Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 Capítulo 31 Dualidad Maldita
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31: Capítulo 31: Dualidad Maldita 31: Capítulo 31: Dualidad Maldita —¿Sabes magia, verdad?
¡Y sin recitar el hechizo!
¿Eres elfa?
—Qué fastidio, deja de gritar ya.
—Ya me parecía raro que fueras tan hermosa… —¡Si sigues con eso, serás mi próximo objetivo!
—¡Está bien, está bien!
¡Pero apunta eso a otro lado!
“Es increíble… Usé la misma cantidad de maná que normalmente empleo para una cuchilla de viento, y el resultado fue mucho más poderoso.
El encargado no mentía cuando decía que estas espadas eran de calidad.” —De hecho —dijo el encargado—, con estas espadas no es necesario recitar el hechizo.
—¿Qué?
¡Viejo, ¿cómo es eso posible?!
—Jojojo, ese es un secreto de nuestra tienda.
Levanté la espada verticalmente y comencé a concentrar el viento en la punta, formando una esfera comprimida.
Esta vez usé la mitad del maná habitual y, aun así, la esfera era más grande y estable.
“Debe bastar con un tercio.” Reduciendo aún más el maná, logré una bola de viento igual de eficiente que mis hechizos normales, pero mucho más fácil de manipular con la espada en mano.
—Es impresionante.
Esta espada potencia mis ataques tres veces y mejora mi control sobre el viento.
—Jojojo, tiene buen ojo, señorita.
“Él está feliz, y con razón.
La espada es ligera, pero eso puede ser un inconveniente si no logro dar peso a mis ataques.
Sin magia, sería difícil cortar una armadura.” —Es muy buena, pero me gustaría probarlas todas antes de decidir.
—Entonces sigamos con esta: Petram.
“Petram debería potenciar mi magia de tierra.
Si es como Aer, aumentará su poder tres veces.” —Ugh… pesa.
—Es por el material con el que fue forjada.
Eso le da dureza y balance.
Intenté balancearla como hice con Aer, pero con una sola mano era muy difícil.
Con ambas manos se movía mejor, pero se alejaba de mi estilo de combate.
“Lo que más me interesa de esta espada es su potenciador.” Apunté al suelo con la intención de levantar un pilar de roca.
Mi control sobre la tierra todavía era limitado; apenas podía alzar un ladrillo o hacer levitar pequeñas piedras.
Apliqué el maná.
El suelo vibró.
Imaginé un enorme pilar atravesando el techo… pero solo creció uno modesto, y lentamente.
“¿Esto es mi poder triplicado?” —¿Te contuviste esta vez?
Pensé que destrozarías el lugar.
—…No me gusta.
Es demasiado pesada.
La devolví a su funda y se la ofrecí al encargado, pero Allan se acercó.
—¿Puedo probarla solo unos segundos?
Miré al encargado.
Dudó, pero luego asintió.
Se la presté.
—¡Ooohhh!
¡No puedo creer que por fin tengo una espada forjada por Hetofe!
Allan comenzó a balancearla y simular combate.
A diferencia de mí, podía moverla con una sola mano.
“Eso me molestó.
Hirió mi orgullo como guerrera.” —Es magnífica… el peso, el balance… —Si ya terminaste, devuélvela —ordenó el encargado con frialdad.
—¿Qué pasa con ese trato tan distinto?
—Cuando vengas con dinero, te trataré como es debido.
—¡Bah!
Solo espera.
Mañana me pagarán bien y la compraré.
Recuérdalo.
El encargado le arrebató el arma.
—Hasta entonces, limítate a observar.
Luego probé la siguiente espada: Flammae.
Su peso era intermedio, su hoja rojo escarlata brillaba con una calidez intensa.
Al aplicar maná, se envolvió en llamas.
Apunté a un tronco y disparé tres bolas de fuego.
Luego, con más maná, la convertí en un lanzallamas.
