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Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 Capítulo 37 — Diferencia de Opiniones
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37: Capítulo 37 — Diferencia de Opiniones 37: Capítulo 37 — Diferencia de Opiniones -¿¡Es necesario que estén tan cerca de mí!?

¡Ensucias mi aire!

-¡AQUÍ LO ÚNICO QUE ENSUCIA ES TU PRESENCIA!

-Tsk, por eso no quería viajar con sucios plebeyos.

-¡Pues eres libre de bajarte e irte caminando!

Yo me siento donde quiera.

-Caminar es de plebeyos, a ti te quedaría bien.

-¡Caminaré en tu cara si no te callas!

¿Otra vez la violencia?

No tienes remedio.

Cinco horas han pasado desde que comenzamos el viaje y estos dos ya han empezado a pelear.

Diría que fue Szack quien inició al sentarse cerca de Kyle, pero aun así no era razón para que Kyle reaccionara de esa manera.

Ambos eran muy distintos.

Szack, con su cabello corto y desordenado, negro azulado y ojos grises; y Kyle, con una larga melena rubia hasta los hombros y ojos verde oliva.

Además, Szack parecía provenir de una zona humilde, mientras Kyle era hijo de un noble adinerado de Lemuel.

—Szack, el carruaje es lo suficientemente grande.

Siéntate en el lado opuesto esta vez, por favor.

—Tsk, como sea.

—Y tú, Kyle, si no quieres compartir el aire con nosotros, hay un lugar cómodo al lado del conductor.

Seguro tendrás todo el aire fresco que quieras.

—Hmp.

“Una vez más Zher actúa como mediador…

lo que no entiendo es cómo logra convencer tan fácilmente a los demás.” Y quien debería mantener el orden es Anyia, pero lleva dormida como un tronco desde hace horas.

Parece que no le interesa lo que hagamos.

—Sí que son ruidosos, ¿verdad?

¿Por qué no pueden guardar silencio y dejarnos leer?

“¿En qué momento me senté junto a esta chica?…

recuerdo que nos sentamos alejadas al inicio.” —Ah… sí.

Libni Lándes era casi de mi misma estatura, de cabello largo hasta la cintura, amarillo hasta la mitad y naranja en las puntas.

Sus ojos color miel mostraban cansancio por las ojeras debajo de ellos, seguramente de tanto leer.

Amaba los libros; de las tres maletas que trajo, dos estaban repletas de ellos.

Lo sé porque el conductor las abrió para revisar, y aunque quisieron que dejara algunas, ella se negó diciendo que sin sus libros no iría a Réquen.

Yo también traje libros, aunque no tantos; de hecho, más de los que tengo en casa.

—¿Qué lees?

—preguntó ella.

—Es un libro de historia sobre Réquen que me prestó Lysian.

Habla del reino de Authon, dicen que es la tierra de origen de los elfos.

—Oh, suena interesante.

¿Podrías prestármelo algún día?

—Seguro.

Igual tú, parece que tienes muchos libros.

“De alguna manera acabé conversando con esta chica, aunque no me molesta.

Tenemos temas de qué hablar, y considerando que estaremos juntas casi dos meses, será mejor llevarnos bien.” —Los libros son mi pasión.

La razón por la que acepté la beca fue para visitar la Gran Biblioteca de Authon.

¡Dicen que contiene más de un millón de libros!

—¿¡Un millón!?

Son demasiados… “Me pregunto si alguien siquiera sabe todo lo que contienen.” —¿De qué hablan, chicas?

Szack apareció y, con total confianza, se sentó en medio interrumpiendo la conversación.

Estiró los brazos en el respaldo como si quisiera ponerlo sobre mi hombro.

Dudé entre mirarlo con desagrado o ignorarlo.

Antes de reaccionar, Libni se apresuró a contestar.

—De la Gran Biblioteca de Authon.

—¿Eh?

Yo no dije eso.

—Pff, qué aburrido.

—No es aburrido, ¿acaso nunca has leído libros?

—Trato de no hacerlo si no es necesario.

Jamás terminé un libro.

—¡Increíble que alguien como tú consiguiera la beca!

¿Cómo apruebas los exámenes?

—replicó Libni, molesta.

—Con ser un genio basta.

Solo memorizo el temás ¿Tú lees el libro entero?

