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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 — Guardia Baja
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25: Capítulo 25 — Guardia Baja 25: Capítulo 25 — Guardia Baja Han pasado dos semanas desde que Lairam se me confesó.

Durante algunos días estuvo tranquilo, pero al poco tiempo volvió a seguirme.

Es increíblemente malo para ocultar su presencia; puedo escuchar sus pasos con facilidad cuando camina detrás de mí.

Normalmente lo ignoro, aunque es molesto.

Pero cuando voy con Faelith, ella no lo soporta y lo ataca hasta que se pierde de vista o queda inmóvil en el suelo.

La Faelith actual me recuerda a como era cuando la conocí: malhumorada y antipática.

Ahora es más impaciente que antes.

Desde que renunció a Therion, parece que mantenía una fachada amable solo para agradarle.

Bueno, sigue siendo amable cuando está conmigo, pero impaciente y cortante con los demás.

—Hola, Airen.

—Anton, hola.

Siento llegar tarde.

—No importa.

Por ti esperaría lo que haga falta.

Desde lo de la biblioteca, Anton siempre me saluda cuando me ve y aprovecha para conversar.

Al principio pensé en evadirlo, pero a veces tocaba temas que me interesaban mucho y, antes de darme cuenta, hicimos amistad.

En estos días hemos coincidido varias veces.

Ahora mismo estamos en la entrada de la universidad.

Él siempre es educado y amable, pero a veces hace cosas como guiñarme un ojo o sonreír sin razón mientras dice frases como “hoy te ves realmente radiante” o “difícil no notarte entre los demás”.

Esa última me molestó.

Puedo ser muchas cosas, pero no una flor delicada.

Casi lo golpeo…

No me acostumbro a su personalidad, pero tampoco me resulta desagradable.

A Faelith tampoco le molesta, y podría apostar que le cae bien… o al menos lo tolera.

—¿Faelith no viene hoy?

Pensé que ella también se uniría.

—Iba a venir, pero su madre la necesitaba para algo.

Seremos solo nosotros por ahora.

—Ya veo…

perfecto.

—Te ves muy feliz por eso…

—¡Iah!

No, es que…

es más difícil enseñar a dos personas, jaja.

—Ah, claro.

Lo entiendo.

Hace dos días, mientras estudiaba con Faelith en la biblioteca, apareció Anton.

Parecía muy interesado en unirse, pero no me gustaba mucho la idea.

Antes de que pudiera decirle que no, me propuso algo: enseñarnos a Faelith y a mí magia de hielo si le ayudábamos a estudiar.

No pude negarme.

No me costaba nada incluirlo en nuestras sesiones, y aprender magia de hielo era demasiado tentador.

Normalmente solo se enseña en clases intermedias de la universidad, a las que no puedo acceder aún.

Pero Anton es de Arnidiel, donde la magia de hielo se estudia junto con la magia de agua, ya que su ciudad vive casi todo el año cubierta de nieve.

—Mmm…

¿Él viene contigo?

Al decir esto, Anton señala detrás de mí.

Miro por encima del hombro y noto movimiento en un arbusto a unos diez metros.

—Haa~…

Solo ignóralo.

Es como una mosca que vuela a mi alrededor.

—Si tú lo dices…

—¿Dónde vamos a entrenar?

—He pedido permiso para usar el área B de prácticas.

—Bien.

Hay varias zonas en la universidad donde se puede practicar magia.

Algunas son al aire libre y otras bajo techo, como gimnasios.

El área B que mencionó Anton es similar a la arena de duelos de la escuela mágica, pero no está elevada y tiene forma rectangular.

Aun así, todos la llaman “la arena”.

Caminamos hacia ella y, como siempre, Lairam nos siguió todo el camino.

Su comportamiento me avergonzaba.

Esperaba que se diera por vencido cuando le dije que tenía que vencer a Faelith, pero lo ignoró.

Parece que no tiene intenciones de tomar el camino difícil.

