Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 40
- Inicio
- Todas las novelas
- Airen: Poder y Leyenda
- Capítulo 40 - 40 Capítulo 40 — Batalla Imposible de Ganar
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: Capítulo 40 — Batalla Imposible de Ganar 40: Capítulo 40 — Batalla Imposible de Ganar La serpiente me perseguía lanzando coletazos y tratando de atraparme con su enorme boca.
Lo habría logrado si no fuera por mi agilidad.
No sé si la bestia era algo lenta o si yo corría demasiado rápido, pero pronto logré dejarla atrás y alcancé a Kyle y Szack, quien afortunadamente no olvidó cargar al hombre herido.
—¡Idiotas, me dejaron sola!
¿Quién es el cobarde ahora?
¡Ni siquiera lo pensaron antes de correr!
—les grité.
—¡Estás loca si quieres pelear!
¿Viste el tamaño de esa cosa?
—replicó Szack.
—¿¡Que si lo vi!?
¡¡Casi me traga entera de un bocado!!
—exclamé.
—Está bien, está bien, lo sentimos.
Pero alégrate, logramos escapar —dijo Szack.
—Eh… oigan… se acerca —advirtió Kyle.
—¿¡Eh!?
—dijimos al mismo tiempo Szack y yo.
Nos detuvimos y miramos atrás.
No se veía nada, solo arena y el pueblo destruido a lo lejos.
Me pareció extraño que una criatura tan grande desapareciera así de repente.
Sin embargo, el suelo empezó a temblar levemente y vi cómo otra fisura se formaba rápidamente, acercándose hacia nosotros a una velocidad impresionante.
Comenzamos a correr otra vez, pero en segundos nos adelantó.
El suelo se partió, obligándonos a separarnos: Szack y el herido quedaron a un lado, mientras Kyle y yo al otro.
—¡Maldición!
—exclamé.
Con un estallido de tierra, la serpiente emergió.
Su medio natural parecía ser bajo tierra.
Fijó su mirada en mí… quizás le hice algún daño antes y ahora estaba molesta conmigo.
¡Lo siento!
—¡Szack, ve con los demás y busca ayuda!
—¡De acuerdo!
“¡Ni siquiera dudó!” Szack corrió hacia la dirección donde debería estar el carruaje, mientras Kyle y yo intentábamos llamar la atención de la serpiente para que no lo siguiera.
—¡Cuidado!
Tras la advertencia de Kyle, la enorme cola cayó justo donde estaba, haciendo temblar el suelo y levantando una nube de arena y rocas.
Kyle detuvo varias piedras en el aire y las lanzó de vuelta contra la bestia, pero, igual que con mi ataque anterior, ni un rasguño le quedó.
Volvió a levantar rocas y repetir el proceso.
A simple vista parecía telequinesis, pero era magia de tierra: podía hacer levitar piedras siempre que no fueran más grandes del doble de su tamaño, el límite del nivel intermedio.
—¡Oye, haz algo también!
—¡Ya voy!
Saqué Aquae y lancé un corte de agua a presión que impactó contra su abdomen.
El resultado fue el mismo: el agua solo salpicó.
Casi de inmediato, la cola me golpeó de costado y me lanzó varios metros.
—¡Airen!
Escuché el grito preocupado de Kyle.
Quién diría… aunque no debía preocuparse, había activado mi escudo de maná desde que la fisura nos alcanzó, así que casi no recibí daño.
“Casi” porque el golpe lo rompió, pero el impacto en sí fue mínimo y la arena amortiguó mi caída.
“Que mi escudo se rompiera tan fácilmente… ahora entiendo por qué ese hombre tenía heridas tan graves.
Si la serpiente hubiese atacado en serio, no estaría vivo.” —¡Airen!
¿Estás bien?
—¡Estoy bien!
—Entonces deja de descansar y ven a ayudarme, ¡maldición!
Kyle estaba en aprietos.
La serpiente, a pesar de su tamaño, era rápida al atacar.
Su cola era como un látigo de quince metros.
Contra un enemigo así lo mejor sería huir: era lenta en la superficie por culpa de sus patas, pero bajo tierra se movía como un tren a toda velocidad.
No había manera de escapar ni de vencerla en esas condiciones.
