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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 Capítulo 33 — Debería salir menos de casa
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33: Capítulo 33 — Debería salir menos de casa 33: Capítulo 33 — Debería salir menos de casa Perspectiva de Faelith La batalla ya había empezado en el lado de Airen, y por el momento parecía que lo estaba manejando bien al luchar sola contra ese tipo.

No estaban usando magia, solo una pelea directa con espadas.

Aquel hombre era mejor que el promedio, pero no había manera de que superara a Airen en combate cuerpo a cuerpo.

Ella era rápida y precisa, y cada movimiento que hacía demostraba su dominio.

Por otro lado, nuestros chicos lo tenían complicado.

Los diez enemigos usaban unas armaduras negras con bordes rojos, resistentes tanto a ataques físicos como mágicos.

Las flechas de Naerion rebotaban sin causar daño, y ni siquiera la bola de fuego de Lairam había dejado marcas.

De momento se mantenían firmes gracias a que Lairam trajo sus guanteletes y los usó para mandar a volar a uno de esos tipos.

La armadura del enemigo lo salvó, pero quedó destruida.

Eso les ganó algo de tiempo, aunque sabía que Lairam no aguantaría mucho más.

Tenía que apurarme.

—Airen, ¿estás bien?

—Sí, solo fue un roce.

¿Y tú?

—Perfectamente, pero Lairam está llegando a su límite.

Lairam jadeaba, su mana estaba casi agotado.

Pensé en lo poco que podía sostener esos guanteletes con su reserva mágica limitada…

—¡Lairam!

¡Préstame los guanteletes!

—¡Gran idea, Faelith!

—dijo Airen—.

Pero si los tomas, quedarán indefensos.

Tenía razón.

Aun así, no teníamos muchas opciones.

—Hey, hey, ¿no olvidan que seguimos peleando?

Una enorme roca voló a nuestro lado.

Respondí lanzando una lluvia de bolas de fuego, y corrimos juntas hacia el carruaje donde estaban Grisk y los demás.

—Airen, tengo una idea.

No sé si funcionará, pero debemos intentarlo.

Crearé una distracción, y en ese momento tú te llevas a Grisk al palacio.

Allí estará a salvo.

—Entendido, pero…

—Estaremos bien.

Tú vete.

—Lairam, dame los guanteletes.

—E-está bien, pero…

No esperé.

Se los qué sin demora y los coloqué en mis brazos.

El peso era considerable y sentí cómo la energía drenaba de mi cuerpo.

Un cosquilleo me recorrió los músculos.

Ya estaban activados.

—¡Ahora, Airen!

Airen tomó a Grisk y corrió hacia la calle que llevaba al palacio.

Sabía que los asesinos seguirían ese camino.

Sin perder tiempo, concentré mana en el suelo, agrieté la piedra con magia de tierra y golpeé con todas mis fuerzas.

El suelo vibró violentamente, y una ola de rocas salió disparada hacia los enemigos.

Tres de los grandotes y Allan fueron impactados de lleno.

Repetí el movimiento hacia la retaguardia, dejando a más de la mitad inconscientes.

—¡Que no escape!

Allan salió ileso tras levantar un muro de piedra.

Sus hombres no corrieron con la misma suerte, pero no parecía que eso fuera a detenerlos.

—Faelith —dijo Naerion—, no dejes que la alcancen.

—Lo sé.

Corrí rápidamente para cortar el paso a los perseguidores de Airen.

No eran rápidos, confiaban en su fuerza bruta.

Uno intentó apartarme de un empujón, pero le respondí con un golpe directo al pecho.

El sonido de su armadura rompiéndose fue claro.

Cayó al suelo sin aliento.

—De aquí nadie se va.

Allan frunció el ceño.

Ya había perdido a 10…

no, 11 hombres.

Vi a Naerion derribar a otro.

—Se suponía que era un trabajo fácil.

Nunca había fallado.

