Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 32
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32: Capítulo 32 La Trampa más Obvia 32: Capítulo 32 La Trampa más Obvia Llegué pasado el atardecer al barco con Faelith casi cargándome de lo exhausta que había quedado.
A pesar de no tener heridas, había gastado casi todo mi maná en la práctica con las espadas y sobre todo en la sanación.
Esto era preocupante, ya que reponer el 90% de mi maná me tomaría al menos dos días, y mañana por la tarde debía acompañar a Grisk a la fiesta, donde con seguridad el asesino haría su aparición otra vez.
Los que estaban en el barco se exaltaron al vernos llegar.
Yo apenas podía mantenerme de pie, y Faelith tenía la ropa llena de cortes y manchas de sangre, aunque ya no estaba herida.
Había sanado sus heridas por completo.
No tenía ánimos para hablar de lo que había sucedido, pero debía decir algo.
Por suerte, Faelith se adelantó y explicó que el asesino había regresado, que ella lo había enfrentado, y que yo había gastado mi maná curándola.
Por fortuna, creyeron fácilmente la historia inventada.
Hoy le tocaba a Faelith y a Lairam hacer guardia en la habitación de Grisk, pero ella insistió en quedarse conmigo, así que al final fueron Naerion y Lairam quienes hicieron la guardia, mientras Faelith y yo nos quedamos en el barco.
Ella fue a cambiarse la ropa mientras yo me quedé en la cubierta.
Solo quería descansar, así que me dejé caer sobre la madera y cerré los ojos, sin llegar a dormirme.
Cuando Faelith regresó y me vio, pensó que me había desmayado y me cargó en sus brazos.
Pensé en abrir los ojos, pero estaba tan agotada que simplemente me dejé llevar.
—Déjala en mi camarote —dijo el capitán—.
Hay una cama y podrá descansar.
Quédate con ella si quieres, y si ocurre algo, te avisaremos.
—Gracias.
Me llevó al camarote del capitán, el único del barco.
Los marineros dormían en la cubierta o en la bodega, ya que no era un navío grande y estaba destinado exclusivamente al transporte de mercancías.
Faelith me acostó en la cama y se recostó a mi lado.
“¡Está tan cerca…!” La cama era pequeña, así que nuestros cuerpos estaban muy juntos.
Podía sentir su respiración en mi nuca, pero no sentí nerviosismo ni incomodidad, solo una calidez inesperada.
A pesar de su cercanía, no despertó en mí otra cosa que sorpresa y un poco de vergüenza, sin ningún deseo romántico.
“Tal vez antes habría reaccionado diferente…
pero esta soy yo ahora.
Y está bien así.” Dejando de lado ese momento, comencé a pensar en la fiesta.
Para entonces estaría a un 50% de maná, y si lo gastaba en un enfrentamiento, no tendría suficiente para sanar heridas.
Debía limitar el uso de magia.
El viento era el elemento que menos maná consumía, pero en un espacio cerrado no era tan efectivo.
Confiaba en Aquae, ya que su afinidad reducía el costo de la magia de agua.
Mañana la llenaría en el lago.
Aun cansada, no podía conciliar el sueño.
Pensaba en lo que podía ocurrir.
El asesino seguramente aparecería, y sabía que no podría enfrentarlo solo con la espada.
Usar magia como la vez anterior era posible, pero él sería precavido, y yo no estaría en plena forma.
“Qué tonta.
¿Por qué pensaba en enfrentarme a él sola cuando somos cuatro guardaespaldas?
Él solo me ha visto a mí.
Seguramente cree que Grisk solo tiene un protector, pero en realidad somos cuatro.
Si la magia es su debilidad, Faelith lo detendrá fácilmente.
Naerion cubrirá desde la distancia con su arco, y Lairam…
bueno, por ahora estará en la reserva.” Dentro de mi mente el plan comenzó a tomar forma.
Empecé a imaginar distintos escenarios posibles para interceptar al asesino.
Preferiría capturarlo, no me sentía preparada para matar por un simple trabajo que acepté sin pensar demasiado.
“Al final, este viaje fue más serio de lo que esperaba.
Quizás debí haberle comprado el cristal de maná a Lairam como agradecimiento y dejarlo ahí.” Mis pensamientos se agolpaban uno tras otro hasta que, sin darme cuenta, me dormí.