“¿No podemos hacer nada más que resistir hasta que llegue ayuda?” Regresé con Kyle y seguí lanzando ataques inútiles.
Probé con bolas de fuego y cuchillas de viento: nada funcionaba.
Solo esquivábamos y golpeábamos cuando había oportunidad.
Mi miedo era quedarme sin maná, aunque aún tenía suficiente.
Por suerte, Aquae reducía el gasto de energía, pero no sabía cuánta agua le quedaba: había partido la pelea con la mitad de su capacidad y, por centrarme más en esquivar que en mis propios ataques, ya no podía calcularlo.
—Esto no está funcionando —dijo Kyle.
Con un rápido movimiento elevó arena alrededor de la serpiente y me hizo señas para correr.
Logramos alejarnos un poco, pero cuando la nube se disipó, la criatura volvió a excavar.
Teníamos poco tiempo antes de que nos alcanzara.
—No podemos seguir así.
A este paso nos comerán, ¿tienes idea de lo humillante que sería para mi familia?
—¿Tienes una mejor idea?
—Tengo una.
Usaré magia de tierra para abrir un gran pozo, con un muro compactado alrededor.
Cuando caiga dentro, tú le lanzas toda el agua que puedas y yo la cubro con tierra y arena.
Si se forma lodo, puedo endurecerlo más que el suelo común.
—¡Está aquí!
La fisura volvió a adelantarnos y cortarnos el paso.
La serpiente emergió del suelo y, por la forma en que nos miraba, era claro que no pensaba dejarnos escapar.
—¿Crees que eso la detendrá?
—pregunté.
—Sí… unos segundos.
PRUUM Un coletazo dio inicio otra vez a la pelea.
Intenté seguir hablando con Kyle mientras esquivábamos.
—¿¡Solo unos segundos!?
—¿Y qué quieres que haga si aquí solo hay arena?
No puedo mover la tierra común: está llena de minerales y me tomaría demasiado tiempo.
Para dominar, aunque fuera la magia básica de tierra, pasé horas practicando en Pyrenhal.
Es un tipo de magia poderosa, con gran defensa y ataque, pero tiene desventajas: es lenta para ejecutar técnicas avanzadas y, mientras más dura sea la tierra, más difícil de mover.
En Ondull, la gran cantidad de minerales y cristales ralentiza la magia de Kael, por eso usaba arena, aunque esta es mala para endurecer.
“Supongo que no hay otra opción…” —¿Cuánto tiempo necesitas?
—pregunté.
—Dame un minuto.
—Date prisa.
Guardé Aquae para no gastar más agua y comencé a lanzar bolas de fuego mientras corría en dirección opuesta a Kyle.
La serpiente, encaprichada conmigo, me siguió sin dudar.
“Si Kyle me abandona, estoy perdida…” Pero respiré aliviada al verlo arrodillarse más adelante, con las manos en el suelo.
El plan estaba en marcha; solo debía ganar tiempo.
La serpiente lanzaba coletazos que yo esquivaba o bloqueaba con mi escudo, aunque este se rompía con cada impacto y me enviaba por los aires.
Incluso intenté trepar por su cuerpo, pero me atacó con su enorme boca, capaz de tragarse a un elefante, y con un centenar de colmillos como lanzas.
—¡Oh no!
Descuidé mi espalda y no vi venir su cola: el golpe destrozó mi escudo y me lanzó directo hacia sus fauces.
Usé magia de viento para impulsarme a un lado y evitarla.
Comprimí y expandí una esfera de viento, creando una explosión que me apartó.
No tenía la fuerza de las ondas de choque de otros magos que había visto en combates, pero me salvó en ese momento.
Puaj, prss.
Al caer en la arena, me llené la boca de ella.
Sin darme tiempo a descansar, la serpiente atacó de nuevo.
Me puse de pie y reanudé el juego de esquivar y esquivar, que ya me estaba agotando tanto física como mentalmente.
—¡Airen, está listo!
—¡Por fin!
Kyle había terminado.
Quizá tardó más de un minuto, o tal vez solo me lo pareció a mí.
Corrí hacia él, cuidando de no ir demasiado rápido para que la serpiente me siguiera en la superficie.
