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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 26

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Capítulo 26: Capítulo 26 — Un Noble Como los Demás

Dos días han pasado desde lo que ocurrió con Lairam y Anton, no he visto a ninguno de los dos de momento y espero que siga así por ahora. Dejando de lado a Lairam, me doy cuenta de que me había confiado. Serán las hormonas… No puede ser que me guste Anton. ¡No, cálmate!

He estado pensando en lo que pasó con Anton, fui demasiado permisiva ahí, no supe cómo reaccionar y la impresión que había causado en mí me confundió un poco.

“Debo pensar en algo para evitar que algo así pase de nuevo, de ninguna manera dejaré que las hormonas tomen el control de mi cuerpo…”

—Airen, ¿estás bien?

—¿Eh?

La voz de papá me sacó de mis pensamientos.

—Has estado mirando tu plato desde hace rato, ¿no tienes hambre?

—Ah… solo pensaba en algo, estoy bien.

Actualmente estamos teniendo una cena familiar. Desde que mamá trabaja en su negocio y Therion se mudó a los dormitorios de la universidad, solemos vernos poco, así que para pasar tiempo en familia tenemos estas cenas los fines de semana.

“¿Qué pensarán mis padres si les digo que no me gustan los hombres? Seguro que esperan que algún día me case… pero no puedo decirlo tan directamente…”

—Mmm, papá…

—¿Sí?

—¿Qué pensarías si fuera a casarme?

Tras decir esto, tanto papá como Therion se pusieron de pie al mismo tiempo, golpeando la mesa con las manos. Ambos se quedaron en silencio con una atmósfera muy seria y entonces papá dijo:

—¿Quién…?

—¿Qué?

—¿Quién es? ¿Quién es el que planea arrebatarme a mi hija?

—¿Eh? No, no, no, lo estás malinterpretando.

—Airen, ¿es alguien que conozco? ¡Dime quién es! Tu hermano solo quiere tener una charla amistosa con él.

“Tu cara dice lo contrario, querido hermano.”

—¡Tráelo a casa, Airen! —dijo papá— Si piensa que es digno de ti, primero deberá vencerme.

“¿Qué pasa con eso? Suena muy cursi.”

—Escúchenme, no es lo que creen.

—¡Therion, trae una soga!

—¡Sí! ¿Y aceite?

—¡Gran idea, no por nada eres mi hijo!

“¡¿Pero qué están planeando?!”

—¡Escúchenme! ¡No estoy planeando casarme con nadie!

Tuve que levantar la voz para que me hicieran caso y, por lo visto, esto los calmó un poco y regresaron a sentarse.

—B… bien… ¿y entonces a qué vino esa pregunta, hija?

—Solo tenía curiosidad… ya que una amiga mía va a casarse y aún es muy joven, entonces pensé en qué opinaban de eso. —Era una mentira para salir del paso.

Tanto papá como Therion soltaron un suspiro de alivio y, tras unos segundos, se sonrojaron. Seguramente al percatarse de la escena que se habían montado segundos atrás. Desviaron la mirada y luego actuaron como si no hubiera pasado nada, aunque sus caras seguían rojas.

—C… casarse, eh~ b… bueno, si es alguien a quien amas, yo con gusto lo aceptaría.

“Papá, pero si acabas de… no, no voy a pensarlo demasiado…”

—S… sí —dijo Therion— seguro que si lo eliges tú debe ser una buena persona, ja… ja ja… ja.

“Claaaaaro…”

—Hija, lo único que te puedo decir ahora es que aún eres muy joven. Posiblemente te enamores de un chico y creas que debes casarte con él lo más rápido posible, pero debes pensar bien las cosas.

—No, como dije, no pienso en casarme, no ahora pero si en el futuro.

—Hmm… supongo que aún no desarrollas el gusto hacia los chicos, bien, porque aún eres muy joven, espera unos 200 años por lo menos.

“Doscientos…”

Terminamos de comer y luego limpiamos la mesa. Mamá y Syrie estaban lavando los platos y pensé en ayudarles. Ahora que lo pienso, ella y Syrie ni se inmutaron con lo que pasó antes. En cuanto me acerqué a la cocina, mamá cerró la puerta y con una sonrisa me preguntó:

—Y bien… ¿vas a contarme la verdad?

—¿Eh? ¿A qué te refieres, mamá?