Esa noche tuve un cúmulo de pesadillas, como aquellas que tenía tiempo atrás.
Fuego.
Gritos.
Culpa.
La misma que sentía por los niños que no pude salvar, por el jefe Vanthraan.
Pero entre ellas hubo una distinta…
Soñé que caminaba por un terreno helado.
Aunque todo estaba oscuro, podía sentir la nieve bajo mis pies y el aire gélido en mi rostro.
No sabía hacia dónde me dirigía, solo que tenía que llegar a algún lugar.
En la distancia, vi esferas de luz flotando, cada una con imágenes en su interior.
Al tocar una, se quebró como cristal, y las imágenes pasaron ante mis ojos: recuerdos olvidados.
No sé cuánto tiempo pasé allí, pero en algún momento dejé de buscar esferas y comencé a correr.
No sabía de qué huía, solo que debía escapar.
Tropecé y caí.
Mi rostro se hundió en la nieve.
Una mano se posó en mi hombro y grité.
—¡AAAHHHHH!
—Airen, tranquila.
Fue solo una pesadilla.
Parpadeé.
Mis ojos se adaptaron a la tenue luz.
Faelith estaba a mi lado, su mano en mi mejilla, intentando calmarme.
El camarote, el balanceo del barco…
aún era de noche.
—Parecía tan real…
—Así son las pesadillas.
Deberías volver a dormir.
—Tienes las manos frías, Faelith.
—Es tu culpa.
Me quitaste la manta mientras dormías.
—Ah…
lo siento.
¿Por qué no usaste magia para calentarte?
—¿Quieres que encienda fuego aquí medio dormida?
—Fuego no, ¿pero qué tal un aura de calor?
Ella rió levemente, y yo también.
Por un momento, todo parecía estar bien.
-¿Aura de calor?
¿Enseñaron eso en clase?
-¿Eh…?
¿No sabes algo tan básico?
-No recuerdo nada de eso.
-…Increíble…
Bueno, ya te lo enseñaré en otro momento.
Tengo sueño.
-Sí.
Por cierto, ¿de qué iba tu sueño?
-De…
“¿De qué iba?” -Lo olvidé.
Al día siguiente ya me sentía mucho mejor.
Había dormido hasta el mediodía, y en la noche no hubo ningún incidente.
Tampoco pasó nada extraño con Grisk y los demás.
Actualmente me encontraba con Lairam en el barco esperando a que llegaran los demás.
Faelith y Naerion habían salido con Grisk, quien se llevó el resto de su mercancía para terminar sus últimos tratos.
Cuando regresaran, debíamos vestirnos con la ropa que compramos para la fiesta y acompañar a Grisk.
El plan era que Naerion y Lairam mantendrían guardia por los alrededores del palacio, mientras que Faelith y yo iríamos con Grisk al interior para cuidarlo de cerca.
La fiesta iba a dar inicio al caer la noche, y toda la ciudad ya se veía agitada por ello, sobre todo por las numerosas figuras influyentes que llegaron hoy a la ciudad.
El puerto estaba adornado con enormes buques y lujosos navíos pertenecientes a ricos comerciantes y nobles invitados a la fiesta del Duque Lankhiel.
-Oye Lairam, ¿quieres ir a dar una vuelta antes de que lleguen los demás?
-¿¡A la ciudad!?
¿S-solo nosotros?
-¿Y dónde más, sino?
Me aburro aquí, y de todos modos ya no queda nada de valor que proteger en este barco.
-¡Niña grosera!
¿Y qué hay de nosotros!?
Gritó un marinero desde atrás junto a los otros, que tenían expresiones indignadas.
Solo les dirigí una sonrisa de disculpa, y pareció ser suficiente para ellos.
“He de admitir que ser una chica tiene sus ventajas.” -Como sea, si no quieres venir, entonces quédate aquí.
-¡Aaaah, está bien, iré!
Salí del barco con Lairam y comenzamos a caminar por la ciudad.
Las calles estaban más limpias y relucientes que cuando llegamos, seguramente para dar una imagen digna ante las personas que hoy visitan la ciudad.
Además, había menos personas alrededor de los puestos comerciales, y muchos incluso estaban cerrados.