Sin embargo, al llegar, no vi ningún pozo.
“¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo?” —¡Airen, salta!
—¿Qué?
—¡Salta ahora mismo!
Hice lo que me dijo y entonces entendí por qué.
Estaba corriendo justo sobre el pozo: Kyle había preparado una cubierta de tierra para engañar a la serpiente y para que yo pudiera cruzar.
Cuando pasé la mitad, me gritó que saltara; en ese momento, la serpiente intentó seguirme, pero la capa de tierra no resistió su peso y cedió.
Debo reconocer el gran trabajo de Kyle.
Esperaba un pozo de unos quince metros de profundidad, pero el suyo era gigantesco, con más de 25 metros.
Probablemente igual de largo que la serpiente si se estirara por completo.
Me equivoqué en mi evaluación: Kyle claramente sobrepasa el nivel intermedio en magia de tierra.
Crear un agujero así en poco más de un minuto… no quiero imaginar la cantidad de maná que gastó.
Apenas pude sujetarme del borde, y gracias a Kyle logré subir.
La serpiente, en cambio, cayó hasta el fondo.
De inmediato, Kyle comenzó a lanzar tierra y arena, mientras yo sacaba Aquae y dejaba salir toda el agua lo más rápido que podía.
—¡Kyle!
—¡Yo me encargo!
Con una mano seguía enviando arena, y con la otra empezaba a endurecer el lodo.
La serpiente intentó cavar un túnel, pero la tierra compacta la frenó un instante.
No fue persistente en el mismo punto; en lugar de eso, probó romper el lado contrario, obteniendo el mismo resultado.
Luego intentó escalar, pero su cola quedó atrapada en la tierra endurecida.
El lodo se compactaba poco a poco alrededor de su cuerpo, aprisionándola.
Ya había visto este proceso antes: mi hermano lo utilizó contra un enemigo hace años.
Fue rápido en aquella ocasión, pero hay que considerar que la cantidad era mucho menor.
La serpiente se retorcía y rompía partes del muro, pero Kyle volvía a reforzarlo cada vez.
Todo iba bien hasta que ocurrió lo peor: Aquae se quedó sin agua.
—¡Oye, no dejes de enviar agua!
—¡Ya no queda más!
¡Te dije que no era infinita!
—Tsk… ¡sin agua esto no sirve de nada!
¡Hay que irnos!
Comenzamos a correr mientras la serpiente seguía atrapada.
Habíamos ganado unos segundos, pero en cuanto escapara, nos alcanzaría enseguida.
Ambos estábamos exhaustos: ese pozo debió costarle mucho maná a Kael, y yo, aunque bloqueé la mayoría de golpes con mi escudo, sentía mi cuerpo adolorido.
No resistiríamos mucho más.
—¡Aquí viene otra vez, maldición!
—¿¡Acaso no se rinde nunca!?
El suelo volvió a partirse y la enorme bestia salió para bloquearnos el paso… otra vez.
Se veía más molesta.
Apenas emergió, se lanzó contra nosotros con la boca abierta.
—¡Ya déjanos en paz!
—grité, lanzándole una bola de fuego directo a la boca, pensando que sería su punto débil.
—¿¡Qué haces!?
—reaccionó Kyle.
La explosión en su boca solo consiguió que la cerrara, pero su ataque continuó.
No esperaba que Kyle saltara frente a mí para cubrirme.
—¡Espera, no!
Como dije antes, no me quedaría quieta para recibir un golpe si no supiera que mi escudo de maná podía protegerme.
Pensé que Kyle lo sabía, pero al parecer no.
Me apresuré a formar un escudo lo bastante grande para cubrirnos a ambos, pero no tuve tiempo de reforzarlo: se rompió como vidrio.
Quizá absorbió el treinta por ciento del golpe, y Kyle recibió el resto.
Me aferré a su ropa mientras el impacto nos lanzaba varios metros.
Al caer, revisé de inmediato sus heridas: estaba consciente y quejándose de dolor, pero no parecía grave.
Fue un alivio, ya que no teníamos tiempo para sanar.
Mientras lo ayudaba a levantarse, vi a lo lejos un grupo acercándose: ¡era Szack y los demás!
