Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 27

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Airen: Poder y Leyenda
  4. Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 — Nuevos Amigos Nuevas Aventuras
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

27: Capítulo 27 — Nuevos Amigos, Nuevas Aventuras 27: Capítulo 27 — Nuevos Amigos, Nuevas Aventuras —Entiendo que sean tus amigos, pero…

¿¡por qué los has traído a mi habitación!?

Me encuentro actualmente en los dormitorios de la universidad, en la habitación de Therion, donde Faelith y Lairam descansan.

Después de salir de la mansión de Antor, pensé en llevar a ambos a mi casa, sin embargo, está muy lejos como para llevarlos allí.

No tenía idea de dónde vivía Lairam y ni loca llevaría a Faelith desmayada a su casa, así que opté por la opción más práctica.

—Ya te lo dije, este era el lugar más cercano.

—¿¡Y por qué están dormidos!?

¿¡Qué han estado haciendo!?

—La práctica se nos fue de las manos.

¿¡Puedes calmarte ya!?

—Hm…

está bien.

Tengo que ir a trabajar pero no tardaré, ¡y no quiero desorden aquí cuando regrese!

—Siiii~ “Él es muy estricto con su habitación.” La habitación de Therion era en sí pequeña.

Nada más entrar, tienes una sala con espacio para un sofá y una mesa, solo un dormitorio y un baño.

Había un pequeño sitio que podía usarse como cocina, pero Therion no lo utilizaba ya que comía en el comedor de la universidad.

Está bien para una sola persona, aunque hay habitaciones más grandes disponibles.

En los terrenos de la universidad hay dos edificios que sirven de dormitorios para los estudiantes.

El primero es para las clases bajas, o mejor dicho, los pobres, que es donde se aloja Therion: habitaciones pequeñas y de alquiler barato, útiles solo para pasar la noche.

Luego están los dormitorios para quienes tienen dinero: bastante más amplios y lujosos, aunque obviamente más caros.

Algunos nobles que vienen de otras ciudades residen ahí, ya que no todos compran una casa como lo hizo la familia de Antor.

También es usado por quienes, sin ser nobles, tienen buena situación económica.

Papá se ofreció a pagar el alquiler para que Therion se alojara en esos dormitorios, pero él no quiso.

Dijo que quería pagar su habitación por sí mismo y consiguió un trabajo por las tardes con el maestro de esgrima.

Si no me equivoco, solo tiene que ayudar en el mantenimiento del gimnasio y las armas luego de las clases, aunque su sueldo solo le alcanza para pagar esta pequeña habitación.

Después de que Therion saliera, me acerqué a Faelith para ver cómo estaba.

Ella simplemente dormía plácidamente.

Al parecer, aún le quedaba un buen rato más de sueño.

Hay magia para eliminar sustancias del cuerpo, tales como venenos o somníferos, sin embargo, es magia de sanación avanzada, y está de más decir que no la conozco.

“Faelith tendrá que dormir un rato más entonces.” Por otro lado, Lairam estaba bien y no tenía heridas.

Sin embargo, estaba completamente exhausto.

Me di cuenta de que durante todo el camino no había soltado los guanteletes que llevaba puestos.

Se los había quitado en algún momento mientras yo sanaba a Antor, y recordé lo que había dicho sobre que los guanteletes eran la causa de su agotamiento.

“¿Qué tienen estos guanteletes?

¿Serán muy pesados?” Se los quité por curiosidad y los observé detenidamente.

A simple vista, parecían guanteletes normales, pero noté que a los lados tenían incrustadas varias piedras oscuras de color negro opaco.

No…

no solo a los lados.

También tenían tres delgadas placas metálicas de color verde oscuro adheridas dentro de la funda de cuero y conectadas a las piedras negras por medio de Kabel, pequeños cables metálicos casi transparentes de color azul cielo.

Estos también estaban dispersos por la cubierta de cuero y en contacto con la piel.

El Kabel es un mineral parecido a filamentos cristalinos que puede transportar maná de un punto a otro.

A diferencia de otras piedras o metales comunes que simplemente reaccionan al maná, el Kabel lo canaliza con precisión y estabilidad.

Cuando descubrí este material, pensé que debía ser sumamente valioso.

Sin embargo, apenas se le da uso.

Solo lo he visto como canalizador en lámparas de maná, incrustado en cristales que emiten luz.

