Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 39
- Inicio
- Todas las novelas
- Airen: Poder y Leyenda
- Capítulo 39 - 39 Capitulo 39 Obstaculo en el Camino
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
39: Capitulo 39: Obstaculo en el Camino 39: Capitulo 39: Obstaculo en el Camino Poco después de comprar comida regresamos a la posada.
Aproveché que había un escritorio y seguí con algo que había dejado estancado desde hace un tiempo: transcribir un libro que estaba escrito en un antiguo idioma al idioma común de este reino.
Estoy dejando de lado toda la parte narrativa y me estoy concentrando únicamente en las fórmulas y técnicas mágicas.
Hay una gran cantidad de cosas que me gustaría intentar.
Ahora que lo pienso, pude haber hablado con Lairam sobre esto.
Entre las páginas hay planos de herramientas mágicas que nunca había visto.
Lo bueno es que esos planos están escritos directamente en el idioma común, por lo que no necesito transcribirlos.
El que más me llama la atención es el de una turbina de viento capaz de generar una enorme presión en una sola dirección.
El objetivo de esta máquina era impulsar una aeronave capaz de recorrer grandes distancias en poco tiempo, como lo haría una embarcación voladora de gran velocidad.
El autor parecía tener un conocimiento profundo, ya que el diseño está minuciosamente detallado y explicado.
Lamentablemente, yo no entiendo ni la mitad de lo que está escrito.
Si a alguien le preguntaran cómo funciona una turbina de este tipo, probablemente diría que un mecanismo hace girar aspas para empujar el aire en una dirección.
Sin embargo, la turbina de estos planos es completamente distinta: no tiene aspas y todo su funcionamiento proviene de una compleja combinación de artefactos mágicos y más de ciento cincuenta cristales, de los cuales solo reconozco los de viento y las conexiones de Kabel.
Lo malo es que los planos no tienen instrucciones.
Solo está anotado el nombre de cada pieza, pero no explica cómo montarla o hacerla funcionar.
Además, únicamente están los diagramas de la turbina, sin el resto de la nave.
No hay indicios de cómo se controla ni de dónde se activa.
—Mi fuerte es la medicina, no la mecánica… —murmuré para mí misma.
—¿Qué lees, Airen?
—preguntó Libni, acercándose con curiosidad.
Dudé si debía mostrarle el libro.
En este reino existe un solo idioma desde hace siglos, y muy pocos textos sobreviven escritos en antiguas lenguas.
—Estoy… transcribiendo este libro… Esperé su reacción.
Tal como imaginaba, primero se mostró confundida.
Aquí, el término “transcribir” solo se usa para pasar palabras habladas a un escrito, y la palabra “traducir” no existe.
Tras unos segundos, observó el libro sobre el escritorio y su expresión cambió a asombro.
—¡Ah!
¡Ese libro!
¡¿Tú lo entiendes?!
—S… sí… —respondí con cierta incomodidad.
Su respiración se aceleró, el rostro se le encendió y salió corriendo de la habitación.
Me quedé paralizada.
“¿Será esto un tema prohibido?
¿Volverá con guardias?
¡No, no puede ser!” Por suerte, poco después regresó sola, agitada y con tres libros en las manos.
—¡Aquí!
¿Entiendes estos?
—me los tendió con urgencia.
Los tomé y me sorprendió ver que estaban escritos en lenguajes que no reconocía bien: uno parecía de escritura eslava, otro tenía símbolos desconocidos para mí y el último estaba lleno de ideogramas junto a ilustraciones de criaturas demoníacas.
—Lo siento… no puedo leer ninguno.
Su emoción se desvaneció de inmediato.
—Ya veo… tenía la esperanza de que pudieras.
—¿Dónde los conseguiste?
—pregunté.
—Este —dijo señalando el más pequeño— estaba en la biblioteca personal de mi padre.
Es muy antiguo.
Los otros dos estaban en la biblioteca de Pyrenhal.
—¿En la biblioteca de Pyrenhal?
Nunca vi algo así allí, y he revisado todos los rincones.
—¿Buscaste en la bodega?
—No… no sabía que había una bodega.
—Ahí guardan los libros “ilegibles”, normalmente por estar dañados o ser demasiado antiguos.
—Definitivamente tengo que investigar algún día.