—Jajaja, no pensarás que nos vamos a creer esa excusa de antes al igual que tu padre.

—Pues…

“¿Debería contarle? Bueno, creo que sí puedo confiar en mamá.”

—Verás, hace unos días un chico me pidió matrimonio.

—¡Oh!

—Y ayer otro chico trató de besarme.

—¡Oooooh! ¡Y pensar que mi hija sería tan popular! Jajaja, heredaste buenos genes míos después de todo.

—¡Mamá, no es gracioso!

—Jajaja, lo siento, ¿y bien?

—¿Y bien qué?

—¿Qué respondiste a la propuesta de matrimonio?

—Obvio dije que no. ¿Quién se casaría a los 15?

—Cuando yo me casé con tu padre tenía 15…

—Ah… es verdad, pero aun así no quiero casarme.

—¿Y qué hay del otro chico?

—El otro, bueno… creo que se dejó llevar por el momento…

Le expliqué a mamá lo que había sucedido desde que me reuní con Anton hasta que me vine a casa, omitiendo nombres por si acaso.

—¡Juaaahhh! Es todo un romántico.

—Ya… eso es lo que me preocupa…

—¿Y qué sientes ahora? ¿Te gusta? ¿Cómo te sientes si piensas en él ahora?

“Si pienso en Anton ahora… nada. Si pienso en él no hay ninguna reacción, mi corazón no late más deprisa ni tampoco me ruborizo, mucho menos siento las míticas mariposas en el estómago. Pensar en Anton genera en mí la misma reacción que pensar en cualquier otro de mis compañeros de clase o conocidos.”

—No siento nada en especial.

—¿De verdad? Uhh…

—¡¿Y por qué te ves tan deprimida?!

—Es normal, ¿no crees? Para una madre, querer que su hija traiga preciosos nietos al mundo es un sueño.

“¡Ni de broma!”

—Eso va a ser muy difícil, mamá.

“O mejor dicho, imposible.”

—Me gustan los hombres, pero aun así tener hijos debe de ser muy difícil.

“Lo dije… ahora ella se va a deprimir… ¿Mm?”

—No te ves tan mal, incluso cuando te dije que sí pienso casarme, pero no tener hijos… ¿por qué sonríes?

-jajaja, es que… yo pensaba lo mismo hasta que conocí a tu padre

Al día siguiente por la tarde había quedado con Faelith y Anton para estudiar en la biblioteca. La verdad es que tenía un poco de ansiedad por cómo iba a reaccionar frente a Anton, pero en el momento en que lo vi, pude suspirar de alivio: no hubo ningún tipo de reacción especial ante él. Me sentía igual que antes, como si solo fuera una persona agradable con la cual conversar.

Desde la charla con mamá, me la pasé toda la noche pensando. He cambiado enormemente con el tiempo, no solo en apariencia, sino también en la forma en que hablo y actúo, pero quiero seguir creyendo que sigo siendo yo misma.

—Hola Faelith, Anton.

—¡Airen, no sabes cuánto he extrañado tu magnífica aura divina!

“¿Realmente siempre usa esas frases para acompañar sus saludos?… A Faelith parece gustarle ese tipo de cosas.”

Cuando recién empecé a hablar con Anton, a Faelith no le agradaba, como de costumbre. Pero en cuanto lo conoció, parece que le cayó bien, lo cual es raro, ya que desde que se distanció de Therion, no se lleva muy bien con cualquiera que no sea de nuestro antiguo grupo de amigos… dejando de lado a Lonie. Creo que, al igual que yo, Faelith ve a Anton como un buen amigo.

—¿Habrá una mesa libre? —dijo Faelith.

—Acabamos de llegar, así que no tuvimos tiempo de apartar un lugar.

La biblioteca estaba repleta, quizá por la cercanía de los exámenes. Estudiar al aire libre es fastidioso por el viento.

—¿Entonces deberíamos esperar?

—¿Podemos ir a tu casa, Airen? —dijo Faelith.

—¿Tan lejos? Tardaríamos más de tres horas, ¿sabes? Mejor busquemos otro lugar…

“No creo que pueda concentrarme si estudio en su casa.”

—Hmm…

—¿Qué tal en mi casa? —dijo Anton.

—¿De verdad? ¿Queda cerca de aquí?

