Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Airen: Poder y Leyenda
  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 — Desastre Liberación y Tragedia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capítulo 17 — Desastre, Liberación y Tragedia 17: Capítulo 17 — Desastre, Liberación y Tragedia -¡Nooo!

A la fuerza él me arrastró hasta el sillón y tras aventarme a él, me sostuvo ambas manos por encima de mi cabeza y se puso encima de mí, apresando mis piernas con su pesado cuerpo.

—Veamos qué escondes aquí.

Tras decir eso, llevó su mano derecha a mi pecho y de un tirón arrancó la parte frontal del vestido, dejando todo mi pecho al descubierto.

—Oh, vaya, pensé que no habría nada que ver, pero tienes más de lo que aparentas, jajaja.

En un par de años tendrás un cuerpo magnífico.

—¡Basta!

¡Por favor, nooo!

Kaelor reía descaradamente mientras yo, a llanto abierto, le pedía que parase.

Trataba de liberar mi cuerpo, pero por más que me retorciera, no podía escapar.

Cuando puso su mano sobre mi pecho, sentí que iba a vomitar y entré en pánico, hiperventilando mientras gritaba lo más fuerte que podía.

—¡AYUDA!

¡ALGUIEN, AYUDA!

¡PAPÁ, THERION!

¡POR FAVOR!

—Jajajaja, nadie vendrá.

—¡¡BUAAAAHHH!!

¡¡AYUDAAAA!!

Lloraba como una niña mientras Kaelor se reía en mi cara.

Ni siquiera cuando estuve al borde de la muerte me sentí tan asustada como en ese momento.

Impotente, frotaba su mano en mi pecho con total libertad sin que yo pudiera hacer nada más que llorar y pedir ayuda.

¡BAM!

—¿Eh?

—¡Airen!

Tras un fuerte estruendo, escuché la voz de un chico llamarme.

Estaba tan exaltada que el primero en quien pensé fue en Therion, pero luego reconocí que se trataba de Lazran.

Estaba muy agitado, con sangre en su cabeza, mirando por la habitación seguramente buscándome.

En cuanto me vio, abrió mucho los ojos, su cara se tornó sombría y amenazante.

Era la primera vez que veía así a Lazran.

—¿Qué cre—¿ ¡BAM!

Otro fuerte estruendo sonó, esta vez cerca de mí, y pude sentir cierta presión del viento que me hizo cerrar los ojos.

Luego, cuando los abrí, Kaelor ya no estaba.

Miré a mi alrededor y Lazran estaba parado en el mismo lugar con la mano extendida hacia donde yo estaba.

Miré atrás de mí y ahí estaba Kaelor en el suelo, inconsciente y debajo de una pila de libros y estanterías rotas.

“¿Qué pasó?

¿Eso fue magia de viento?” —Airen… ¿estás… estás bien?

—dijo Lazran, a quien le faltaba el aliento.

—Lazran… ¡Buaaaahhh, Lazraaaan!

Me desplomé sobre él, llorando.

A pesar de ser mentalmente más madura, la situación que acababa de vivir fue horrible y no pude evitar romper en llanto.

Mi cuerpo aún temblaba y todavía tenía la horrible sensación de antes.

Lazran solo se quitó la camisa, me cubrió con ella y me abrazó mientras trataba de calmarme.

—Lazran… snif, gracias.

—Ni lo menciones.

Deja de llorar, pareces una niña en lugar de mi maestra.

—Snif… mm… snif… sí, perdón.

—Vamos, no ha terminado todavía.

Si no nos damos prisa, nos atraparán.

“Debo calmarme.

No ha terminado todavía.” —Tienes razón… tenemos cosas que hacer.

—Esa es la Airen que conozco.

—¡Vamos!

Dejando la escena pasada atrás, salimos del despacho y corrimos para enfrentar al verdadero enemigo y el más peligroso: Kaelor.

Íbamos corriendo por el pasillo de la casa.

Recientemente nos encontramos con un guardia, pero tal como pensaba, Lazran pudo encargarse de ellos con magia de viento.