Por otro lado, Anton estaba tranquilo.

Caminó a mi lado con una sonrisa fresca y, como le pedí, ignoró por completo a Lairam.

Cuando supe que era un noble, esperaba que fuera el típico chico engreído.

Quizás deba aprender a juzgar mejor a las personas.

Llegamos a la arena y Anton se posicionó cerca de los canales de agua.

Obviamente íbamos a necesitarlos.

—Antes de empezar —dijo—, ¿tienes idea de cómo se forma el hielo?

—¿Cómo se forma?

Um…

Es sencillo: se forma cuando baja la temperatura del agua.

—Correcto.

¿Pero qué hace que baje la temperatura?

“¿Qué hace que baje la temperatura?…

Pues baja cuando se pone el sol y hay menos calor, entonces…” —¿La pérdida de calor?

—Exacto.

Eres tan lista como siempre.

“No se cansa de decir cosas así…” —Como sabrás, para crear fuego necesitas tres cosas: Núcleo, una fuente de calor y oxígeno.

El maná cumple dos de esas funciones: es Núcleo y también fuente de calor, ya que absorbe el calor corporal y se le suma al propio.

Por eso podemos crear fuego desde la nada.

—Sí, ¿pero qué tiene que ver eso con la magia de hielo?

—Verás, si para crear fuego aumentas la temperatura, entonces para crear hielo debes bajarla.

Y como dijiste, eso ocurre cuando se pierde el calor.

—Sí…

—¿No lo entiendes aún?

—¡Iah!

¡La temperatura corporal!

—Sí.

Nuestro maná viene del interior del cuerpo, así que suele ser cálido.

Además, según su concentración, el maná también tiene una temperatura propia.

Por eso, si intentas controlar hielo, este se derrite.

—Lo entiendo.

Me ha pasado antes.

¿Entonces cómo bajo mi temperatura?

—¿Has intentado hacer magia en el salón de clases alguna vez?

—Mmm…

Recuerdo que el maestro Aerithor nos hizo usar magia el primer día del primer año, pero no pude por el Viod.

¿Por qué lo preguntas?

—Si intentaste hacer magia, debiste sentir tu cuerpo frío.

—¡Lo recuerdo ahora!

¡Entonces eso era!

El Viod hace bajar la temperatura corporal.

Pero…

¿no sería ilógico usar Viod solo para hacer magia?

—Claro que no lo usaremos directamente.

Solo vamos a imitar el efecto anti-magia del Viod sin que sea anti-magia realmente.

—Eso suena complicado.

—Y lo es.

A los elfos de Arnidiel les tomó dos mil años dominar esto.

“Uahh…

dos mil años…” —¿Y cómo es ese efecto, entonces?

—El Viod envía una especie de señal.

Sabes que hay maná en todas partes, ¿verdad?

Pues este maná siempre está en movimiento, incluso dentro de nuestro cuerpo.

Pero cuando hay Viod, ese maná se mueve menos mientras más contacto hay con él.

Anton tomó un palo y comenzó a dibujar en la tierra.

Hizo unas líneas onduladas, algunas con curvas grandes y otras suaves y cortas…

—Mira, supongamos que estas líneas de aquí son el maná común que usamos cuando queremos hacer una bola de fuego —Anton señaló las líneas que tenían curvas grandes—.

—El maná está en movimiento y cuando hacemos fuego este se mueve más rápido y con curvas más anchas, mientras más rápido se mueva más fuerte será la magia que uses y mientras más anchas las curvas, más temperatura genera y mientras más altas y rápidas sean, más potente será la magia, pero eso solo se aplica a la magia de fuego y luz.

—Ya veo…

Normalmente ajustamos esto de manera inconsciente cuando hacemos magia, usando la imaginación.

Sin embargo, antiguamente se usaban cánticos o inscripciones, que tenían la ventaja de que podías usar una magia sin saber realmente cómo se hacía, pero era mucho más lenta.