“Hasta ahora, esta ha sido la mejor.” —¿Has visto tu cara cuando quemas cosas?
—Quizá sea la última que veas.
Luego vino Aquae.
Pesaba como Flammae.
Tenía una gema incrustada en el pomo.
El encargado trajo dos barriles de agua para probarla.
—Pensé que no necesitaban absorber agua.
—La etérea Marinis no.
Esta sí.
Pero Aquae es especial: purifica y almacena grandes cantidades.
—¿Cuánto puede guardar?
—Una tonelada.
Y el agua se vuelve potable.
Incluso puedes llenarla con agua de mar.
“Empiezo a pensar que estas espadas valen más de lo que dice.” La gema brilló celeste al absorber y purificar el agua.
Disparé un chorro que apagó el fuego.
Con más presión y cortes diagonales, el tronco fue destruido.
—Esta me gusta.
Ahora quiero probar Splendoris.
Era más ligera que Flammae y Aquae.
Generaba electricidad con el maná.
Yo conocía lo básico de la magia de luz, pero no podía lanzar rayos aún.
Con esta espada, eso sería peligroso.
“Me serviría como antorcha, pero no para combate.
Descartada, como Petram.” —Y por último: Noctis.
—Espera… ¿estás segura?
—¿Qué pasa?
—Eres una elfa.
Deberías saberlo…
—¿Sobre qué?
¿Sobre la magia de oscuridad?
Por lo que he leído, esa magia tiende a corromper, especialmente a los elfos, convirtiéndolos en oscuros.
Muchos la estudian en la Universidad, pero con estricta preparación.
Aun así, esta espada es solo una imitación de Tenebris, y no debería representar un riesgo.
Además, he entrenado mi mente para resistir influencias externas.
—No hay problema.
No soy débil de mente.
—Eres solo una niña.
Viejo, no deberías darle esa espada.
—¿Por qué estás tan asustado?
¿Acaso viste a un elfo perderse en la oscuridad?
“Arrugó la cara…
así que sí lo ha visto.
Pero yo soy mitad elfa…
quizás eso me proteja.” —Señor, ya pagué.
El trato fue que podía probarlas todas.
—…Sí, tienes razón.
—¡Viejo!
—El Colmillo Azul nunca rompe su palabra, Allan.
“Je.
Gano yo.” El encargado me ofreció la espada.
Era hermosa, como todas las anteriores, pero esta tenía una presencia especial.
Su hoja, completamente negra, brillaba con intensidad.
La sentí ligera, equilibrada…
perfecta.
—Definitivamente, esta es magnífica.
—Es la obra maestra de nuestro herrero.
—Dígame, señor.
¿Por qué vender espadas así a este precio?
Antes pensaba que era un robo…
pero ahora lo entiendo.
—Estamos en tiempos difíciles.
Aparecieron rivales en Réquen y uno muy hábil en Ondull.
Estas espadas siempre llevarán el sello de “imitación”.
La gente cree que eso las hace inferiores.
Nadie pagaría más por algo que no consideran auténtico.
—Ya veo…
—Oye, si ya terminaste, suelta esa espada.
—Qué impaciente eres.
¿No ves que estoy bien?
Aún me falta probar la parte mágica.
Dejé fluir mi maná hacia la espada.
De inmediato, algo se sintió distinto.
—Huhuhuhu…
—¿Eh?
—¿Pasa algo, Airen?
—N-no, solo creí…
escuchar…
—Huhuhuhuhahahaha…
“¿Qué fue eso…?” —Oye, niña…
“¿Esa voz…?” —¿Airen?
—Allan, ¿escuchaste eso?
—¿Qué cosa?
Me asustas.
—…Nada.
Tal vez fue mi imaginación…
—No…
no fue tu imaginación.
—¡La voz otra vez!
¿Solo yo la escucho?
—Podría decirse que sí.
Huhuhu…
“¿Q-quién eres…?” —¿Quieres poder?