Dicen que hay grandes vetas en las minas del este, pero pocos conocen su verdadera naturaleza, y quienes la comprenden no parecen verle demasiado potencial.

Yo, en cambio, imaginé mil formas de aprovecharlo… pero dejé esas ideas guardadas, por ahora.

Sin embargo, Lairam los ha utilizado con una destreza sorprendente en estos guanteletes… aunque no comprendo del todo su propósito.

Observé el otro guantelete y, aunque su forma era parecida, las gemas incrustadas y los canales de conducción de maná eran distintos.

Además de las piedras oscuras, había otras de tonalidad naranja resplandeciendo a los lados.

Las placas internas tenían un brillo blanco, como si estuvieran hechas de algún mineral purificado o tratado mediante alquimia.

Mi curiosidad creció y decidí probármelos.

Al ponerme el primero, no noté nada raro, pero tras colocarme el segundo guantelete, sentí un fuerte choque en todo mi cuerpo, comenzando desde mis manos.

Era como si algo presionara cada centímetro de mis músculos.

Luego de esto, un flujo involuntario de maná comenzó a dirigirse hacia los guanteletes.

“¿Está…

drenando mi maná?” La cantidad drenada se equiparaba a usar magia de fuego para mantener un lanzallamas pequeño activo.

Bastarían unos 30 minutos para quedarme sin maná.

Además, la presión en mi cuerpo me estaba cansando, casi como tener calambres en todos los músculos.

“¿Para qué traía puesto Lairam una cosa así?” Como había comenzado a sudar, me acerqué a la mesa para usar una toalla que había encima, pero al hacerlo, de alguna manera puse mucha fuerza y terminé rompiéndola.

—¿Eh?

¡No no no!

¡Therion me va a matar!

Solo lo pensé un segundo, y me acordé de la increíble fuerza que había demostrado Lairam antes.

Ya era bastante raro que tuviera tanta fuerza, y de ninguna manera podía creer que la tuviera con un cuerpo tan delgado.

—¡Son estos guanteletes!

Con miedo de romper más cosas, me los quité.

Tras hacerlo, sentí cada parte de mi cuerpo levemente adolorida.

Yo me ejercito todos los días, así que estoy en buena condición física, pero aún así, tan solo usarlos unos minutos bastó para dejarme con el mismo efecto de varias horas de ejercicio.

—Por eso estaba tan exhausto…

“No sé qué tanto se ejercita Lairam, pero puedo asegurar que alguien que no lo haga quedaría desgastado tras unos minutos de usar esto.” Usé un poco de magia curativa en mí para aliviar el estrés de mis músculos.

Fue una técnica que me enseñó el maestro Garem en las clases de sanación.

Suelo usarla los días que me ejercito demasiado.

—Uff…

mucho mejor.

Bastó un poco de magia para recuperarme del dolor.

Entonces vi a Lairam y pensé que estaría incluso peor que yo, así que usé magia en él también.

Normalmente no se debe usar magia curativa si ha pasado más de 12 horas.

Lo recomendado es dentro de las 6 horas, porque el cuerpo ya habrá avanzado en su sanación natural, y forzar una intervención podría ser peligroso o simplemente inútil.

Tendría que tener un nivel muy avanzado en magia curativa para sanar más allá de ese tiempo.

Pero Lairam llevaba así menos de tres horas, así que no había problema.

Puse mi mano sobre su pecho y comencé a enviar magia curativa a su cuerpo.

Detecté un gran desgaste en sus músculos, así que procedí a sanar hasta cierto punto.

Tras varios minutos, me detuve, y Lairam ya se veía mucho mejor.

—Mñn…

“Oh, va a despertar.” —Lairam, despierta.

—Mmm…

—¡Lairam!

—¿Mm?

¡Ah!

Lairam se despertó y se puso de pie rápidamente, muy alterado, mirando a todos lados.

Seguramente pensó que aún seguía en la biblioteca de Antor.

“”-¡Lairam, cálmate!

—¿A…iAiren!?

¿Estás bien?

—Muy bien, gracias a ti.

jaja Solo le sonreí por cortesía y él ya estaba totalmente ruborizado.

Parece ser del tipo de persona que no puede ocultar sus sentimientos…

—¿Qué pasó después?

¿¡Y Anton!?

¿¡No te hizo nada, verdad!?