Jajaja.

—¡Claro que sí!

—¿Escuchaste, Airen?

Esta chica se lee todo el libro para un examen.

—Mmm… yo también lo hago.

—¿De verdad?

Bah, qué decepción.

Nos tocaron las chicas devoralibros.

“Qué molesto, ¿acaso debe decir todo lo que piensa?” —Seguro tienes amigas más divertidas, ¿no?

—intervino Kyle desde el otro lado—.

¿Dónde estarán ahora, jugando por ahí?

—¿Qué quieres decir con ese tono?

—la voz de Szack se volvió agresiva.

—Solo que si buscas chicas de tu clase, no las hallarás entre las que leen.

—¿Estás diciendo que mis amigas son tontas!?

“Cinco minutos…

y ya otra pelea.” —Lo dijiste tú.

Si fueran listas, estarían aquí.

—¡Entonces lo mismo para ti!

¿Dónde están tus amigos?

—Los superé y gané la beca.

Si son tan miserables para perder ante un grupo de plebeyos, no merecen mi amistad.

“Típico noble.

Para ellos la amistad es fachada.” —Basta ya, chicos, son demasiado ruidosos —Zher calmó el ambiente con facilidad, como un padre con sus hijos.

No pude evitar preguntar: —Oye, ¿por qué eres tan obediente con Zher?

—También quería saberlo —dijo Libni—.

No pareces alguien que obedezca fácil.

—¡Claro que no!

—Szack frunció el ceño—.

Solo que lo conozco de hace mucho y sé lo fastidioso que puede ser.

“Recordaré tener cuidado entonces.” El viaje continuó hasta el anochecer.

El carruaje tirado por Úzars era veloz, aunque no tanto como esperaba.

El camino empedrado lo hacía vibrar demasiado.

Calculo que íbamos a unos 70 u 80 por hora.

Un carruaje normal sería mucho más lento.

—Estas bellezas pueden correr tres días sin descansar —dijo el conductor orgulloso.

Había oído hablar de los Úzars, pero no sabía que fueran tan resistentes.

Mientras observaba el anochecer, no pude evitar notar a Kyle en silencio, recostado con gesto altivo.

Admito que, a pesar de lo insoportable que era, su cabello rubio iluminado por el sol y sus ojos verdes resaltaban con una belleza difícil de ignorar.

“Es arrogante…

pero atractivo”, pensé, sintiéndome un poco sonrojada antes de apartar la vista.

—¿Dónde pasaremos la noche?

—interrumpió Kyle con tono exigente—.

Espero que no pienses que dormiré como un salvaje.

Al bajarnos, lo escuché protestar.

Anyia, con calma, respondió: —Dormirás en el carruaje con los demás.

Yo haré guardia.

—¡No lo acepto!

¡Exijo que sigamos hasta el próximo pueblo!

—Solo pararemos en siete poblados —dijo ella con tono firme—.

El resto de las noches dormiremos aquí.

—¿¡Solo siete!?

¿Me estás diciendo que pasaré más de un mes en un sucio carruaje con plebeyos?

—Si no te gusta, regresa a Pyrenhal caminando.

Llegarás en tres días.

-tsk…

Kyle no dijo nada más aunque se le notaba de lejos el mal humor.

La verdad es que a mí tampoco me convence el tener que dormir en el carruaje, pero ciertamente es la mejor manera de aprovechar el tiempo.

Además, el carruaje en el que vamos tiene los asientos bastante amplios y cómodos, así que no creo que vaya a ser muy molesto.

Esta primera noche fue…

larga…

sobre todo muy incómoda.

Durante toda la noche tuve el sentimiento de que nadie más estaba durmiendo y es muy probable que así fuera.

Además, los sonidos del exterior no me dejaban descansar tranquilamente, ya que de vez en cuando se escuchaba algún gruñido o rugido a la distancia que me hacía pensar que alguna bestia peligrosa estaba al acecho.

Sé que Anyia está haciendo guardia y sé que ella es fuerte, pero hay bestias demoníacas tan poderosas que haría falta un grupo para vencerlas.

A la mañana siguiente el ambiente era totalmente distinto al primer día.

Todos estábamos en silencio, ya que como había pensado, nadie pudo dormir anoche.