—¿Poder?
¿Qué quieres decir con eso?
¿Dónde estás?
—Justo aquí.
—¡Ieh!
Me giré y vi una sombra envuelta en humo negro detrás de mí.
Su forma era vagamente humana, pero no se distinguía su rostro.
El instinto me gritó que no debía confiar en…
eso.
—Huhuhuhahahaha…
¿Por qué estás en guardia?
No puedo hacerte daño, mi dueña.
—¿Dueña?
¿Cómo que…?
—Ahora lo entiendes.
Soy Noctis, la espada que sostienes.
Y tú eres mi portadora.
—¡Imposible!
¿Cómo puede una imitación tener un espíritu?
El ser pareció molestarse.
No podía ver su rostro, pero su energía cambió.
—¡No subestimes mi poder!
¿Imitación?
Una espada de oscuridad no puede serlo.
—¿Las otras espadas también tienen espíritu?
—¿Esas baratijas?
Solo son metal refinado.
Yo soy el único con esencia.
Ese herrero intentó crear algo que superara a Tenebris, y me creó a mí.
Tal vez lo logró.
—¿Y por qué yo?
—Tu afinidad con la oscuridad es extraordinaria.
Ni humanos ni elfos se comparan.
Hablas conmigo.
Eso lo prueba.
Si hubieras nacido Gashem, tu poder sería abrumador.
—¿Qué lugar es este…?
Algo cambió.
Miré a mi alrededor.
Estaba en la misma sala, pero parecía en ruinas.
No veía al encargado ni a Allan.
El ambiente era gris y helado.
—No importa dónde estás ahora.
Responde.
¿Quieres poder?
—No.
Estoy bien como estoy.
—¿De verdad?
¿Estás segura?
—¿Para qué lo necesito?
Mis habilidades actuales bastan.
—¿Bastaron para salvar a Lazran?
¿Para evitar la muerte del jefe de Vernaleth a manos de su gente?
—¿C-cómo sabes eso?
—Tu mente es un libro abierto para mí.
Dime, ¿tu poder salvó a aquellos niños…?
Hahahaha.
—¡Basta!
—Bien…
aunque esté prohibido, te contaré algo: otra espada etérea cayó en manos de los Gashem.
¿Cómo te hace sentir eso?
¡Hahahahaha!
—¿Qué…?
¿Cómo puedes saberlo?
—Lo sé.
Y también sé que tu destino será más duro de lo que imaginas.
No serás solo una estudiante.
Tendrás que luchar.
Y sin mí, morirás.
—Mi destino…
—Acepta mi poder.
Asegura tu futuro.
—…No.
—Tsk.
Qué testaruda.
—No necesito demonios.
Enfrentaré mis retos como soy.
—¿Lo descubriste?
Hahaha.
—¿Eres un demonio, entonces?
—Creí que eras más lista.
—Soy Airen Vhaldron, hija de Elidrin y Aerithor.
Nacida en Pyrenhal.
Hija del Lamento Celeste.
Sé perfectamente quién soy.
—¿Entonces te casarás?
¿Formarás una familia?
¿Tendrás hijos?
—¡Silencio!
—¿Molesta, mi dueña?
—No soy tu dueña.
¡Y no pienso hacer ningún pacto contigo!
Lo miré fijamente.
Tras unos segundos, su figura pareció desviar la mirada.
—Como quieras.
Solo has hecho tu camino más difícil.
Pero justo a tiempo…
Debemos terminar esta charla.
—¿De qué hablas ahora?
—Supongo que es un adiós…
por ahora.
Huhuhuhahaha…
¡HAHAHAHA!
La sala volvió a la normalidad.
Sostuve con firmeza la empuñadura de Noctis.
Ahora sabía que lo que se avecinaba no sería fácil.
Pero no estaba sola.
Tenía mi fuerza.
Tenía mi voluntad.
Y tenía el viento…
cada vez más mío.
