Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 Capitulo 36 La Decisión Correcta
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36: Capitulo 36: La Decisión Correcta 36: Capitulo 36: La Decisión Correcta Después de aceptar el intercambio, recibí unas clases rápidas por parte de Mei sobre el uso mágico de la espada.
Aunque “rápidas” no fue el mejor término, ya que duraron varias horas.
Al desenfundarla noté lo liviana y afilada que era.
Mei explicó que, al canalizar maná en la espada, esta emite un aura que activa la ilusión.
—Como no la he usado mucho, solo conozco dos técnicas —dijo Mei—.
La primera es invisibilidad.
Cargas maná en la gema, mezclas el aura con tu propio maná y lo envuelves en tu cuerpo.
Esta aura es invisible para todos, salvo para los Gashems puros como papá.
Luego usas magia de luz para desviar los rayos que se reflejan en ti y…
—¡Oye, oye!
¡Eso suena complicado!
¿Sabes usar magia de luz?
Pensé que no podías usar magia.
—Solo magia básica de luz.
No necesitas saber magia de oscuridad, la gema hace la mayor parte del trabajo.
—Aun así…
¡distorsionar la luz!
Eso no lo enseñaron en clases básicas.
—¡¿Ah no?!
Pero es fácil, te enseñaré.
Fue cualquier cosa menos fácil.
Había que conocer propiedades de la luz, el espectro visible y cómo funciona la visión.
Me sorprendía que Mei supiera tanto; según ella, lo aprendió de su abuelo.
Hasta ahora creía que era información exclusiva de los magos estudiosos.
Puedo asegurar que cualquier persona de este mundo sin instrucción formal encontraría casi imposible aprender esta magia sin años de estudio.
Por suerte, recordaba ciertos conceptos similares que me habían enseñado en la universidad de Pyrenhal.
Aun con esos recuerdos, dominar algo tan complejo como la magia de ilusión requería mucho más.
Pero logré volverme invisible durante medio segundo.
Fue poco, pero suficiente para entender el mecanismo.
Estoy segura de que, con meses de práctica, lograré perfeccionarlo.
—La segunda técnica es crear una imagen de ti misma.
Esta resultó más sencilla.
Se repetía el proceso de mezcla de maná con el aura para cubrir el cuerpo, pero en vez de desviar la luz, se usaba magia oscura para retenerla.
Eso creaba un holograma exacto de mí, que podía mover a voluntad.
Faelith se quedó impactada al ver dos versiones mías moviéndose al mismo tiempo.
Sin embargo, mantener el holograma consumía bastante maná y exigía concentración constante.
Si dejaba de controlarlo, se quedaba inmóvil y se desvanecía.
También influía el clima; en días soleados, la luz que se debía manipular era mucha, y en condiciones de viento o lluvia, era necesario simular movimientos naturales en el entorno.
Pero lo más limitante era la falta de conocimientos avanzados en magia de luz y oscuridad.
Mis habilidades en ambas eran básicas.
Por ahora, solo podría usar las técnicas que Mei me enseñó.
—Tu afinidad con la magia oscura es muy alta —dijo Mei—, así que estoy segura de que te irá bien.
—Eso espero…
Por cierto, estás más habladora que antes.
—¡Hm!
—se sonrojó y evitó mirarme.
No respondió, pero su actitud me agradó.
—¿Qué nombre le pondrás?
—¿Nombre?
—Nunca la usé mucho y pensaba regresársela a papá, así que no le puse nombre.
—¿Es necesario ponerle uno?
—No, pero es costumbre que las espadas mágicas reciban un nombre de su dueño o forjador.
Lo común es que refleje su esencia.
—¿Qué tal…
Twilight?
—¡Es raro!
¿Qué significa?
—Atardecer, más o menos.
“Técnicamente no es exacto, pero suena bien.
Me gusta.” Tras despedirme de Mei y Gon, regresé a Pyrenhal con Faelith.
Nos dirigimos a la universidad por el camino habitual.
Teníamos clases por la tarde.
Charlamos de muchas cosas, pero el silencio que siguió me hizo dudar si hablarle sobre la beca.
“¿Y si me pide que no vaya?