—¡Kyle, los demás ya llegaron!
—Ya era hora… La serpiente se aproximaba y Kyle no parecía capaz de esquivar otro ataque.
Lo dejé y corrí hacia el grupo, agotada de tanto correr, sobre todo porque en arena se siente el doble de pesado.
—¡Airen, hazte a un lado!
—gritó Anyia.
No lo dudé y cambié de dirección.
La serpiente intentó seguirme, pero un destello me cegó y un trueno ensordecedor retumbó.
Al girarme, vi a la bestia sacudirse violentamente.
Otro destello iluminó todo, y esta vez pude ver: Anyia le había lanzado un rayo.
“¡Un rayo!
¡Como los de una tormenta eléctrica!” El impacto dio en su pecho.
Pequeños relámpagos recorrían su cuerpo como residuos de la descarga.
Aun así, no cayó.
Por primera vez dejó de enfocarse en mí y cargó contra Anyia, pero ella respondió con otro rayo en la cabeza.
La serpiente se retorció, rodó por la arena y volvió a ponerse en pie, aunque con menos fuerza.
—Está… perdiendo —dijo Kyle, que había llegado a mi lado.
—Por fin esa maldita criatura está cediendo… —Pero para resistir los ataques de Anyia así… —Me duele admitirlo, pero no había forma de que ganáramos —añadió Kyle.
Un tercer y cuarto rayo golpearon a la serpiente.
No sabía cuántos más podía lanzar Anyia antes de agotarse, pero debía de estar cerca de su límite.
Fue necesario un quinto para que finalmente cayera inmóvil.
Sentí mi cuerpo pesado y me dejé caer de espaldas sobre la arena.
Kyle se sentó a un lado, soltando un suspiro.
Habíamos sobrevivido a una batalla imposible de ganar.
—Así de fácil la ha vencido… ¿qué clase de poder tiene Anyia?
—pregunté.
—Es muy fuerte, está claro.
Por cierto, Airen, ¿estás bien?
¿Necesitas que te cure?
—Estoy bien, gracias a eso que hice antes.
—¿Qué magia era?
—El escudo de maná.
Es una técnica antigua y sencilla que aprendí hace algunos años.
—¿Magia antigua?
Ahora entiendo por qué te recomendaron para la beca… eres más confiable que ese idiota de Szack —rió Kyle.
—¡¿De qué te ríes ahora?!
—¿No te has dado cuenta?
Has empezado a llamarnos por nuestros nombres.
—¿Eh…?
—¡Heeey, chicos!
¿¡Están bien!?
—Szahck y Zher llegaron para asegurarse de que estábamos a salvo.
Kyle parecía querer replicar, pero se quedó callado al ver al resto.
Me dio risa y pensé en molestarlo, pero en ese momento solo quería descansar.
—¿Qué hay del hombre de antes?
—pregunté a Szack.
—Lo dejé con Libni.
Ella está curando sus heridas.
—Bien… —Buen trabajo aguantando hasta aquí, chicos —dijo Anyia con tono orgulloso, aunque se notaba cansada.
Tal como pensé, esa técnica debía consumir una cantidad enorme de maná.
—¿Ya descansaron?
Pues vámonos.
—Anyia, no seas así… estamos exhaustos, ¿sabes?
—respondió Kyle.
—Airen… sabes que esa bestia sigue viva, ¿verdad?
—¿Eh…?
Volteé hacia la serpiente y noté que aún respiraba.
Tanto Kyle como yo nos pusimos de pie en un instante y comenzamos a alejarnos de ella.
—¿¡Por qué no la mataste!?
—reclamó Kyle, acusando a Anyia.
—Necesitaría al menos dos o tres ataques más para matarla.
Eso es demasiado maná… ¿y si aparece otra?
Lo mejor es aprovechar que está inconsciente e irnos antes de que despierte.
No podía contradecirla.
Incluso si todos luchábamos juntos, no creo que pudiéramos vencer a otra criatura así sin la ayuda de Anyia.
Si ella se quedaba sin maná, estábamos acabados.
Kyle también lo entendió y, sin decir nada más, emprendimos el regreso al carruaje.
Miré una última vez a la serpiente y me pregunté si algún día sería capaz de vencerla sin ayuda.