Caminamos un poco cerca del puerto para ver los lujosos barcos y luego nos dirigimos a través del área comercial hasta la zona residencial, que estaba más cerca del palacio.
Aquí ya se podía distinguir claramente a las personas con ropa fina y ostentosa.
Casi todos iban en carruajes hacia el palacio, pero algunos pocos caminaban.
-Lairam, ¿no te parece que hay pocos guardias para tratarse de una reunión de tantas figuras importantes?
-Sí…
También escuché que habían venido tres miembros del consejo de Pyrenhal.
-¿De verdad!?
-Vi el barco con la insignia de Pyrenhal y escuché a unas personas mencionar que venían tres miembros del consejo.
-Haa~…
Sabes, creo que nos hemos metido en algo demasiado grande y peligroso.
-¡Yo les dije, y me ignoraron!
-Jajaja, lo siento.
Bueno, será mejor que regresemos.
-Claro.
-¿Mmm?
“Esa chica…” -¿Pasa algo, Airen?
-Dame un segundo y regreso.
Al otro lado de la calle vi a la chica que había visto en el restaurante hace dos días.
Ella es tan misteriosa que despierta mi curiosidad.
Además, es imposible no notarla ya que su aspecto tan especial resalta a la vista.
-Hola, emm…
¿Tienes un segundo?
Me acerqué a ella, pero la verdad no sabía qué decirle.
Solo quería verla de cerca.
Hoy vestía un vestido similar al de la última vez, solo que, de color azul marino, con los bordes decorados con un diseño de flores de un tono azul más pálido.
Al igual que antes, también llevaba los brazos y piernas cubiertos con medias y guantes largos de color negro.
-Mm…
“Ella solo me mira con esa expresión taciturna.
Aaagggghhh, no sé qué decirle.” -Tus ojos son hermosos…
-¿…Qué?
“¡IiiAAAAAAHHHHHH ME QUIERO MORIIIIIRRR!!!
¡Qué vergüenza, qué vergüenza!
¡¡No puedo creer que le dije eso!!” -Q-quiero decir, el…
el color.
¡Sí!
El color de tus ojos es muy singular.
Es decir, una mezcla entre violeta y rosa.
Creo que es muy lindo y jamás había visto un color de ojos así.
“Uahh, ahora me está viendo raro.
¿Por qué me mira las manos?
Debe pensar que intentaré algo raro.
¿Di una muy mala primera impresión?” -¡Ah, es verdad!
Te vi hace dos días en aquel restaurante, acompañando a…
mmm, ¿cómo se llamaba?
¿Neid?
Al pronunciar ese nombre, ella volvió a mirarme a la cara, pero esta vez con una expresión complicada o de duda.
-Aaamm…
Yo estaba cenando con un amigo y entonces fue que te vi.
Solo fue una casualidad.
-…Ya veo.
Su mirada se relajó, pero aún mantenía cierta intriga sobre mí, así que decidí al menos presentarme.
-Me llamo Airen Vhaldron, ¿y tú?
-…Mei.
“¿Solo Mei?” -Ah, bueno, Mei…
Eso en tu espalda, ¿son espadas?
Señalé a los dos objetos largos cubiertos con una funda de tela que cargaba en su espalda.
También los llevaba hace dos días y no parecían decorativos.
Curiosamente, ella solo asintió levemente con la cabeza en lugar de responder.
-¿Y qué tipo de espada es?
¿Un estoque?
Lo digo porque parecen delgadas.
-…Yo recién conseguí esta ayer.
Ya que la “conversación” se estaba estancando, decidí mostrarle mi recién adquirida Aquae.
Ahora ella miraba con curiosidad la espada en su funda color azul cobalto, y sobre todo parecía llamarle la atención la gema incrustada en el pomo, la cual emitía un brillo de color azul celeste debido a que aún mantenía el efecto de la purificación del agua en su interior.
Justo antes de salir, sumergí la mitad de la hoja en el lago y, tras enviar un poco de maná, esta comenzó a succionar el agua creando un pequeño remolino.
Tras unos minutos, ya se había llenado.
El peso no aumentó casi nada, y de inmediato la gema comenzó a brillar levemente.
De eso ya hace dos horas, así que debería de terminar en cualquier momento.