—No sé de las inscripciones, pero sí de los cánticos, ¿no es así como usan magia los humanos?

—Sí, al parecer por alguna razón se quedaron con el método antiguo.

Pero volviendo al tema, por otro lado, está el maná afectado por el Viod —y señaló las líneas con ligeras ondulaciones—.

A esto le llamamos interferencia.

El Viod hace que el maná se mueva menos y este pierde fuerza, es por eso que no puede traspasar la piel y también baja la temperatura al reducir el tamaño de las curvas.

—Oh, eso tiene mucho sentido.

—Entonces, para crear hielo necesitamos que se mantenga la velocidad para que el maná tenga la fuerza suficiente para traspasar nuestra piel y que disminuya el tamaño de las ondulaciones para que baje la temperatura.

Esto lo harás cuando el maná esté a punto de salir de tus manos.

Si lo haces mal sentirás frías las manos y tu maná no tendrá fuerza para salir, pero si lo haces bien entonces deberías sentir el frío en el aire que rodea tus manos, además podrás sentir el maná moviéndose rápidamente como si fuera una bola de fuego…

pero fría.

—¿Y cómo hago eso?

—Simple, imagina que tu maná se vuelve delgado y menos denso, pero igual de rápido que antes.

—¿Así de simple?

—Así de simple.

Grandes magos y alquimistas de Arnidiel dedicaron su vida entera para crear este método práctico, antiguamente se necesitaba un conjuro de varios minutos.

—Voy a intentarlo…

Sin saber muy bien qué hacer llevé mis manos al frente con las palmas hacia arriba y comencé a enviar maná a ellas.

Tal como dijo Anton, justo antes de que mi maná saliera de mis manos comencé a imaginar mi maná más delgado y diluido.

Mi primer intento fue un fracaso ya que al hacer esto también bajó la velocidad, por lo que solo me enfrié las manos.

—Wah, qué frío…

—Jajaja, no es tan fácil, ¿verdad?

—Seguiré intentando.

Lo intenté otra vez, pero el resultado fue el mismo.

Era como si enfriar mi maná creara una reacción en cadena que hacía que se volviera más lento también, y si se hacía más lento se hacía más débil.

Seguí intentándolo un poco más y después de casi una hora sin progreso Anton me detuvo.

—Deberías parar por ahora, tómatelo con calma.

—Gracias, pero puedo seguir aún, todavía me sobra mucho maná.

La verdad es que hacer esto consumía tanto maná como la magia de fuego, pero con una diferencia: la magia de fuego consume maná una vez que creas la llama, en cambio la magia de hielo consume el maná incluso aunque no crees nada.

La razón es que después de debilitar el maná este se disemina y desaparece, con lo que cada intento fallido es un desperdicio de maná.

—No lo digo por tu maná, lo digo por tus manos.

—¿Mis manos?

Eché un vistazo a mis manos y estaban pálidas, de un tono azulado y entumecidas debido al frío.

Con los intentos fallidos lo único que había logrado congelar eran mis manos.

—Debes prestar más atención a ti misma o podrías lastimarte.

Anton se acercó a mí y sin vacilación tomó mis manos y comenzó a frotarlas suavemente.

Era una sensación agradable, ya que mis manos comenzaban a recuperar su temperatura y color, pero él estaba muy cerca de mí y comenzaba a inquietarme un poco.

Tras unos segundos ya me había recuperado lo suficiente y sin embargo Anton seguía sin soltar mis manos.

El hecho de que me mirara fijamente con una sonrisa leve en su boca y sus manos frotando las mías hizo que comenzara a avergonzarme.

Hay algo en su forma de ser que me pone algo nerviosa.

—A…

creo que…

ya estoy bien.

—¿Te sientes mejor?

Él seguía sin soltar mis manos y seguía mirándome fijamente.

No quería ser descortés ya que él solo estaba preocupado por mí, pero de verdad que me estaba inquietando bastante.