—Oye, ¿te das cuenta de que pude haber muerto?
Podría quejarme con la universidad por esto —dijo Kyle.
—Hazlo si te hace sentir mejor —respondió Anyia.
—¿Me estás escuchando?
Es tu culpa, asume la responsabilidad —insistió Kyle.
Durante el regreso, Kael volvió a su actitud habitual, quejándose por todo.
Anyia no le prestaba atención, quizá por el cansancio.
Yo también quería respuestas, pero sabía que, si preguntaba como él, probablemente me ignoraría, así que decidí hacerlo de manera más indirecta.
—Antes, en Mense, vi un mapa con la ubicación de las bestias demoníacas.
Pensé que no había serpientes tan lejos del centro… —comenté.
—Se suponía que así era.
Normalmente, las bestias demoníacas de esta zona deberían ser presa fácil para un elfo con magia de nivel intermedio —explicó Anyia.
—Entonces… —quise continuar.
—No es normal que esa serpiente esté aquí.
Debe haber un motivo por el que se alejó tanto de su hábitat —dijo ella.
—Quizá el hombre que salvamos sepa algo —comentó Kyle.
—Eso espero.
No me gusta no saber qué está pasando —admitió Anyia.
Al llegar al carruaje, vi que no habían avanzado mucho en sellar la grieta: ni siquiera la mitad estaba cubierta.
Los dos cocheros seguían trabajando, mientras Libni atendía al herido, que ya se veía mucho mejor.
Por la velocidad con la que se recuperaba, podía asumir que la magia de sanación de Libni estaba a la mitad del nivel intermedio, aunque quizá me equivocara como me pasó con Kyle.
—Veo que se ha recuperado muy bien, señor.
¿Podría decirme su nombre y explicarme por qué había una bestia demoníaca de ese nivel tan lejos de su hábitat?
—preguntó Anyia.
—¿¡Qué pasó con la serpiente!?
¿¡Ha muerto!?
—preguntó el hombre.
—Su nombre… —repitió Anyia con tono serio.
Todos nos tensamos un poco al escucharla.
Después de ver de lo que era capaz, entendimos que no era buena idea hacerla enojar.
El hombre guardó silencio unos segundos y luego respondió: —Perdón por mi descortesía.
Mi nombre es Unfort… solía ser guardia del pueblo de Unately.
Si me preguntas por qué apareció ese monstruo, no tengo la respuesta.
Hasta ayer todo estaba normal, pero en la noche un fuerte temblor despertó a todos y, antes de que nos diéramos cuenta, esa cosa gigantesca estaba destrozándolo todo.
Intentamos luchar, pero no fuimos más que una molestia para ella.
—Ya veo… fue desafortunado que el pueblo estuviera en ese lugar.
Si hubieran estado unos metros más alejados, la serpiente habría pasado de largo sin verlos.
Realmente desafortunado —comentó Anyia.
—¡Anyia, no crees que es muy cruel decir eso!
—intervino Libni.
—Está bien… también lo notamos —continuó Unfort—.
Yo y un grupo de veinte logramos escapar.
Ellos decidieron ir a Naire para estar a salvo, pero yo regresé para intentar rescatar a algún sobreviviente; era mi trabajo, después de todo.
Cuando volví, no vi a la serpiente… pero tampoco estaban los cuerpos de mis compañeros ni de los demás ciudadanos.
Investigando, descubrí rastros de sangre que llevaban al nido de esa bestia.
—¿Nido?
—preguntó Anyia.
—Sí.
Al entrar, encontré una sala repleta de huevos y los cuerpos del pueblo.
Traté de buscar sobrevivientes, pero esa cosa apareció y me golpeó.
No recuerdo nada más… cuando desperté, ya estaba siendo cargado por estos chicos.
—¿Un nido…?
Szack, Kylel y Airen, ¿es cierto?
—preguntó Anyia.
—Así es, lo vimos claramente.
Había decenas de huevos enormes —confirmó Szack.
—Yo no entré tan profundo, así que no lo sé —respondí.
—Yo también lo vi.
¿Qué deberíamos hacer?
Podríamos destruirlos antes de que nazcan —dijo Kyle.