¿Cambiará eso mi decisión?” Necesitaba su opinión.
La de mi mejor amiga.
—Oye, Faelith…
—¿Hm?
—Ayer me citaron en dirección.
—¿Hiciste algo malo?
—No.
Era por otro motivo.
—¿Y qué querían?
—Me ofrecieron una beca para estudiar en la universidad de Authon.
Faelith se detuvo.
Permaneció en silencio.
No podía ver su rostro, lo cual me ponía más nerviosa.
Finalmente, respondió: —¿La aceptaste?
Su voz era calmada, sin emociones visibles.
No sabía si estaba triste o molesta.
—Aún no.
Todos parecen entusiasmados, pero yo…
tengo dudas.
Suspiró, bajó la cabeza y se giró.
Cualquiera pensaría que su expresión era neutra, pero yo la conozco desde niña.
Sabía que estaba conteniéndose.
Lo vi en sus ojos brillosos, en sus mejillas apenas coloreadas y en la forma en que sujetaba su pecho.
“No necesita decir nada.
Entiendo lo que siente.” Su reacción me ayudó a decidir.
¿Irme?
No.
Aquí tengo todo lo que necesito.
Amigos, familia, propósito.
No quiero irme lejos.
Quiero quedarme cerca de Faelith.
—Después de pensarlo, creo que me quedaré.
—Deberías ir.
—¡¿Eh?!
¿Quieres que me vaya?
—¡Por supuesto que no!
—¿Entonces?
No te entiendo.
¿Qué había aclarado mis dudas?
Dije…
olvídalo todo, ahora estoy más perdida que nunca.
—Eres la persona más lista que conozco.
Memorizar cosas con solo leer un libro una vez…
cuando yo ni siquiera puedo recordar el título.
Aprendes magia más rápido que cualquiera, con solo una explicación.
—¿Eso a qué viene?
—Incluso lo de hace un rato…
esa chica te explicó una técnica con magia de luz y oscuridad ¡y tú la dominaste en menos de una hora!
—Solo aprendí lo básico.
Dominarlas es…
—Y no solo eres buena memorizando y aprendiendo magia.
También con la espada.
¡Hasta inventas cosas increíbles de la nada!
No se me ocurre algo que no puedas hacer.
“No sé cocinar…
ni tareas del hogar, ni bailar, coser o cuidar personas.
Pero Faelith tampoco, así que no puede usar eso como argumento.” —Pero no entiendo, Faelith.
¿A qué viene todo esto?
Pensé que querías que me quedara…
contigo.
—Lo que intento decir es que eres increíble.
Tú definitivamente mereces estar en la universidad más prestigiosa de todo Pyrenhal…
Yo…
no quiero que te vayas, pero quiero que llegues a lo más alto.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Pensar que mi amiga de toda la vida antepone mi futuro a sus deseos me llenó de cariño hacia ella.
Tenía ganas de saltar y abrazarla, pero me contuve.
En el estado en que estaba, quizá habría hecho más que abrazarla.
Respiré hondo y, sonriendo, le dije: —Gracias por todo eso.
Realmente me alegro de que seas mi amiga.
—Fue el mejor castigo que me han dado nunca —dijo ella, sonriendo también—.
Entonces…
¿irás?
—Yo…
no lo sé todavía.
Quisiera pensarlo un poco más.
“Tanto mis padres como Faelith apoyan que me vaya, aunque no quieran que lo haga.
Sé que desean lo mejor para mí, pero en el fondo desearía que alguien me pidiera que me quedara.” —Si decides quedarte, quiero que sepas que también me haría muy feliz…
aunque un poco triste.
Y si te vas, me sentiré triste…
pero también muy feliz por ti.
—Jajaja, eso no tiene sentido.
Es como si te diera igual lo que decida.
—Nop.
No es lo mismo.
Dijo eso de forma burlona mientras caminaba hacia la ciudad.
Yo la seguí.
Durante el camino le conté cómo fue mi cita en dirección…
y lo que pasó con Therion en su dormitorio.
Me arrepentí de mencionar eso último: el ambiente entre nosotras cambió.
“Quizá debí esperar más antes de hablar de estas cosas.
Fue un error.” Las clases de la tarde pasaron volando y apenas presté atención.