—¡Airen, Airen, reacciona por favor!
—¿Eh?
¿Qué?
¿Faelith?
—¡Airen!…
estás… estás bien… b… ¡ibuáaaaahhh!
¡Estaba muy asustada de que no regresaras!
Por alguna razón me encontraba en el suelo, con Faelith sobre mí, llorando y abrazándome con fuerza.
—¿Faelith, qué pasa?
¿Qué…?
Al mirar con más detenimiento, pude notar que Faelith estaba herida; su hombro sangraba profusamente y un gran corte cruzaba su espalda en diagonal.
—¡Faelith!
Me senté de inmediato, horrorizada al ver su cuerpo cubierto de heridas.
Ninguna tan grave como la de su espalda, pero no dejaban de impactarme.
—¿Q… quién te hizo esto?
Ella desvió la mirada con tristeza.
—¿A qué te refieres?
Agh… ¿con quién?
Fuiste tú quien lo hizo… Me quedé sin palabras.
Las palabras de Allan, quien se hallaba al otro lado, me golpearon de lleno.
Tenía una herida profunda en su abdomen, apenas podía mantenerse en pie.
En una mano sostenía a Petram y en la otra a Noctis, envuelta en un trozo de tela.
Los cuatro mercenarios también estaban en el suelo.
No tenían heridas visibles, pero sin duda estaban inconscientes.
“Noctis…” Miré a mi alrededor: la sala estaba hecha trizas, con marcas de cortes por todas partes.
La mesa era solo un montón de astillas, las demás espadas estaban esparcidas por el lugar, y trozos del suelo y paredes se habían desprendido.
Petram había dejado su huella.
Me sentí mareada al recordar las palabras de Noctis: “Fue fácil tomar tu cuerpo”.
“¡Estuvo controlándome todo el tiempo mientras hablaba conmigo!” —¿No te lo dije?
¡Te advertí que no tocaras esa espada!
—Y… yo… —Maldita sea… debí escapar y dejarte sola por terca… no sé por qué siempre me meto en problemas… Sin responder, al borde de romper en llanto, comencé a sanar a Faelith.
Empecé por la herida de su espalda, que era la más grave.
Me tomó casi una hora cerrarla por completo, usando una cantidad enorme de maná para que no quedara ni una sola cicatriz.
Era lo menos que podía hacer… Las heridas pequeñas fueron más rápidas.
Me estremecí al notar que la del hombro fue causada por mordidas.
“No te preocupes, no fue tu culpa”, me dijo al notar mi expresión de angustia… pero tenía su sangre en la boca.
No pude más.
Mis lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, pero seguí curándola sin detenerme.
—No te preocupes por mí, preciosa.
¡Podría aguantar todo el día!
Allan bromeó, aunque apenas podía mantenerse de pie.
No tenía energía ni para enojarme con él, así que simplemente me acerqué y lo curé lo mejor que pude.
Si lo pienso bien, probablemente fue él quien me quitó la espada, y gracias a eso recuperé el control.
Le debo una.
Con lo que me quedaba de maná, sané a los cuatro inconscientes.
Sus cuerpos grandes y robustos estaban llenos de cortes, pero ninguna otra herida grave.
No sé cómo terminaron inconscientes.
Para cuando terminé, estaba casi sin energías, caminaba tambaleándome.
Faelith me ofreció su hombro, y salimos juntas de la sala.
Tras unos minutos de descanso, el encargado apareció con cinco de las seis espadas, dejando fuera a Noctis.
Por suerte, él había escapado ileso, pero temblaba de miedo.
Tanto que ni se atrevió a cobrarme los daños.
Incluso me ofreció una espada gratis, pero rechacé su oferta.
Ya no quería causar más molestias.
Solo deseaba descansar.
Elegí Aquae y regresamos al barco.
Esta noche me tocaba hacer guardia junto a Naerion, pero supongo que tendrá que arreglárselas solo.