—¿¡Con la serpiente aún por ahí!?
¿¡Acaso olvidaste que casi morimos!?
— repliqué.
—Está fuera de combate por ahora.
Además, si vamos todos, podremos vencerla.
Y si eso no basta, tenemos a Anyia y a estos dos… ¿no se supone que son fuertes?
—insistió Kyle.
Anyia mostró una expresión grave.
No era para menos: una sola casi nos mata, y ahora hablaban de un nido lleno de ellas.
Con el camino cortado, no podíamos huir.
Si la serpiente nos encontraba, estaríamos en problemas, y Anyia estaba cerca de quedarse sin maná.
No sabía qué tan fuertes fueran los cocheros, pero no creía que pudiéramos vencerla, ni siquiera siendo diez.
—Anyia… ¿qué hacemos?
—preguntó Zher.
—… No vamos a arriesgarnos.
Podría haber más serpientes o bestias de fuerza similar.
Vamos a tapar ese agujero y cruzar, aunque nos tome toda la noche.
Todos, busquen piedras y pónganse a trabajar —ordenó Anyia.
—¡Pero…!
—intentó protestar Kael.
—¡Sin quejas!
—lo cortó ella.
Siguiendo su orden, todos buscamos cómo tapar la grieta.
Incluso Unfort ayudó.
Al principio intentamos con rocas, pero no había suficientes, así que nos alejamos un poco del yacimiento de Amite para que Kyle fabricara ladrillos con magia de tierra y los demás los llevábamos hasta la grieta.
Trabajamos hasta el anochecer, pero por fin completamos el camino.
No fue fácil: el calor del desierto y la falta de agua nos obligaban a descansar cada cinco minutos.
Me dolían las manos y, probablemente, me saldrían ampollas, a pesar de estar acostumbrada a entrenar con la espada.
Libni y Kyle lo tenían peor: parecían no haber hecho trabajo físico en su vida.
Szack y Zher se veían bien; Szack debía haber trabajado antes y Zher entrenaba con la espada en su tiempo libre, o al menos eso dijo.
Primero hicimos pasar a los caballos y el carruaje para asegurarnos de que el camino resistiera.
Cuando cruzaron, corrimos hacia él para descansar.
Por primera vez, me alegraba de poder sentarme dentro.
—Gracias por la ayuda, Unfort.
Terminamos antes gracias a usted —dijo Anyia.
—Oh, no hay de qué.
Me salvaron la vida; es lo menos que podía hacer — respondió él.
—¿Necesita que lo llevemos a algún lado?
Aunque nos dirigimos al norte — preguntó Anyia.
—Gracias, pero no.
Regresaré a Mense por mi cuenta.
Ahí está mi familia, y se alegrarán de verme con vida.
—Ya veo.
Entonces, al menos acepte esto —dijo ella.
Anyia entró al carruaje y regresó con un pequeño arco corto y unas flechas.
No era un arma demasiado potente, pero serviría para mantener alejados a bandidos o animales medianos.
—¡¡Ohhh, un arco élfico!!
¡Solo la nobleza tiene arcos tan buenos!
—exclamó Unfort.
“Es solo un arco común de los que hacen en Pyrenhal para prácticas… ni siquiera es de alta calidad.
Pero parece muy emocionado.
Había oído que los productos élficos se vendían bien en las ciudades humanas, pero no pensé que fuera para tanto.” —¿De verdad puedo tenerlo?
—preguntó Unfort.
—Por supuesto —respondió Anyia.
—Estoy muy agradecido por todo lo que han hecho.
¡Gracias!
—No hay de qué.
Es hora de que nos vayamos.
Cuídese, Unfort.
—Por supuesto… y gracias, una vez más.
Nos despedimos y subimos al carruaje.
Tras avanzar un poco, este comenzó a sacudirse al cruzar por la zona reparada.
Hubo un desnivel, seguramente por el movimiento de las rocas, y pensé que se volcaría, pero por suerte logramos cruzar.
—Oye, Anyia, ¿por qué le regalaste un arco?
No parece que el camino hacia Mense sea peligroso —preguntó Kyle.
—Bueno… digamos que su situación me conmovió —respondió Anyia.
“¿Así que esa era la razón?