Solo pensaba en lo que dijo Faelith.
Varios maestros me llamaron la atención, en especial el maestro Garem, quien me pidió quedarme después de clases.
Le dije a Faelith que se fuera a casa.
Yo planeaba pasar luego por el dormitorio de Therion para disculparme por lo de ayer…
y hablarle sobre la beca.
Cuando los alumnos salieron, me acerqué al maestro.
Me miró unos segundos y dijo: —¿Cómo vas con lo de la beca?
Me sorprendió la pregunta, hasta que recordé que él mismo trajo la carta de la cita y que todos los maestros ya lo sabían.
—Supongo que aún tengo dudas, aunque…
—Ya veo.
Me dijeron que consideraste rechazarla.
—Solo pregunté si podía hacerlo…
Dije que lo pensaría.
—¿Por qué dudas?
¿Es por alejarte de tus amigos y familia?
No será para siempre.
Podrás venir a verlos cuando quieras.
—Esa es una de las razones, pero…
hay otra.
“No lo he pensado mucho, pero es algo que me incomoda, aunque sea a nivel personal.” —¿De verdad merezco esta beca?
El maestro Garem me miró perplejo.
Luego dijo: —¿A qué te refieres?
—Pues eso…
hay miles de estudiantes.
¿Realmente tengo lo necesario para ser una de las cinco seleccionadas?
“Faelith dijo muchas cosas, pero quizá lo hizo por nuestra amistad.
Podría tener una imagen de mí que no comparten los demás.” —Odiaría aceptar la beca y no estar a la altura de las expectativas.
Si fracaso, regresaría como una decepción…
—Espera…
¿qué?
Airen, parece que no te das cuenta de tus verdaderas capacidades.
—Eh…
no, creo que conozco bien mis límites.
Me he esforzado por no ser menospreciada como medio elfo, pero sé que hay límites que no puedo superar.
Con cada palabra, parecía que al maestro se le saldrían los ojos.
Yo solo decía cosas que ya me había planteado desde hace tiempo.
Aun si soy una buena estudiante, mis habilidades mágicas y físicas son inferiores a las de los elfos puros.
Llegará un momento en que me superen.
Entonces se preguntarán por qué me recomendaron para una beca.
El maestro Garem se levantó sin decir más y me tomó de la mano, llevándome fuera del aula.
—¡¿Maestro?!
—Airen, normalmente los alumnos no ven esto, pero este caso es especial.
Haré una excepción.
—¿A dónde me lleva?
—A la sala de maestros.
Necesito mostrarte algo.
—Es una forma simple de calificar.
Estrella plateada equivale a media dorada.
Tres doradas es el promedio.
Más de eso, por encima.
Menos, por debajo.
—Veo cinco apartados.
—Sí.
Calificaciones (clases, exámenes, trabajos), nivel de maná (cantidad), manejo de armas (arma principal…
en tu caso, espada), supervivencia y magia de sanación.
—¿Qué es supervivencia?
—Mide lo bien que se desempeña el estudiante fuera de la ciudad.
¿Recuerdas las clases del maestro Cerendur?
Las expediciones al bosque y eso.
—Claro, tomé notas sobre qué tipos de frutas eran venenosas y qué animales debía evitar.
—La última, como puedes ver, es magia de sanación.
Si ves el primero de la lista, notarás que tiene una estrella plateada con una cruz.
Significa que no es capaz de usar magia de sanación todavía.
Mira bien esta lista: esos dos alumnos, aparte de ti, son el estándar más común de chicos y chicas que hay en la universidad.
Miré detenidamente la lista.
El primer chico tiene calificaciones deficientes y es incapaz de usar magia de sanación.
Su capacidad de maná es de tres estrellas doradas y una plateada, apenas por encima de la media.
En manejo de armas y supervivencia tiene cuatro estrellas, que es su mayor puntuación.
Si miro sus estadísticas de magia, veo que es bastante promedio, aunque mejores que las de la otra chica.
Ella es mediocre en supervivencia y manejo de armas, pero su nivel de maná es mejor que el mío.
Iba a seguir viendo, ya que el siguiente era Zarviel, pero me detuve al observar más detenidamente mis estadísticas.