Pagarás por esta humillación.

Y después acabaré con Airen y ese maldito cerdo.

—Solo atrévete, desgraciado.

Perspectiva de Airen —Parece que no nos siguen.

Corrí con Grisk lo más rápido que pude.

Casi llegábamos a la calle principal cuando Grisk tropezó por el agotamiento.

—No podemos quedarnos aquí.

Tenemos que llegar al palacio.

—Haa…

haa…

eso es fácil para ti.

Eres una elfa…

“No, es porque no haces ejercicio…” —Hay que seguir.

Falta poco.

—…sí.

PAM —¡¡Ieh!?

-¡¿Qué!?

Justo cuando empecé a caminar, algo golpeó de frente mi escudo de maná.

Lo tenía activado por precaución desde hace rato, pero no creí que fuera a ser necesario.

“¿Una daga?” Había sido lanzada directamente a mi pecho, pero rebotó en mi escudo.

—¡Grisk, ocúltese detrás de mí!

—¿Q-qué sucede?

—Nos atacan.

Grisk corrió y se ocultó detrás de mí mientras yo buscaba al responsable del ataque.

Delante solo veía la calle concurrida por la gente que se dirigía a la fiesta, pero no detectaba ninguna amenaza inmediata.

“Podrían estar ocultos en ese callejón.” Antes de llegar a la calle principal había un cruce donde perfectamente podrían esconderse.

Extendí la mano al frente, reuní maná y creé una esfera de luz que iluminó toda la zona como si fuera de día.

Dos figuras aparecieron de la nada; al percatarse de la luz, intentaron ocultarse, pero ya era tarde.

—¡Sé que están ahí, salgan ahora mismo!

No hubo respuesta al principio, pero luego de unos segundos ambos salieron del callejón.

Me sorprendí mucho al ver al mismo asesino encapuchado de la última vez.

Todavía cubría todo su cuerpo con ropas oscuras y una capucha.

También empuñaba la misma espada.

“Tenía razón…

es una espada de diseño exótico.

Qué rareza.” —¡Neid!

¿Qué haces aquí?

—gritó Grisk, muy exaltado.

“¿Neid?” Miré a la otra figura y me asombré al reconocer al hombre que había visto en el restaurante: vestía de forma elegante, como quien va a una fiesta.

Si él es Neid, entonces la encapuchada…

—¿…Mei?

—¿Mei, eres tú?

—¡Neid!

¿Acaso tú planeaste todo esto?

—Tsk…

¿Y qué si lo hice?

Podría jurar que ya lo sabías, ¿no es así?

No habrías contratado escolta si no lo supieras.

—¿Por qué haces esto?

—¿Por qué?

¡Voy a convertirme en el mayor mercader de Armath y tú eres un obstáculo!

Te lo advertí, Grisk.

Te ofrecí que fueras mi socio, pero te negaste.

—Neid…

¿llegar tan lejos como para contratar asesinos?

¿Te has vuelto loco?

—Haré lo que sea para cumplir mi meta, Grisk.

—¿Y para qué viniste?

¿Querías verme morir?

—Les pagué mucho a esos ineptos y se veían confiados.

Una emboscada con quince personas…

parecía infalible.

Pero tenía mis dudas.

Solo quería confirmar que el trabajo se había hecho.

¡Pero fallaron!

—Neid…

—Supongo que si quieres que algo salga bien, tienes que hacerlo tú mismo.

¡Mei, mátalo!

“Así que era Mei después de todo…” Ella aceptó la orden y corrió hacia mí blandiendo su espada.

Esta vez no podía darme el lujo de alargar la pelea: tenía que asegurarme de que Grisk llegara al palacio para regresar y ayudar a Faelith.

Cargué de maná mi espada y, al hacer un corte diagonal, una ráfaga de agua voló hacia Mei.

Ella esquivó por poco.

Repetí tres veces el ataque y logré golpearla una vez, lo que la hizo caer de espaldas.