No se lo dio para que se defendiera… ¿se lo dio para que lo vendiera o algo así?
No me lo esperaba de Anyia.” ¡PRAM!
—¡¿Eh?!
—¡Cuidado!
Impredecible y aterrador: la bestia demoníaca que creímos no volver a ver surgió desde el suelo con un estallido de rocas que se dispersaron por todas partes.
El carruaje se detuvo y bajamos corriendo.
Justo detrás de nosotros estaba la enorme serpiente… No, era distinta: un poco más pequeña y de tono más oscuro que la anterior, pero igualmente monstruosa.
—¿¡Otra serpiente!?
¿¡Cómo podemos tener tan mala suerte!?
—exclamé.
—¡Maldición, regresen al carruaje!
—ordenó Anyia.
—¡Pero…!
—protesté.
—¡Chicos, adentro rápido!
—intervino Taryn.
Obedeciendo las órdenes de Anyia, Taryn nos empujó para entrar al carruaje.
Mientras tanto, Anyia lanzó bolas de fuego a la serpiente.
Obviamente, esos ataques no le hacían nada; no intentaba vencerla con eso, solo buscaba llamar su atención mientras Unfort escapaba.
Él estaba muy cerca de la criatura y se ocultaba tras unas rocas.
Nuestro carruaje comenzó a moverse.
En ese momento, Anyia vio la oportunidad: lanzó un potente rayo que hizo que la serpiente se retorciera violentamente, y aprovechando ese instante, corrió hacia nosotros y, de un salto, subió al carruaje.
—¿Estás bien?
—pregunté.
Se le veía completamente exhausta; incluso sudaba y apenas podía mantenerse en pie.
—¡Oye, bestia!
¡Por aquí!
—gritó Unfort.
—¡¿Qué haces, idiota?!
—reaccionó Kyle.
La serpiente había intentado perseguirnos, pero Unfort disparó flechas y gritó para llamar su atención.
Al principio fue ignorado, hasta que una de las flechas le dio en un ojo.
Entonces, fijó su mirada en él.
—¡Corre, no te quedes ahí!
—gritó Szack.
—¡Maldición!
—exclamó Kael.
Szack y Kyle abrieron la puerta del carruaje y, sin llegar a salir, lanzaron bolas de fuego hacia la serpiente que se dirigía hacia Unfort.
El carruaje aceleró, aunque Libni y Taryn gritaban para que se detuviera.
—¡No!
—exclamó Libni.
Horrorizados, vimos cómo Unfort era devorado.
Los enormes colmillos lo atravesaron con facilidad, y todavía estaba vivo cuando la boca de la serpiente se cerró de golpe, partiendo su cuerpo en dos.
Me quedé sin palabras, observando a la distancia cómo aquel hombre, que hacía apenas un rato estaba feliz por regresar a casa, era devorado por intentar ayudarnos a escapar.
—Idiota… no tenía que hacer nada… —murmuró Szack.
Cierto.
No tenía que haberlo hecho.
Incluso si la serpiente nos perseguía, no nos habría alcanzado.
Solo tenía que esconderse y huir en el momento justo.
Al final… su bondad le costó la vida.
“¿Por qué me resulta tan familiar?” No había nada que hacer.
Aunque todos nos sintiéramos mal o molestos, no había forma de regresar en el tiempo y salvar a Unfort.
Una vez más, solo quedaba aceptar lo sucedido y seguir adelante.
—¡Por fin salimos de Ondull!
¡Qué bien!
No pude evitar gritar de emoción al pasar la frontera.
Después de todo lo que había pasado, podía asegurar que no me gustaba el desierto: el calor, los insectos extraños, la arena, la falta de agua… Definitivamente fue un alivio llegar a Réquen.
Todos queríamos salir de Ondull tras presenciar la muerte de Unfort.
No diré que me afectó tanto como lo que viví cuando tenía diez años, pero sí fue muy triste.
Aunque no todo fue malo.
Lo ocurrido nos ayudó a tomarnos más en serio el viaje y afianzó los lazos de confianza.
El cambio más notorio fue en Kyle, que dejó de ser tan fastidioso y temperamental; ahora hablaba más con nosotros y nos llamaba por nuestros nombres.