—Maestro…
¿no son mis estadísticas demasiado altas?
—Son las estadísticas correctas.
¿Te sorprende?
“¿Qué si me sorprende?
Estoy por encima de la media casi en todo.” —Como me lo imaginaba.
Nunca prestaste atención a tu alrededor, ¿verdad?
Solo en tus logros y en los de tu grupo cercano.
Nunca te vi competir con nadie más; solo te interesaba aprender todo lo que pudieras.
Ciertamente, desde siempre nunca me importó mucho lo que hacían mis demás compañeros de clase.
Solo me fijaba en mi progreso y en el de Faelith, que siempre estaba conmigo.
—Fíjate en la casilla de magia.
Como dije antes, tres estrellas es la media, y aquí equivale a dominar el primer paso de la magia de nivel intermedio.
Cuatro estrellas y una plateada equivale a dominar por completo la magia de nivel intermedio.
Por último, cinco estrellas significan que ya has sobrepasado ese nivel y comienzas con el nivel avanzado.
Airen, tú ya has empezado el nivel avanzado con dos tipos distintos de magia, y tu magia de sanación está casi al nivel avanzado, ¡en tan solo quince años!
¿¡Tienes idea de lo increíble que es eso!?
—Es…
yo…
—Al momento de las recomendaciones, tú fuiste la segunda que obtuvo más recomendaciones, solo después de Zher.
También hubo más candidatos con altas calificaciones, pero que carecían en las áreas mágicas, o viceversa.
—Entonces…
¿soy apta para la beca?
—¡Por fin lo has entendido!
Es lo que te hemos estado diciendo desde el inicio.
“¿Cómo debería sentirme?
Me acaban de mostrar un documento que básicamente dice que soy mejor que los demás.
Aunque no me siento así, debo admitir que las estadísticas concuerdan mucho con mis habilidades…
Entonces Faelith y mis padres…
ambos desean que me quede, pero confían en que puedo aprovechar la beca y ser merecedora de ella…” —Entonces, después de ver esto, ¿aún tienes dudas?
Déjame hacerte una pregunta más…
Airen, ¿qué es lo que quieres hacer en el futuro?
—¿En el futuro?
Me sorprendió la pregunta, sencillamente porque nadie me lo había preguntado antes.
¿Qué quiero ser?
Es decir, nunca lo había considerado de forma seria.
Desde pequeña me prometí que disfrutaría mi vida sin preocuparme demasiado, pero ese juramento lo olvidé rápidamente cuando descubrí la magia.
Me obsesioné tanto con aprender que terminé volviéndome una estudiante incansable.
Y el tiempo que no lo pasé estudiando, lo pasé jugando con mis amigos.
Sobre todo, en mi niñez, siempre que los chicos se ponían a jugar pensaba que eran infantiles, y antes de que me diera cuenta terminaba jugando con ellos como cualquier niña de cinco o seis años.
La magia de sanación me gustó tanto que me inscribí a todas las clases que no eran obligatorias, me leí todos los libros de sanación y aumenté mi nivel más allá de lo que un estudiante normal tendría.
Pero, aun así, no tenía la intención de dedicarme a curar.
Solo fui a la escuela porque quería aprender.
Estudié sanación porque me gustaba.
El sueño que me planteé en mis primeros años lo olvidé, porque simplemente no era quien soy ahora.
“¿Qué es lo que quiero hacer?
¿Acaso he estado quince años viviendo sin un propósito?” —Emm…
perdón, ¿fue una pregunta muy difícil?
El maestro Garem me sacó de mis pensamientos y noté que me miraba con una expresión de preocupación.
Al parecer, me puse a pensarlo muy seriamente.
—No es…
es que…
no he pensado en nada realmente.
Hasta ahora solo…
“Solo he estado estudiando y jugando por ahí como una niña común…
pero ya no más.
Mi mente no es la de una niña.
Este cuerpo ya no es el de una niña.
Ese sueño de vivir despreocupadamente era absurdo desde el inicio.
Llegó la hora de ponerle fin a mi camino sin rumbo y buscar un propósito.” —No tienes que tomártelo tan en serio, ¿sabes?