-Alguien rompió mi anterior espada, que era de mi hermano, así que tuve que comprarme esta.
-¿Es…
mágica?
“Oh, ahora muestra curiosidad.
Parece que le gustan las espadas.” -Sí, de hecho, está inspirada en la espada etérea Marinis.
Jeje.
-Mm…
-No la he probado en batalla, pero solo espero que no se rompa.
Pagué cinco monedas de plata por ella…
-¿¡Eh!?
Ella abrió mucho los ojos al escuchar el precio.
Desde luego, cinco monedas de plata es mucho dinero.
Aunque por alguna razón, ella se veía preocupada o molesta por algo.
¿Quizá escuchar cómo alguien se gasta tanto dinero en una espada le ha molestado?
—Mm…
—No la he probado en batalla, pero solo espero que no se rompa.
Pagué cinco monedas de plata por ella… —¿¡Ieh!?
Mei abrió los ojos con sorpresa al oír el precio.
Desde luego, era mucho dinero, aunque no parecía impresionada, sino más bien… incómoda.
¿Le habrá parecido exagerado que alguien gaste tanto por una espada?
—Oye, por cierto… ¿vas a ir a la fiesta del duque?
Ella asintió en silencio, como era costumbre en ella.
—Entonces… quizá te vea por allí.
Si me reconoces, no dudes en hablar conmigo.
Me agradaría poder conversar más contigo.
—Bueno…
me voy ahora.
Nos vemos luego, Mei.
“Ella sí que es reservada… pero tiene algo que me da tranquilidad.
Como si su presencia fuera… familiar.” —Fue el “un segundo” más largo de mi vida —dijo Lairam con los brazos cruzados, aunque su tono era más burlón que molesto.
—Perdón por la tardanza, perdí la noción del tiempo.
—No importa.
¿Quién era esa chica?
—Se llama Mei.
Es un poco extraña, pero… me causó curiosidad.
—…¿Te interesa?
¿Estabas coqueteando con ella?
—¿Qué?
¡No!
—me reí sin querer—.
Claro que no.
Solo quise hablarle.
Es callada, y me pareció interesante.
Me preguntaba si podríamos ser amigas, nada más.
—Ah, ya veo… —Lairam parecía aliviado, aunque no lo dijo en voz alta.
—Vamos, regresemos.
De regreso en el barco esperamos un par de horas hasta que llegaron Grisk y los demás en un carruaje que habían alquilado.
Como ya había anochecido, eso quería decir que la fiesta había comenzado.
No era necesario ser los primeros, pero Grisk nos dijo que nos alistáramos para irnos, así que Faelith y yo usamos el camarote del capitán para cambiarnos.
La ropa que habíamos comprado no era tan lujosa como los vestidos que seguramente vestirían las mujeres en la fiesta, ya que ese tipo de ropa sería un estorbo para pelear.
Aun así, tampoco podíamos vestirnos con ropa demasiado cómoda, ya que seríamos el centro de atención de los nobles que seguramente se sentirían ofendidos.
Le explicamos a la dependienta de la tienda que necesitábamos algo que nos permitiera movernos libremente y que fuera aceptable para asistir a una fiesta del duque.
Ella lo pensó un poco y luego nos guio a una sección donde empezó a sacar varios trajes.
Según dijo, era lo que usaban las mujeres que formaban parte de la Guardia Real.
Faelith se había comprado un traje rojo carmesí con bordes dorados.
El traje era un vestido de mangas largas; en su cintura llevaba un fajín rojo más oscuro que el vestido.
La parte inferior del vestido se volvía de pliegues, y la falda le llegaba a la mitad del muslo.
También llevaba unas botas rojas con bordes dorados que le llegaban por encima de las rodillas y eran bastante ajustadas.
Por encima de todo llevaba el peto que le compré y los guanteletes.
El peto era pequeño y solo cubría la mitad superior de su pecho.
Era negro con bordes grises, igual que los guanteletes.
Los colores le hacían buen contraste.
Si me la imagino con una mirada fría y a la luz de la luna, incluso hace que mi corazón se acelere.
—¿Qu…
qué tal?
—preguntó ella.
—¡Perfecta!
¡Te ves hermosa!
—¿De verdad?
Creo que tú te ves incluso mejor.
Yo llevaba un traje muy similar al de Faelith pero con distinto color.