¿Había más como estos?
—No exactamente.
Estos me llamaron la atención por su escritura extraña.
Busqué otros, pero no tuve suerte.
¿Y tú, dónde conseguiste ese?
—preguntó, señalando el mío.
—De un comerciante cerca de Astald.
—¿Me dejas verlo?
—Claro.
Libni hojeó el libro, reaccionando de vez en cuando cuando encontraba una palabra escrita en el idioma común, como nombres de ciudades o personas.
—¿De verdad entiendes esto?
¿De qué trata?
—Es solo un diario… y no lo entiendo por completo.
—¿Dónde aprendiste el lenguaje?
—El comerciante que me lo vendió me enseñó algo durante el tiempo que viajé con él —improvisé.
—¡Eso es increíble!
¿Sabías que las lenguas antiguas desaparecieron hace más de cinco mil años?
—Algo había escuchado… —dije, sin entrar en detalles.
—Mi padre dice que en todo el mundo hay textos como este.
Sueño con recuperar ese conocimiento y compartirlo con todos.
—Es un sueño admirable.
—Llevo años intentando aprender estas lenguas sin progresar… hasta ahora.
—¿Eh?
—Airen, ¿podrías enseñarme, por favor?
—No creo que sea útil.
Cada libro tuyo está en un idioma distinto.
Aunque aprendas uno, no podrás leer los otros.
—No importa.
Seguiré buscando y, si encuentro otro en el mismo idioma, podré leerlo.
—Ni siquiera yo lo domino por completo.
—¡Con una parte me basta!
Suspiré.
—Está bien… pero solo hasta que lleguemos a Authon.
—¡Gracias!
Me esforzaré al máximo.
Al día siguiente salí a caminar.
Nos quedaríamos otro día más, y Anyia dijo que podíamos hacer lo que quisiéramos sin salir del pueblo.
Le había prometido a Libni enseñarle por la tarde, así que por la mañana me dediqué a pasear.
En el mercado encontré algo curioso: un mapa de Ondull que mostraba zonas peligrosas marcadas con ilustraciones de bestias demoníacas.
Mientras más grande el dibujo, más peligrosa la criatura.
El vendedor explicó que no significaba que fueran de mayor tamaño físico, sino que representaba su nivel de amenaza.
En las cercanías de Mense, los dibujos eran pequeños, aunque el bosque aparecía marcado en rojo.
El tendero solo dijo que era peligroso, pero no sabía por qué.
Al norte de Lassant había aves extrañas dibujadas y, al sur de Naire, grandes lagartos.
En el centro del desierto se encontraban las figuras más grandes: escorpiones, zorros, serpientes… y una hormiga.
Esta última era la de mayor tamaño en el mapa.
“¿Qué tan peligrosa puede ser una hormiga…?” Pero el más grande de todos estaba en lo más profundo del desierto.
Parecía una mezcla entre hormiga y araña, con un abdomen gigantesco… y realmente grotesco.
“¿Entonces el desierto está plagado de insectos?
Un motivo más para no ir, además del calor.” Devolví el mapa y continué paseando un poco más antes de regresar a la posada, donde pasé el resto del día enseñándole a Libni y avanzando con la transcripción del libro.
Al día siguiente partimos nuevamente.
Al mediodía, el calor dentro del carruaje era tan insoportable que tuvimos que detenernos para poder respirar con mayor tranquilidad.
Incluso en el exterior, el calor era agobiante, así que intenté mejorar la situación.
Saqué a Aquae y apunté al cielo, dejando salir un chorro de agua que cayó como lluvia refrescante.
Fue agradable por unos minutos, pero como la cantidad de agua almacenada no es infinita, debía conservarla hasta llegar a otra fuente.
—¡Oye, no quites el agua todavía!
—reclamó Kyle.
Él y los demás se habían reunido a mi alrededor en cuanto comencé la lluvia.
—No es una fuente infinita.
Si se acaba, podríamos tener problemas si necesitamos agua más adelante.
—¿No tienes otra forma de refrescarnos?
—¿Qué crees que soy… un cubo de hielo?
—repliqué con ligera ironía.
“Un momento… hielo… ¿podré hacerlo?” Guardé la espada y junté las manos como si sostuviera agua.