Crack Un sonido de una rama rompiéndose al fondo llamó la atención de Anton y aproveché eso para apartarme disimuladamente.

—¿Q…

qué fue eso?

—me apresuré a decir, aunque yo ya sabía lo que era y posiblemente Anton también.

—Mmm…

El sonido provino de una fila de árboles que había cerca.

No había nadie ahí, pero lo más seguro es que fuera Lairam.

“¿Él sigue aquí todavía?

¿No tiene nada mejor que hacer?

Bueno…

debo admitir que me ha ayudado.” —Habrá sido un animal, seguramente.

Me estaba relajando cuando vi que Anton se acercaba a mí de nuevo.

Antes de que se acercara del todo pensé en algo para detenerlo.

—¡Amm, iah, sí!

¡Sobre la magia de hielo!

—¿Sí?

¿Alguna duda?

—Sí, emm…

me has explicado los detalles y todo, pero aún no la he visto en persona.

Me gustaría una demostración.

—Con gusto, tú observa.

“Fuu…

salvada…” —Comenzaré congelando un poco de agua.

Anton se acercó al canal y con un movimiento de su mano consiguió una bola de agua, la sostuvo en el aire unos segundos y tras un leve cambio de color en el aire casi imperceptible, el agua se solidificó en un instante y ahora era una bola de hielo sólido.

—¡Ioohh!

¡Eso fue increíble!

—Jajaja, no es nada.

—¿Por qué cambió el color alrededor de la bola?

Pude notar como si se volviera todo más pálido.

—¿Así que lo notaste?

Eso es porque en el aire hay diminutas gotas de agua que se congelaron también, aunque como son muy pequeñas no se notan normalmente.

—Ah, eso ya lo sabía.

—Ahora esto.

Anton se concentró de nuevo en la bola de hielo y de manera casi instantánea esta se volvió líquida otra vez.

Al parecer solo debe cambiar el patrón de las ondas de maná para aumentar o disminuir la temperatura cuando quiera, y es así como puede congelar y derretir el hielo en un instante, obviamente lo ha practicado mucho.

Él entonces dobló el agua de tal manera que hizo la forma de un triángulo y lo congeló.

El resultado fue un triángulo de hielo.

—No es todo.

Derritió el hielo una vez más y tras juntar más agua del canal moldeó el agua para darle forma.

Se tomó varios segundos y tras terminar y congelarlo mostró la escultura de hielo con forma de un caballo parado en dos patas.

Medía más o menos medio metro de tamaño y los detalles eran muy realistas.

“Esto definitivamente es muy útil, solo necesitaría un poco de agua y podría tener todo tipo de herramientas a la mano.” —Y para terminar…

Partió la bola de agua en dos, una grande y una pequeña.

La grande la dividió en decenas de bolitas pequeñas, más como gotas de agua, y las envió hacia el cielo al mismo tiempo que las congelaba.

Tras unos segundos comenzaron a caer pequeños copos de nieve.

—Jajaja, ¿nieve en primavera?

Si estamos casi en verano.

Estaba completamente impresionada con la magia de hielo.

Anton comenzó a caminar hacia mí mientras le daba forma a la pequeña bola de agua que tenía en la mano y cuando quedó frente a mí extendió su mano y en ella había una pequeña rosa de hielo, esculpida con hermosos detalles que cualquiera pensaría que se trataba de una rosa real de no ser porque era transparente.

Estiré mi mano y tomé la rosa de hielo para admirarla de cerca.

—Es de verdad hermosa.

—Solo digna de ti.

Supongo que empecé a acostumbrarme a él y sus frases melosas, aunque quizá debido a la situación incluso hasta me estaba comenzando a agradar, pero cuando me di cuenta de que comenzaba a entusiasmarme por ello sentí que debía pararlo.

—¿Qué es esto?…

esta sensación…

esto es malo, debo alejarme ahora.