Todo el vestido, incluyendo la falda y las mangas, era de color aguamarina, mientras que el fajín y las botas eran de color turquesa oscuro.
Mi peto y guanteletes eran de plata oscura y gris.
Además, conseguí una correa para llevar mi espada en la espalda.
—Yo creo que te ves muy hermosa.
Además, los colores de tu vestido combinan con tu espada.
—Ah, no lo había notado.
En realidad, me gustan mucho los colores azules y turquesas…
Una vez listas, salimos del camarote.
Como era de esperar, los marineros comenzaron a soltar silbidos y frases estúpidas, pero ya me había acostumbrado a ellos, así que simplemente los ignoré.
Naerion parecía un poco impresionado también, aunque trató de disimularlo.
Por otro lado, Lairam estaba rojo como un tomate y no apartaba la vista de mí.
Más que molestarme, me hacía gracia.
—A…
a…
A…
Airen, te v…
ve…
s he…
hermo…
sa…
—dijo Lairam apenas, ya que tartamudeaba de los nervios.
“Jaja, está muy nervioso.
No me agrada que me llamen hermosa, pero por lo menos voy a agradecerle”.
—Muchas gracias —dije, mostrando una de mis mejores sonrisas.
—A…
A…
AWA…
A…
“¿Quizás lo rompí?” —Chicos, es hora de irnos —dijo Grisk, mostrando su cara de impaciencia.
Salimos del barco y subimos al carruaje, aunque Grisk no dejó subir a Lairam ni a Naerion, así que ellos tuvieron que seguir a pie.
Como no era un tramo muy largo, no me importó demasiado que caminaran, aunque sí sentí un poco de lástima de que fueran discriminados solo por ser hombres.
A diferencia de antes, cuando al hacerse de noche todo el mundo se iba a dormir y las calles quedaban desoladas, hoy era lo contrario.
Las calles estaban animadas y había gente, aunque no tanta como en el día.
Todos se dirigían hacia el palacio, por lo que asumí que eran invitados a la fiesta.
De hecho, había suficiente gente como para causar un embotellamiento con los carruajes.
Después de estar diez minutos varados en el mismo lugar, Grisk impaciente le habló al cochero: —¿¡Por qué no avanzamos!?
—Al parecer unas personas están bloqueando el camino más adelante.
No sé los detalles, pero no se mueven.
—¿Pero qué rayos están haciendo?
—Disculpe, señor —dijo un extraño—, podría tomar un desvío siguiendo por este camino.
Es más largo, pero como están las cosas, seguro que llega antes.
—¿Es así?
Entonces vamos por ahí.
El cochero no parecía convencido, y antes de avanzar dijo: —¿Está seguro?
Algunas calles de la ciudad pueden ser peligrosas.
—Para eso tengo guardaespaldas.
Tú sigue, que no quiero llegar tarde.
El cochero asintió y comenzó a girar el carruaje hacia el camino que nos había señalado el hombre desconocido.
El camino era más estrecho que la calle principal por la que íbamos antes.
También estaba menos iluminado y completamente deshabitado.
No era un lugar por el que me gustaría caminar a solas.
Aun así, el viaje fue tranquilo… por lo menos hasta que llegamos a una plaza amplia y poco iluminada.
El camino que teníamos delante se juntaba con la calle principal, e incluso se podía ver a lo lejos las luces y las personas avanzando hacia el palacio.
Un poco más y regresaríamos a la ruta original.
El problema es que alguien bloqueaba el camino.
Cinco figuras se pusieron en fila frente al paso que debíamos seguir, cortándonos el camino y sin intenciones de moverse.
—Ya me parecía raro todo esto, así que fue planeado —dije.
—¿A qué te refieres?
—preguntó Grisk, que empezaba a ponerse nervioso.
—Primero alguien bloquea el camino principal sin razón, dejándonos varados.
Luego aparece un desconocido que nos ofrece, sin motivo alguno, una ruta más desierta, perfecta para una emboscada.
—Y luego…
—Y luego aparecen cinco personas que ya estaban esperándonos.
Todo fue una trampa y caímos en ella.
—¿Qué deberíamos hacer?
—preguntó el cochero, visiblemente nervioso.
Faelith suspiró y bajó del carruaje.