Preparé el proceso para intentar magia de hielo: enfriar el aire entre mis palmas.
Si lograba eso, sería un buen avance.
“Veamos qué tal sale…” Envié maná, y tras unos segundos, mis manos comenzaron a enfriarse.
No estaba saliendo bien: el aire entre ellas seguía igual.
Mi energía no salía de mis manos, igual que la última vez.
Solo conseguí enfriarme los dedos.
“Necesito practicar más…” Reanudamos el viaje horas después, cuando la temperatura bajó un poco.
Aun así, usamos magia de viento para mantener fresco el interior del carruaje.
Por suerte, después de tres días la temperatura comenzó a disminuir: al fin nos alejábamos del desierto.
Según Anyia, Réquen tiene un clima fresco y húmedo.
En Authon llueve con frecuencia y nunca hace calor extremo, ni siquiera en verano.
Todo eso solo aumentaba mis ganas de llegar, aunque todavía faltaba un mes de viaje… o más, si había complicaciones.
—Ánimo, chicos.
En dos semanas saldremos de Ondull y entraremos en territorio de Réquen por fin —dijo Anyia.
Lo dijo porque el ambiente en el carruaje estaba apagado: calor, cansancio, aburrimiento.
Ni dormir era fácil con tantas molestias.
Sus palabras levantaron un poco los ánimos… hasta que tres días después ocurrió algo inesperado.
—¡Hey!
¡Un grupo de gente se acerca por delante, parecen soldados!
—avisó uno de los conductores, deteniendo el carruaje a un lado para dejarles paso.
Salimos rápido, esperando ver un gran ejército marchando.
Pero lo que apareció fue un grupo de hombres exhaustos y sin voluntad, quizá más de quinientos, armados con espada y escudo, caminando a paso lento, con rostros apagados.
—Qué deprimente… ¿y este es el ejército de Naire?
—comentó Kyle, sin importarle si lo escuchaban.
Miré a los soldados más cercanos, pero ni siquiera pestañearon.
Seguían avanzando, mirando al suelo.
Seguramente era solo una parte del ejército; los humanos suelen ser muy numerosos.
Si estos eran los sobrevivientes de una batalla perdida, no quería imaginar cuántos habrían muerto.
Los más rezagados parecían los heridos graves: unos sesenta hombres con miembros mutilados o en camillas, arrastrados por sus compañeros.
El olor a sangre llegó pronto, junto a los quejidos.
Los chicos fruncieron el ceño y Libni apartó la vista.
—Así es la guerra —dijo Anyia.
—¿No podríamos ayudarlos?
—preguntó Libni, con un tono de lástima—.
Airen, escuché que eres buena con magia de sanación.
Yo domino lo básico… ¿podemos?
—No es buena idea —respondí.
—¡¿No quieres ayudarlos?!
—No es que no quiera… pero nos quedaríamos sin maná antes de curar siquiera a la mitad.
—Con que ayudemos a algunos… —¡Libni!
—la interrumpió Anyia con voz severa—.
No seas ingenua.
Si empiezas a curar, todos querrán que los atiendas, y cuando te quedes sin maná, ¿crees que lo entenderán?
Se abalanzarán sobre ti buscando más, y sería un desastre.
—Si no puedes cuidarlos a todos, mejor no cures a ninguno.
Libni recibió otra respuesta dura de Anyia.
No creo que le tenga odio; simplemente son muy distintas, y Anyia es directa al expresarse.
Cuando el último soldado pasó, regresamos al carruaje.
Si antes el ambiente estaba decaído, ahora lo estaba más.
Cinco días después, los ánimos empezaban a mejorar: cada vez faltaba menos para salir de Ondull.
Llegamos a una bifurcación: al noroeste, camino a Delnen; al noreste, hacia Thendiel.
Nuestra ruta era la noreste: más corta y segura.
Pero dos días después nos detuvimos ante una gran fisura en el suelo, de unos cinco o seis metros de ancho y tan larga que no se veía su fin.
—¿Y esto qué es?
—preguntó Zher.
—Es una fisura —respondió Kyle.
—¡Eso ya lo sé!
¡Pregunto por qué hay una en mitad del camino!
—replicó Szack.
—No lo sé.
Esto no estaba aquí antes —dijo Anyia.