—¡Cuidado!

Comencé a retroceder, pero no me di cuenta de que los copos de nieve que habían caído se habían acumulado en el suelo y habían creado una fina capa de hielo.

Tras dar dos pasos, me resbalé y caí hacia atrás, pero justo antes de tocar el suelo, Anton evitó mi caída sosteniéndome con sus brazos.

—¡Waaahhhh!

Sentí mucha vergüenza cuando quedé en una pose tan fantasiosa, con la cara de Anton tan cerca de la mía.

Sin poder evitarlo, mi ritmo cardíaco se aceleró un poco, aunque se normalizó un instante después; de lo contrario, me habría preocupado mucho.

“¿Qué me pasa?

Debo estar enferma, algo anda mal conmigo para alegrarme por algo tan cursi como una flor o avergonzarme por estar cerca de Anton…

un momento…

¿eh?

¿Qué está haciendo?” Anton de pronto entrecerró los ojos y comenzó a acercar su rostro mientras me acercaba a él con sus manos empujando mi espalda.

“Muy cerca…

¡está muy cerca!” —¡NOOOOOO!!!

—¡Igh!

En un momento sentí un golpe en la parte trasera de mi cabeza y terminé viendo el cielo.

Anton me había dejado caer, pero no por voluntad propia.

Cuando me senté, vi a Lairam encima de Anton intentando golpearlo, pero no podía, ya que Anton le sujetaba ambos brazos.

Por otro lado, la rosa de hielo que tenía en mi mano se había caído al suelo y se había roto en pedazos.

—¡Muévete!

Miré de nuevo a Anton, quien se había quitado a Lairam de encima y se estaba poniendo de pie.

Lairam se levantó rápidamente y corrió hasta ponerse frente a mí, quedando en medio de Anton y yo.

—¡A…

aléjate de ella!

—Lairam, ¿qué haces?

—pregunté.

—¡Airen, no puedes confiar en él, solo quiere engañarte!

—¿Qué?

—Yo lo escuché antes, él dijo que iba a convertirte en su mascota obediente.

—¿Qué tonterías estás diciendo?

—Yo lo escuché el día que fuiste con Faelith a la biblioteca.

Me quedé afuera para esperarlas y vi salir a Anton con sus amigos.

Escuché cuando él dijo que haría que te enamoraras de él para convertirte en su mascota solo porque lo habías ignorado o algo así.

“Lo que él dice concuerda con lo que pasó hace dos semanas cuando vi a Lairam en el pasillo y a Anton y sus amigos haciendo ruido en la biblioteca, ¿pero cuándo he ignorado yo a Anton ese día?

Recuerdo perfectamente que hablé con él frente a frente y luego él se fue, en ningún momento lo ignoré.” Lairam parecía muy alterado y nervioso; por otro lado, Anton estaba tranquilo sin decir nada.

Un noble normalmente perdería la calma y atacaría a Lairam sin dudarlo.

Lairam tiene suerte de que Anton sea diferente.

—¿Es cierto eso, Anton?

La verdad es que no creía las palabras de Lairam; su historia solo concordaba en que ese día me encontré con Anton, pero lo demás no.

Por eso sabía que Lairam estaba mintiendo.

Aun así, pregunté para asegurarme.

Anton enderezó su postura y me miró a los ojos, entonces seriamente me respondió: —Por supuesto que no, yo no soy alguien que diría una cosa así.

Es verdad que dije a mis amigos que me habías caído bien y que me gustaría ser tu amigo, pero nada más.

Me lo dijo claramente y sin apartar su mirada.

No creo que esté mintiendo.

Noté una ligera sonrisa cuando terminó de hablar.

¿Acaso confía en mí?

Seguramente tiene plena confianza en sí mismo y sabe que no creeré la mentira de Lairam.

Me moví hacia adelante y aparté a Lairam, quien me bloqueaba el paso, entonces me puse a un lado de Anton y dije: —Lairam, ¿estás inventando todo, ¿verdad?