—Solo hay una cosa que hacer ahora, ¿no?
—Deshacernos del obstáculo —terminé la frase.
Nos bajamos y me acerqué a los chicos.
Les pedí que se quedaran cerca de Grisk por si aparecían más enemigos.
Faelith y yo iríamos al frente.
Avanzamos, y pronto noté algo inquietante en las figuras que nos bloqueaban el paso.
Me eran conocidas…
“¿Esos…
no puede ser…?” —Oye, Airen…
—Sí.
Son ellos.
Eran los mismos cinco que habíamos encontrado en la tienda de armas.
Allan y sus subordinados.
Brik Un crujido a la izquierda me alertó, pero no giré la cabeza.
Sabía que Faelith también lo había oído.
—Nos han rodeado —murmuré.
—¿Debería ocuparme de ellos ahora?
—Hablas como si tuvieras experiencia…
¿es tu primer combate, verdad?
—Sí, pero… —Como sea.
No actúes aún.
Déjame intentar hablar con él.
Quizá podamos evitar la pelea.
Esperaba que esto se resolviera sin lucha.
Si Allan era solo un ladrón, quizás no estaría dispuesto a arriesgar tanto.
Elevé la voz.
—Allan.
Qué coincidencia encontrarte aquí.
¿Se puede saber por qué bloqueas el camino?
—¿Qué?
¿Esa voz…?
¡Dulzura!
—¡¿Desde cuándo me llamo Dulzura?!
¡Me llamo Airen!
—Jajaja, definitivamente eres tú.
Pero… verte a esta distancia… los elfos tienen buena vista, ¿eh?
¿Debo iluminar esto?
Aplaudió dos veces.
Varias fuentes de luz brillaron alrededor.
Eran cristales de luz sostenidos por unos diez hombres armados.
Nos triplicaban en número.
—Ahora sí puedo verte bien.
Sirvienta, caballero… ¡me intrigas cada vez más!
“Sigue siendo un idiota.” —No sé qué planeabas, y no me interesa.
Solo déjanos pasar.
—Mmm… eso no será posible, querida.
—¿Crees que por tener más hombres lograrás algo?
No quiero hacerte daño.
—Oh, sé lo que puedes hacer.
Pero esto es un trabajo.
Nos han pagado y no hay vuelta atrás.
—¿Trabajo?
¿Quién te contrató?
—Eso es confidencial.
Pero sí puedo decirte que nos pagaron para eliminar a alguien… y esa persona está en ese carruaje.
“¡Grisk!” —Así que, si no te metes, no hay problema.
No quiero dañar a damas tan encantadoras.
—Desde el principio me pareciste un imbécil.
—¿Entonces es un no?
Qué lástima…
Allan suspiró y desenvainó su espada.
Su hoja marrón era inconfundible.
—¡Petram!
¿Qué haces con esa espada?
—En cuanto recibí el pago, fui a comprarla.
El viejo incluso me hizo descuento.
“Esto no pinta bien.” Desenvainé a Aquae.
Cuando lo hice, Allan golpeó el suelo con su espada, rompiendo la piedra y lanzando esquirlas hacia nosotras.
—¡Cuidado!
—grité.
Me concentré.
El aire a mi alrededor vibró levemente.
Canalicé mi maná en la espada e invoqué una ráfaga ascendente que desvió parte de los escombros.
Luego, usé chorros de agua a presión para cortar las piedras restantes.
Sentí la energía moverse en mi interior, fluyendo desde mi pecho hacia mis manos.
Pequeños remolinos de aire giraban a mi alrededor sin que nadie los notara, pero eran suficientes para ayudarme a mantener el equilibrio.
—Airen —dijo Faelith—, yo me encargo de los grandotes.
Tú enfréntalo.
—Está bien.
¿Crees que Naerion y Lairam puedan con los demás?
—Espero que sí.
“Vamos, Airen…
tú puedes.” Inspiré profundamente.
Dejé que el viento me envolviera, que mi vínculo con el aire se manifestara.
No podía usar aún hechizos avanzados, pero sí podía hacer que mi velocidad aumentara levemente al empujarme con pequeñas corrientes.
Mi entrenamiento aún era básico, pero notaba el progreso.
—Bien, Allan.
Que empiece el espectáculo.
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