—A unos diez minutos más o menos. Vivo en la Gokana Eria.

—Eh, es verdad, se me había olvidado que eres un noble, jajaja.

La Gokana Eria es el área más lujosa de la ciudad. Está ubicada dentro de la muralla interior, cerca de la universidad y la escuela de magia. Ahí es donde la mayoría de los nobles tienen sus casas… o debería decir mansiones. Cualquiera puede ir a esa zona sin importar su clase social. Yo fui una vez por curiosidad y, aunque no está prohibida la entrada, sí que hay muchos guardias por todos lados.

—Está bien, vamos a tu casa.

“Por lo menos ahí habrá espacio de sobra para estudiar.”

—Ah, pero un momento. Debo ir a dejarle un libro a mi hermano. Espérenme en la salida.

Está bien. Ayer le pedí a Therion que me prestara un libro de clases avanzadas. Como aún estoy en las clases básicas, hay ciertos libros que no me permiten llevarme de la biblioteca. Es un fastidio, pero al parecer lo hacen porque puede resultar peligroso intentar hacer magia de alto nivel por cuenta propia. En mi caso, solo quería leerlo para obtener referencias, ya que tengo dudas desde hace cinco años con respecto al diario.

Luego de que Lazran se marchara, yo pasé mi tiempo libre leyendo el diario y en poco tiempo lo terminé. Decir que la historia de aquel científico fue impresionante es poco. Nunca regresó a su mundo, ya que perdió el mando remoto cuando viajó a Duraga. Ese mando le permitía abrir el portal dimensional. Al principio estaba desolado, pero pronto se reanimó. Pasó toda su vida investigando la magia y encontró explicaciones para muchas cosas. Por ejemplo, que la onda de choque que usaba Lazran se producía cuando una bola de viento se movía más rápido que la velocidad del sonido.

Desde luego, lo intenté, pero es más difícil de lo que parece. No solo logró entender grandes cosas, sino que también planteó teorías sobre nuevas magias, como la magia de sonido, que se hace con vibraciones, y la magia magnética, usando el electromagnetismo de la magia de luz. Desde luego, me emocioné al leer esto. ¿Quién no querría poder controlar el magnetismo o el sonido? Pero sus explicaciones son muy complicadas, y sus anotaciones demasiado técnicas, por lo que no logro entenderlas del todo. Por eso busco libros de magia avanzada por ahora. He comenzado a reescribir el libro en el idioma de este mundo y pienso buscar a alguien que me ayude a descifrarlo. Pero no quiero llamar la atención. , los inventos nuevos y revolucionarios atraen mucho interés, y más aún si se trata de magia.

Mientras estaba en mis pensamientos, llegué a la habitación de Therion en los dormitorios de la universidad. Therion no se encontraba ahí, pero tengo una copia de la llave, así que entré y dejé el libro dentro. Al salir, me apresuré a encontrarme con Anton y Faelith, pero me llevé una desagradable sorpresa al ver a Lairam parado detrás de mí.

“¿Qué tengo que hacer para que este chico deje de seguirme?”

Le hice mala cara y caminé a un lado sin prestarle atención, pero rápidamente me habló.

—¡No vayas!

—¿Qué?

—No vayas a la casa de Anton, ¡es una trampa!

—¿¡No te dije que no quería verte más!? ¡Y para ya de seguirme y de escuchar mis conversaciones!

—No lo comprendes. Anton te está engañando. Él quiere aprovecharse de ti y hacerte daño.

—Anton no es esa clase de persona. Ya deja de decir mentiras.

—Él dijo que, como antes arruiné sus planes, ahora usaría la fuerza. Por eso te digo que no vayas.

—¿La fuerza? ¿Acaso crees que no puedo defenderme?

—No digo eso. Escucha, por favor, solo cree en mí esta vez. Si me equivoco, entonces te juro que no volveré a meterme en tu vida nunca más.

—¿Por qué debería hacerte caso? ¿Me pides que crea en ti cuando no fuiste capaz de respetar el trato que habíamos acordado?

—Lo sé. Sé que no cumplí mi palabra, pero tu seguridad es mucho más importante para mí.

“…Se ve muy seguro, ¿pero puedo confiar en él?”

—Muy bien, escucharé lo que tienes que decir, pero no esperes que te crea.

—¡Gracias!