La mayor parte del día me la pasé durmiendo al igual que los demás; ni siquiera Kyle y Szack tenían energías para ponerse a discutir, aunque se lanzaron miradas hostiles varias veces.

-¡Hey chicos!

¡Hay algo que nos sigue!

La voz un poco exaltada de Libni nos despertó a todos de nuestro sueño ligero.

Bueno, a casi todos; Anyia, quien se había acomodado en una esquina, ni siquiera se movió.

-¿Qué es eso?

—preguntó Szack.

-¡Uah, es muy feo!

—exclamó Libni.

Miré por la ventana trasera y vi a un ser humanoide de piel color verde oscuro, vestido con trapos y cuero, ondeando un cuchillo en el aire como si fuera una muestra de poder.

No sabría decir muy bien qué tan grande era, pero a lo mucho debía medir 1.30 metros de altura.

Lo único realmente amenazante de él era su boca, que mostraba una afilada dentadura como si fuera la de un tiburón…

y además iba montado sobre un gran lobo.

Eso también intimidaba bastante.

-Creo que es un Edduen —dijo Zher.

-He leído sobre ellos.

Son una raza inferior y normalmente cazan en grandes grupos.

No tenía idea de que pudieran domesticar lobos…

Es impresionante que pueda seguirnos el paso —dije con algo de asombro.

Puede que me equivoque, pero ahora mismo debemos estar yendo a más o menos 65 km/h, y sin embargo el lobo que llevaba al Edduen se mantenía bastante cerca, acortando la distancia cada vez más.

-Si atacan en manada, ¿por qué viene solo?

¿Es idiota?

—preguntó Kyle con desdén.

-Muy seguramente esté tratando de acercarse lo suficiente para subirse al carruaje y atacar al conductor, provocando que nos volquemos —expliqué.

-De esa manera, sus amigos saldrían de su escondite para terminar con nosotros y llevarse nuestras cosas de valor.

Es una estrategia inteligente y de poco riesgo — añadió Zher con seriedad.

-Entonces hay que acabarlo antes de que se acerque, ¿verdad?

—dijo Szack, preparándose.

-¡Szack!

¿Qué haces?

—gritó Zher.

Sin previo aviso, Szack abrió la puerta del carruaje y asomó la mitad de su cuerpo mientras se sostenía con una mano para no caer.

Apuntó con la otra hacia el Edduen que nos seguía y lanzó una bola de fuego que estalló al impactar, deteniendo de golpe al lobo y a su jinete.

La explosión fue lo suficientemente fuerte como para dejar al lobo gravemente herido, posiblemente al borde de la muerte.

El Edduen, sin embargo, salió casi ileso, aunque se le veía furioso.

-¡Jajajaja!

¿Vieron eso?

Ya no nos seguirá más —rió Szack con orgullo.

Él parecía haberse divertido mucho con lo que acababa de hacer.

A mí, sin embargo, me pareció demasiado; con una ráfaga de viento hubiera sido suficiente.

Pero después de todo, quería atacarnos y seguramente lo había hecho con otras personas antes.

En parte, sentí que se lo merecía.

-¿Se puede saber por qué lo has hecho?

—reclamó Libni, indignada.

-Szack, ¿cómo puedes actuar así y reírte de ese modo?

—dijo Zher con severidad.

Contrario a lo que esperaba, tanto Libni como Zher reaccionaron bastante mal.

Ella incluso parecía al borde de las lágrimas por la ira.

Szack se metió de nuevo al carruaje, resoplando con molestia.

-¿Por qué te pones así?

Son solo alimañas —respondió Szack.

-¡Son seres vivos!

—protestó Libni.

-Son plagas.

Lo mejor es deshacerse de ellos antes de que se multipliquen —replicó él sin remordimiento.

-Aunque me cueste admitirlo, concuerdo con el plebeyo —intervino Kyle con desdén—.

Una raza inferior es un insulto a la inteligencia.

-¡¿Se dan cuenta de lo que dicen?!

¡Merecen vivir tanto como nosotros!

—gritó Libni, temblando de enojo.

-Airen, ¿tú qué opinas?

— preguntó Zher, mirándome fijamente.

“¿Por qué tenían que incluirme…?

¿Tan difícil era dejarme fuera de esto?” Respiré hondo.