No tengo fuerzas… ni voluntad para mantenerme despierta.
Perspectiva de Allan —Allan, ¿escuchaste eso?
—¿Qué cosa?
No me asustes.
—…nada, quizá fue mi imaginación… “De verdad, esa chica no escucha a nadie.
Hace lo que quiere.
Aunque bueno, parece que no pasó nada grave… ya ha pasado un rato y no hay cambios.” —Hey, ¿vas a probarla o te quedarás ahí parada todo el día?
“Lleva varios minutos mirando esa espada.
¿Será que no sabe usar magia de oscuridad?” —Señorita, ¿hay algún problema?
—¿Airen?
“No me gusta esta sensación… es igual que aquella vez.” —Ja… —¿Airen?
—¡HUHUHAHAHAHAHA!
“Imposible…” —¡HAHAHAHAHA!
¡Tan fácil…!
Su voz sonaba doble, mezclada con una más grave.
—Viejo, sal de la sala.
¡Rápido!
—¿Eh?
—¿Ja?
¿Se van tan pronto?
Cuando nos miró, mis piernas temblaron.
Sus ojos eran completamente negros, y su sonrisa… macabra.
“No solo fue corrompida… fue poseída.
Nunca vi una posesión tan rápida.
Estas cosas solo ocurren con objetos malditos…” —¡Airen, resiste!
—¡JAJAJA!
Aaaaah~ ¡Airen está ocupada ahora mismo~!
—¡Viejo, sal de aquí!
—¡S-Sí!
—¡GRRAAA!
El viejo trató de llevarse las espadas, pero Airen lo atacó de inmediato.
Solo alzar la espada bastó: cientos de sombras en forma de cuchillas salieron disparadas.
—¡Cuidado!
Salté, aparté al viejo justo a tiempo.
La mesa quedó hecha trizas, las espadas volaron por toda la sala.
—¡Busca ayuda!
¡Yo la contengo!
—¡GRAAAAA!
Otro ataque.
Aparté al viejo y corrí hacia la espada más cercana: Petram.
—¿A dónde vas, anciano?
¡Hahahaha!
¡Tú serás mi oponente!
Me interpuse justo antes de que atacara al viejo.
Atacó, y yo contraataqué con Petram.
Bloqueó fácilmente y retrocedió de un salto.
—Tsk… este cuerpo no tiene mucha fuerza física… ¿o quizá tú eres muy fuerte~?
Fuerte fuerte fuerte~ ¡te mataré y me llevaré tu fuerza!
¡Hahahahaha!
—¡Cállate, demonio!
¡Devuélvela ahora!
—¿Regresar?
Acabo de salir.
¿Por qué lo haría?
“¿Volver… a la espada?
Ya entiendo.” Espadas de oscuridad… tan poderosas como peligrosas.
Se dice que si el portador es débil de mente, el espíritu encerrado puede apoderarse de su cuerpo.
No creí que Airen fuera de mente débil… y aún me cuesta aceptarlo.
—Entonces, si no sales por las buenas… ¡te sacaré a las malas!
Ataqué con varios cortes, pero todos fueron desviados.
No los bloqueaba, los redirigía.
Era un estilo elegante, propio de las esgrimistas.
¿Era su estilo?
¿O el del demonio?
No iba a avanzar a ningún lado atacando de esta manera, así que cambié mi táctica para hacerla retroceder.
Si lograba que se arrinconara, entonces habría una oportunidad para ganar.
Lo más probable es que, si las cosas se ponían difíciles, tuviera que herirla, aunque bastaría con cortar la mano que empuñaba la espada.
—¡Airen!
La voz de Faelith me estremeció.
Ella y los cuatro compañeros habían llegado.
Faelith parecía horrorizada por la apariencia de Airen.
—¡Basta de retroceder!
¡GRRAAAAA!
—¡Ighn!