—¿¡Qué!?

¡C…

claro que no!

¡Digo la verdad!

A diferencia de Anton, Lairam estaba muy nervioso y evitaba por completo el contacto visual conmigo.

Estaba claro que él mentía.

—Lairam…

sé que mientes, deberías disculparte con Anton.

—¿Qué!?

P…

pero…

—No hagas que me moleste más.

—N…

no, ¡confía en mí, él es una mala persona!

—¿Confiar en ti?

Habíamos hecho un trato y aun así lo ignoraste y me has seguido todo el día.

—Eso…

—Luego vienes y atacas a Anton sin razón e inventas mentiras sobre él.

¿Y ahora me pides que confíe en ti?

—Gh…

—Está bien, Airen, no estoy molesto —Anton puso su mano en mi hombro para que me calmara, pero en ese momento Lairam se lanzó hacia él empujándolo.

—¡Aléjate de ella!

Anton retrocedió unos pasos, ya que con la fuerza de Lairam no era suficiente para empujarlo más.

Aun así, el comportamiento de Lairam me estaba irritando más de la cuenta y perdí mi compostura.

PLAS Le di una fuerte bofetada a Lairam para que se tranquilizara, en parte para aliviar mi molestia con él.

Se me quedó viendo muy sorprendido y entonces seriamente le dije: —¡Ya para de actuar como un niño pequeño!

—P…

pero Airen…

él…

—¡Silencio!

No quiero que te acerques a mí, ¿lo entiendes?

Como Lairam se quedó quieto, tomé del brazo a Anton y comencé a caminar lejos de la arena.

Lairam solo se quedó parado mirándome, pero no me detuve y seguí caminando con Anton por varios minutos hasta salir de los terrenos de la universidad.

No dejaba de pensar en por qué había reaccionado así.

Él seguramente se puso celoso por verme tan cerca de Anton y cuando no pudo soportarlo salió de su escondite, pero una vez descubierto no le quedó de otra que inventar mentiras para no quedar mal.

Entonces recordé lo que estaba pasando antes de que Lairam interrumpiera y mi cara se puso roja.

Además me percaté de que aún sostenía el brazo de Anton, así que lo solté y me detuve dándole la espalda.

—¿Airen?

—Iah, no es nada, humm, perdón por lo de antes —me di unas palmadas en la cara para calmar mis pensamientos y respiré hondo para relajarme.

Una vez calmada me di la vuelta.

“No sé qué me pasa hoy, estoy muy rara.” —No tienes que disculparte de nada, ¿no es tu culpa, verdad?

—Bueno…

Lairam es como mi acosador, así que en cierto modo me siento responsable por lo sucedido.

—¿Por qué te sigue?

¿Acaso es tu prometido?

—¿¡Para nada!?

Él solo es…

raro, y está obsesionado conmigo.

—¿Debería hablar con él y decirle que pare?

—¿Con hablar con él te refieres a golpearlo?

Preferiría que no, Lairam saldría lastimado.

—Jajaja, no me gusta la violencia.

“De verdad, si por lo menos todos los nobles fueran como él.” —Supongo que nuestra primera clase de magia terminó por hoy.

—Ah…

sí.

“Al final no pude hacer magia de hielo, pero aprendí algunas cosas interesantes.” —Sigue practicando, pero ten cuidado de ti misma o me sentiré culpable si te pasa algo.

—Jaja…

lo recordaré.

—Si necesitas ayuda, no dudes en consultar conmigo.

Bueno, debo irme ya, hasta luego.

—Hasta luego.

Sin darme tiempo a despedirme, Anton se acercó y me dio un beso en la mejilla.

—Gracias por creer en mí.

—Aw…

he…

est…

¡Amm…

adiós!

Salí a toda prisa de ahí sin mirar atrás.

Este tipo…

haciendo esa clase de cosas…

pero ¿qué pasa conmigo?