—Tranquilo, quedó inconsciente luego de que lo golpearas.

(Sin mencionar que casi lo matas) —Luego hice que los criados te trajeran a ti y a Faelith.

—Ya veo…

¡!…

Entonces…

¿¡estoy en tu habitación!?

—No, esta es la habitación de mi hermano Therion, en los dormitorios de la universidad.

—Ah…

ya…

(¿Por qué te ves tan deprimido?) —Por cierto…

¿puedes explicarme qué es esto?

—le mostré los guanteletes y este abrió mucho los ojos.

—Eso…

bueno, es una herramienta mágica en la que he estado trabajando.

Jeje —Ya veo, es increíble.

—¿¡D-de verdad lo crees!?

—Seguro, tan pronto como me los puse, incrementó mi fuerza de manera impresionante.

—¿¡Los probaste!?

¿¡Estás bien!?

—¿Mn?

Seguro.

Consumen mucho maná y causan algo de estrés, pero nada importante.

¿Tú los hiciste solo?

—Solo no, mi amigo me ayudó en gran parte.

—Ya veo.

Pero de verdad…

una herramienta que aumente así la fuerza…

—Bueno…

como soy débil, pensé en hacer algo que me ayudara a ser fuerte.

Pero tiene defectos…

—¿Como el consumo de maná?

Sí, si los llevara por media hora seguro me agotaría por completo.

—Vaya…

así que tardaría media hora en agotar tus reservas de maná…

eso es increíble…

—¿Sí?

Me agotaría en más o menos media hora.

Sin embargo, creo que Faelith podría usarlos por unas 2 o 3 horas.

—¡¿3 horas!?

Jaja…

Yo solo puedo usarlos por 5 minutos y luego quedo inmóvil por varios días…

jajaja Tener mucho maná debe ser increíble…

(Ahora se ve deprimido otra vez…

bueno, yo también me deprimiría si tuviera tan poca maná) —Cambiando de tema…

—me acerqué y me incliné levemente— ¡Perdóname por haber dudado de ti!

—¿¡Ieh!?

—¡Tenías razón todo el tiempo, y yo solo desconfié de ti y te llamé mentiroso!

—Ah…

n…

esp…

no es…

necesario, digo…

fue Anton…

¡sí!, fue culpa de Anton por engañarte.

No necesitas disculparte.

—aun así…

me siento tan mal…

me gustaría poder recompensarte de alguna forma.

Lairam se quedó en silencio por unos segundos mientras me miraba un tanto nervioso y parecía estar pensando en algo.

Luego hizo un gesto que indicaba que se le había ocurrido algo, tragó saliva y un tanto nervioso pero serio dijo: —E…

Entonces…

podrías…

—No voy a casarme contigo.

(Tenía que dejarlo claro) —¡Aw…

no…

e…

no era…

ahhh…!* Se dio un golpe en las mejillas con sus manos para calmarse un poco y entonces dijo: —Lo de la confesión…

perdóname…

me puse nervioso y dije lo primero que se me vino a la mente.

—¿No estás enamorado de mí entonces?

—¡Claro que lo estoy!

(Rayos…) —Pero…

sé muy bien que no soy digno de ti…

por eso, ¿¡quieres ser mi amiga!?

Al decir esto, Lairam se puso firme y extendió su mano derecha hacia mí como para dar un apretón de manos.

Estaba bastante ruborizado pero se mantenía serio en su propuesta.

—…

¿Amigos, eh?…

…………

La idea de ser amigos no me pareció mal.

Lairam había demostrado ser de confianza y no era un mal chico.

Levanté mi mano y la junté con la suya para completar el saludo.

Entonces lo miré a la cara y con una sonrisa le dije: —Entonces, seamos amigos.

—¡Ah…a…u…

hk……..!* Comenzó a murmurar cosas sin sentido mientras hacía una cara extraña.

Me causó gracia, por lo que me reí.

Al ver esto, su cara se encendió como nunca, pero segundos después palideció.

Comenzó a mirar por encima de mi cabeza con una expresión de puro terror y de inmediato soltó mi mano, ocultó su mirada y retrocedió lentamente.

Me preguntaba qué había pasado y entonces noté una sombra detrás.

Cuando me di la vuelta vi a Faelith parada detrás de mí con una cara aterradora y una fiera mirada en dirección a Lairam.