“¿Podría ser algo por movimientos de la tierra?
Recuerdo haber leído sobre grietas así…” —Kael, usa magia de tierra y crea un puente —ordenó Anyia.
—Pff… demasiado fácil —respondió Kyle confiado.
Se acercó y apuntó al suelo, pero no pasó nada.
Puso ambas manos en la tierra y logró hacerla temblar un poco, pero sin formar el puente.
—No puedo… —dijo, frustrado.
En vez de quejarse, cerró los ojos y palpó el terreno, como buscando algo.
Había escuchado que un mago de tierra avanzado puede usar las vibraciones para detectar minerales, igual que un sanador usa el maná para percibir el interior de un cuerpo.
Kael debía estar en los primeros pasos de ese nivel.
—¿Interferencia mágica?
—preguntó Anyia.
—Sí.
Hay un yacimiento de Viod justo debajo.
No es grande, pero si nos alejamos un poco podré usar magia sin problemas.
—¿Viod?
—preguntó Libni.
“Maldito Viod… siempre interfiriendo.” Extendí la mano y creé una pequeña llama.
Sentí la interferencia, pero era débil, quizá porque el mineral no estaba refinado y estaba disperso.
Para la magia de tierra debía ser mucho peor, ya que el maná entraba en contacto directo con él.
—¿El Amite no era raro?
¿Cómo encontramos uno tan fácil?
—preguntó Zher.
—Ondull es rico en minerales —respondió Anyia.
—¿Y bien?
¿Qué hacemos?
—preguntó Szack.
—Debe haber un pueblo cerca.
Airen, Szack, sigan la fisura hasta encontrarlo y pidan ayuda.
Ofrezcan pagarles si es necesario.
Necesitamos mano de obra para reparar el camino.
Los demás, a trabajar —dijo Anyia.
—¿Esperas que levante piedras con mis manos como un obrero?
—protestó Kyle.
—Kyle, necesitamos cruzar —dijo Szack.
—¿Por qué no damos un rodeo?
Si salimos del área con Viod, podré levantar el puente en un segundo —propuso Kyle.
—¿No ves el terreno?
Fuera del camino la tierra está suelta.
El carruaje podría quedar atascado en la arena, y no creo que seas capaz de sacarlo con tu nivel de magia de tierra —dijo Szack.
Szack tenía razón.
Una de las razones por las que seguimos por el camino principal es porque está libre de la arena que podría atrapar las ruedas del carruaje.
Incluso si Kyle es hábil con la magia de tierra, sería incapaz de levantar un carruaje tan pesado él solo, y menos sobre arena.
—Me da igual.
No pienso ensuciarme las manos de manera tan humillante — replicó Kyel.
—Entiendo que Airen vaya a buscar el pueblo, ¿pero por qué Zher también?
En todo caso, debería ir yo con Airen —opinó Libni.
—¿Por qué?
Porque tengo buen sentido de la orientación, sé regatear precios, trato bien con la gente y, además, soy un guardaespaldas magnífico —dijo Zher con orgullo.
—¡Yo no necesito guardaespaldas!
—repliqué con firmeza.
—Ya que soy el noble de más alto rango aquí, debería ser yo quien hable con esos pueblerinos.
Se sentirán tan honrados con mi presencia que nos ayudarán gratis —añadió Kyle con arrogancia.
—Soy una chica frágil, no me pongas a hacer trabajo pesado —dijo Libni, suspirando.
—¿Honrados?
Lo más probable es que saquen antorchas y te echen del pueblo —rió Zher.
—¡No quiero cargar rocas!
—protestó Libni.
—¡Ya basta de lloriqueos!
Kyle, ve con ellos, pero deja de quejarte.
Y tú, Libni, deja de comportarte como una niña de 5 años y ponte a trabajar… malditos niños… —ordenó Anyia.
—Buu… —murmuró Libni.
—Bien, vamos, chicos.
Les permitiré caminar dos pasos detrás de mí… —dijo Kyle, altivo.
—Caminaré dos pasos SOBRE ti si no te callas —respondió Szack.
—¿Qué tan lejos está ese pueblo?
Ya me cansé de caminar —refunfuñó Kyle.
—Tú fuiste quien quiso venir, ahora no te quejes —contestó Dareth.