La presión del agua rasgó su ropa, aunque no vi sangre, así que asumí que no estaba herida de gravedad.

“No tiene experiencia combatiendo contra magia.” —¿¡Qué estás haciendo!?

¡Te dije que mataras a Grisk!

—gritó Neid.

Mei se quitó la capucha rasgada, dejando ver su cabello gris azulado y sus ojos rosa-violeta.

Parecía aturdida.

Llevó una mano a la frente para recuperarse y murmuró: —Es…

muy fuerte.

—Tsk…

¡me vuelves a fallar!

Fuiste listo al contratar a una elfa, Grisk.

Pero no me iré hasta ver tu cadáver.

—Mei, no sé qué razones tengas para trabajar con él —le dije—, pero no creo que seas una asesina.

“Su primer ataque fue muy previsible, y durante el combate parecía no saber dónde cortar.

Tiene habilidad, sí, pero alguien con su destreza ya me habría matado.” —¡No tienes que pelear con ella, solo mata a Grisk!

—…Lo entiendo.

Mei se puso de pie y llevó su mano a la segunda espada que llevaba a la espalda.

Al desenvainarla, un resplandor violeta brilló en la hoja y en la gema incrustada, se trataba de una Katana, de color violeta y dorado con gemas del mismo color incrustada, incluso se podía percibir una especie de aura extraña que curiosa mente me parece familiar.

Otra espada exótica, con un aura que, curiosamente, me resultaba familiar.

Mei sudaba y se veía pálida; su rostro mostraba disgusto.

Con ambas espadas en mano, bajó su postura.

Iba a atacar.

“Usaré la misma estrategia que antes…

al menos hasta que pierda la conciencia.” PAM —¿¡Qué!?

¿Cuándo…

tú?

No supe en qué momento apareció frente a mí.

Estaba a 3 o 4 metros y no le quité la vista, pero de pronto estaba a un paso, su espada dibujando un corte que mi escudo detuvo, aunque dejó una grieta.

La sellé de inmediato.

Grisk se había refugiado detrás de unas cajas de madera, pero seguía siendo un blanco fácil.

Mei volvió a atacar.

Esta vez bloqueé con mi espada, pero vi una figura aproximarse por la izquierda.

Rápidamente empujé a Mei y giré para interceptarla…

pero no había nada.

La figura se desvaneció como humo.

“¿Qué fue eso?

Un momento…

¿y Mei?” No estaba por ningún lado.

La tenía justo a mi lado.

—¡Ya lo tienes!

¡MÁTALO!

—¿¡Qué!?

Me giré y, para mi sorpresa, Mei sujetaba a Grisk con una mano y colocaba su espada sobre su cuello.

Bastaba un leve movimiento para degollarlo.

—¡MEI, NO LO HAGAS!

—¡…!

Ella vaciló.

Hace un instante parecía decidida, pero ahora dudaba.

Como sospechaba, no es una asesina.

Puede que nunca haya matado a nadie.

—¡¿QUÉ ESTÁS ESPERANDO?!

¡MÁTALO YA!

Neid gritaba desesperado mientras Grisk se mantenía como una estatua, rígido y con los ojos cerrados, aunque muerto de miedo.

Mientras tanto, Mei aún dudaba de si continuar.

—¡Mei, no te conozco casi nada, pero puedo asegurar que no eres una asesina!

¡Si lo matas, te arrepentirás toda tu vida!

—¡S-silencio!

¡T-tira tu espada!

—¡Mei!

—¡TIRA TU ESPADA!

Ella se estaba poniendo muy nerviosa.

Sus manos comenzaban a temblar y podía actuar por impulso si cometía un error, así que le obedecí.

Aventé mi espada hacia un lado; aunque no cayó muy lejos, no podría alcanzarla de inmediato.

—Te lo pido, deja de trabajar para Neid.

Aún estás a tiempo.