No me gustaba estar en medio de esa discusión.

Había estudiado sobre los Edduen y sabía que no traían nada bueno.

No aportaban al ecosistema ni a la cadena alimenticia, al contrario, la dañaban.

Eran cazadores intensivos, ladrones, asesinos y lo peor…

violadores.

Miré a Zher un instante.

Era guapo, y aunque no sentía nada aún, tuve que admitir para mí misma que destacaba con esa mirada seria y el cabello cayéndole ligeramente sobre la frente.

-Yo…

creo que no es para tanto.

Además, parece que está ileso, ¿verdad?

— respondí con cautela.

-¡¿Airen, tú también piensas como ellos?!

—exclamó Libni, dolida.

-Ja, qué tal eso.

La mayoría opinamos igual —rió Szack.

-No, no, yo no dije…

—traté de aclarar.

-¡Si ya quedó claro, mejor guarden silencio!

Tanto lloriqueo me irrita —gruñó Kyle, cerrando la discusión.

La tensión se podía cortar con un cuchillo.

La discusión terminó con una clara diferencia de opiniones y la inevitable división del grupo.

Miré hacia atrás una vez más y vi al lobo tirado en el suelo, ya sin moverse.

El Edduen, sin embargo, aún nos observaba con furia.

No pasó mucho tiempo antes de que alrededor de diez Edduens montados en lobos salieran del bosque y corrieran hacia él para ayudarlo.

Antes de que el carruaje se alejara demasiado, alcancé a notar cómo seguía sin apartar la vista de nosotros.

Durante el resto del viaje, Libni y Zher se sentaron en el lado opuesto, evitando dirigirnos la palabra.

Zher al menos respondía si se le hablaba, aunque con un tono mucho más seco que de costumbre.

Libni, en cambio, decidió ignorarnos por completo.

Incluso cuando intenté hablar de libros con ella, me ignoró por completo.

“No es mi culpa que ese duende haya querido atacarnos…

Szack hizo lo que era más lógico.

Pero…

¿estuvo bien?” El incómodo viaje duró horas.

Ya había caído la noche, y el ambiente callado y tenso hacía que el tiempo se volviera eterno.

Szack y Kyle no podían conversar un minuto sin discutir, y yo parecía no existir para ellos.

“Decídanse de una vez…

¿se odian o se soportan a su manera?” Por otro lado, Libni y Zher no estaban mejor.

Ella llevaba horas hablándole de libros, mientras él solo respondía con frases cortas como “sí”, “ya veo”, “qué interesante”.

No parecía entender mucho, pero aun así la escuchaba con paciencia.

“Es un chico amable…

hasta el punto de soportar horas de una conversación así.” -¿Por cierto, no acamparemos hoy?

—preguntó Szack en voz alta.

Anyia, que se había despertado hacía poco, bostezó antes de responder: -Hoy pasaremos la noche en un pueblo.

Deberíamos estar por llegar.

-Oh, qué bien.

Prefiero dormir en un pueblo —dijo Szack aliviado.

Cerca de dos horas después, el carruaje se detuvo frente a un poblado amurallado.

No era muy grande y sus muros eran de madera.

Sinceramente, no me sorprendió.

Había pasado por lugares similares en mis viajes anteriores.

Sin embargo, mis compañeros parecían decepcionados.

-¿Qué clase de sucio lugar es este?

—dijo Kyle con desprecio.

-Aquí pasaremos la noche —respondió Anyia, sin darle importancia—.

Si no te gusta, puedes quedarte en el carruaje con los conductores.

Pero ten en cuenta que yo no estaré ahí para protegerte mientras duermes.

Tras decir esto, Anyia comenzó a caminar hacia el pueblo.

Tuvimos que seguirla, ya que el carruaje se quedaría atrás: no podía entrar en las estrechas calles del poblado.

-¿Por cierto, no acamparemos hoy?

—dijo Szack en voz alta.

Anyia se había despertado hace poco, aunque simplemente había estado callada y acurrucada con una manta en la misma esquina de siempre.

Tras escuchar la pregunta de Szack, bostezó y respondió: —Hoy pasaremos la noche en un pueblo, deberíamos estar por llegar.

—Oh, qué bien, prefiero dormir en un pueblo —comentó Szack con alivio.