—Ya cállense los dos, ¿tienen que discutir todo el tiempo?
—les dije.
—Tsk… —gruñó Kyle.
—Hmn… —murmuró Szack.
Caminamos más de 20 minutos siguiendo la dirección que Anyia nos indicó, pero no había señales del pueblo.
Tampoco había caminos; solo seguíamos la fisura.
Yo empezaba a pensar que tal vez no había ningún pueblo.
—No sé qué es peor, el calor o esta arena molesta —comentó Kyle.
—Las dos cosas… definitivamente —respondí.
Tenía razón: la arena hacía difícil caminar y se metía en los zapatos.
Además, cada vez que soplaba el viento, me llenaba el cabello y la cara de polvo.
Era realmente incómodo.
—¿Por qué la gente vive aquí?
El bosque es millones de veces mejor —se quejó Kyle.
—Por los minerales.
Los pueblos y ciudades de esta zona son mineros o comerciantes —expliqué.
—Como si no hubiera minerales en otras regiones… —bufó Kyle.
—¡Veo algo!
Creo que es el pueblo —dijo Szack —Ya era hora.
Espero que esos pueblerinos se disculpen por hacerme venir hasta aquí —comentó Kyle.
—Sabes que ellos no te han hecho nada, ¿verdad?
—le recordé.
—Es su culpa por construir un pueblo en medio de la nada —insistió Kyle.
—Te quejas por cosas ridículas —dije.
—Ja, y me lo dice una chica —contestó con sorna.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—pregunté, molesta.
—Las mujeres se quejan por tonterías todo el tiempo —dijo Kyle.
—¡Eso no es verdad!
—repliqué.
—Hey, chicos… —intentó interrumpir Szack.
—No te das cuenta porque eres una chica —continuó Kyle.
—Espero que algún día tengas que ver las cosas desde mi perspectiva.
Quizá así entiendas muchas cosas —le dije.
—Ja, como si algo así pudiera pasar —rió Kyle.
—Te sorprenderías… —murmuré.
—Lees demasiadas historias raras —refunfuñó Kyle.
—¡Escúchenme de una vez!
—alzando la voz, dijo Szack.
—¿Qué pasa?
Oh… —me quedé en silencio.
—Hey… no será ese el pueblo que buscábamos… ¿verdad?
—preguntó Kyle.
—No veo otro por aquí… —respondí.
Frente a nosotros, el pueblo estaba totalmente destruido.
Las plantaciones tenían enormes surcos como si alguien hubiera excavado sin preocuparse por las cosechas.
No quedaba un solo edificio en pie.
El humo que aún salía de algunas ruinas indicaba que la destrucción era reciente, de uno o dos días como máximo.
No había signos de vida ni cuerpos, aunque la sangre seca estaba por todas partes.
Lo más inquietante era que la fisura terminaba justo en el centro del pueblo, lo que hacía evidente que estaba relacionada con lo ocurrido.
—¿Deberíamos volver?
—pregunté.
—¿Después de llegar hasta aquí?
Yo digo que investiguemos —propuso Kyle.
—Opino lo mismo —añadió Szack.
—¿No ven las señales?
Este lugar grita “peligro” —advertí.
—Vamos, Airen, no tengas miedo.
Yo te protegeré —dijo Szack.
—¡No tengo miedo y no necesito que nadie me proteja!
—respondí con firmeza.
—Entonces deja de dudar y vamos —insistió Kyle.
—Grr… ¡está bien!
—cedí.
Avanzamos hacia el pueblo destruido.
El silencio y la devastación creaban una atmósfera inquietante, como un pueblo fantasma en el que, en cualquier momento, podría aparecer una bestia o algo peor.
Cada pequeño ruido nos ponía en alerta.
Intentando mantener la calma, analicé la situación: algunas partes de casas estaban muy lejos de sus cimientos, como si algo las hubiera lanzado.
Sin embargo, los daños no eran uniformes: algunas paredes estaban intactas hasta el techo, y no había escombros esparcidos más allá del pueblo.
Todo indicaba que la fuerza destructiva se había concentrado dentro.
—Hay muchas flechas por todas partes —observó Kyle.
—Y espadas… parece que hubo una batalla —añadió Szack.
—¿Podría ser por la guerra entre Lassant y otros reinos?