Luego de escuchar lo que Lairam dijo, tenía ganas de golpearlo. Decía que Anton había planeado hacerme suya por la fuerza y que había escuchado cómo planeaba llevarme a su casa para hacerlo.

Me molesté con él y lo dejé atrás cuando terminó de hablar. Lo único bueno es que cuando vea que se equivoca, entonces dejará de molestarme.

“¿Acaso es idiota? ¿Cree que voy a creer eso?”

No hay manera de que Anton se arriesgue a usar la fuerza contra mí sabiendo que soy capaz de defenderme con magia. Y sí, puede que él sea más fuerte físicamente y con más capacidad mágica, pero aun así tendría que luchar conmigo antes de vencerme. Además, voy con Faelith. Si Anton fuera a enfrentarnos, su casa terminaría destruida, y no creo que sea tan tonto como para no darse cuenta de eso. Por eso no creo en las palabras de Lairam.

Llegué a la salida de la universidad y me encontré con Anton para que nos guiara fuera del campus y hacia la Gokana Eria. La verdad es que Vernaleth es una ciudad bastante hermosa, e incluso la zona más pobre es limpia y resplandeciente. Por eso, las áreas lujosas no se ven tan distintas a simple vista, salvo por el tamaño de las casas.

La casa de Anton no tenía nada que envidiar a las demás. Un enorme jardín rodeaba la mansión, y lo primero que vi fue una fuente con una estatua de un oso. Según Anton, ese animal forma parte del emblema del escudo de Arnidiel y es muy apreciado en esa región. Me explicó que no es un oso común, sino uno capaz de usar magia de hielo. Ya había visto en clases que algunas bestias demoníacas podían usar magia, pero nunca supe de una criatura común con esa capacidad.

La casa en sí parecía una mansión de tres pisos —o tal vez más, considerando lo alto del primer nivel—. Tenía muchas ventanas al frente y estaba pintada en un blanco hueso con un tejado azul grisáceo. Numerosos sirvientes y mayordomos nos recibieron cordialmente. El interior era justo como lo imaginaba: salones amplios, repletos de muebles y adornos elegantes por todas partes.

—¡Guau, es todo tan lujoso! —dijo Faelith impresionada.

Anton pareció orgulloso. Por un segundo, noté una chispa de presunción en él; era la primera vez que lo veía comportarse como un noble. Aunque borró esa expresión tan pronto como me miró.

—No pareces impresionada, Airen.

—Ah… Nuca he visitado lugares así antes.

—¿Con que es así…? —respondió con un tono leve, quizá algo decepcionado.

No estoy segura, pero noté cierta frustración en él. Tal vez quería impresionarme. Resulta extraño cómo, después de lo que dijo Lairam, empiezo a notar estas pequeñas actitudes. No es que le crea, pero lo tendré presente.

—Podemos usar mi habitación. Hay espacio y privacidad para estudiar —dijo Anton.

—Bien.

Pensé que un salón sería más apropiado, pero en una mansión todo es tan amplio que incluso una habitación puede parecer un aula. La de Anton era enorme. Al entrar, lo primero que se veía era una gran ventana con balcón, desde donde se apreciaba el jardín principal y parte de la ciudad. A la izquierda estaba su enorme cama, y al frente, hacia la derecha, una puerta que seguramente conducía a un baño privado. Junto a la ventana había una mesa para cuatro personas donde planeábamos estudiar.

Apenas sacamos nuestros libros, apareció una criada con una bandeja de té y galletas, lo que nos hizo posponer el estudio un rato.

—Por cierto, Airen —preguntó Anton—, ese libro de antes, ¿no era de magia avanzada?

—Ah, sí… bueno, había algo que quería revisar.

—¿Te gusta aprender cosas difíciles, verdad? ¿Cómo vas con la magia de hielo?

—He logrado enfriar el agua, pero aún no logro congelarla.

—Vaya, avanzas muy rápido.

—Practico en mi tiempo libre. ¿Mmm? ¿Faelith, tienes sueño?

Faelith parecía agotada después de merendar. Ahora cabeceaba, luchando por mantener los ojos abiertos.

—¿Faelith?

—¿Hmm?

—¿Estás bien?

—Ah… sí… solo tengo un poco de sueño.

—¿No dormiste anoche? Mantente despierta, no puedes dormirte, así como así en casa ajena.

