganta.

Miré desesperadamente en busca de algo.

“Nada útil.

Solo libros y papeles.” —Ya es hora.

Solo déjate llevar.

Seré amable.

“Maldito viejo verde.” Vi una cortina.

Pensé que quizá era una ventana.

Si saltaba, rompería el cristal y escaparía.

Quizá me cortaría, pero podría curarme luego.

“No tengo otra opción.” Me cubrí la cabeza y corrí con fuerza hacia la cortina.

Salté… ¡Pum!

Todo giraba.

Me dolía la cabeza y los brazos.

—JAJAJA.

Pensaste que era una ventana.

Por eso la clase baja siempre será la clase baja.

—¡Hiahhhh!

Me agarró del cabello y me levantó.

Me golpeó con el cinturón varias veces.

Por suerte, se cansó rápido.

Pero el dolor era real.

Intenté liberarme, pero me sujetaba con fuerza.

“¿Esa ventana…?

¿Qué pasó?” Miré las cortinas.

Detrás había un enorme cuadro.

No una ventana.

La esperanza se desplomó.

“Estoy atrapada.

Y me han capturado.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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