Tras enviarlos a volar con una fuerte ráfaga, los golpeaba en la cabeza con un palo mientras aún estaban desorientados.

—¿Qué fue eso de antes?

—pregunté.

—¿Qué cosa?

—El estruendo que usaste para romper la puerta y salvarme.

—Eso… solo usé la bola de viento que me enseñaste.

¿Ah, sí?

No suele ser tan fuerte ni tampoco hace ese sonido.

—Lo sé.

Antes no lo hacía, solo que cuando te vi ahí… por un momento perdí el control.

No estoy muy seguro de cómo lo hice.

“Mmm… es la segunda vez que pasa algo parecido… momentos en los que alguien usa un tipo de magia desconocido sin saber cómo.” —Por cierto, ¿cómo es que llegaste a buscarme?

¿Y por qué estás herido?

Lazran comenzó a explicarme lo que había pasado.

Justo después de terminar la jornada de trabajo y cuando parecía que los llevaban de nuevo al sótano, los detuvieron y comenzaron a meterlos en grandes carruajes.

Lazran se dio cuenta entonces de que habían adelantado el día del viaje y atacó a los guardias con magia, aprovechando que Kaelor no estaba presente.

—Había muchos guardias y estaban organizados, como si supieran que íbamos a hacer algo.

—Al parecer alguien nos delató.

—¿¡De verdad!?

No pensé que alguien fuera a hacerlo.

—Ni yo, pero así fue.

¿Qué hay de los chicos?

¿Los ayudaste a escapar?

—Logré abrir algunos carruajes, pero había muchos guardias y apenas podía defenderme.

Además, capturaron a casi todos los que liberé.

—¿Quiénes escaparon?

—Solo los chicos Vernaleth.

Era peligroso, así que les dije que huyeran hasta llegar al bosque, que no me esperaran.

—¿Entonces Syrel está con ellos?

—¿Syrel es la pequeña?…

Lo siento, la mayor escapó, pero la pequeña no pudo… está con los demás niños.

—Tsk… tenemos que encontrarlos.

No dejaré que vivan una vida de esclavos.

Corrimos hasta salir de la casa.

Nada más poner un pie fuera, nos rodearon decenas de guardias que nos apuntaban con sus lanzas y se acercaban lentamente a nosotros.

Detrás de ellos estaban seis grandes carruajes; cada uno de ellos seguro tenía alrededor de veinte niños.

Estaban siendo preparados y parecía que faltaba poco para iniciar el viaje.

—Lazran, tornado.

—Lo intentaré.

Me acerqué a Lazran y me aferré a él por la cintura.

Entonces se concentró y extendió los brazos a ambos lados, como le había enseñado.

El viento a nuestro alrededor empezó a moverse, primero lento y suave, apenas levantando polvo, pero rápidamente comenzó a ganar fuerza.

No era tan fuerte como esperaba —yo creí que mandaría a volar a todos—, aun así, era un viento poderoso que desequilibraba a los guardias y levantó una gran cantidad de polvo que dificultó la visión para todos.

—Aprovechemos ahora.

—Sí.

Corrimos hacia el frente entre la nube de polvo.

Lazran golpeó a los guardias que nos estorbaban el paso y así cruzamos hasta llegar al carruaje más cercano.

—Hay que darse prisa —dije.

—Lo sé.

Lazran comenzó a usar cuchilla de viento para tratar de cortar la cerradura, pero esta, al ser de hierro, no sufrió ni un rasguño.

—Rompe la puerta entonces.

—Podría herir a alguien.

—Les avisaremos.

Me acerqué a la puerta y grité fuerte para que me escucharan los niños dentro: —¡ALEJENSE DE LA PUERTA!

Esperamos unos segundos y después Lazran usó magia en la puerta.

Tras el ataque de viento, la puerta no se partió, pero sí se rajó lo suficiente para poder romperla a golpes.

—¡Corran lejos de aquí!

Todos los niños que iban saliendo empezaron a correr fuera de las murallas.

Nosotros íbamos a seguir con el siguiente carruaje, pero entonces el polvo ya se había disipado.