Cerca de dos horas después el carruaje se detuvo frente a un poblado amurallado.

No era muy grande y sus muros eran de madera.

Sinceramente no me sorprendió; había pasado por lugares similares en mis viajes anteriores.

Mis compañeros, sin embargo, parecían decepcionados.

—¿Qué clase de sucio lugar es este?

—dijo Kyle sin pensárselo mucho.

—Aquí pasaremos la noche —respondió Anyia con calma—.

Si no te gusta, puedes quedarte en el carruaje con nuestros conductores.

Pero ten en cuenta que no estaré ahí para protegerte mientras duermes.

Tras decir esto, Anyia comenzó a caminar hacia el pueblo.

Tuvimos que seguirla, ya que el carruaje se quedaría atrás: no podía entrar en las estrechas calles del poblado.

El guardia nos miró con expresión confundida, como si no entendiera de qué hablábamos.

Para él, ese olor era parte de su vida cotidiana; seguramente había crecido entre esas murallas, acostumbrado al aire impregnado con el hedor del estiércol.

—No lo soporto…

regresaré al carruaje —dijo Kyle con un gesto de desagrado, dándose media vuelta.

Anyia no le dijo nada y siguió avanzando.

Yo decidí acompañarla, pues no quería quedarme en el carruaje.

Al verme seguirla, los demás también continuaron el camino, aunque se notaba en sus rostros cuánto les incomodaba el olor.

Poco después llegamos a la posada.

Al menos era acogedora; aunque pequeña, olía bien.

Después noté que la mujer que la atendía había decorado el interior con flores silvestres, lo que disimulaba el olor del exterior.

—Aquí tienes —dijo Anyia, entregándole una llave a Zher—.

Nosotras dormiremos en la habitación de al lado.

Nos separamos y fuimos a nuestras respectivas habitaciones.

Estaba tan cansada que apenas me dejé caer en la cama.

Libni parecía igual de agotada.

Nadie había dormido la primera noche, así que asumí que los chicos también estaban exhaustos.

Me pregunté si Kyle lograría descansar en el carruaje, porque conociéndolo, seguro estaría nervioso.

—Buenas noches —susurró Anyia, acostándose nuevamente como si no hubiera dormido en días.

La observé un instante.

“¿Cuánto puede dormir esta chica?” pensé, antes de cerrar los ojos.

No tardé en sumirme en un sueño profundo.

Habría sido una noche tranquila de no ser por la extraña pesadilla que tuve.

En mi sueño caminaba por un campo cubierto de una espesa niebla.

Me costaba avanzar y solo veía la hierba bajo mis pies, hasta que de pronto me encontré en una tierra seca y abrasadora, donde caían copos que parecían nieve…

pero eran cenizas.

El lugar estaba cubierto de la misma niebla densa, y a mi alrededor flotaban cientos de esferas translúcidas que contenían imágenes en su interior.

Cada vez que tocaba una, estallaba y me llenaba la mente de escenas desconocidas, como si fueran recuerdos ajenos.

No sabía cuánto tiempo había pasado ni cuánto había caminado, pero sentía con fuerza que debía llegar a algún lugar, aunque me costara la vida.

¡Boom!

¡Boom!

Las esferas comenzaron a estallar sin que yo las tocara.

El suelo se agrietaba bajo mis pies y un calor sofocante emergía de las fisuras.

A través de la niebla distinguí una figura humanoide tras una pared de fuego, extendiendo su mano hacia mí, pidiéndome ayuda.

Corrí con todas mis fuerzas, mientras mi corazón latía con fuerza y mi garganta pronunciaba un nombre que no pude escuchar.

¡Boooom!

—¡Airen, despierta!

Abrí los ojos de golpe.

Todo el edificio temblaba.

Una luz anaranjada se filtraba por las ranuras de la pared, y afuera escuchaba gritos y rugidos.

Me asomé a la ventana y vi caos: aldeanos corriendo, perseguidos por lobos que devoraban a cualquiera que no lograba esconderse.

Entre ellos, decenas de pequeñas criaturas humanoides atacaban con cuchillos y palos.

Sus orejas largas y puntiagudas, junto a la piel verdosa, dejaban claro lo que eran.

—¡Edduens…!

¿Qué hacen aquí?