—¡Ah, Faelith, ¡qué bien que has despertado!

—dije mientras abrazaba a Faelith.

(Incluso los somníferos tienen menos efecto en ella…

de verdad, ¿de qué está hecha?

Pero bueno, me alegra que haya despertado) —Airen…

¿Qué hace él aquí?

¿Dónde estamos?

¿Y por qué sostenía tu mano alegremente?

—Bueno…

te tengo que explicar unas cuantas cosas…

Comencé a contarle a Faelith lo que había pasado luego de que ella se quedara dormida.

Al escuchar la verdad sobre Anton, hizo una cara muy sorprendida y se mostró un poco molesta y triste después.

A ella le agradaba un poco Anton, por lo que comprendo cómo se siente.

A mí también me agradaba, así que es una lástima.

(Supongo que los nobles siempre serán así…) Luego de escuchar que fue gracias a Lairam que me había salvado, ella se mostró con dudas ante él, pero tras un suspiro murmuró: —Perdón por lo de antes.

Ella no es del tipo que muestra sus sentimientos a las demás personas tan fácilmente, por lo que creo que con esa “disculpa” está bien por ahora.

Luego de esto, seguimos hablando sobre la herramienta mágica de Lairam, y entonces él sugirió que le ayudara con su desarrollo.

Básicamente quería que lo curara luego de que él hiciera las pruebas.

No me pareció gran cosa, así que le dije que iría a su taller y me lo pensaría.

Con su taller me refiero al salón de investigación que la universidad le ha prestado.

Hay numerosos de estos salones en la universidad que los estudiantes utilizan para trabajos de alquimia y magia aplicada.

Quedamos en que iríamos a visitarlo mañana por la tarde.

Faelith insistió en acompañarme, cosa que no pareció gustarle mucho a Lairam, aunque no se negó.

—Entonces, hasta mañana.

—Hasta mañana.

Lairam se fue a su casa mientras yo me quedé en la habitación de Therion intentando pensar en algo para reparar la mesa antes de que él regresara.

Con la ayuda de Faelith logré hacer un apaño con un par de tablas y unos clavos.

Sin embargo, sabía que Therion se volvería loco cuando regresara…

Después de ese día regresé a clases normalmente.

Parecía que con lo sucedido ahora ya todo había regresado a la normalidad.

Me encontraba con Faelith donde siempre íbamos a la universidad.

Aunque no volví a hablar con Anton, sí lo vi por los pasillos de la universidad recientemente.

Crucé a su lado, de hecho.

Él llevaba algunas vendas en su cabeza y su brazo roto vendado y entablillado.

Al parecer, ninguno de sus criados sabía usar magia de sanación, así que trataron sus heridas con medicina común.

Yo pude haberle curado su brazo roto, pero me habría tomado horas.

Reparar huesos rotos es una de las cosas más difíciles de la sanación mágica.

Yo me sané mis costillas hace años, pero esa vez no fue una rotura, fue una fractura donde el hueso no llegó a partirse.

No es tan difícil si solo es una fractura, pero si el hueso se rompe, ya es otra cosa.

Cuando crucé a la par de Anton comencé a imaginar que me gritaría y me insultaría.

Luego, que comenzaría a culparme de lo sucedido y a pedirme que le pagara por los daños y por la humillación, aun cuando yo no tenía culpa de nada.

Lo típico que haría un noble.

Pero para mi sorpresa, no hizo ni dijo nada.

Simplemente actuó como si no me conociera y siguió caminando.

Sus amigos, en cambio, me fulminaron con la mirada, pero bastó un susurro de Anton para calmarlos.

En ese momento pensé por un segundo que él quizá no era como los otros nobles…

pero tras recordar lo que pasó, me retracté de inmediato.”” En cuanto a Lairam, no lo he visto mucho en estos días.

Hablé con él algunas veces cuando me lo encontraba en los pasillos de la academia, pero nada más.

Hoy decidí ir al salón que usa como taller, ya que no tenía nada que hacer.

—Hola… ¿hay alguien?

—¡Ah!

Qu… A… ¿¡Airen!?

Abrí la puerta sin tocar, y sorprendí a Lairam a medio vestirse.

Estaba en ropa interior, con un pie dentro de un overol de trabajo.

Su rostro se volvió rojo de inmediato, y trató de cubrirse como pudo.