Esperaba que los guardias nos rodearan de nuevo, pero lo que vi fue un caos: —¡FUEGO!

¡Se quema la casa!

¡Traigan agua!

Los guardias que antes nos rodearon ahora estaban demasiado ocupados tratando de extinguir el fuego que se propagaba por todo el lugar.

Analicé un poco la situación y llegué a la conclusión de que cuando Lazran hizo el tornado, el viento levantó el heno del ganado y este se quemó al pasar por las antorchas, provocando así llamas repartidas por todo el lugar.

—¡Lazran, vamos rápido!

—¡Sí!

Corrimos hacia el segundo carruaje y también liberamos a los niños.

El fuego se propagaba sin control gracias al viento, así que si no nos dábamos prisa nos quedaríamos atrapados.

Abrimos el tercer carruaje y ahí se encontraba Syrel.

—¡Airen!

—Syrel, ¿estás bien?

—Sí.

—Tienes que correr lejos.

—Pero no sé a dónde ir.

—Espérame afuera, pero no te quedes muy cerca de aquí.

Yo te buscaré después.

—Bien.

Ella se fue luego de eso.

Le dije que me esperara, pero no sé a dónde tendré que llevarla después.

Las ciudades Vernaleth están muy al norte y yo tenía pensado primero ir a Pyrenhal.

Quizá pueda llevarla conmigo y pedir a alguien que busque a su familia.

—Vamos al cuarto carruaje.

—Sí.

—¡Diosa de la tierra, tu poder es mi fuerza y mi voluntad, concédeme tu gracia!

Al escuchar esa voz conocida y ese característico cántico, de inmediato supe que era Kaelor.

Justo después de terminar su frase, un muro de tierra se elevó frente a nosotros, cortándonos el paso.

—Aprovechando que no estaba, han causado un verdadero desastre ustedes dos.

Me gustaría saber cómo lo han hecho.

Él sonreía, pero su mirada era pura hostilidad.

Además, sostenía su espada en su mano derecha, y podía notar que apretaba la empuñadura con fuerza, como si estuviera muy molesto.

Miré su muñeca izquierda y ahí se encontraba el brazalete que era la llave para quitarme el collar.

—Lazran… —Lo sé.

—¿Qué es esto?

¿No me digas que piensan enfrentarme?

Debe ser una broma.

—¡Ahora!

A mi señal, y tal como lo habíamos ensayado, Lazran usó magia de viento frente a Kaelor para levantar el polvo y que este le entrara en los ojos.

Era una táctica rastrera, pero no había tiempo para luchar con honor.

—¡Agh!

¿Qué…?

Kaelor se frotaba los ojos, y en ese momento yo aproveché para correr y esconderme.

Mis pasos eran silenciosos y, con el ruido del lugar, Kaelor no sabría a dónde me había ido.

Solo tenía que esconderme y esperar el momento justo en el que estuviera distraído con Lazran para atacarlo por detrás y quitarle el brazalete sin que se diera cuenta.

—¿Qué diablos fue eso?

¿Fue magia?

¿Desde cuándo tú…?

“Al parecer él nunca ha visto la magia de los elfos.” Lazran se acercó rápidamente y pretendía golpearlo con el palo que llevaba, pero con un movimiento veloz de su espada Kaelor lo cortó en dos.

Por suerte, Lazran no resultó herido, pero ya podía ver mejor y era claro que era muy hábil con la espada.

Repetía el mismo movimiento con la magia de viento, pero esta vez Kaelor se cubrió la cara y se movió.

—Trucos infantiles no funcionarán conmigo de nuevo —dijo él.

—Ya lo veremos.

Lazran se acercó a una espada que estaba en el suelo y la levantó.

Pretendía enfrentarlo en una pelea con espadas, aun sabiendo que no tenía la misma habilidad.

Kaelor hizo una mueca de burla y sonrió.

Lazran se abalanzó hacia él y fue detenido fácilmente.

Yo, que he entrenado algo de esgrima en clase, noté la falta de técnica de Lazran.

Él nunca había sido adiestrado.

Me exalté al pensar que Kaelor aprovecharía para matarlo, pero no lo hizo.