Solo tienes quince años.
—No es así.
Ya he decidido qué es lo que voy a hacer.
Solté un gran suspiro y me quedé unos segundos con los ojos cerrados, ordenando mis pensamientos.
El maestro Garem se quedó en silencio, esperando mi respuesta.
Supongo que tendré que comenzar a prepararme para el largo viaje.
Iré a la universidad de Authon y obtendré el nivel experto en magia de sanación.
De momento, esa es mi meta.
El maestro Garem se quedó sorprendido, con los ojos muy abiertos.
Después de todo, el nivel experto es el nivel de magia más alto conocido hasta ahora.
Muy pocos podrían lograrlo.
Aunque al principio se veía pensativo, pronto cambió su expresión por una sonrisa alegre.
—Ya veo.
Es una meta impresionante, que no cualquiera podría cumplir.
Y sin embargo, yo creo plenamente que tú podrás lograrlo.
Confío en que lo conseguirás.
—Gracias.
Para mí es muy importante.
Ha pasado una semana desde que decidí que aceptaría la beca.
El director casi saltó de alegría cuando se lo hice saber.
Sorpresivamente, cuando se lo conté a Therion, este ya lo sabía.
Al parecer, se lo contó Lonie, quien a su vez lo supo de sus padres, que son maestros de la universidad.
Luego lo comenté con Lairam y Naerion.
Naerion ya lo sabía por parte de su prima, pero Lairam casi se desmaya.
Es increíble que hasta ahora sea quien más se muestra deprimido por mi partida.
Es una lástima, ya que empezábamos a ser buenos amigos.
Estos días he estado frecuentando su taller para ayudarle con las pruebas de la herramienta mágica.
Los nuevos cristales de Amite funcionan a la perfección y el consumo de maná se ha reducido considerablemente.
Ahora Lairam puede usar los guanteletes por casi media hora.
Solo hay un inconveniente, y es que los cristales deben ser recargados con maná antes de su uso.
Cada uno dejaría agotado a Lairam, por lo que de momento es Faelith quien los rellena.
—¿Acaso estaban espiando a mi preciada Syrel?
Actualmente me encontraba en mi casa, reprendiendo a Dareth, Taryn y Lysian, quienes casualmente veían a mi pequeña hermana adoptiva con ojos impuros.
—¡No te confundas!
Solo admiraba su rápido crecimiento —dijo Dareth.
—¡Yo no dije nada malo!
—añadió Lysian.
—¡Lo siento mucho!
—exclamó Taryn.
—¿¡Por qué te disculpas!?
—replicó Dareth.
¿Y cuál es la razón para que estos chicos estén en mi casa?
Pues a Therion le pareció una gran idea organizar una fiesta de despedida para mí.
Se lo agradezco, pero no soy mucho de fiestas y no sé cómo actuar en una.
Dejé ir a los chicos del trío con una advertencia y seguí caminando por el salón, repleto de gente conversando y comiendo aperitivos.
“Ahora no hay nadie que no sepa lo de la beca…
hubiera preferido que se mantuviera en secreto…” Ni siquiera tuve tiempo de pensar en ocultarlo.
Antes de que me diera cuenta, mis padres, Faelith, los maestros e incluso los demás seleccionados para la beca, nadie se guardó el secreto y lo gritaron a los cuatro vientos.
Ser el centro de atención en la universidad es, de verdad, un disgusto.
Todos los días soporto las miradas de extraños y sus comentarios juzgando si realmente soy merecedora de tal beca.
Elfos…
Aunque, por un lado, fue agradable, ya que Therion organizó una reunión en casa con todos nuestros viejos amigos que no veía desde hace un tiempo.
Se podría decir que justo ahora el viejo grupo del claro rocoso se ha reunido una vez más.
Incluso Lysian, de quien no sabía nada desde hace años, hizo su aparición en mi casa.
Lo recordaba más como un chico que como el hombre adulto que es ahora.
“Ahora que lo pienso, él estudia en la universidad de Authon.
Quizá pueda darme algunos consejos.” Como la casa estaba repleta de gente —ya que, aparte de mis amigos, también estaban amigos de mis padres— era difícil reconocer a alguien.