—Por mí está bien —intervino Anton—. Si quieres, puedes descansar en mi cama.

—Mmm… solo por un minuto…

Faelith caminó hacia la cama y se dejó caer como si no hubiera dormido en días. Era raro verla actuar así.

“Qué vergüenza… aunque a Anton parece divertirle.”

—Perdón por ella, no sé qué le pasa hoy.

—Jajaja, tranquila. No me molesta.

—Gracias…

—Volviendo al tema anterior, ¿te interesan los libros de magia avanzada, verdad?

—Sí, pero no me los prestan en la biblioteca.

—Mmm… sabes, esta casa la compró mi padre cuando nos mudamos aquí. El antiguo dueño la dejó con todo, incluida una excelente colección de libros. No paso mucho por ahí, pero creo haber visto algunos de magia avanzada que podrían interesarte.

—¿¡De verdad!?

—Claro. Solo están ahí acumulando polvo. Si quieres, vamos a la biblioteca a echarles un vistazo. Al menos hasta que Faelith despierte.

—¡Seguro! De verdad, siempre estás ayudándome.

—Jajaja… no hay de qué…

Anton me guió hacia la biblioteca privada, ubicada en el primer piso cerca de la puerta trasera. La entrada era una puerta de madera rústica, bastante antigua. Sacó una gran llave color verde oscuro, posiblemente de cobre oxidado, y la usó para abrir la puerta.

Me sorprendí al ver la gran cantidad de libros que había dentro. Cuatro estanterías repletas, aunque todo cubierto de polvo. El lugar era muy oscuro; solo una ventana al fondo dejaba pasar algunos rayos de luz entre tablas podridas que la bloqueaban.

Levanté mi mano para crear una esfera de luz e iluminar el lugar, pero Anton se apresuró a detenerme.

—¡Espera! No te molestes.

—No es problema, solo es un poco de luz…

—Yo me encargo de iluminar.

Anton sacó una piedra ovalada del tamaño de un huevo de su bolsillo, y otra igual que estaba sobre una mesa cercana. Golpeó ambas entre sí, y comenzaron a brillar intensamente.

—¿Esas son piedras de luz? Nunca había visto unas así.

—Son piedras antiguas. Las modernas se activan al inyectarles maná y se apagan cuando se agotan, pero estas tienen su propio maná y se encienden al tocar otra igual.

—Qué interesante… ¿pero era necesario?

—Bueno, no olvidemos a qué vinimos.

—Mmm… está bien.

Anton me ofreció una de las piedras y me di la vuelta para comenzar a buscar libros.

Clanc

“¿Mmm?”

Al escuchar un ruido extraño, me giré y vi a Anton cerrando la puerta con llave.

—¿Anton? ¿Por qué cierras con llave?

—Ah, es solo que, si no la cierro con llave, se abre sola y entra el viento. Podría dañar los libros.

—…Ya veo…

—Por un momento pensé… No… No puede ser verdad… Qué tonterías estoy pensando—

Seguí ojeando las estanterías en busca de algo bueno, pero la mayoría de los libros eran sobre leyes, historia y política. De momento no había ni uno solo de magia.

—¿Cómo va la búsqueda? —preguntó Anton mientras se acercaba a mí.

—No muy bien, no he encontrado ni un libro de magia.

—Eso es una pena, pero por el lado bueno… este tono de luz te hace ver hermosa.

«No quiero escuchar las frasecitas ahora…»

—Sabes, Airen… siempre que he interactuado con chicas, ellas suelen tener ciertos tipos de reacción hacia mí.

—¿Ah, sí? ¿De qué tipo?

—La mayoría se enamoran por mi aspecto físico.

—¡Uaahhh! Eso sonó muy egocéntrico.

—Jajaja, sí… El otro tipo son las que me odian. Generalmente porque las rechazo o porque no soy lo que ellas creían.

—Mmm… ¿y el tercer tipo?

—Las que me temen…

—¿Por ser un noble? He visto ese tipo de reacciones todo el tiempo.

—Pero tú no me temes.

—¿Hay razón para temer?

—Jajaja, por supuesto que no.

—¿Y entonces en qué tipo encajo yo?

—Tú me sorprendiste. No eras de ninguna de las anteriores. Felicidades, has creado una nueva categoría: indiferencia.

—¿Indiferencia?