Tras frenar su ataque, le dio una patada en el pecho y lo tiró al suelo.

—¿Es lo mejor que puedes hacer?

Vamos, levántate.

Al parecer, Kaelor pretendía castigar a Lazran antes de matarlo, así que decidí aprovechar ese tiempo para acercarme.

Poco a poco me movía entre los arbustos y objetos buscando una buena posición, aunque tenía que quedarme quieta por segundos cuando pasaban guardias.

También tenía otra preocupación: solo había liberado 3 de los 6 carruajes.

Aún quedaban cerca de 30 niños y niñas por salvar.

Me angustiaba tanto que me temblaban las manos.

No solo era el miedo a que se los llevaran; también el fuego.

Los guardias no lograban apagarlo, y algunos criados y sirvientas ya habían escapado aprovechando el caos.

Si no recuperaba pronto mi magia, esos niños se quemarían vivos.

Y ese incendio, al final, era mi culpa.

—¡Gah!

—Empiezas a aburrirme, niño.

Kaelor empezaba a presionar más.

Lazran estaba muy maltratado, exhausto por usar magia tanto tiempo.

Me equivocaba al pensar que solo ganaba tiempo.

Él ya no tenía fuerzas para seguir.

“Es ahora o nunca.” Viendo que Kaelor estaba en buena posición y concentrado, decidí apostar por ese momento.

Salí de mi escondite, corrí hacia él lo más rápido y silenciosamente posible, logré tomar el brazalete con mis manos, pero los nervios me traicionaron.

Me costaba quitárselo.

—¡¿Pero qué?!

¡Aléjate!

—¡Ghh juah!

Kaelor se sorprendió y me dio un fuerte golpe en la cabeza con la empuñadura de su espada.

Me dejó mareada.

Al mismo tiempo, me pateó en el pecho, lanzándome varios metros.

Sentí un crujido y un terrible dolor: una costilla fracturada.

Moverme era tortura.

Solo podía retorcerme en el suelo.

—¡Airen!

—¿A dónde crees que vas?

¡No hemos terminado!

—Maldito… Cerré los ojos y apreté los dientes.

No era como en los entrenamientos.

Este dolor era real, insoportable.

Y peor aún era la sensación de fracaso.

No veía la pelea, pero por los sonidos sabía que Lazran caía una y otra vez.

Su respiración agitada lo delataba.

“Él está en su límite y aun así sigue luchando… Yo no puedo quedarme así.” —Esto ya ni siquiera es divertido.

Terminemos de una vez.

Decidí seguir.

Abrí los ojos.

Lo primero que vi fue el suelo… y el brazalete.

Estaba ahí, a solo un metro de mí.

Probablemente lo había soltado Kaelor al patearme.

“¿El brazalete?

¡El brazalete!” Avanzar hacia él fue como cruzar un abismo.

Me arrastré entre espasmos y lágrimas, pero lo alcancé.

No sabía cómo funcionaba, pero lo acerqué a mi collar.

Cling El collar se partió en dos al instante.

Sentí mi cuerpo más ligero.

Un hormigueo cálido me recorrió por dentro.

Mi maná fluía otra vez.

—¡Por fin!

Después de tanto martirio, recuperé mi magia.

Nunca la había valorado tanto.

Tenía muchas cosas que hacer, pero lo primero era curarme.

Era la primera vez que usaría magia curativa en mí misma.

Puse mi mano sobre la costilla rota y dejé fluir el maná.

“¡Sí… está fluyendo!” La magia curativa me permitía sentir el interior de mi cuerpo como si lo viera.

Visualicé la fractura.

No podía curarme por completo —tomaría tiempo— así que sellé la grieta y dejé que el resto sanara por sí mismo.

Ya no me dolía tanto.

Podía moverme.

—¡Lazran!

Ya recuperé mi… Cuando lo vi, me congelé.

Estaba de pie, con la espada de Kaelor atravesándole el pecho.

El tiempo se detuvo.

Todo se volvió silencio.

No comprendía.

No quería aceptar.

Sentí que el alma se me partía.