Mi cuerpo…

este cuerpo es débil, necesito mantener distancia…

sí, distancia.

Me fui directamente a casa y al entrar me encontré a Syrel sentada en el salón.

—Hola, Airen.

Pasé rápidamente sin decir nada hacia mi habitación.

No quería que viera mi cara en ese momento, ya que me daba vergüenza.

Aun así, ella fue hasta mi habitación y antes de dejarla entrar traté de calmarme un poco.

—P…

pasa.

Me estaba lamentando justo después de que Airen y Anton se fueran.

Me pregunté en qué fallé; primero debo repasar cómo empezó todo…

El día empezó normal, hasta que después de seguir a Airen por un rato, ella se encontró con Anton.

Habían pasado varios días desde que Anton dijo que se acercaría a Airen, y lo ha hecho.

Empezó saludándola por los pasillos y poco a poco inició conversaciones con ella.

Me di cuenta de que él había investigado las cosas que le gustan a Airen para así tener temas de conversación que le interesaran.

Él es astuto, tiene experiencia conquistando mujeres, no es el tipo de chico que correría a confesarse al primer encuentro como yo…

me da vergüenza verme a mí mismo después de esto.

Tras varios días, he notado que ha logrado acortar distancia con Airen más de lo que yo hubiera imaginado, y lo peor…

a ella parece agradarle su compañía.

Eso es malo.

Normalmente Airen no se percata de mi presencia, ya que soy muy bueno ocultándome.

Sin embargo, creo que Anton me vio y le dijo “Airen”, porque ella volteó a ver en mi dirección.

Afortunadamente me oculté a tiempo antes de que ella me viera.

Me preguntaba para qué habían quedado de verse hoy y poco después lo entendí: Anton le estaba dando clases de magia.

No podía escuchar muy bien, pero entendí que se trataba de magia de hielo.

“Muy listo, Airen, por supuesto que estaría interesada en aprender tal magia y él aprovecharía la situación, desde luego.” Durante un buen rato no hubo nada de coqueteo ni acercamientos peligrosos por parte de él; solo se limitaba a enseñarle, por lo que estaba siendo aburrido.

Sin embargo, después vi cómo él se acercó y le sostuvo las manos, así nada más.

Lo que me sorprende es que ella no se lo impidiera.

Anton seguro ha hecho un gran trabajo aumentando la confianza entre ellos.

Me estaba impacientando y pensé en intervenir, pero descuidadamente pisé una rama que estaba en el suelo y esto hizo que los dos voltearan a ver en mi dirección.

Tuve que ocultarme rápido para no ser descubierto.

—Habrá sido un animal.

“Uff…

a salvo.” Por suerte, mi descuido sirvió para separarlos.

Luego de eso, Airen le pidió a Anton que hiciera una demostración.

La magia de hielo es realmente increíble.

Anton hacía esculturas muy realistas en solo un segundo y usando solo un poco de agua; además, hizo que nevara aun cuando estamos casi por empezar el verano.

Me distraje viendo la nieve que caía y no presté atención a Anton, que ingeniosamente se acercó a Airen con una flor de hielo en la mano.

Él le dijo algo que no escuché y se me cayó el alma a los pies cuando vi que ella se ruborizó.

De pronto ella se resbaló, ya que había hielo en el suelo.

Pensé que era por la nieve de antes, pero no; yo lo vi perfectamente: cuando Airen estaba viendo la nieve en el cielo, él derramó agua por el suelo y la congeló.

No le di importancia antes, pero cuando Airen se resbaló, él la sostuvo con sus brazos antes de que cayera al suelo.

Todo estaba planeado para esta situación; es un bastardo muy listo.

Y no se detuvo ahí, claramente se estaba acercando a ella para besarla.

Ese descarado estaba aprovechando el ambiente para robar los labios de mi amada.

¡No me contuve más y salí de mi escondite para detenerlo!

—¡¡¡NOOOOOO!!!