—Ah… lo siento… debí haber tocado… —¡A-Airen t—!

—¿Qué dices, Lairam?

Vocaliza.

—¿P-Podrías esperar afuera un momento…?

—Claro.

Retrocedí, cerré la puerta y esperé afuera.

Podía oír cómo se vestía apresurado y cómo luego corría de un lado a otro dentro del salón.

“Es realmente delgado… parece más joven de lo que es”, pensé.

La verdad, siento una mezcla de ternura y compasión por él.

No lo veo como alguien que me incomode o me atraiga, más bien como un amigo que necesita apoyo.

Pasaron unos segundos más en silencio, luego escuché pasos acercarse y finalmente la puerta se abrió.

—Perdón por la espera.

Puedes pasar.

“Actuando como si nada pasó… mejor así.” Entré al salón.

Aunque no era tan grande como un aula regular, tenía suficiente espacio para trabajar cómodamente.

En el centro había mesas amplias, de unos dos metros de largo, cubiertas con cristales, metales, piezas de cuero y fragmentos de armadura.

—¿Aquí es donde trabajas en tu invento?

—pregunté, mirando a mi alrededor.

—S-Sí… perdón por el desorden.

Había estanterías y cajones por doquier.

En una esquina, un sofá desgastado rodeado de restos de comida.

Se notaba que había tratado de limpiar sin éxito.

Lairam se apresuró a ordenar el sofá y colocó una mesa pequeña delante con unas galletas y algo de té.

Dudé un poco con el té, pero al final lo tomé.

Charlamos varios minutos.

Hablamos sobre lo ocurrido en la casa de Anton.

Al parecer me había seguido desde el principio, pero tuvo problemas con los guardias al llegar a Gokana Eria.

Cuando por fin pudo entrar, no se atrevió a avanzar directamente y terminó caminando por los alrededores hasta ver la ventana de la biblioteca donde Anton y yo conversábamos.

Así fue como se involucró.

Después, la conversación giró hacia su proyecto de herramientas mágicas.

Me contó que busca perfeccionar un invento para ser aceptado en la facultad de inventores de la ciudad de Finhild, en el continente de Réquen.

Miré la mesa de trabajo: cristales de distintos tipos y piedras mágicas estaban organizadas allí.

—¿Todos estos cristales son tuyos?

—Sí.

No sabía cuáles necesitaba al principio, así que conseguí varios y los fui probando.

Fue… doloroso.

—Debió costarte mucho conseguir tantos.

—El Yianasio y el Amite, sí.

Son los más caros.

Los demás no tanto.

—Conozco el Amite, pero no sé cuál es el Yianasio.

—Lo usé todo en los guanteletes.

Lairam fue a una estantería y trajo los guanteletes que ya había visto antes.

Me señaló unas piedras anaranjadas.

—Estas son Yianasio.

Las negras opacas son Amite.

—Qué raro.

Pensé que el Amite era más brillante.

—Sí, lo es cuando tiene maná.

Cuando se vacía, se vuelve opaco.

Puso los dedos sobre las piedras.

Poco a poco, la luz regresó a ellas.

—No tengo mucho maná, así que las cargo de antemano.

Pero no dura mucho.

“Sirven como baterías, pero el consumo es tan alto como si quisieras usar una vela para iluminar un campo entero.” —¿De verdad consume tanto?

—Sí.

Multiplica por veinte la fuerza física del usuario.

—¡¿Veinte veces?!

¿Cómo lograste eso?

—Combinando efectos de materiales distintos.

La Kranita y el Fradel, por ejemplo, tensan los músculos.

Cuando están en contacto, generan impulsos eléctricos.

Usándolos en guanteletes separados, el cuerpo actúa como conductor y reduce el efecto, evitando la parálisis.

Luego está el Yianasio, que absorbe parte del impulso eléctrico, ayudando a mantener el control muscular.

Además, emite impulsos leves que aceleran la recuperación natural mediante el maná.

—Impresionante… Pero eso debe exigir demasiado al cuerpo.

—Exacto.

Por eso sólo los uso poco tiempo.

Una persona con poco maná quedaría inmóvil del esfuerzo.

—¿No puedes reducir la potencia?

Con el doble o triple de fuerza sería suficiente… —Sí, pero necesitaría Herdinel para equilibrarlo.

Es más potente y estable, pero raro y muy caro.