—Ghh… A… i… ren… Lazran me miró con dificultad.

No había odio en su mirada.

Había miedo.

Y tristeza.

Fue el detonante final.

Toda mi furia se desató.

—¡AAAAAAAAAHHHHHHHH!

—¿¡Qué…!?

Brum!

Mi maná se convirtió en llamas.

Una llamarada roja salió de mí.

La lancé hacia Kaelor a toda velocidad.

Evité alcanzar a Lazran por poco.

Kaelor cayó, envuelto en fuego.

Gritaba, pero no se quemaba del todo.

Usaba magia de refuerzo.

Pero no bastaba.

—¡¿Gaaah?!

¿¡Qué diablos es esto!?

Rodó para apagar el fuego.

Su ropa chamuscada, la piel marcada.

Pero no se detenía.

Buscó su espada, aún clavada en Lazran.

Dio un paso y le lancé otra llamarada, que esquivó por poco.

Estalló a lo lejos.

—Diosa del fuego, poderosa y— No lo dejé terminar.

Una ráfaga de viento lo levantó, y antes de que cayera le lancé dos bolas de fuego.

Cayó otra vez, envuelto en llamas.

—¡Capitán!

Varios guardias lo rodearon, apagaron el fuego y lo ayudaron a ponerse de pie.

Doce guardias armados seguían dispuestos a luchar.

—¡Maten a esa niña!

—Pero capitán… —¿¡NO ME OÍSTE!?

¡MATENLA!

—S-sí… Me rodearon, lanzas en mano.

Sabía que lo que estaba por hacer podía matarlos.

Ellos no usaban magia de refuerzo.

Pero no pensaba con claridad.

Junté todo el maná que pude, levanté las manos sobre mi cabeza.

Creé una bola de fuego compacta y azul brillante.

Luego otra, y otra, y otra más, hasta rodearme de esferas mágicas.

Sin dudar, las lancé en todas direcciones.

-¡AAAAAHHHH!

Nada más al impactar al primer guardia, la pequeña bola de fuego azul estalló fuertemente envolviendo en llamas al hombre que solo pudo correr y revolcarse en el suelo, sin embargo las llamas rápidamente lograron reducirlo, lo mismo con los demás que fueron impactados, se convertían en bolas de fuego andantes para luego morir segundos después.

Había matado a alguien… usando mis propias manos había arrebatado la vida de no solo uno, sino varios hombres y de la manera más cruel, pero lo peor es que no estaba sintiendo remordimiento, aun cuando las llamas calcinaban a esos guardias que ya ni siquiera me estaban rodeando, aun cuando intentaban escapar, seguí lanzando bolas de fuego hasta que deje de escuchar gritos.

Miré a mí alrededor un segundo y sin prestar atención a nada más encontré a Lazran, me acerqué a él y con tristeza tomé la espada que atravesaba su pecho y la retiré.

-¡cogh, cogh!

-¡Lazran!

Miré a Lazran y este milagrosamente seguía vivo aunque estaba perdiendo demasiada sangre y se veía muy pálido, tratando de controlar mis nervios me acerqué a él y puse mis manos sobre su herida.

“Maldición, cálmate ya.” Estaba temblando de los nervios y apenas podía controlar mis manos, respiré hondo y cerré los ojos.

Al comenzar a enviar maná a la herida de Lazran percibí la borrosa imagen de su interior.

Alguien normal no entendería absolutamente nada de esa proyección, y las clases de magia curativa que he recibido hasta ahora no habían llegado hasta este punto.

—Bien… puedo hacerlo… lo haré.

Dije eso en voz alta para motivarme y comencé el proceso de sanación.

Por lo que pude sentir de Lazran, su corazón no había sido dañado de milagro ni tampoco alguna arteria importante.

Lo más grave era un corte en un pulmón, el cual comencé a sanar.

El proceso fue lento y agotador, me tomó casi una hora sanar esa herida y los músculos cercanos.

Solo faltaba sellar la herida para que no se infectara.

“Tengo suerte de estar en un lugar lejos del fuego.

Si hubiera tenido que moverlo seguramente habría empeorado.