—preguntó Kyle.
—¿Y qué hay de la fisura?
No creo que exista un mago capaz de hacer algo así — dije.
—Cierto… —admitió Szack.
Seguimos investigando, pero no encontramos sobrevivientes.
Afuera del pueblo, había huellas que indicaban que algunas personas habían escapado hacia el sur, pero decidimos no seguirlas.
En su lugar, fuimos al último punto sin explorar: el centro, donde la fisura terminaba.
Era el lugar más peligroso, con rastros de sangre que convergían en un agujero profundo al final de la grieta.
—Este sitio es espeluznante… parece un pozo muy profundo —dijo Szack.
—O una cueva.
Podemos bajar a ver —propuso Kyle.
—¡Debes estar loco!
¿No ves la sangre?
—dije, alarmada.
—Airen… no pensé que fueras tan asustadiza —rió Szack.
“¡Ellos no lo entienden!
Esto huele a problemas…” —¡No me importa lo que digan!
Me quedaré aquí y no voy a bajar —dije con firmeza.
—Jajaja… como quieras —respondió Szack.
Szack y Kyle, ignorando mis advertencias, comenzaron a descender.
Alcancé a ver apenas el interior cuando Szack conjuró una luz: había ropa desgarrada y manchas de sangre por todas partes.
No sabía qué había atacado este pueblo, pero lo que fuera, arrastró a las víctimas hacia ese agujero.
“Debí insistir más en que no bajaran…” Pasaron varios minutos.
Al principio, veía los destellos de su luz y escuchaba a Kyle quejarse, pero ahora no se oía nada.
Debían estar muy adentro.
“Idiotas… no debieron bajar.” “Quién sabe qué criatura peligrosa pueda estar ahí abajo.
Incluso si piden ayuda, no pienso moverme de aquí.” “¿Cuánto tiempo ha pasado?
Deberíamos haber regresado con ayuda hace rato…” “¿Y si se perdieron?
Tal vez esta cueva sea un laberinto natural…” “Esperaré solo 5 minutos más… y si no regresan, me iré sin ellos.” —¡Chicos, me voy a ir en 5 minutos!
“¿Por qué no regresan?” “Quizá… ¿quizá estén en problemas?
¿Y si hay algo que los atacó?” “No… ellos decidieron bajar por su cuenta.
Incluso si están en peligro, no voy a descender.
Que se las arreglen solos.” —¡Airen, necesitamos tu ayuda!
—gritó Szack.
—¡RESITAN CHICOS YA VOY!
Sin pensarlo, salté al agujero con una esfera de luz en una mano y Twilight en la otra.
Corrí por la cueva, que descendía bastante antes de extenderse en un túnel recto.
Llegué a una cámara más amplia, donde el camino se bifurcaba.
Dudaba cuál tomar, pero vi luz proveniente de uno de los pasadizos.
—Airen, por aquí.
Me giré hacia la voz y vi a Szack y Kyle saliendo de uno de los túneles, cargando a un hombre muy malherido, cubierto de sangre y tan débil que no podía sostenerse.
Lo dejaron en el suelo y me apresuré a usar magia de sanación.
—¿Qué ha pasado?
—pregunté.
—Lo encontramos más adelante.
No lo vas a creer, pero el lugar está lleno de cadáveres y docenas de huevos gigantes —respondió Szack.
—Debemos salir de aquí rápido.
No fue buena idea entrar —dijo Kyle.
—¡Eso dije yo y no me hicieron caso!
—repliqué.
—¿Cuánto tardarás en sanarlo?
—preguntó Szack.
—Lo suficiente para que no muera… unos minutos.
—Date prisa.
El suelo comenzó a vibrar.
Algo grande se mueve —advirtió Kyle.
No sentía ninguna vibración, pero si Kyle lo decía, debía ser cierto.
Me concentré en sanar las heridas más graves.
Tenía casi todas las costillas rotas, cortes profundos en el pecho y múltiples raspaduras.
Dejé las lesiones superficiales para después y me centré en detener el sangrado.
Tardé cerca de dos minutos en reparar las venas y arterias principales, aunque la herida seguía abierta.
Sin tiempo para más, pasé a recomponer sus costillas: estaban presionando sus pulmones y, de no actuar, moriría.