Me costó un poco encontrar a Lysian, quien estaba en la parte trasera de la casa hablando con Therion y Lonie.
—¿Oh, Airen?
¿Qué tal la fiesta?
¿Te gusta?
—preguntó Lonie.
—Sí, muy divertida.
Por cierto, quería preguntarle a Lysian si puede darme algunos consejos sobre la universidad.
Lysian se quedó pensando unos segundos y luego dijo: —Podría decir algunos, pero realmente no sé si te sean de ayuda, ya que no irás a la misma universidad que yo.
—¿No?
—Hay dos universidades en Authon, ¿no lo sabías?
—No sabía de eso.
Solo conocía la universidad mágica de Authon.
—Pues hay dos.
La que tú y la mayoría conocen es la universidad mágica de Authon, más conocida en Réquen como la universidad imperial.
Lleva siglos existiendo y solo aceptan a los estudiantes élite.
Ni siquiera el dinero puede darte un lugar en esa universidad.
Si quieres entrar, tienes que ser un genio.
—Ya veo…
entonces la otra…
—La otra universidad es la llamada Ciudad Academia.
Se creó hace cincuenta años para aquellos rechazados de la universidad imperial.
Por lo que sé, solo la universidad imperial otorga becas, así que es ahí donde tú asistirás.
Yo no soy tan impresionante como para estudiar allí, jajaja.
Yo asisto a la Ciudad Academia.
“¿De verdad?
Recuerdo que era bastante hábil e impresionante…
¿Quizá solo fue mi impresión?” —Para que se llame Ciudad Academia, debe ser bastante grande, ¿verdad?
—Oh, sí, es gigantesca.
Mucho más que la universidad imperial, pero no tan prestigiosa ni lujosa.
La Ciudad Academia mantiene un límite mucho más bajo.
Incluso hay muchos estudiantes humanos que asisten ahí.
—¿Incluso humanos?
—Sí, cualquiera puede asistir, mientras sepa usar magia.
“Suena como que yo encajaría más en esa universidad.” Seguimos hablando por un rato más.
Como dijo Lysian, realmente no sé si sus consejos me sean de gran utilidad.
Quizá deba preguntarle a Anyia, ya que ella es la representante de dicha universidad.
—Para que se llame Ciudad Academia, debe ser bastante grande, ¿verdad?
—Oh, sí, es gigantesca, mucho más que la universidad imperial, pero no tan prestigiosa ni lujosa.
La Ciudad Academia mantiene un límite mucho más bajo.
Incluso hay muchos estudiantes humanos que asisten ahí.
—¿Incluso humanos?
—Sí, cualquiera puede asistir, mientras sepa usar magia.
“Suena como que yo encajaría más en esa universidad.” Seguimos hablando por un rato más.
Como dijo Lysian, realmente no sé si sus consejos me sean de gran utilidad.
Quizá deba preguntarle a Anyia, ya que ella es la representante de dicha universidad.
—No quería que esto afectara tu decisión.
Pensé que, si lo sabías, pensarías en quedarte por obligación.
“Eso tiene algo de sentido, pero no creo que hubiera afectado mucho.
No tengo idea de cómo cuidar embarazadas ni de cómo tratar con niños pequeños.
Además, Syrel está con ella y es mucho más confiable que yo.” —Aun así, debiste decirme.
Pensé que me estabas evitando por alguna otra cosa.
—Lo siento…
—Pero es una lástima que no podré estar aquí cuando nazca mi hermanito.
El tiempo pasó muy rápido e inevitablemente llegó el día de partir hacia el continente Réquen.
Actualmente estoy fuera de la muralla exterior, frente a la puerta norte.
El sol apenas está saliendo del horizonte, mostrando los primeros rayos de luz de la mañana.
Toda mi familia vino a despedirme, también Faelith, Syrel, Lairam y Naerion; incluso el maestro Garem vino.
Creo que al final sí que soy su alumna favorita.
No solo estamos nosotros.
El director de la universidad y los demás seleccionados también están presentes junto a sus familiares.
Nadie vino acompañado de tanta gente como yo, pero ninguno vino solo.
De momento, esperamos a que el conductor y su ayudante suban el equipaje.