Sin pensarlo mucho, no se me ocurrió otra cosa que empujarlo, pero debido a esto Airen cayó al suelo, un descuido de mi parte.

Me lancé sobre él sin saber muy bien qué hacer, no soy muy bueno luchando.

—¡Muévete!

No le gustó nada que lo haya tirado al suelo.

Cuando nos levantamos, vi que se acercaba a Airen y me puse frente a ella.

Le conté lo que había pasado en el pasillo de la biblioteca; ella debía saberlo para que supiera qué clase de persona era Anton.

Sin embargo, Anton negó todo y Airen le creyó.

Ella se puso a un lado de él y comenzó a acusarme de mentiroso.

Se veía tan hermosa como siempre y, debido a esto, no pude mirarla directamente.

Por otro lado, Anton parecía estar a punto de estallar en una carcajada.

Aprovechando que Airen no lo veía, él me miraba con una grotesca sonrisa.

“Gané”, era lo que decía su cara.

Entonces vi cómo ponía su mano sobre Airen y acercaba su rostro a ella mientras me enviaba una sonrisa maliciosa.

“¿Pensará besarla ahora?” fue lo que pensé en ese momento, y mi reacción fue empujarlo rápidamente.

Pero todo estaba planeado; él lo hizo a propósito sabiendo cómo reaccionaría yo, y a causa de que seguí su juego como un idiota, Airen se molestó conmigo y me pegó…

luego de esto ella lo tomó del brazo y se fueron dejándome en la arena solo…

—Aún me duele la mejilla…

uhh.

Caminaba fuera de la universidad, totalmente deprimido, pensando que solo había empeorado la situación.

En ese entonces vi cómo Airen se iba mientras Anton se quedaba atrás.

Me acerqué a él y, cuando se dio la vuelta, vi que estaba haciendo un enorme esfuerzo para no reír.

En cuanto me vio, no pudo contenerse más y estalló: —¡JAJAJAJAJAJAJA!

¡NO PUEDO CREERLO!

¡HA SIDO INCREÍBLE!

¡JAJAJAJA!

—¡Tú!

¡Deja a Airen tranquila!

—Jajajajaja, ¿qué tal tu mejilla, chico lentes?

¿Aún te duele?

Jajajajaja.

—¡Grrr!

No te burles de mí.

Él siguió riéndose por unos segundos más y luego se tranquilizó.

—¿Por qué haces esto?

—pregunté.

—¿Por qué?

Por diversión, claro.

Era un reto para mí.

—¿¡Un reto!?

—Claro, ninguna chica me había costado tanto esfuerzo.

¿Dos semanas para llegar a este punto?

Cualquier otra hubiera caído a mis pies en dos días.

Y pensar que tuve que estudiar las cosas que a ella le gustaban e incluso tuve que enseñarle mi preciada magia de hielo.

—Eso de antes, yo lo vi, ¡tú congelaste el suelo a propósito!

—¿Te diste cuenta?

Jajaja, pero gracias a tu intervención no pude besarla.

No podré volver a repetir algo tan genial por ahora…

—Ja, ya no va a caer de nuevo en tus trucos bonitos, ella se dará cuenta.

—Tienes razón en eso.

Entonces…

¿debería ser más directo?

—A…

¿a qué te refieres?

Su expresión cambió de repente, ya no estaba riendo como antes, sino que ahora tenía una sonrisa malintencionada.

Sea lo que sea, me daba la impresión de que no sería bueno.

—Tengo la sensación de que me va a costar mucho hacerla mía por las buenas, más aún contigo rondando alrededor.

—…

No entiendo…

—Jaja, ella no es fea para nada…

y tiene un bonito cuerpo.

¿Quizá debería hacerla mía a la fuerza?

Jajaja.

—¡No voy a permitirlo!

“Incluso si Airen me odia, no voy a permitir que él le haga daño.” —Jajaja, eso ya lo veremos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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