No sabía qué había provocado tales daños, pero estaba segura de que no era humano.
—¿Te falta mucho?
—preguntó Szack.
—Ya casi… —G… que… quién… —balbuceó el herido.
—¿Ha despertado?
Oye, dinos qué pasó aquí —dijo Kyle.
—Gh… ahg… —gimió el hombre.
—¡No lo molestes!
No está en condiciones de hablar —lo reprendí.
—Qu… quiénes s… —intentó decir.
—Señor, guarde silencio por ahora.
Estoy tratando de sanarlo —le pedí.
Me tomó unos quince minutos regenerar lo suficiente sus huesos para que dejaran de presionar los pulmones.
Afortunadamente, sus costillas no se habían separado por completo.
Aunque ya estaba fuera de peligro inmediato, seguía en estado delicado.
—Ya está.
Con esto podrá recuperarse por sí solo —dije finalmente.
—Bien, salgamos de aquí ya.
Las vibraciones se intensifican —advirtió Kyle.
—Tiene razón, incluso yo las siento ahora —añadió Szack.
Szack cargó al hombre en su espalda y comenzamos a retroceder por la cueva.
Las vibraciones aumentaban y temía que el techo colapsara.
Por suerte, logramos salir y refugiarnos en una casa medio destruida.
—A… aquí no… agh… debemos… alejarnos más… —balbuceó el herido.
—¿Está bien que hable ya?
—preguntó Kyle.
—Mientras no haga esfuerzos bruscos, no hay problema —respondí.
—Perfecto.
Entonces, anciano, dinos qué sucede aquí —insistió Kyle.
—No lo entienden… agh… ya viene… ella sabe… ella sabe que estamos aquí… —susurró.
—¿Ella?
—pregunté.
Un temblor más fuerte, acompañado de un estruendo, nos puso en alerta.
Algo emergió justo donde estaba la entrada de la cueva, destrozando el suelo y lanzando rocas enormes por los aires.
—¡Es ella!
Es… guh… ¡la bestia!
—exclamó el hombre.
—¿¡Pero qué demonios es esa cosa!?
—dijo Szack sorprendido.
Lo que vi era más que impresionante: una enorme criatura, mezcla de víbora cornuda y ciempiés.
Su grosor era de al menos tres o cuatro metros, y aunque no había salido por completo, calculaba que superaba los veinte metros de largo.
“¿No podía ser solo una serpiente normal?… Tranquila… son solo patas… muchas patas… ¡Esa cosa no estaba en el mapa que vi antes!
¿Y no se suponía que no había bestias tan grandes por aquí?
Cuando vuelva, voy a reclamarle a ese vendedor.” Intenté calmarme y pensar rápido.
Por las heridas del hombre, supuse que la bestia atacaba golpeando con su cuerpo.
Yo podía usar mi escudo de maná y Kyle su armadura de roca, aunque él necesitaría tiempo para formarla.
Podíamos distraerla hasta que Kyle estuviera listo y luego atacaríamos juntos, mientras Szack nos cubría a distancia.
“Si puedo usar Aquae para cortar su cuello con agua a presión, será una victoria segura… ¡es perfecto!” —¡Chicos, lo tengo!
Hay que atacarla antes de que nos localice con su visión térmica.
Szack y yo la distraemos mientras Kyle prepara su armadura, y luego… —¿Chicos?… —miré a mi alrededor.
A lo lejos, vi a mis dos valientes compañeros huyendo a toda velocidad, levantando una nube de polvo.
—¡Serán cobardes!… ¿¡Y se hacen llamar hombres!?
Por mi furia olvidé que tenía a la criatura prácticamente encima.
Mi grito la alertó, y se lanzó hacia mí, destrozando lo que quedaba de la casa.
La esquivé por poco y vi una oportunidad: su cuello estaba justo frente a mí.
Saqué Aquae y, concentrando todo el maná que pude en un segundo, realicé un corte descendente con agua a presión.
El chorro atravesó ladrillos y suelo como si fueran papel, pero la piel de la criatura ni siquiera se rasgó.
Su cuerpo se tensó y sentí su mirada fija en mí.
Ni me atreví a mirarla directamente; solo giré sobre mis talones y comencé a correr como nunca antes en mi vida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com