Yo solo traje algunos libros y ropa, y claro, no podía olvidar mis dos espadas, las cuales llevo en mi cintura al más puro estilo tradicional.
El carruaje era tal y como lo recordaba de los libros; ni siquiera parecería un carruaje si no fuera por los cuatro Úzars que tiran de él.
—A…
Airen…
Lairam se me acercó de repente.
Se le veía desanimado desde que supo la noticia, pero ahora se ve como si fuera a saltar frente al carruaje para evitar que me fuera…
Espero que no lo haga.
—¡Yo…
voy a esforzarme en perfeccionar mi herramienta mágica!
¡Entonces podré presentar la prueba para ingresar a la misma universidad que tú!
“¿Vas a seguirme incluso a Réquen?…
Bueno, ya sabía que ese era su sueño, así que no debería sentirme el centro de todo.” —Claro, esfuérzate.
Quizá debería decirle algo más, pero la verdad no sé qué decir.
No sé cómo debo despedirme de la gente, y la única despedida que recuerdo me dejó un mal sabor de boca.
Inmediatamente después de Lairam apareció Faelith, casi apartándolo.
Se acercó a mí y me abrazó fuertemente.
Por un momento creí que cambiaría de opinión al sentir sus latidos.
Pensé en decir algunas palabras, pero lo cierto es que ambas sabemos que solo somos amigas.
Una amistad fuerte y sincera.
No dijimos nada.
No hacía falta.
Ese abrazo bastó para expresar todo lo que queríamos decir.
Contrario a eso, las demás despedidas fueron más simples.
Con Naerion y el maestro Garem bastó un “cuídate” y “hasta luego”.
Con Syrel fue similar a Faelith, aunque más parecía que Syrel me estrujaba con fuerza como si no quisiera dejarme ir.
Fue muy emotivo.
Pensé que Therion sería más cariñoso, pero solo puso una mano en mi hombro y dijo “buena suerte”.
Está bien, supongo, aunque esperaba más.
Justo cuando me disponía a dar unos pasos hacia el carruaje, algo me llamó la atención.
A unos metros, cerca de un árbol apartado del camino, vi una figura solitaria observando desde lejos.
Tardé un par de segundos en reconocerlo, pero era Zarviel.
Estaba de pie, con los brazos cruzados, sin acercarse.
Su mirada era seria, aunque en sus ojos se notaba una leve nostalgia.
—¿Zarviel…?
—susurré sin pensar.
—¿Eh?
—dijo Faelith, girando la cabeza—¡Es él!
Ambas nos sorprendimos al verlo.
No esperábamos su presencia.
Fue una despedida silenciosa, distante…
pero significativa.
No levantó la mano ni hizo señal alguna; simplemente observó unos instantes y luego, sin decir nada, se dio la vuelta para marcharse.
Lairam, que también lo vio, frunció el ceño y lo miró con recelo.
No dijo nada, pero el gesto bastó para mostrar su desaprobación.
La tensión duró solo unos segundos, hasta que Zarviel desapareció entre los árboles.
Con mis padres no esperé a que dijeran nada y me lancé a abrazarlos.
Realmente nunca imaginé que llegaría a quererlos tanto.
Desde el primer recuerdo que tengo en este mundo hasta ahora, no han dejado de mostrarme su cariño y apoyo en todo.
—Cuídate mucho, hija mía —dijo mi padre—.
No olvides escribirnos, ¿sí?
—Claro, cada semana.
Contrario a mi padre, quien me abrazó cariñosamente, mi madre actuó un poco más como Therion.
Tras darme un corto abrazo, puso sus manos en mis hombros y, con una sonrisa en su rostro, dijo: —Lo harás bien.
De eso debes estar segura.
—Gracias.
Intentaré regresar pronto para visitarlos a todos, en especial a mi pequeño hermano.
—No olvides traer un chico guapo contigo, jeje.
—Eeh…
no creo que eso vaya a pasar…
—Jaja, me pregunto eso…
—Mamá…
—Jaja, lo siento, lo siento.
Por cierto, recuerda ir a visitar a tu prima y envíale saludos a tus tíos de mi parte.
Me despedí con una sonrisa.
Mi viaje apenas comenzaba.
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