—Sí, no me temes, no me amas, no me odias. Cuando te vi por primera vez simplemente parecías no estar interesada en absoluto. Jajaja, me sentí ignorado.

—Bueno, lo sien…

«¿Ignorado?»

> > Él dijo que haría que te enamoraras de él para convertirte en su mascota solo porque lo habías ignorado o algo así<<

Recordé las palabras de Lairam en mi mente cuando Anton mencionó la palabra “ignorado”. Sin decir mucho más, Anton comenzó a acercarse a mí con una mirada serena y una leve sonrisa.

> > Él quiere aprovecharse de ti y hacerte daño<<

Comencé a retroceder al dudar de Anton.

Las palabras de Lairam comenzaban a

tener cierto sentido. Cuando mi espalda

pegó contra una de las estanterías, miré

hacia un lado tratando de disimular mi

incomodidad.

-Amm…quizá debamos volver, Faelith

debe haber despertado y-

-Airen…-Anton puso su mano sobre la

estantería, cortándome el paso. Lo miré

a la cara y en ese momento dijo-. Quizá

ya te habías dado cuenta, pero… me he

enamorado locamente de ti.

-¿iQué!? Eso….

-No necesitas decir nada… solo déjate

llevar.

Anton se acercó hacia mí con la clara

intención de besarme. A solo centímetros

de distancia, instintivamente puse mis

manos sobre su boca para detenerlo.

-Lo siento… pero yo no puedo

corresponderte, Anton.

Tras decir esto, hubo un notorio cambio

en su mirada: se volvió fría y aguda.

Rápidamente me sujetó las manos y

de manera brusca las retuvo contra la estantería.

-¿iAnton!?-

-De verdad… incluso cuando estoy

siendo amable…

-¿Anton, puedes soltarme? Estás usando

mucha fuerza.

-Es la única manera en que una plebeya

como tú puede entender. Debí hacer

esto desde el inicio. Y pensar que he

gastado mi tiempo por ahí con simples

plebeyas…

《¿Qué sucede con él? jEs completamente

diferente!》

-Anton… ¿acaso lo que decía Lairam era

verdad?

-iJajajajaja! ¡Cada palabra! ¡No sabes

cómo me divertí viendo su cara cuando lo

llamaste mentiroso!

-Qué lástima… pensé que eras diferente,

pero al final eres un noble como los

demás.

《Fui una idiota al pensar que algunos

nobles podrían ser buenos. No volveré a

confiar en uno jamás》

-¿Y qué crees que lograrás?¿Acaso

piensas-

Corrí hacia la puerta para escapar de ese

lugar, pero-

-iMaldición, la llave!

Me había olvidado que Anton había

cerrado con llave y ahora había

desaprovechado mi oportunidad de

escapar. Anton se estaba recuperando y

ahora estaba furioso.

-Grrr… En verdad… parece que a los

plebeyos no se les puede tratar de buena

manera.

-Tienes valor para intentar algo asi

teniendo en cuenta que Faelith me

acompaña. En cuanto despierte, estarás

en problemas.

-¡JAJAJAJAJA! ¡Ella dormirá unas

cuantas horas más gracias al somnífero

que había en su té!

-i¿Somnifero!?¡Serás cobarde!

-Deberías agradecer que no lo usé

contigo también. Pero si lo hiciera no

sería divertido… Bueno, cuando termine

contigo, ¿quizá vaya con ella también?

¡No hay manera de que desperdicie tal

belleza! iJajajajaja!

-¡Solo intenta acercarte a Faelith y

te aseguro que te faltarán años para

arrepentirte!¿Crees que te dejaré hacer lo

que quieras?

《No puedo compararme a él en fuerza

física… pero si es con magia…ieh?》

-¿iJAJAJAJAJA! ¿iCreíste que no estaría

preparado!?

-Mi magia…¿Por qué no puedo usarla?

-Por alguna razón, el antiguo dueño de

esta casa recubrió las paredes de esta

biblioteca con Viod.iEs perfecto para mi!

iJajajajaja!

《¡Viod! Por eso no quería que yo usara

magia para iluminar la sala, porque me

daría cuenta al instante. Esas piedras

deben funcionar de alguna manera que

no es afectada por el Viod… Es más,

recuerdo que los cristales de luz de la

escuela y la universidad tampoco se ven

afectados por el Viod》

-Ahora… si cooperas conmigo, me

aseguraré de que lo disfrutes, así que in–

iGuh!