—murmuré con espanto.

Una explosión resonó cerca de las murallas, donde habíamos dejado el carruaje.

El fuego iluminaba la noche como si fuera de día.

—¡Airen, prepárate para salir!

—ordenó Anyia con tono firme.

Tomé mis espadas y mi bolsa en un instante.

Al verme lista, Anyia salió conmigo de la posada.

—¿Y los chicos?

—pregunté apresurada.

—Salieron antes.

Debemos alcanzarlos y proteger el carruaje antes de que reciba daños.

—¡Espera!

¿No vamos a ayudar al pueblo?

—preguntó Libni, deteniéndose.

Miré a mi alrededor.

Los aldeanos apenas podían defenderse con herramientas de campo.

Los Edduens no parecían fuertes, pero eran muchos, y seguían entrando por la puerta principal sin detenerse.

Además, los lobos eran una amenaza aterradora.

—Nuestra prioridad es el carruaje —replicó Anyia, sin titubear.

—¡No podemos dejarlos!

—insistió Libni, temblando.

—¿Acaso vas a matar Edduens para protegerlos?

—le preguntó Anyia con frialdad.

Libni abrió la boca, pero no respondió.

Yo apreté los dientes.

“Tiene razón…

ella no podría hacerlo.

Pero yo tampoco puedo quedarme de brazos cruzados.” —Anyia —dije al fin—, si cerramos la entrada del pueblo, los aldeanos podrán encargarse de los que ya están dentro.

Tú adelántate y ayuda a los chicos; Libni y yo bloquearemos el portón.

—…

¿Podrás tú sola?

—preguntó, mirándome con seriedad.

—Estaremos bien.

Corre —respondí con firmeza.

Anyia asintió y, con agilidad, saltó al tejado de las casas, desapareciendo entre las sombras.

—Ella…

no me tomó en cuenta —susurró Libni, con los ojos brillantes de lágrimas—.

Me ve como un estorbo solo porque no quiero matar…

¿Qué tiene de malo respetar la vida?

No respondí.

Solo pensé en lo frágil que se veía en ese momento.

Muy diferente a mí.

—Vamos, no perdamos tiempo —le dije, echando a correr.

En el camino, no dejaba de cruzarme con Edduens y lobos.

Corté a todo el que se puso en mi camino, el filo de Twilight atravesaba carne y hueso con facilidad, mucho más ligera y precisa que Aquae.

Sus movimientos eran tan fluidos que me recordaron la destreza de cierto muchacho que había visto entrenar alguna vez…

era imposible no pensar en lo atractivo que se veía cuando se movía con tanta seguridad.

—Ahí está la entrada…

Libni, necesito que…

¿Libni?

Me detuve.

Ella se había quedado atrás, vomitando, incapaz de atravesar el último grupo de cadáveres que había dejado tras de mí.

Apenas lograba avanzar, pegándose a las paredes, evitando mancharse con la sangre.

Su rostro estaba pálido, marcado por el terror y el asco.

“Mejor me apresuro con la puerta.” Creé un fuerte vendaval que empujó hacia atras a la horda de Edduens y lobos que intentaban entrar.

Los guardias que custodiaban la entrada yacían muertos, atravesados por flechas en el pecho; seguramente había sido un ataque por sorpresa.

Levanté un escudo de maná a mi alrededor, por si aún quedaban arqueros escondidos.

El portón, sin embargo, había sido destruido por una estampida de ganado.

Había vacas muertas tiradas en el suelo, probablemente las primeras en embestir el portón antes de morir aplastadas.

“¿Acaso fue planeado por los Edduens?

Esto parece demasiado elaborado para una raza considerada inferior.” Volvieron a cargar contra mí, y una vez más los contuve con ráfagas de viento.

Salí del poblado para mantenerlos alejados mientras esperaba a Libni.

Para mí fue una eternidad, pero al fin me alcanzó, aunque estaba al borde del colapso.

—¡Libni, date prisa y crea un muro con magia de tierra!

¡Bloquea la entrada!

—Gh… Titubeaba, pero no teníamos otra opción.

—¡Si no bloqueas rápido, todos en el pueblo morirán!

—Morir… ¡no, eso no!

—¡Entonces demuéstrale a Anyia que no eres un estorbo!