Luego estaba Szack: el primer día que lo conocí parecía un delincuente, pero ahora lo veía como un buen amigo, y parecía llevarse mejor con Kyle.
Son con ellos con quienes más hablo durante el viaje, aunque no significa que no converse con los demás.
Zher es alguien con quien es muy fácil entablar amistad.
Durante el viaje, no lo vi mucho con el aire de líder que tenía cuando lo conocí, pero es el único con quien Anyia discute los planes.
Suele hablar mucho con Libni, aunque más que hablar, parece escucharla.
—Ya era hora… el calor de Ondull es sencillamente detestable —dijo Kyle.
No hay termómetros, pero diría que la temperatura en el norte de Ondull, donde estuvimos, fácilmente alcanzaba los cuarenta grados.
No quiero imaginar cuánto marca en el interior del desierto.
Por suerte, ya no tendremos que preocuparnos de eso.
La disminución de temperatura fue lo primero que notamos al acercarnos a Réquen.
“¿Tendrá que ver con la altura?
Desde que cruzamos la fisura, el camino comenzó a ir cuesta arriba.” Al salir de Armath, el camino fue descendente; en cambio, al acercarnos a Réquen, volvió a ascender.
Ondull está mucho más bajo en comparación con otras regiones.
En el mapa de Anyia, Réquen aparece como una zona montañosa.
—Tenemos suerte de ir en este carruaje —comentó Libni—.
¡Ni siquiera nos pidieron detenernos!
Se refería a la frontera de Réquen, mucho más vigilada que la de Armath.
Había un control fronterizo estricto, con cientos de soldados élficos revisando los carruajes, en su mayoría de comerciantes.
Pedían documentación y hacían preguntas, algo muy similar a los controles aduaneros, aunque aquí bastó con reconocer el blasón pintado en nuestro carruaje para dejarnos pasar sin obstáculos.
Un detalle curioso fue que, durante todo el viaje por Ondull, Anyia permaneció despierta la mayor parte del día.
Sin embargo, nada más cruzar a Réquen volvió a dormir casi todo el día, como cuando estábamos en Armath.
Eso me hizo pensar que realmente había que estar alerta en Ondull incluso durante el día.
Por lo menos, de momento, parecía que no estaríamos en peligro.
Libni y yo aprovechamos el tiempo para estudiar.
Era increíble para aprender idiomas: absorbía todo lo que le explicaba y lo memorizaba rápidamente; quizá alcanzara mi nivel antes de terminar el viaje.
Eso sí, solo aprendía rápido en temas de libros o idiomas; para todo lo demás, su ritmo era normal o lento.
“Ahora que lo pienso, solo la he visto usar magia de sanación.
Si fue recomendada para la beca, debe de ser buena en otros tipos de magia también…” —¡No puedo esperar para llegar a Authon y visitar la gran biblioteca!
—dijo ella.
—Me gustaría visitarla también; podría ser interesante.
Tan solo tres días después llegamos a Lyudy, el primer poblado de Réquen.
Al estar cerca del mar, se sentía la brisa marina, y por la humedad me recordó un poco a Lemuel: un clima cálido y húmedo, como el de los géiseres, pero en un pueblo élfico con gran presencia humana.
Era obvio que no eran residentes, sino comerciantes.
Supe que muchas caravanas llegaban aquí para vender mercancías y luego regresaban a Ondull o Armath.
Algunos seguían hasta Thendiel, pero pocos iban más allá, pues a partir de ahí los impuestos para los humanos eran muy altos, tanto para comerciantes como para residentes.
Pensé en ello y se me ocurrió que era una medida no agresiva para mantener alejados a los humanos.
Poner impuestos elevados hacía que la mayoría no pudiera quedarse más de unos días, y los que lo hacían eran nobles o comerciantes ricos.
Una medida útil, aunque algo injusta.
Por suerte, no se aplicaba a los medio-elfos, o me preocuparía en serio.
Nos quedamos dos días en Lyudy.
Durante ese tiempo, aproveché para comprar ropa adecuada.
Anyia dijo que Réquen tenía un clima muy húmedo, así que adquirí prendas impermeables, hechas de telas como algodón y lino, pero tratadas para repeler el agua.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com