En un instante, Airen cambió de ritmo e inició una ráfaga frenética de ataques tan veloces que, tras recibir algunos cortes, me vi obligado a retroceder.
A esa velocidad, no podría resistir mucho.
—¡MUERE!
Tres cortes salieron disparados.
Logré esquivar dos, pero el tercero se dirigió a los demás.
Los tomó desprevenidos.
—¡Aaahh!
—¡Guh!
Aunque se llenaron de cortes, ninguno era grave.
Al parecer, habían usado refuerzo mágico justo a tiempo.
—¡Chicos, atrápenla!
Mis subordinados rodearon a Airen.
—¡Espera!
¿Qué pasa?
—Tu amiga ha sido poseída por la espada.
Lo siento, pero hay que cortarle la mano.
—¡No puedes hacer eso!
—No la va a soltar.
Es eso, o matarla.
Apunté mi arma hacia Airen y vertí mana.
El suelo bajo sus pies se levantó, y ella saltó como esperaba.
En el aire, fue atrapada por los chicos.
Con su brazo derecho inmovilizado, no podría usar la espada.
—Reténla.
Le cortaré la mano.
Me acerqué.
Ella forcejeaba, pero estaba contenida.
Alcé mi espada.
—Ja.
Bzz Bzzt Justo antes de que pudiera atacar, una descarga me recorrió.
Hilos de luz salieron de su frente.
Un destello me entumeció por completo.
—¡Magia de rayo!
¡GAH!
Un instante después, fui perforado por un ataque de viento.
Dos de mis hombres cayeron inconscientes; los otros tambaleaban.
Airen saltó, giró en el aire y le dio una patada en la sien a uno.
Luego, dos patadas en el pecho al otro, atrapó su brazo y lo estampó contra el suelo con una descarga final.
—¡A…
Airen!
¿Por qué haces esto?
¡Detente!
Faelith gritaba desesperada.
Airen la miró, con una sonrisa escalofriante.
No podía seguir conteniéndome.
Vertí mana en Petram y disparé fragmentos de roca.
Ella esquivó la mayoría, destruyó los demás con la espada.
Justo al dar un paso atrás, rompí el suelo bajo sus pies.
—¡Ahora!
Salté a toda velocidad, decidido a terminar esto.
Blandí la espada hacia ella.
—¡IGYAAAHHH!
—¡Maldición!
Faelith saltó justo a tiempo y recibió el golpe.
Intenté frenar, pero fue tarde.
El corte fue profundo.
Su cuerpo impactó a Airen y ambas cayeron.
“No, no hay tiempo que perder.” Corrí hacia ellas, le arrebaté la espada a Airen y la envolví rápidamente con mi ropa.
—¡GAAAAHHHH!
—¡AIREN, REGRESA A LA NORMALIDAD!
Airen gritaba como poseída.
Fae…
no, Faelith, intentaba calmarla.
Pero ella la mordió en el hombro, hiriéndola.
“Ya le quité la espada…
¿por qué no vuelve en sí?” —¡Hey!
¿Por qué haces tanto por una sirvienta!?
¡Vas a morir!
—¡NO ES UNA SIRVIENTA, ES MI AMIGA!
—GRRRRAAAAHHHH!
—¡Está parando!
—¡AIREN, REACCIONA, POR FAVOR!
—¿Eh…?
¿Faelith?
—¡Airen!
Estás bien…
ibuaaahhh…
¡Pensé que no volverías!
Airen se recobró.
No quedaban rastros de la presencia oscura.
Al darse cuenta de lo que había hecho, se consternó.
Pero conmovido, vi cómo sanó a Faelith.
Incluso la gran herida de la espalda desapareció casi por completo.
Yo también fui sanado en minutos, aunque me había resignado a pasar un mes en cama.
La potencia curativa de Airen era irreal.
Para tener ese nivel…
¿era hija de un gran sanador?
¿O fue instruida desde la infancia?
“¿Entonces por qué trabaja como sirvienta?”
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