—Sí… sí… Para mi alivio, Libni logró invocar un grueso muro de tierra que cerró cada hueco de la entrada, compactándolo hasta volverlo duro como la roca.

—Bien hecho.

Ahora, ponte detrás de mí.

—¿Qué vas a hacer?

—Algo que me enseñaron una vez.

—¿Eh?

—¡Solo ponte detrás de mí!

Había mantenido a los Edduens a unos metros de distancia usando mi magia de viento, pero eran demasiados.

Cortarlos con Twilight sería imposible.

Por suerte tenía también a Aquae.

—¡Airen, cuidado!

—gritó Libni desde mi espalda.

Inspiré profundo y concentré maná en Aquae aún enfundada, visualizando con claridad el movimiento.

—¡RAAAAAHH!

Dibujé una media luna con la espada mientras liberaba un potente chorro de agua a presión.

Por un instante no supe si había funcionado.

Los Edduens y lobos parecían seguir avanzando como si nada, hasta que, en un parpadeo, todo se tiñó de rojo.

La sangre y las vísceras volaron hacia mí, empapándome de pies a cabeza.

—¡Puaj, qué asco!

Libni, ¿estás bien?

—¡Bluuuaarggh!

Vomito, pero al menos estaba ilesa.

—No hay tiempo que perder, vamos a reunirnos con los demás.

La tomé de la mano y la obligué a seguirme pese a su estado deplorable.

Parecía que se desmayaría en cualquier momento, pero logró correr conmigo hasta el carruaje.

Este estaba intacto, rodeado de cadáveres, prueba de que habían intentado emboscar a Kyle.

—Airen… no… no me siento bien… —¿Airen, Libni?

¿Están bien?

—la voz de Zher nos alcanzó mientras aparecía por un lado del carruaje, espada ensangrentada en mano.

Estaba pálido, pero aliviado de vernos.

Luego, al observarnos mejor, su expresión cambió.

No lo culpaba: debíamos dar un aspecto lamentable.

—Estamos bien —respondí con firmeza—.

¿Y los demás?

—Por allá.

Señaló hacia adelante.

Grandes explosiones iluminaban el cielo, enviando Edduens y lobos por los aires, aunque estos volvían a levantarse una y otra vez.

—¿Vas a ir?

—Sí.

¿Tú te quedas?

—Prefiero cuidar el carruaje… Noté que no era solo miedo a matar; parecía del tipo que, llegado el momento, haría lo necesario.

—De acuerdo, cuida de Libni.

Con Aquae le di a Libni un rápido baño de agua para limpiarla de la sangre y los restos.

No dijo nada, pero su mirada me lo agradeció.

—¿Y tú no vas a limpiarte?

—preguntó Zher.

—No por ahora.

Probablemente me ensucie más.

—Realmente… ¿no sientes nada al matar a estas criaturas?

Me sorprendió su pregunta.

¿Qué sentía en realidad?

Solo asco por la sangre que me cubría… pero nada más.

“Quizá empiezo a convertirme en alguien que no reconozco.” —Perdona, fue insensible —dijo Zher al notar mi silencio.

—… No importa.

De pronto, Szack llegó corriendo.

—¡Hey Zher, deja de ser tan cobarde y ven a…!

¡Whoa!

—se detuvo en seco al verme—.

¡Airen, ¿qué te pasó?!

¿Estás herida?

—No es mi sangre.

Me ensucié al cortar a los Edduens.

—¡Ooh!

Entonces eres muy buena con la espada.

No cualquiera logra alcanzarlos.

Me observó con una sonrisa amplia.

A pesar de lo molesto que solía ser, en ese momento no pude evitar notar lo atractivo que se veía con la adrenalina del combate y esa sonrisa confiada.

—La verdad, se me hizo fácil cortarlos —dije con calma.

Él me tomó de la mano con entusiasmo, sin importarle mi aspecto.

—Venía a buscar a Zher, pero creo que tú serás mucho más útil.

—¿Podrías soltarme?

Puedo correr sola.

—Ah, lo siento… Y corrimos juntos hacia las explosiones.

Mientras lo hacía, aún pensabasa en las palabras de Zher.

¿De verdad había cambiado tanto?

Cada vez estaba más convencida de que sí… y esa idea comenzaba a molestarme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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