¡No habrá vuelta atrás si no te detienes ahora!

—No…

no puedo.

Si lo hago…

—¡BASTA DE HABLAR!

¡Te recuerdo que la libertad de tu padre está en mis manos y si no me obedeces sabes lo que pasará!

¿Su padre?

Entonces sí había un motivo.

La está extorsionando…

ese maldito es el problema.

Apunté hacia él con la palma de mi mano y creé una bola de fuego.

—¡Espera!

¿¡Qué haces!?

—gritó Mei.

Disparé la bola sin prestarle atención.

Era un ataque calculado: no lo mataría, pero le causaría quemaduras graves.

Podría curarlo después, pero lo importante era silenciarlo para convencer a Mei.

Sin embargo, justo antes de que el fuego golpeara a Neid, alguien saltó frente a él y recibió el impacto: fue Mei.

—¡AAAGGGGHHHH!

—¡MEI!

Su cuerpo ardía en llamas y ella solo se revolcaba en el suelo para apagarlas.

Rápidamente corrí hacia mi espada y apunté con ella a donde estaba Mei.

A unos cinco metros disparé un chorro de agua y por suerte logré apagar las llamas.

Aun así, parecía gravemente herida, diferente a la última vez.

¿Sería su ropa?

Tal vez la capucha que traía era resistente al fuego, pero yo la había rasgado antes.

—¡MALDITA ESTÚPIDA, ¿POR QUÉ NO MATASTE A GRISK!?

—¡Gyahh!

Neid, furioso, comenzó a patear a Mei una y otra vez.

Ella había saltado para protegerlo y él la golpeaba solo por fallar.

—Despreciable…

Comencé a caminar hacia él intentando no perder el control.

—¡No te acerques!

¡Te advierto, no sabes quién soy!

¡AYUDAAAAA!

—¡Eres un MALDITO BASTARDO!

—¡GAH!

Le di un puñetazo tan fuerte que sentí cómo me vibraba el brazo.

Neid cayó al suelo aterrado pero consciente.

—¿Qué sucede ahí?

Desde el final de la calle aparecieron tres guardias.

Seguramente escucharon el grito.

—Me llamo Griskhed Mélan.

Fui invitado a la fiesta del duque.

He aquí mi invitación.

Grisk les mostró una carta.

Me sorprendió lo fluido y seguro que hablaba, cuando hace poco temblaba.

Mientras ellos hablaban, me acerqué a Mei para curarla.

—Ya veo, es auténtica.

¿Qué ha pasado?

Escuchamos un grito y por lo que veo…

—Este hombre intentó asesinarme.

Contrató un grupo de asesinos.

Por suerte escapé gracias a mis guardaespaldas.

Exijo que se le arreste.

Los guardias dudaron.

No tenían pruebas.

Podría ser Grisk quien mentía.

—¿Arrestarme?

¿¡Quién te crees que eres, Grisk!?

¡Te juro que te mataré la próxima vez que te vea!

—¿Está ella bien?

—preguntó Grisk.

—Ha recibido quemaduras graves, pero en menos de una hora estará bien.

—La magia es increíble.

¿No se arrepiente de no entregarla?

Ella trató de asesinarlo, recuerde.

—Pudo hacerlo en cualquier momento, pero no lo hizo.

Fue manipulada por Neid.

No creo que sea una mala chica.

—Concuerdo en eso.

—Eso me recuerda, ¿cómo logró pasar a través de ti?

Pensé que ibas ganando.

—No tengo idea.

De pronto desapareció y apareció como un fantasma, incluso se clonó.

—¿Habrá usado magia?

—No soy experta en todo tipo de magia, pero hasta donde sé no hay hechizo que te haga desaparecer o clonarte así.

Está recobrando la conciencia…

—¿Habrá sido su espada?

Las espadas mágicas hacen cosas increíbles…

¡uahh!

—¿Qué pasa ahora?

Comencé a girar buscando a Grisk o Mei.