-iComo si fuera a ser tan fácil, idiota!

Sin dejar que terminara su palabrería, le di un rodillazo en sus partes más nobles. Puesto que yo ya vi eso antes, sabía que esta técnica prohibida era tan terrible como útil. No había otra opción. Aprovechando que Anton estaba encorvado del dolor, corrí.

—¡Uaahhh, qué mirada tan peligrosa para una damisela en peligro!

—¿Damisela en peligro? Creo que te confundes. Aquí el único que está en peligro eres tú. Si me haces enfadar, lo pagarás caro.

—¡JAJAJAJAJAJA! ¡Qué buena broma!

Anton comenzó a caminar hacia mí como si solo tuviera que arrancar una flor del suelo. Sin embargo, se llevó una sorpresa cuando, al querer sujetar mi ropa, yo rápidamente golpeé sus oídos con las palmas abiertas.

—¡AGH!

Desde lo que pasó hace cinco años pensé que algo así podría suceder nuevamente: encontrarme sin magia frente a alguien que quisiera hacerme daño. Por eso busqué en mis recuerdos técnicas de pelea para defenderme. Cosas así eran comunes en libros antiguos, y aunque fueran ficción, estaban basadas en la realidad. Además, leía muchos manuales de pelea, y comencé a practicarla. No mucho, pero practiqué, logré dominar algunas técnicas como la que acabo de usar en Anton. Al golpear con las palmas abiertas en sus oídos, he empujado el aire hacia dentro, y eso causa un gran dolor.

Sin dejar espacio a que se recuperara, di un paso al frente y presioné su pie con el mío, al mismo tiempo que, usando una vez más la palma de mi mano, le di un fuerte golpe en el mentón, lo que lo hizo tambalearse hacia atrás y caer sobre una estantería, la cual se desplomó causando un desastre de libros y polvo.

—¿Realmente no hay un solo noble que no sea un idiota? ¿A cuántos tengo que golpear para que me dejen en paz?

Me acerqué a Anton, quien parecía inconsciente, y comencé a buscar la llave en su ropa. Tras encontrarla, caminé hacia la puerta e introduje la llave, pero se me hacía difícil girarla, como si estuviera atascada por algo.

—¡MALDITA PLEBEYA, NO HE TERMINADO CONTIGO!

Por confiarme en que Anton estaba inconsciente, no me di cuenta de que se había levantado y ahora estaba muy cerca de mí. Aun así, no entré en pánico y, con la intención de noquearlo de una vez, me preparé para el próximo golpe, pero de pronto algo entró a través de la ventana, rompiendo la madera que la cubría y llenando la habitación de la intensa luz del exterior. Cuando vi una figura humana entre el polvo, de inmediato pensé en Faelith y me emocioné, pero cuando se aclaró todo, vi que se trataba de Lairam.

—Ah… solo es Lairam…

—¿¡Solo!? ¡Vine a salvarte!

“Llegas un poco tarde, ¿no crees? ¿O justo a tiempo, quizá?”

—Jajaja, ¿así que la ratita vino a actuar como el príncipe? Jajajaja, qué gracioso.

—¡N-no me s-subestimes!

Lairam estaba de pie frente a nosotros con una postura desafiante hacia Anton, sin embargo, claramente estaba aterrado. Le temblaban las rodillas, estaba sudando y su voz delataba lo nervioso que estaba.

—Lairam, gracias por venir a salvarme, pero… no creo que puedas vencer a Anton… solo quédate por ahí, ya me encargo yo.

—¿Eh? ¡Airen, no! ¡Es muy peligroso para ti! ¡Deja que yo me encargue!

“Ya lo hubiera vencido si no hubieras aparecido. Siento que le debo una disculpa a este chico, pero… ciertamente, Lairam parece un niño a la par de Anton. No había manera de que le pueda ganar en una pelea cuerpo a cuerpo.”

—Basta de tonterías, ya he alargado esto demasiado tiempo —gruñó Anton.

—Lairam, voy a distraerlo mientras tú ve y busca ayuda.

—¡No! ¡Yo vine a salvarte y te lo demostraré!

—¿Lairam?

Lairam se apresuró contra Anton y lanzó un puñetazo, pero como era de esperar, Anton lo esquivó fácilmente y le dio una patada que lo dejó sin aliento.