—¿No basta con cortar la Kranita y el Fradel a la mitad?

—No, si los cortas pierden su función.

—¿Oh?

—Todos estos materiales, salvo el Amite y el Kabel, vienen de bestias demoníacas.

—No sabía eso.

—La Kranita y el Fradel vienen de los cuernos de un Gufal.

Sacó un libro con ilustraciones.

El Gufal parecía un toro rojo del tamaño de un pony, con espinas negras por la espalda y un cuerno verde y otro blanco.

La descripción decía: — > Gufal: Común en los bosques de Armath y Réquen, sobre todo cerca del océano.

Pese a su tamaño, es rápido, fuerte y muy agresivo.

La magia de fuego no le afecta.

Sus espinas se clavan al mínimo contacto provocando gran dolor.

Sus cuernos producen efectos paralizantes.

Aunque herbívoro, atacará sin dudar si se siente amenazado.

Ante un Gufal, hacerse el muerto puede salvarte.

Si no, sube a un árbol o corre en zigzag.

Racda Vive en zonas altas y montañosas de cualquier continente, excepto Eldrun.

Es muy temido por ser silencioso e increíblemente rápido.

Además, es bastante inteligente y aprende de sus experiencias, por lo que suele ser impredecible.

La gema en su frente le proporciona sanación continua, así que puede recuperarse de lesiones leves rápidamente.

En caso de encontrarse con uno, no se debe dar la espalda bajo ninguna circunstancia; lo mejor es intentar asustarlo y, si eso no funciona, luchar.

—No es mejor que el Gufal… silencioso, veloz, inteligente y con sanación continua.

Además, las opciones de huida son muy limitadas… —Se ve que conseguir estos materiales puede ser muy peligroso… ¿qué hay del Herdinel?

—Mmm, ese es el más difícil…

Reliam buscó en el libro y casi al final me mostró la hoja.

En ella estaba la imagen de…

—¿¡Un dientes de sable!?

¡Un maldito dientes de sable!

Eso fue lo que pensé al ver la imagen de un enorme felino con los característicos colmillos largos.

Irónicamente, su nombre en este mundo era Sable.

Sin embargo, al observarlo con más cuidado, noté claras diferencias.

Para empezar, su tamaño… fácilmente podía igualar el de un carruaje de carga.

Las garras eran moradas, y su pelaje, plateado.

El Herdinel que Reliam necesitaba estaba incrustado en su frente: tres cristales alargados, de no más de 15 cm, con un efecto curativo muy superior al del Yianasio.

Sable Aunque es muy difícil de encontrar, habita en todos los continentes, salvo Eldrun.

Los pocos exploradores que han sobrevivido a un encuentro con uno afirman haberlo visto en las zonas más oscuras del bosque, donde la luz apenas atraviesa las copas de los árboles.

A pesar de su gran tamaño, es rápido y agresivo.

Sus garras son venenosas, y su piel, increíblemente dura.

Resiste todo tipo de magia, aunque parece tener cierta aversión a la magia de luz, aunque esta no es del todo efectiva como ataque.

—Y repito… ¡las bestias demoníacas son demasiado fuertes!

—Una sola pieza de Herdinel podría valer cinco monedas de oro.

Y para conseguirlo habría que reunir a un grupo de aventureros expertos, adentrarse quién sabe cuántas semanas en el bosque y rezar por regresar con vida… —Es… imposible para ti conseguir esto… —Lo sé… —Dejando de lado la fuerza, ¿podrías reducir el consumo de maná agregando más Amite?

¿O uno de mejor calidad?

—Si agrego más Amite, tendría que agregar más Kabel y reorganizar todo otra vez.

Además, la reducción no sería tan grande.

Con Amite de alta calidad, sin embargo, podría funcionar…

pero es muy costoso.

—¡Ya tengo la solución!

¡Lairam!

De pronto, un chico entró por la puerta sin avisar, gritando emocionado.

Tardó unos segundos en notar que yo estaba allí, y aunque se notó apenado, se mantuvo tranquilo.

—Ejem… perdón por entrar así.

Me llamo Naerion Ornithar —Yo soy Airen Vhaldron, mucho gusto, Naerion.

Era amigo de Lairam, y me sorprendió ver que también era medio elfo.

De hecho, lo recordé de cuando lo vi de lejos hace años.