—No…

—¿Qué pasa?

Grisk gritó al levantar la espada de Mei.

La soltó rápidamente, sudando y pálido.

—N-no es nada…

solo me sorprendí…

—¿De qué?

—Cuando la levanté, sentí que algo tiraba de mí.

Una sensación fría en mi cuello…

fue espeluznante.

¿Habrá sido absorción de maná?

Algunas espadas lo hacen si el portador no las controla.

Para alguien como Grisk, sin magia, sería difícil resistir.

—No deberías tocar espadas mágicas a la ligera.

Algunas son muy peligrosas.

Mientras decía esto, me puse de pie y me acerqué a la espada de Mei.

—¡ESPERA!

Mei gritó al verme levantar su espada, pero entonces su figura y la de Grisk desaparecieron.

Me encontraba en el mismo callejón, pero el ambiente cambió: todo estaba teñido de gris, salvo el cielo, de un naranja crepuscular.

No había ruido, solo silencio.

—¿Qué pasa ahora?

Giré buscando a Grisk o Mei, pero no estaban.

Tras la tercera vuelta, apareció una sombra frente a mí.

Era similar a la que vi en la tienda de armas, pero distinta: no transmitía maldad, sino algo enigmático.

Era una figura femenina envuelta en humo.

—¿Y si mi cuerpo está siendo poseído otra vez?

¿¡Grisk y Mei!?

—Ellos están bien.

No te preocupes.

—¿Se puede confiar en un espíritu?

—No todos somos como Noctis.

—¿Ya estás leyendo mis pensamientos otra vez?

—Lo siento…

—¿Quién eres?

—Ya no uso mi nombre…

pero puedes llamarme Gendill.

—¿Eres un espíritu?

¿Y esta es una espada de oscuridad, verdad?

—Te lo repito, no todos los espíritus en espadas de oscuridad son demonios, ¿te parezco un demonio?

“De momento ella no parece una mala persona… o espíritu o lo que sea.

De alguna manera, me da la sensación de estar hablando con mi madre…” —No he conocido muchos que digamos.

Pero realmente… ¿por qué termino así siempre que toco una espada de oscuridad?

—Eso es porque tienes una gran afinidad con la magia de oscuridad.

—No sé si sea bueno… magia de oscuridad… si sigo así terminaré como un elfo oscuro.

—Eso no pasará, no conmigo por lo menos.

¿Y bien?, ¿cómo salgo de aquí?

—Ah, solo espera un momento, tengo una propuesta que quiero hacerte.

—¿Una propuesta?

—Préstame 10 monedas de oro.

—¿¡Diez monedas de oro estás loca!?

—¿Es mucho?

—¡Claro que es mucho!

¿Y para qué quiere un espíritu 10 monedas de oro?

—No es para mí, es para Mei.

—¿Para Mei?

—Ella trabaja para ese comerciante porque su padre fue engañado y contrajo una gran deuda.

Diez monedas de oro fue el precio a pagar, y como no podía cubrirlo, fue encarcelado.

Neid prometió pagar la deuda y gracias a su influencia el padre de Mei fue liberado, pero a cambio ella quedó atada a Neid, obligada a servirle sin descanso.

Lo peor es que él jamás pensó pagar realmente esa deuda.

—Así que era eso… ¿cómo lo sabes?

¿Leíste la mente de Mei también?

—No, la afinidad de Mei con la magia de oscuridad es buena pero no tanto como la tuya.

La razón por la que conozco la situación de Mei es porque la conocí antes de ser un espíritu.

—¿Antes de ser un espíritu…?

¿Cuándo estabas viva?

—Así es.

Por eso te lo pido, paga la deuda de Mei, por favor.

—Me gustaría poder hacerlo, pero… esa cantidad… —Si lo haces te ayudaré en tu camino.

Te esperan cosas difíciles, y necesitarás toda la ayuda posible.

—Noctis dijo algo similar.

¿Se puede saber cómo es que conoces mi futuro?

¿Y qué es eso tan difícil que debo afrontar?

—Los espíritus existimos en un plano distinto al de los vivos.

El tiempo como lo conoces no existe para nosotros.

Tú lo cruzaste una vez, aunque fue por poco y no llegaste a ver nada.

“¿De qué está hablando ahora?” —Y sobre tu futuro… no puedo decirte más.

Ya he dicho demasiado solo con mencionarlo.

Confórmate con lo que ya sabes.

—…No esperaba mucho, después de todo.

Entonces, ¿cómo vas a ayudarme?

—Podrás tener esa espada que estás sosteniendo.

Miré la espada en mi mano, la que pertenecía a Mei.

Tenía la apariencia de una katana, con un tono violeta intenso y una gema brillante del mismo color.

Era ligera, fácil de balancear y se sentía extremadamente afilada.

Aparte de las seis espadas etéreas, no conocía ninguna otra que valiera tanto.

—Vale cada centavo, eso te lo aseguro.

—¡Ya deja de leerme la mente!

Además, esta espada es de Mei.

—Ella ya aceptó dártela.

—¿Estás hablando con ella usando mi cuerpo, verdad?

¡Y sin mi permiso!

—Jeje, lo siento, pero tenía que aprovechar la situación.

Ups, el tiempo se acaba.

¿Aceptarás la oferta?

—…¿Pasará esto cada vez que la toque?

—Muy difícilmente volveremos a encontrarnos, pero si pasa, espero que podamos tener una buena conversación.

“No puedo ver su boca, pero sé que sonríe.

Sonríe como si ya lo hubiera aceptado.” —Lo pensaré.

—Será un placer trabajar contigo de ahora en adelante, jeje.

—¡Aún no he dicho que sí!

—Ah, se me olvidaba.

Dije que mi nombre era Gendill, pero ya no puedo usar ese nombre.

Tendrás que darme uno nuevo.

Hasta luego.

—¡Oye, espera!

Y como si nada, se desvaneció en el viento.

Justo después, el lugar comenzó a oscurecerse y empecé a oír voces.

El cielo pasó del atardecer al anochecer, y el silencio fue reemplazado por el bullicio de la ciudad.

Al mirar alrededor, vi a Grisk parado mirándome con una expresión de lástima.

Luego sentí algo presionando mi pecho, y cuando bajé la mirada, encontré a Mei abrazándome mientras lloraba en silencio.

“¿Qué habré hecho esta vez?” —Emm… ¿Mei?, ¿qué pasa?, ¿no he hecho nada raro, verdad?

Mei me miró unos segundos con sus ojos llorosos violeta y susurró: —¿Se ha ido?

—Lentamente se separó de mí y se puso de pie mientras se secaba las lágrimas.

—¿Eres tú de nuevo, Airen?

—preguntó Grisk.

—Sí… supongo.

—Increíble… no pensé que llegaría a ver una posesión en persona.

—¿No pasó nada malo, verdad?

¿No ataqué a nadie?

—¿Atacar?

No, al parecer el espíritu que te poseyó era la madre de esta chica.

“¿¡La madre de Mei!?” “Eso explica algunas cosas… pero me deja con aún más preguntas.

De momento, devolveré la espada.

Debe ser importante para ella.” Le entregué la espada a Mei.

Me vio un poco sorprendida.

Supongo que su madre le contó del “trato”, pero de momento quería concentrarme en curarla.

Me acerqué a ella y comencé a usar magia de sanación para tratar sus heridas.

No se opuso, aunque evitaba mirarme directamente.

Solo fijaba la vista en la espada.

Después de unos minutos, el silencio comenzaba a hacerse incómodo.

Ya casi terminaba y me disponía a hablar, pero antes de abrir la boca, llegaron los guardias de antes, trayendo consigo a varios de los hombres que acompañaban a Allan.

Me puse de pie de inmediato.

—¿Qué hay de mis amigos?

¡Dos chicos y una chica!

¿Están bien?

—Están bien —respondió el guardia—.

Tenían algunas heridas pero nada grave, están siendo atendidos ahora mismo.

—Ya veo… qué alivio.

Por cierto, ¿esos son todos los asesinos que atraparon?

—Estos eran los únicos que quedaban en el lugar.

Estaban inconscientes cuando llegamos.

Tu amiga también dijo que había más, pero se habían marchado.

Hemos enviado refuerzos para rastrearlos.

Solo capturaron a cinco.

Nada de Allan ni sus cuatro acompañantes.

Me preocupa que intenten buscarme luego… ya tengo suficientes enemigos siguiéndome los pasos.

—Regresaremos al palacio para avisar a los demás guardias.

¿Quieren escolta?

—Grisk puede ir con ellos.

Yo aún tengo algo que hacer.

—¿Estás segura?

—preguntó Grisk.

—Estaré bien, por favor, ve.

Grisk asintió y partió con los guardias.

Tras su partida, continué curando a Mei y pronto terminé.

Se sorprendió al ver que no tenía rastro de quemaduras, excepto algo de enrojecimiento, que pasará en uno o dos días.

—¿Por qué me ayudas?

Era tu enemiga.

—Supuse que no eras una mala persona.

Y tenía razón.

“Otra vez callada… es difícil hablar con ella.” —Sobre… —¿Sobre?

—Sobre lo que dijo mamá… la deuda… —Ah, es verdad… Diez monedas de oro, eh… A mi padre le dará algo cuando le pida esa cantidad.

Quizás tenga que trabajar en la tienda de mamá o algo… —¡No tienes que pagarla!

Buscaré la manera… —No te preocupes.

Solo es dinero.

Además, no puedo ignorar la petición de una madre por la libertad de su hija.

Supongo que esa es mi debilidad.

Mei frunció el ceño, incómoda.

Se notaba que no se sentía a gusto recibiendo ayuda gratuita.

Tras unos segundos, volvió a mirar su espada con cierta molestia.

Pensé que quizás no quería desprenderse de ella.

“No soy tan buena como para pagar una deuda así sin esperar algo… pero tampoco soy tan cruel como para exigirle una espada que guarda el alma de su madre.” —Como sea, ya no trabajas para Neid.

Tal como prometí, pagaré tu deuda, y no te preocupes por la espada.

No es necesario que me la des.

—¡Pero el trato…!

—Está bien.

—¡No lo está!

Le prometí a mamá que te entregaría esta espada.

“Qué problema…” —Haa… entonces hagamos algo.

Para empezar… ¿dónde vives?

—Vivo en la aldea Jikén.

—¿Aldea Jikén?

No la conozco.

—Es una aldea pequeña en medio del bosque, a tres horas de Pyrenhal si vas por el río.

“Está bastante cerca.” Mei me explicó la ubicación.

Me sorprendió saber que estaba tan cerca de Pyrenhal.

Era una aldea humana fundada por desterrados hace 150 años.

No salían mucho y preferían mantenerse al margen, pero comerciaban directamente con la ciudad.

Su especialidad eran las espadas y herramientas de metal.

—Entonces por ahora regresa a casa.

Yo iré a tu aldea en dos días, así que espérame allí.

—…Está bien.

Te daré la espada cuando vengas.

Mei se dio la vuelta y desapareció entre los callejones, no sin antes mirarme una vez más.

“Debería salir menos de casa… solo iba a pasar dos días divirtiéndome y terminé enfrentándome a asesinos, poseída por un espíritu, gastando todo mi dinero y ahora, con una deuda encima… en serio, debería salir menos de casa.” Suspirando por mi suerte, comencé a caminar hacia donde estarían mis amigos.

Sabía que, aunque todo parecía resuelto… aún quedaba mucho por venir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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