—¿Eso era todo? Basura.

—¡Lairam…!

—Ahora el plato principal.

Tras dejar a Lairam en el suelo, se acercó a mí rápidamente con intención de sujetar mi cuello. Tan pronto como estuvo a mi alcance, sujeté su brazo y, usando su propio impulso, lo hice estrellarse contra la mesa que había cerca, rompiéndola en pedazos, ya que era una madera vieja y podrida. Me acerqué a Lairam, quien aún estaba tosiendo en el suelo, y pregunté si estaba bien.

—¡Lairam! ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

—Yo… i… haa… estoy bien…

—¿Por qué estás tan exhausto? Solo te ha golpeado una vez.

“¿No puede ser tan débil, o sí?”

—Los… guanteletes…

—¿Hm?

Miré a Lairam y vi que en ambas manos llevaba unos guanteletes de cuero con placas de hierro en la parte superior. Le llegaban hasta los codos y tenían pequeñas gemas oscuras incrustadas a los lados.

—No deberías distraerte —Anton apareció detrás de mí una vez más.

“Diablos porque no se rinde.”

Lairam se había puesto de pie una vez más y se puso frente a mí para cortarle el paso a Anton, aunque ahora parecía realmente exhausto. Su aliento era pesado y parecía que le costaba estar de pie.

—Pero mírate… eres incluso más débil de lo que imaginé. Eres menos que un estorbo.

—No… voy a dejar… ¡que le hagas daño!

Lairam corrió haciendo un gran esfuerzo. Anton ni siquiera parecía dispuesto a esquivar su ataque y simplemente levantó su mano para atrapar el puño de Lairam, pero en cuanto lo hizo:

¡Crack!

—¡Gh… iGAAAAAHHHHHH!

El sonido de huesos rompiéndose seguido de los gritos de Anton resonaron en la habitación. El golpe de Lairam, de alguna manera, le había roto el brazo a Anton, y este ahora le colgaba como si fuera de goma.

—¡Pero qué… Lairam… ¿Cómo es que…?

—Airen… haa… yo… te dije… que te salvaría… haa…

“Se ve todavía más exhausto… ¿qué pasa con este chico?”

—¡Gaaaaahhhh! ¡MALDITA RATA!

Anton se volvió histérico e intentó atacar a Lairam de frente. Estaba tan fuera de control que no evitó el golpe de Lairam, quien sorpresivamente lo envió a volar contra la puerta y la atravesó rompiéndola en pedazos. Pude escuchar cómo algunas costillas de Anton se rompían con el impacto, y tras caer al suelo, quedó inconsciente. Lairam, por otro lado, no se veía mejor. Parecía que iba a desmayarse en cualquier momento.

Aun así, continué intentándolo, a pesar del dolor de cabeza y el entumecimiento de mi cuerpo. Puede que Anton fuera un mentiroso que intentó hacerme daño, pero yo lo llegué a considerar un amigo. No podía dejar que muriera, así como así.

Btzz

—¿Funciona?

Una débil corriente logró cruzar mi brazo hacia el pecho de Anton, provocando una pequeña sacudida en este. Aumenté la potencia y con esto pude hacer llegar suficiente electricidad como para que mi mano actuara como un desfibrilador, pero también me lastimaba mucho a mí misma con esto. No me detuve hasta que, tras varios segundos de tensión, el corazón de Anton por fin volvió a latir y comenzó a respirar con normalidad. Yo, en cambio, estaba muy alterada, ya que creí que no iba a lograrlo, y solo solté un suspiro enorme cuando lo vi respirar.

Los sirvientes de la mansión no tardaron en aparecer y, mientras atendían a Anton, yo saqué a Lairam de la habitación. Al principio me culparon de atacar a Anton, pero cuando los acusé de ser cómplices de él para abusar de mí, se tragaron sus palabras. Después de todo, la prueba de todo estaba durmiendo plácidamente en el segundo piso. Por ello, hicieron como si no hubiera pasado nada. No es del todo agradable, pero por ahora solo quería irme de ese lugar con Lairam y Faelith, así que prometí olvidar lo sucedido si me ayudaban con ellos dos. Así pues, dos trabajadores cargaron con Faelith y Lairam en hombros fuera de la mansión de Anton.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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