Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 — Hermanos de sangre lazos del alma
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2: Capítulo 2 — Hermanos de sangre, lazos del alma 2: Capítulo 2 — Hermanos de sangre, lazos del alma Therion Vhaldron.
Mi hermano mayor.
Cinco años.
Pocas palabras.
Mirada firme.
Sus ojos verdes reflejan la calma de nuestro padre.
Su cabello cobrizo, más claro, le da un aire gentil.
Sus orejas… únicas.
Ni tan largas como las de papá, ni tan cortas como las de mamá.
Un linaje marcado en carne.
—Hija, llama a tu hermano —pidió mamá desde la cocina, su voz suave como un canto.
—Sí, mamá.
Obedecí al instante.
No quería que me regañara.
Yo solo quería encajar.
Que me aceptaran, incluso con mi maná débil.
El pasillo brillaba con cristales flotantes.
Como estrellas dormidas.
Me detuve frente a la puerta de Therion y la empujé.
Dormía.
Su respiración tranquila.
Un peluche de dragón a su lado.
La manta enredada en sus piernas.
En su escritorio, figuras de madera torpemente talladas.
Un mapa con nombres que aún no podía leer.
Me acerqué.
Toqué su mejilla con los dedos.
Tibia.
—Hermano… —susurré.
Siempre me pregunté por qué no era cariñoso conmigo.
En las historias, los hermanos reían, peleaban, se protegían.
Yo no tenía nada de eso.
Pero lo quería cerca.
Entonces vi la espada de madera apoyada en la pared.
La tomé.
Más pesada de lo que esperaba.
Intenté imitar a los guerreros de los cuentos.
—¡Hey, suéltala!
Su grito me sobresaltó.
La espada cayó… directamente sobre mi cabeza.
—¡Auch!
—Me cubrí la frente, las lágrimas fluyendo sin control.
Therion saltó de la cama, aún somnoliento.
Corrió hacia mí, arrodillándose.
—¿Estás bien?
Su mano se posó sobre mi cabeza.
Un calor extraño se expandió desde su palma.
No era magia.
Era su esencia.
Como si me devolviera equilibrio con un simple toque.
—No juegues con espadas, hermanita.
Pudo haber sido peor.
Asentí entre sollozos.
—Lo siento… Él sonrió.
Me ayudó a levantarme y me dio suaves palmadas en la espalda.
Por un momento, parecía un adulto.
—¡Therion!
—La voz de mamá tronó en la puerta.
Nos giramos.
—¡¿Qué le hiciste a tu hermana?!
—¡Nada!
¡Lo juro!
—balbuceó él, retrocediendo.
Tuve que contener una risa.
Verlo tropezar con sus propias palabras era demasiado gracioso.
Me escabullí entre sus piernas y corrí hacia el comedor.
El pan recién horneado me esperaba.
Mientras comía, escuchaba a Therion intentando defenderse de mamá.
Ese día, aunque empezó con un golpe, terminó con una certeza.
No estaba sola.
Podía no entender lo que significaba una familia… Pero tenía un hermano.
Y eso lo cambiaba todo.
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