Como Lairam, Naerion era delgado y no muy alto, aunque un poco más que él.

— Naerion, ¿a qué te referías con que ya tienes la solución?

—preguntó Lairam.

—Ah, cierto.

Fui al mercado, como te dije.

Y encontré a un comerciante que dice tener Amite de alta pureza.

—¿Precio?

—Cinco monedas de plata.

—¡Sigue siendo mucho!

—No, espera.

Negocié con él y llegamos a un acuerdo.

—¿Qué clase de acuerdo?

—Nos dará el Amite gratis si trabajamos como guardaespaldas para él este fin de semana.

—¿Cómo?

—El viernes va a salir rumbo a Gëlnad, y regresaremos el domingo.

Solo tenemos que acompañarlo de ida y vuelta, y podremos tener el Amite para terminar la herramienta mágica.

…se han olvidado de mí… bueno, solo voy a sentarme y esperar… —Espera, espera, ¿estás loco?

¿¡Guardaespaldas!?

—No te preocupes.

Va por la ruta del río, así que llegaremos sin problemas.

—¡No me refiero a la ruta!

¡¿Eres consciente de que somos débiles!?

—No pasará nada, hombre.

Estos viajes se hacen todo el tiempo y nunca pasa nada…

casi nunca.

—¡Si quiere guardaespaldas es por algo!

—No seas miedoso.

Puede que tengamos poco maná, pero al menos somos capaces de lidiar con las pirañas.

Ah, las pirañas… Sí, las había en el río.

No en la zona de la ciudad, pero sí más abajo.

Las vi por primera vez hace cuatro años cuando fui a explorar con Faelith a unos kilómetros río abajo.

Solíamos ir en dirección contraria, hacia zonas más habitadas y seguras, pero esa vez decidimos improvisar una balsa con palos y cuerdas y dejar que la corriente nos llevara.

A las pocas horas, llegamos a un área donde parte del bosque estaba inundada, como un manglar.

La primera piraña apareció pronto y arrancó parte de la balsa.

En apariencia eran como las de otros relatos que había oído, salvo por el tamaño: medían hasta un metro.

Salían del agua para atacarnos, pero eran débiles.

Una bola de viento bastaba para alejarlas; una de fuego, para eliminarlas.

Sin embargo, su mordida era peligrosa, podían arrancar un brazo sin problema.

Nuestra balsa fue destruida y tuvimos que regresar saltando de rama en rama.

Llegamos a casa cerca de la medianoche y mis padres me regañaron severamente.

—No lo sé… ¿y si aparece algo más peligroso?

¿Bandidos, o bestias demoníacas?

—¿Puedo ir yo también?

Me cansé de que me ignoraran y les propuse acompañarlos.

La verdad, no había salido de Pyrenhal en un buen tiempo y quería divertirme.

—¿¡De verdad!?

¡Eso sería genial!

—dijo Naerion.

—¡No, no, no!

¡Es muy peligroso!

—replicó Lairam.

—No exageres —respondió Naerion.

—Además, no podemos pagarle por su ayuda —insistió Lairam.

—No necesito que me paguen nada.

Voy por diversión —dije.

—No necesita que le paguemos nada.

Ella es rica —agregó Naerion.

—No lo digas así… —protesté.

—Lo siento.

Entonces, el viernes, a primera hora en el puerto Láyic.

Lairam y yo estaremos ahí —dijo Naerion.

—¡No decidas por mí!

—protestó Lairam.

—¿Puedo invitar a Faelith también?

—pregunté.

—¡No, por favor!

—dijo Lairam, pálido.

—¡Seguro!

Con ella nadie se atreverá a atacarnos —respondió Naerion.

—¡Hey!

—se quejó Lairam.

—Entonces, viernes a primera hora en puerto Láyic.

Lo tengo —dije.

—¡No me ignoren!

—exclamó Lairam.

—¡No puedo esperar!

—dijo Naerion.

—Me tengo que ir ahora.

Los veo el viernes —me despedí.

—Ah, yo también debo irme.

Hasta luego~ —añadió Naerion.

—¡Paren de ignorarme ya!

—gritó Lairam.

Ignorando sus reclamos, salí del salón y me apresuré a buscar a Faelith.

En tres días partiríamos rumbo a Gëlnad, y ya me estaba emocionando con la idea de una pequeña aventura.

—¡No puedo esperar!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo