Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 —Una Oportunidad Única
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34: Capítulo 34 —Una Oportunidad Única 34: Capítulo 34 —Una Oportunidad Única Cuando regresé a la plaza donde había dejado a mis amigos, el lugar parecía un campo de batalla.
Ladrillos arrancados, cráteres en el suelo…
seguramente obra de Faelith.
También había trozos de roca incrustados en los muros, probablemente lanzados por Allan.
Estaba claro que se había librado una lucha intensa.
Por suerte, las casas cercanas estaban vacías por la fiesta en el palacio.
Aun así, el sitio estaba lleno de curiosos y guardias.
Busqué y vi el carruaje… o lo que quedaba.
Partida la parte trasera y en llamas.
Entre los que apagaban el fuego estaba el cochero, ileso.
—¡Airen!
—escuché a Faelith.
Estaba recostada contra una pared junto a Lairam y Naerion.
Guardias los atendían, aplicando vendajes y ungüentos.
Corrí de inmediato.
Lo más grave parecía ser el brazo izquierdo de Faelith: hinchado, rojizo, quizá fracturado.
—Déjame ver esa herida —le dije.
—Ya la están tratando —respondió.
El guardia preparaba una entablilladura, pero le pedí ocuparme.
Al quitar las vendas, se alarmó.
—Está bien, conozco magia de sanación —expliqué.
Ya había sanado fracturas, incluso la mía.
En minutos, el brazo de Faelith volvió a su color normal.
—¡Ohh!
—el guardia no ocultó su asombro.
Pocos elfos dominan la sanación.
Luego revisé a los demás.
Lairam sólo estaba agotado.
Naerion, algunos cortes, nada serio.
Preferí guardar maná y dejarlos sanar naturalmente.
—¿Y Grisk?
—preguntó Faelith.
—En el palacio —dije.
—¿Vamos?
—Con esta pinta, no nos dejarán entrar.
Mejor esperarlo.
Esperamos horas, pero se sintieron breves.
Grisk apareció cerca de las tres de la madrugada.
Teníamos que partir antes del mediodía, así que no podía quedarse más.
Como el carruaje estaba destruido, regresamos caminando.
La ciudad era pequeña comparada con Pyrenhal, así que en una hora estábamos en el barco.
Ver al capitán y los marineros relajados frente a la fogata fue reconfortante.
—Regresaron pronto —dijo el capitán—.
Pensé que volverían al amanecer.
—No tenía intención de quedarme.
Cumplí con lo que debía hacer —respondí.
—¿Y a qué hora partimos?
—pregunté.
—En cinco o seis horas.
Descansen —dijo.
Y así lo hicimos.
Todos estábamos exhaustos.
Caímos dormidos sin preocuparnos.
El regreso fue más lento por la corriente.
Llegamos de noche a Pyrenhal.
Luego de desembarcar, seguimos a Grisk a su casa, fuera de la muralla interior.
Estaba cerca del río, en una zona menos poblada.
—Es aquí —dijo Grisk.
Sorprendía que un hombre vestido con tanta elegancia viviera en una casa tan modesta.
Ya en el interior, sacó tres cristales de Amite.
—Este será el pago prometido.
—¡¿Un momento?!
¿No era solo uno?
—Cuando los contraté, no esperaba más que escoltas comunes.
Pero me salvaron la vida.
Estos cristales son poco comparados con eso.
Acepten, por favor.
Lairam dudó.
Yo estuve por extender la mano, pero se adelantó.
—Gracias —dijo.
—Y si necesitan ayuda, cuenten conmigo —añadió Grisk.
“Los favores siempre son útiles”, pensé.
Luego nos despedimos y caminamos a la puerta sur.
Después de unos minutos, Faelith me miró.
—Airen, ¿vas en dirección contraria?
—No iré a casa, voy donde Therion —respondí.
—Ah, ya veo —murmuró.
—A… Airen… —Lairam me llamó.
—¿Sí?
—respondí.
—Si no te molesta… ¿podrías… podrías pasar la noche en mi casa?
—¿Eh?
—¡¿Qué te crees, chico listo!?
—exclamó Faelith.
—¡Ohhh!
Qué directo, Lairam —dijo Naerion, sonriendo.
—¡No es lo que piensan!
—gritó Lairam.
—Lairam, creo que ya te he dicho varias veces que no tengo interés en ti —respondí con firmeza.
—¡No es eso!
Incluso aunque vayas a casa de Therion, el dormitorio de la universidad queda lejos.
Mi casa está a unos minutos —insistió Lairam.
—¡En ese caso, lo mejor es que Airen se quede en mi casa!
—intervino Faelith.
—C-creo que paso… —murmuré.
—¡Entonces!
—exclamó Lairam.
—¡Paso de ti también!
—respondí tajante.
—¿Y qué tal mi casa?
—dijo Naerion con una sonrisa calmada.
—¡¿Incluso tú!?
—reclamó Faelith.
—Mi casa queda más cerca —replicó Lairam.
—Sí, pero yo no estoy enamorado de Airen.
No hay manera de que intentara hacerle algo indecente —dijo Naerion serenamente.
—¡Yo no haría tal cosa!
—se quejó Lairam.
—Además, mi prima está de visita.
Airen puede quedarse en su habitación, ya que hay dos camas.
Así no habrá ningún problema —ofreció Naerion.
—¿Tu prima?
No sabía que tuvieras una prima —comentó Lairam.
—No tienes por qué saber todo acerca de mi familia, ¿o sí?
—respondí Naerion con tranquilidad.
—Bueno…
es verdad, pero…
—titubeó Lairam.
—Entonces, ¿qué opinas, Airen?
—preguntó Naerion mirándome.
“Hmm…
¿En casa de Naerion?
Bueno, él es un chico sensato y hasta ahora no me ha dado una mala impresión.
Además, compartiría habitación con su prima.
Supongo que no habrá problema.
Es mejor que caminar hasta los dormitorios de la universidad.” —Me parece bien —acepté.
—¡¡Airen!?— —exclamaron Faelith y Lairam a la vez.
Así, seguimos caminando hasta llegar a la puerta sur, donde nos separamos de Faelith.
Ella estaba un poco renuente a dejarme, pero la convencí tras abrazarla y decirle que estaría bien, ya que soy mucho más fuerte que estos chicos.
Eso, al parecer, la hizo sentirse aliviada.
Varios minutos después, también nos separamos de Lairam.
Al igual que Faelith, él también estaba renuente, pero tras decirle: “Estás siendo molesto.
Vete de una vez”, logre convencerlo.
—Mi casa está a unos minutos de aquí.
Espero que sea de tu agrado —comentó Naerion.
—¿Estará bien que comparta habitación con tu prima?
Podría ser una molestia para ella —pregunté.
—No debes preocuparte, ella es muy amable.
En unos minutos llegamos a la casa de Naerion.
Nada fuera de lo común.
Es una casa como muchas otras en Pyrenhal, aunque esta era de dos pisos y un poco más grande.
Tras entrar, lo primero que vi fue a una mujer sorprenderse mucho al vernos.
Parecía feliz.
—Hola, mamá —dijo Naerion.
—¡Kleid!
¡Naerion ha traído a una chica a casa!
—gritó ella.
“Ugh…
un claro malentendido…” —No, mamá, te equivocas.
Ella es…
—¡¡¿Que mi hijo qué!?— “Y ahora el padre…” Ambos padres se acercaron rápidamente a saludarme y me miraban con una alegría contagiosa, como si fuera una criatura rara.
Naerion se apresuró a aclarar el malentendido y explicar por qué venía con él, lo que llenó de decepción a sus padres.
Aun así, me trataron con amabilidad y me ofrecieron comida, la cual acepté con gusto.
“Creo que mi familia actuaría completamente diferente si yo llegara con un chico a casa.
Mi padre y Therion, por lo menos…” —Por cierto, mamá, ¿dónde está Anyia?
—Saló a correr como de costumbre.
No debe tardar en llegar.
—Ah, cierto.
Le dije a Airen que podía compartir habitación con ella.
—Eso está bien.
Hay una cama libre.
“Anyia…
ese nombre me suena de algo…” —¿Anyia es tu prima?
—pregunté, curiosa.
—Sí, vive en Authon, ya que estudia en la universidad de allá.
Pero suele venir a visitarnos, ya que somos su única familia.
—Ya veo…
—Creo que se parece mucho a ti.
Seguro le caerás muy bien.
—¿Que se parece a mí?
¿En qué sentido?
—Pues…
Ah, ya llegó.
El sonido de la puerta abriéndose interrumpió a Naerion, quien se levantó de inmediato para recibirla.
Escuché desde el comedor su voz alegre, aunque ella hablaba poco.
Terminado mi plato de sopa de verduras, me dirigí al salón principal para conocer a la famosa prima.
Apenas entré en la habitación y ambos me voltearon a ver, sentí una mirada aguda clavarse en mí.
Era inquisitiva, fría, analizándome de pies a cabeza.
Me estremecí al reconocerla.
La chica que me observaba no era otra que Anyia Leihar, la más destacada de la escuela de magia, ganadora de los duelos mágicos por cuatro años consecutivos.
—Naerion, ¿quién es esa?
La frialdad de su voz me dio escalofríos.
Solo pensar en cómo eliminaba oponentes en segundos durante los duelos mágicos era suficiente para ponerme nerviosa.
—Ah, ella es Airen, una amiga que pasará la noche aquí.
Vive a las afueras.
Espero que no te moleste, se quedará en tu habitación.
—Ya veo…
está bien.
Así podremos charlar un rato.
“Quizá debí aceptar la invitación de Lairam después de todo…” —¿Y bien?…
” ¿Y bien qué?
¿Qué quiere preguntarme?
¿Por qué no deja de mirarme tan fijamente?
¡Me está asustando!” Estaba sentada en la cama que me asignaron, sudando frío bajo su mirada fija.
Tras las presentaciones, quería preguntarle qué hacía Anyia Leihar, una noble de alto rango, en una casa común.
Se supone que es descendiente de la antigua familia real de Pyrenhal.
Y si es su prima, ¿Naerion también tiene sangre real?
Había tanto que quería saber, pero no me atrevía.
Al llegar la hora de dormir, Anyia quiso ir a bañarse.
Insistió en que la acompañara, y cuando su tono se volvió más serio, no pude negarme.
Fue el baño más incómodo de mi vida.
No podía mirarla directamente.
Cualquier hombre soñaría con estar allí.
Era una belleza.
Su cuerpo, aunque no lo observé del todo, era tonificado y elegante.
Su cabello dorado le llegaba a la cintura y sus ojos turquesa eran tan intensos que me hacían apartar la vista.
Al terminar, me prestó ropa para dormir.
Insistió en secarme y cepillarme el cabello, aunque le dije que podía hacerlo sola.
Varias veces la oí murmurar “qué hermoso cabello”.
Imaginaba que podría arrancármelo de repente.
Luego de eso, ambas nos sentamos en la habitación.
Ella frente a mí, yo sin saber qué hacer.
Entonces preguntó: —¿Y bien?
No supe a qué se refería.
¿Qué quería saber?
Traté de responder con naturalidad.
—¿A qué te refieres?
“Ugh…
no soy buena con la gente que habla poco…” —¿Qué relación tienes con Naerion?
—¡¿Eh!?
Solo…
¡solo somos amigos!
—¿Solo amigos?
Para traer a una chica a dormir a su casa…
no serás su novia, ¿verdad?
Incluso sin que cambiara su expresión, intenté dormir, pero se me hizo casi imposible.
Viéndolo en retrospectiva, me di cuenta de que siempre me cuesta dormir en lugares desconocidos.
Así pues, pasé casi toda la noche en vela hasta que me dormí en algún momento a mitad de la madrugada.
Incluso si quería irme a casa a primera hora, me desperté casi a mediodía.
Me sorprendió mucho que me hubieran dejado dormir tanto.
Al parecer, Naerion seguía dormido cuando yo me levanté, y sus padres pensaron que estábamos exhaustos por el viaje, así que decidieron dejarme descansar.
Me ofrecieron algo de comer, pero lo rechacé con amabilidad y me preparé rápidamente para salir.
Por lo visto, Anyia no estaba en casa, había salido temprano, así que simplemente me despedí de los padres de Naerion y me dirigí a casa.
Lo peor de vivir en las afueras de Pyrenhal es que toma mucho tiempo llegar.
No hay carretas disponibles para alquilar en esa zona, y solo los comerciantes o nobles suelen tener acceso a transporte.
A menos que tengas tu propio caballo, caminar es la única opción.
No es que necesitara llegar pronto, pero tampoco quería preocupar a mis padres más de lo necesario.
Desde el secuestro de hace cinco años, se volvieron bastante sobreprotectores conmigo.
“Corriendo podría llegar en menos de una hora, pero llegaría cubierta de sudor…
mejor paso.” No había corrido tal distancia desde hacía tiempo, pero sabía que tenía la resistencia para hacerlo.
Me limité a caminar y, después de un par de horas, llegué a casa.
Solo me encontré con Syrel.
Había olvidado que a esta hora mis padres estarían trabajando.
—¡Airen!
¡Bienvenida de regreso!
—dijo Syrel con entusiasmo.
—¡Hola, Syrel!
¡Te extrañé!
—¿Me has traído un regalo?
—Eeh…
lo siento…
—Buhh…
—¿Y qué hay de mamá y papá?
¿Han estado calmados?
—Sí, aunque desde ayer estaban ansiosos porque no llegabas.
—Ya veo.
Espero que no piensen en ir a buscarme.
Podría esperar eso de papá.
—De hecho, anoche dijo que si no regresabas hoy iba a organizar un equipo de búsqueda.
“Papá…” —Ah, por cierto —dijo Syrel mientras corría hacia un mueble cercano—.
Llegó una carta para ti.
—¿Una carta?
Miré el sobre con mi nombre y vi el sello de la universidad.
Tras abrirlo y comenzar a leer, descubrí que era una citación.
La carta había llegado hacía dos días, y la cita era hoy, en pocas horas, en la oficina del director.
“¿Por qué me citarían en la dirección?
¿Habré hecho algo malo?
Ah…
quizá Zarviel al fin decidió culparme o algo así.
Esperaba que, por lo menos, tuviera la decencia de guardarse sus propios asuntos, pero al parecer tendré que defender mi inocencia.” Normalmente, las disputas fuera del campus no le incumben a la universidad, pero si es algo grave podrían llegar a sancionarme por “manchar” el prestigio de la institución.
Aunque no sé si lo que ocurrió fue realmente grave…
bueno, casi muere, así que…
“Pero ahora me toca caminar de nuevo hasta el campus…
de haberlo sabido, habría ido directamente.
Ahora entiendo por qué Therion se mudó a los dormitorios.” —¿Airen?
¿Pasa algo?
—¿Mn?
No es nada.
Tengo que ir a la universidad.
Regresaré por la tarde.
Diles a mis padres que ya estoy en casa para que no se preocupen.
—Claro.
¡Ah!
¿Y qué tal si te acompaño?
—¿Acompañarme?
“Supongo que debe estar aburrida de quedarse sola en casa.
Sé que se ha hecho amiga de unas chicas vecinas, pero solo puede verlas cuando regresan de sus lecciones.” —Supongo que está bien.
Ve a cambiarte.
—¡Sí!
Aproveché para cambiarme también y dejé mi espada y mi equipaje en mi habitación.
Al poco rato, Syrel regresó y salimos de casa en dirección a la ciudad, no sin antes dejar una nota para nuestros padres.
Después de horas de caminar, llegamos a la universidad.
Syrel, como siempre, se veía muy feliz de visitar Pyrenhal.
Ya ha venido muchas veces, pero casi nunca sola.
Incluso hoy no era su primera vez en el campus, así que no era algo nuevo para ella.
—Yo tengo que ir a la dirección porque me citaron para algo.
Tú mientras espérame aquí o…
¿Syrel?
Me di la vuelta al darme cuenta de que no me estaba siguiendo, y al mirar atrás, vi una escena familiar: Syrel rodeada de varias chicas que acariciaban su cabello, orejas y cola como si fuera un suave peluche.
En Pyrenhal no hay muchos Vanthraan, y los que hay suelen ser robustos Vanthar que trabajan como guías o escoltas.
Por eso, chicas como Syrel son una rareza, y a diferencia de los Vanthraan que suelen evitar a los elfos, los elfos adoran a los Vanthraan…
siempre que sean lindas y suaves.
—Syrel, ¿escuchaste lo que dije antes?
Elevé un poco la voz para que me oyera entre la pequeña multitud que la rodeaba.
Ella asintió con la cabeza.
La ayudaría a escapar si no supiera que está disfrutando la atención.
Quizá ella misma pidió acompañarme sabiendo que eso pasaría.
“Como sea…
a ver qué es lo que me espera en la dirección.” Crucé todo el campus hasta llegar a la oficina del director.
Frente a la puerta estaba su asistente, como un vigilante, y en cuanto me vio, me reconoció de inmediato, a pesar de que no imaginaba que supiera quién era.
—¿Airen Vhaldron, verdad?
Casi pensé que no llegabas.
La reunión está a punto de comenzar.
—Lo siento.
Estuve de viaje el fin de semana y no recibí la carta hasta hace unas horas.
—Ya veo.
Por suerte lograste llegar a tiempo.
Por favor, entra.
Tras abrir la puerta, entré a una sala amplia y decorada con sobriedad.
Había algunas estanterías con libros, un gran escritorio y cinco sillas frente a él.
Cuatro ya estaban ocupadas por tres chicos y una chica.
Detrás del escritorio estaba el director, famoso por su presencia severa, y a su lado, una joven cuya mirada aguda me había inquietado el día anterior.
“Un momento…
¿¡Anyia!?
¿Qué hace ella aquí?
¿Dónde está Zarviel?” —Señorita Vhaldron, ¿podría tomar asiento, por favor?
—Ah, claro.
Fui a sentarme en la única silla libre, mientras echaba una mirada a los demás.
No reconocí a ninguno, lo que solo aumentaba mis dudas sobre la razón de mi citación.
Si Zarviel no estaba aquí, entonces quizás no era por él que me habían convocado.
Por ahora, solo me quedaba escuchar.
—Se preguntarán por qué los he citado hoy —comenzó el director, poniéndose de pie y paseando lentamente por la sala—.
Primero que nada, algunos ya la conocerán, pero la señorita aquí presente es Anyia Leihar.
Iré directo al punto: ella ha venido en representación de la Universidad Mágica de Authon, para buscar jóvenes con talento excepcional que puedan desarrollar mejor sus habilidades en el centro de estudios más importante del mundo.
Tras una votación entre los maestros, se eligieron cinco nombres.
1.
Kyle Hougon 2.
Airen Vhaldron 3.
Libni Lándes 4.
Szack Trhuner 5.
Zher Trahir Ustedes cinco han sido seleccionados para recibir una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Authon.
“¡¿Eeeeehhh?!
¿¡Una beca!?” —Disculpe, director…
—de pronto, la chica a mi lado, que debía ser Libni, levantó la mano y preguntó tímidamente—.
Réquen está muy lejos, y he oído que el viaje hasta allí puede tomar un año.
Preferiría no perder clases, además me gustaría llevar mis libros y…
son muchos, ¿de cuánto espacio disponemos?
“¿Una estudiosa?
Del tipo que solo lee libros, estudia y pasa tiempo en la bibli…
un momento…
¿¡no soy así también!?
¿Así me ven los demás?” —Ciertamente, Réquen está lejos, y con un carruaje común, el viaje tomaría un año.
Pero la Universidad de Authon ha enviado un lujoso carruaje tirado por Úzars para asegurar un trayecto cómodo y rápido.
El viaje no tomará más de un mes, y el tamaño del carruaje es más que suficiente para todo lo que necesiten llevar.
—Ya veo, entonces está bien.
La universidad de Authon al parecer no tenía problema en demostrar su poder.
Los Úzars pueden emplearse con permisos especiales, pero el carruaje imperial era otra cosa: un vehículo de lujo tallado con madera de los bosques de Arnidiel, cuya dureza no tenía igual.
Nunca había visto uno en persona, pero sí lo había leído en libros antiguos.
Su tamaño permitía transportar con holgura a más de diez personas con comodidad.
—Para ser el director de esta universidad, adula mucho a la universidad de Authon.
El chico al final habló sin formalidad alguna, como si no le importara la autoridad del director.
Pensé que lo reprendería, pero en lugar de eso, una sonrisa de orgullo se dibujó en su rostro.
—Buena observación, Szack.
Yo me formé en Authon.
No puedo enumerar todos los momentos valiosos que viví ahí.
Me llena de orgullo saber que algunos de mis mejores alumnos tendrán la oportunidad de experimentar lo mismo.
—Yo también tengo una pregunta —dijo uno de los chicos del centro, quizás Kyle o Zher—.
¿Solo han enviado un carruaje?
Preferiría viajar en uno propio si no es problema.
—¿Qué pasa?
¿Al señorito noble no le agrada compartir asiento con nosotros?
Szack reaccionó de inmediato, su voz adquirió un tono tenso.
El noble ni lo miró, solo resopló con desdén, lo que hizo que Szack apretara los dientes.
El director intervino con un suspiro.
—Calma, Szack, Kyle…
Compórtense como los estudiantes de élite que son.
“Nos está poniendo por las nubes con cada palabra…” —Kyle, solo hay un carruaje.
Si deseas uno diferente, deberás conseguirlo tú mismo.
—Tsk…
—Ahí lo tienes, señorito.
—¿Puedo hacer mi pregunta ahora?
—Zher levantó la voz.
—Adelante.
—Sobre las clases que ya hemos tomado aquí, ¿tendremos que repetirlas?
—Algunas asignaturas exclusivas de esta universidad no cuentan en Authon, pero en cuanto al resto, se enviará un informe detallado con sus avances para que continúen desde donde iban.
—Ya veo.
Gracias.
—¿Alguna otra pregunta?
“Supongo que ahora me toca a mí.” —Sí…
—levanté la mano—.
¿Es posible rechazar esta beca?
Todos voltearon a verme como si hubiera dicho un absurdo.
El director incluso abrió la boca con sorpresa.
Solo Anyia mantenía su rostro imperturbable.
—¿¡Rechazar!?
¿Estás bromeando?
¿No sabes lo grandiosa que es Authon?
—exclamó Libni.
—Emm, sí, pero…
—traté de explicar.
—¡Qué descaro!
Algunos no saben reconocer un privilegio —bufó Kyle.
—Y otros creen que todo se les debe solo por su apellido —dijo Szack.
—Por supuesto.
Deberías agradecer solo por estar en la misma sala que yo —arremetió Kyle.
—¿¡Cómo dices!?
—replicó Szack.
—Emm…
¿puedo hablar?
—traté de intervenir.
“Esto se descontrola…” —¡Repite eso fuera del edificio!
—gritó Szack.
—¿Siempre deben recurrir a la violencia?
Supongo que tendré que enseñarte modales, basura de clase baja —gruñó Kyle.
—¡Compañeros!
Estamos en la oficina del director.
¡Moderación!
—Zher alzó la voz.
—… —Todos guardaron silencio.
—Director, creo que Airen solo quiere explicar sus razones —dijo Zher.
“Este chico tiene incluso más autoridad que el director…” —Ah…
claro.
Airen, ¿podrías decirnos a qué te refieres?
“¿Y este es el temido director?” —No es que desee rechazarla.
Me sorprende haber sido seleccionada y estoy agradecida, sin embargo, aceptar la beca significa dejar todo atrás y mudarme a un continente desconocido.
Estaré rodeada de personas extrañas, y quién sabe cuándo podría regresar.
¿Dos, cinco, diez años?
Al parecer nadie lo había pensado.
El murmullo de dudas llenó la sala.
Si me dedicara completamente al estudio, podría graduarme en cinco años, pero con mi ritmo actual, quizás tarde el doble.
¿Realmente quiero separarme tanto tiempo?
Aun si pudiera regresar en vacaciones, necesitaría un carruaje de Úzars, lo cual no es común.
—Entiendo tus dudas —dijo el director—.
Diez años parece mucho para ustedes, pero con el tiempo verán que fue solo un suspiro.
“Claro…
los elfos pueden vivir siglos, incluso milenios.
No lo pienso mucho, pero es verdad.
Conozco a varios que superan los quinientos años.
Yo misma, siendo mitad elfa, podría vivir cientos.
Pero por mucho que viva, diez años seguirán siendo diez años.
No es poca cosa.” —En fin —suspiró el director—.
Sí, puedes rechazar la beca si lo deseas.
Pero te aconsejo que lo pienses bien.
Considera lo que podrías lograr.
Tienen dos semanas.
El carruaje partirá al amanecer desde la puerta norte de la muralla exterior.
Lleven solo lo necesario: ropa y objetos personales.
La comida será provista por la universidad.
—¿Puedo llevar mi espada?
—preguntó Szack.
El director miró a Anyia, quien asintió sin pestañear.
—No hay inconveniente.
De hecho, recomiendo que estén preparados.
El viaje podría presentar algunos peligros.
Yo los protegeré, pero siempre es mejor prevenir.
“¿También es escolta?
Bueno…
con su fuerza puede con cualquier amenaza.” —Entonces, queda todo claro.
Pueden retirarse.
Si tienen dudas, consulten con mi asistente.
Y Airen…
—¿Sí?
—Piénsalo con calma, ¿de acuerdo?
—…Sí.
Salí de la oficina con la cabeza llena de pensamientos.
¿Debería aceptar o no?
Tengo dos semanas para decidirlo…
Aunque de alguna manera, sé lo que mi familia va a decir.
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