Ahora está mejor, pero necesito cerrar la herida o seguirá sangrando.” —Ai… ren… lo… —¡Lazran, no hables aún!

—Los… —¿Los?

—Lo… ni… —¿No entiendo?

—Los… ni…ños… ¿están… bien?

Sentí una puñalada en el pecho al escuchar a Lazran.

Me quedé como una piedra… me había olvidado por completo de los niños de los tres carruajes que no llegamos a abrir.

Me puse de pie de inmediato y corrí a toda velocidad al lugar donde estaban antes.

—No… no puede ser… Caí de rodillas al ver dos de los tres carruajes envueltos en llamas.

No había pasado mucho y seguramente se empezaron a quemar después de que recuperé mi magia, pero ahora ya no eran más que una pila de escombros carbonizados.

No me atreví a acercarme para verificar los cadáveres, no tenía el estómago para ver algo así.

Aun así, y aunque me sentía fatal, no derramé ni una lágrima.

“Si los hubiera salvado entonces Lazran habría muerto.” Ese pensamiento cruzó mi mente a modo de consuelo.

Sé que una vida no es equivalente a la vida de 20 niños, los otros 10 seguramente fueron llevados por los guardias de Lord Wennen antes de que se quemara.

Seguramente terminarán en Ondull siendo vendidos como esclavos.

Lo peor de todo es que, en el fondo, sentía que lo volvería a hacer.

Me sentía capaz de abandonar de nuevo a esos niños para salvar a Lazran, quien se había ganado mi afecto, y eso me hacía sentir terrible.

Regresé con Lazran y mientras cruzaba el camino cubierto de cadáveres calcinados, cadáveres de personas que murieron por mi mano… “He… he matado personas…” Tras pensar en lo que había hecho, mi estómago se contrajo y comencé a vomitar.

Mi cuerpo entero temblaba y me sentía como si me fuera a desmayar.

Me forcé a seguir caminando hasta llegar a donde estaba Lazran y continué curándolo.

Él volvió a preguntar por los niños, pero yo no dije nada.

En total estuve más de dos horas tratando la herida de Lazran hasta que pude cerrarla por completo.

Aún no tengo la habilidad suficiente para no dejar cicatriz, así que le quedó la marca en el pecho.

Tampoco puedo regresarle la sangre perdida, así que aún está débil.

—Eres… increíble, ahora veo… por qué eres tan presumida —dijo Lazran en voz baja.

—No soy nada increíble.

—Lo eres.

—No… nada increíble… nada.

Le dije eso y me dejé caer al lado suyo.

Había gastado toda mi maná y ya no me quedaban fuerzas para nada más.

Solo me acosté a su lado y cerré los ojos.

Había sido un día demasiado difícil y, aunque había logrado recuperar mi libertad, no me sentía en lo absoluto feliz.

Solo me quedé ahí en el suelo a la par de Lazran y en medio de una hacienda en ruinas.

Cuando abrí los ojos me deslumbraron la luz del sol.

Tras adaptarse mis ojos miré a mi alrededor y supe que me encontraba bajo la sombra de un árbol en una pradera llana cubierta de pasto verde y árboles a lo lejos.

Dejando de lado la sensación de déjà vu de que esto ya lo había vivido, me puse de pie y busqué a Lazran, pero no lo veía por ningún lado.

—¡Jau!

De repente algo duro me golpeó en la cabeza y me dolió mucho.

Miré qué había sido y vi que se trataba de una manzana.

Cuando volteé a ver arriba me encontré a Syrel subida en la copa del árbol, el cual era un manzano.

Sonreía tímidamente y algo nerviosa.

Seguramente había dejado caer la manzana por accidente.

—Lo siento mucho… —¡Syrel!

Syrel se apresuró a bajar del árbol y, a pesar de ser una niña tan pequeña, se mueve muy ágilmente.

Al bajar caminó al otro lado del árbol y trajo consigo tres manzanas más y me las ofreció.

—Gracias, la verdad es que tengo mucha hambre.

¿Cómo es que estás aquí?

—Dijiste que te esperara.

—Ah, cierto… lo dije.

“Lo había olvidado.” —¿Y Lazran?

—Él se fue por ahí al amanecer.

Solo me dijo que me quedara contigo aquí y que volvería.

—¿Al amanecer?

Miré al cielo y casi era mediodía, debe haberse ido hace unas seis horas.

—¿Estará bien?

¿Ahí estaba la casa?

—¿La casa?

¿Te refieres a la hacienda?

—Sí, él regresó por el mismo camino por el que habíamos venido.

—¡Vamos a buscarlo!

Corrí por la dirección que me había dicho Syrel y descubrí que no estaba muy lejos.

Nada más al pasar una colina pude ver los largos muros de la propiedad de Wennen.

El fuego ya debe de haber consumido todo, pero aun salía humo.

Me empezaba a preguntar para qué había venido Lazran aquí.

Entonces supe la razón.

Un poco más lejos del muro estaba Lazran sentado en la tierra y delante de él numerosos bultos de tierra.

De inmediato supe qué había pasado: Lazran regresó para sacar los cuerpos calcinados de los niños y sepultarlos.

Me detuve a unos metros de él.

Lazran había visto los cuerpos quemados y temía que me culpara de ello.

No puedo negar que pude haber evitado sus muertes.

No sé qué tan apegado era con los demás, pero para que haya venido aquí a darles a todos una sepultura es que debieron haber sido queridos por él.

Pensar en todo esto solo hace que me sienta más culpable.

—Solo habían dos carruajes… —él rompió el silencio diciendo eso.

No se dio la vuelta, pero de algún modo podía sentir su tristeza.

—Sí… el tercer carruaje… posiblemente se los hayan llevado a Ondull.

—Ya deben estar muy lejos.

No hay manera de alcanzarlos.

—Yo… Lazran, lo siento, todo es culpa mía.

—¿A qué te refieres?

—Ya había recuperado mi magia antes de que esto pasara.

Yo… pude haberlos salvado a todos.

—Pero aun así… —¿Aun así decidiste salvarme solo a mí?

—Mhn.

“Lo sabía… me odia.” —Gracias… —¿¡Eh!?

—Realmente no quería morir ahí.

Estaba aterrado cuando Kaelor me hirió con su espada.

Ahora que había aprendido magia y no tener la oportunidad de disfrutarlo, sería una pena.

Mientras decía eso extendió un poco los brazos e hizo correr una fresca brisa por todo el lugar.

Logré verle la cara y sonreía, pero no una sonrisa de felicidad sino más bien de cierta melancolía.

—Pero… los niños… —¿Cuántos salvaste?

—¿Cuántos?

Cerca de treinta, creo… —Si no hubiera sido por ti, entonces más de sesenta niños y niñas estarían camino a Ondull para vivir una vida de esclavos, incluyéndome.

—Pero… —No debes sentirte culpable de nada.

No era tu responsabilidad y, en todo caso, el culpable es Lord Wennen más que cualquier otro.

Lo que pasó fue una terrible tragedia, sí, pero no debes vivir con culpa por ello.

—Lazran… Las palabras de Lazran me habían devuelto la confianza y realmente me quitaron un gran peso de encima.

Él se dio la vuelta y lo vi sonreír.

Al ver que tenía los brazos extendidos me hizo querer abrazarlo… y así lo hice.

Solo habían sido diez días, pero en ese corto periodo de tiempo, Lazran se había convertido en una persona muy importante para mí.

—De verdad… a veces pareces una niña pequeña… Él me abrazó también y frotó mi cabeza suavemente, lo cual era una sensación reconfortante, como si pudiera olvidarme de mis problemas.

—Entonces… será mejor que nos vayamos —dijo él.

—¿Irnos?

¿Dónde?

—¿A dónde más?

A Pyrenhal.

¡Tienes que regresar a casa, ¿no?

—A casa… sí… quiero regresar a mi casa.

—Entonces bien, te acompañaré.

—Gracias.

Así fue como terminé viajando junto a Lazran y Syrel para regresar a Pyrenhal, mi hogar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo