Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 5
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5: Capítulo 5 — Entrenamiento físico 5: Capítulo 5 — Entrenamiento físico Ha pasado un mes desde que los chicos regresaron a clases.
Incluso Therion se va desde temprano y no vuelve hasta la tarde.
No sé si tienen clases todo el día o si después se va a jugar o algo.
Therion estudia mucho, así que tal vez se queda repasando con Lonie y los demás.
El último día antes de que todos volvieran a clases, Lonie me habló muy seria y me pidió que no practicara magia sola.
“La de agua está bien, pero nada más”, me dijo.
Iba a decirle que sí sabía cuidarme, pero recordé lo que pasó con el fuego… me asusté mucho ese día.
Si Lonie no hubiera estado ahí, creo que me habría quemado.
Así que le prometí que solo usaría magia de agua.
Lonie me ha enseñado muchas cosas, así que debo hacerle caso.
Como no podía seguir practicando magia de fuego, tomé otro libro de la estantería de papá.
Se llama “Historia social élfica”.
Es sobre cómo vivían antes los elfos.
Pensaba que vivíamos siempre en aldeas pequeñas dentro de los bosques, pero no.
Antes sí era así, pero después de una guerra muy fea donde atacaron muchos pueblos élficos, los elfos se juntaron en los lugares que quedaban y formaron ciudades grandes.
Pyrenhal, donde vivimos, era un pueblo que se volvió ciudad cuando se unió con otro.
Es una de las tres grandes ciudades élficas.
También dice que hay muchas otras ciudades y reinos de elfos, humanos y otras razas, como los Gashems, que fueron los que iniciaron aquella guerra hace muuucho tiempo.
El libro tenía un mapa donde vi los nombres de los seis continentes: Armath, Rácir, Ondull, Réquen, Duraga e Índass.
Nosotros estamos en Armath, al sur, en el Reino de Pyrenhal.
Más al norte hay reinos humanos como Astald y Aglar.
Me gusta leer, pero quería hacer otra cosa.
¡Magia!
No, no debo.
Le prometí a Lonie.
Pero, ¿y si hago otra cosa con mana?
Como jugar con las luces… Fui al salón.
Papá estaba en su rincón de siempre, leyendo.
Me acerqué a la lámpara de cristal que cuelga del techo.
Sé que se enciende con mana, y aunque antes no pude hacerlo, ¡ahora sí puedo usar mana!
Pero está muuy arriba.
Fui por una silla y la puse en el salón.
Me subí, pero aún estaba lejos.
Entonces puse la silla sobre la mesa del centro.
Papá solo me miraba, no dijo nada.
Creo que está bien.
Me subí otra vez, primero a la mesa, luego a la silla.
Ahora sí.
Estiré mi mano y traté de enviarle mana al cristal.
Pero mi mana se va para todos lados… ¡uf!
Me puse de puntitas.
¡Todavía no alcanzo!
Apoyé un pie en el respaldar de la silla y me acerqué más.
Vi que el cristal brillaba poquito, ¡estaba funcionando!
“Ya casi… sólo un poquito más…” Pero entonces la silla se movió.
Perdí el equilibrio.
Sentí que caía, pero mi cuerpo se movió solo.
¡Hice una voltereta!
Y caí derechita de pie en el suelo.
—¡Ioh!
¡Bien hecho, Airen!
—dijo papá, aplaudiendo desde su sillón.
Me reí un poquito.
Fue divertido.
—Me alegra verte tan enérgica —me dijo.
—¿Por qué?
—le pregunté.
—Cuando naciste eras muy débil.
Apenas llorabas.
Dormías todo el tiempo.
Tu mamá estaba muy preocupada… pensamos que no sobrevivirías.
—¿Iah?
¿En serio?
—Sí, pero un día empezaste a moverte más, a mirar más… fuiste cambiando poco a poco.
“Qué raro… no recuerdo nada de eso.
Pero sí sé que ahora me gusta correr, saltar, hacer magia… Mi cuerpo se siente fuerte.” ¡Ya sé!
¡Quiero entrenar mi cuerpo también!
Me acordé de cómo Lysian y Therion peleaban ese día, ¡eran tan rápidos!
Y yo también hice una voltereta… eso debe significar algo.
—Airen, ¿quieres venir conmigo?
—preguntó papá de repente.
—¿A dónde?
—Debo llevar unos planos al pueblo vecino.
Pensé que te gustaría conocer otros lugares.
Caminaremos por el bosque.
—¡Sí, sí, sí!
—brinqué de emoción.
Corrí a mi cuarto y busqué ropa cómoda.
Me puse una falda verde oscura más larga por atrás, unas mallas negras, botas cafés y un chaleco encima de una blusa ajustada.
Me sentía lista para correr, saltar y trepar árboles.
Cuando regresé, papá ya estaba en la puerta.
Llevaba un traje negro con botas y un peto marrón.
En su espalda colgaba una bolsa con papeles enrollados.
—¿Lista?
—me preguntó.
—¡Sí!
¡Iremos a explorar el bosque!
Salimos de casa y tomamos un camino distinto al que lleva al centro de Pyrenhal.
En lugar de ir por el frente, que pasa por la casa de Kael, fuimos hacia la izquierda, al oeste, y nos adentramos en el bosque.
Era un poco difícil seguirle el paso a papá en algunos tramos porque mis piernas son muy cortas, y cuando había rocas grandes tenía que rodearlas.
Pero en los caminos planos no tenía problemas.
Después de caminar como media hora por un terreno lleno de raíces y hojas, empecé a sentirme cansada.
Aun así, me sorprendía lo mucho que estaba aguantando.
Me gustaría pensar que estaba yendo al ritmo de papá, pero se notaba que él iba más lento a propósito.
A veces incluso se detenía para esperarme cuando me trababa en algún sitio.
Quizás debería hacer más ejercicio para no quedarme atrás tanto.
Poco después, llegamos a un poblado vecino.
Era como catorce veces más pequeño que Pyrenhal y no tenía murallas.
Caminamos por una calle tranquila hasta llegar a un edificio antiguo con ventanas altas y columnas de piedra clara.
Allí dentro, todos los elfos parecían ser adultos mayores.
Lo curioso es que nunca había visto elfos que parecieran realmente ancianos.
Papá me explicó una vez que los elfos pueden vivir mil años y que después de los 18 envejecen muy lento.
Algunos parecen tener veinte y en realidad tienen cuarenta.
Y a los cincuenta, ya no envejecen más.
¡Eso es asombroso!
Yo soy mitad elfa, así que no sé si eso me pasará a mí también… pero si llego a vivir así de joven por doscientos años, estaría muy feliz.
Por dentro, el edificio era grande y silencioso, pero se sentía vivo.
Elfos caminaban de un lado a otro cargando libros gruesos y manuscritos enrollados.
Papá iba cargando los suyos también.
Dijo que debía entregarlos en el archivo de la universidad de magia.
Caminamos hasta una sala amplia donde había dos elfos esperando.
Cuando vieron a papá, se levantaron enseguida para saludarlo.
Uno parecía mayor que papá, el otro más joven, quizá como Therion.
—Aerithor, tan puntual como siempre.
¿Y quién es esta pequeña?
—preguntó el mayor con una sonrisa.
—Es mi hija, Airen.
—Oh, sí.
Escuché que habías tenido un segundo hijo.
Perdón por no haber pasado a felicitarte.
—Jajaja, no se preocupe.
Sé que es un hombre ocupado.
Airen, él es mi maestro Hesgar.
Salúdalo.
—Mucho gusto.
Me llamo Airen.
—Jajaja, encantadora.
¿Cómo va la escuela?
—Airen aún tiene cuatro años —dijo papá, antes de que pudiera contestar.
—¿Oh, en serio?
Jajaja, perdón.
Un anciano como yo ya no distingue edades tan fácilmente.
“¿Anciano?
No parece tener más de cincuenta… aunque para los elfos eso seguro no es mucho.” —¿Y aun así enseña en la universidad de magia?
—pregunté con los ojos bien abiertos.
—¿Te interesa la escuela de magia?
—dijo Hesgar, inclinándose un poco.
—Sí, me gustaría entrar el año que viene.
—Vaya… pero para entrar con cinco años debes ser muy inteligente, pequeña.
—Ya puedo usar magia de agua básica —dije con orgullo.
—¿¡En serio!?
—Hesgar miró sorprendido a papá, quien asintió con una sonrisa.
—A Airen le encanta estudiar magia.
Incluso aprendió a leer cuando tenía dos años.
Se escabullía en mi despacho para llevarse mis libros.
“¡Entonces sí lo sabía!
¡Papá se daba cuenta todo el tiempo!” pensé inflando un poco las mejillas.
—Ya veo… En ese caso, no veo por qué no podría ingresar.
¿Estás de acuerdo, Aerithor?
Papá me miró.
Yo le devolví la mirada y asentí muy rápido con emoción.
Él solo sonrió y dijo: —Cuento con usted.
Dos días después de esa visita, llegó una carta a casa.
Me habían inscrito oficialmente en la escuela de magia para el próximo año.
También venía una lista de materiales para las clases, reglas de la escuela y… ¡un broche de plata con forma de estrella de ocho puntas y una gema dorada en el centro!
Esa noche no pude dormir.
Me quedé mirando el broche bajo la luz de la lámpara, imaginando cómo sería ir a una escuela de magia de verdad.
Todavía faltan varios meses para el nuevo año escolar, así que decidí comenzar un entrenamiento físico.
Como prometí no usar magia de fuego y solo conozco la de agua, pensé que podía entrenar mi cuerpo mientras tanto.
Cuando fui con papá al bosque, me di cuenta de que aunque soy más ágil que otros niños, me canso más rápido.
¡Eso no puede seguir así!
Al día siguiente, salí temprano de casa.
Tomé el sendero del río que sale de la muralla.
Si seguía recto, llegaría a un poblado, pero yo quería ir al claro rocoso.
El camino por el río está lleno de piedras grandes y troncos caídos.
La primera vez que fui con Therion, se me hizo muy difícil.
En vez de saltar o correr, solo traté de rodear todo como una adulta preocupada, y eso fue lo que me hizo lenta.
Desde entonces, Therion y yo tomábamos un camino más largo, pero sin obstáculos.
Hoy decidí que iba a intentarlo de nuevo, como una elfa valiente.
Empecé a correr hacia la primera roca y salté.
Era de un metro de alto, pero lo logré sin problema.
Mi cuerpo se sentía liviano, como si supiera cómo moverse solo.
Puse un pie sobre la roca y usé el impulso para saltar hasta un tronco caído a unos dos metros.
Lo logré.
Seguí avanzando, brincando de piedra en piedra como si estuviera jugando.
Ni me tropecé ni me resbalé.
Me sentía como una gacela feliz.
Cuando llegué al claro, noté que no estaba sola.
A unos diez metros, una niña me miraba fijamente con sus ojos azul claro.
Era Faelith.
Se quedó en silencio, observándome sin decir nada.
El silencio me hizo sentir rara.
Así que traté de hablar.
—Emm… hol—.
Justo cuando iba a saludarla, se dio la vuelta y empezó a alejarse.
“¿Qué le pasa?
¡Ni siquiera dije nada malo!” —¡Oye!
¡No ignores a la gente cuando te hablan!
—grité un poco más fuerte.
Ella seguía caminando como si yo no estuviera ahí.
—¡Oye!
¡Te estoy hablando!
—fui tras ella y puse mi mano en su hombro.
—¡Qué ruidosa eres!
—gritó, enojada.
¡Vaya!
Era la primera vez que le oía la voz.
De no ser por su tono, su voz sería bonita.
Apartó mi mano como si quitara un insecto.
Eso me hizo enojar mucho.
—¿¡Se puede saber qué te pasa conmigo!?
—¡Cállate!
¡Desde que llegaste no has hecho más que fastidiar!
—¿¡En qué te he fastidiado!?
—¡Eres ruidosa y egoísta!
“Enséñame esto, enséñame aquello”.
—¡¿Eh?!
—bufé molesta—.
¿Quién dijo que los elfos eran tranquilos y amables?
—¡Ni siquiera sé de dónde saliste!
Llegaste con Therion, te pones a hablar con todos, acaparaste a Lonie, ¡y hasta coqueteas con los chicos!
“¿¡COQUETEAR!?
¿¡Yo!?” —¡Eso no es cierto!
¡Nunca coqueteé con nadie!
Y sí, Lonie ha pasado mucho tiempo conmigo, pero nunca la obligué a nada.
—¡Mentira!
Te vi con Therion y con Talin.
Llegaste de la mano con Therion, hiciste que te acariciara el cabello, fingiste estar cansada para que te cargara… ¡y usaste magia como si nada!
—¡Esa fue la primera vez que usé magia!
¡No mentí!
—… Entonces, ¿cómo explicas que Therion sea tan cariñoso contigo?
“¡Ah!
Ya entiendo… esto es por Therion… Está celosa.” —Te haré una pregunta.
¿Te gusta Therion?
—¿Eh…?
¿Qué dices?
—¿Te gusta o no?
—¿¡Y qué si sí!?
¿¡Vas a decir algo!?
—Ya veo… todo este drama era por eso.
—¡Me ha gustado desde hace un año!
Nunca he podido hablarle porque me pongo nerviosa.
Y de repente llegas tú, de la mano con él, tan cariñosos como si nada… “Ahora sí me estoy cansando…” —Faelith, escúchame.
Therion es cariñoso conmigo porque es mi hermano.
Solo eso.
—… ¿Hermano?
—Sí.
Es mi hermano mayor.
—… ¡Mentirosa!
—¡No estoy mintiendo!
—¡Él nunca dijo que tenía una hermana!
—¡¿Y cómo te lo iba a decir si nunca le hablas!?
—Ugh… —Te estoy diciendo la verdad, Faelith.
Therion es mi hermano.
—…Entonces… —¿Entonces?
—¿Dices que no te gusta Therion?
—Me gusta, pero como hermano.
—¿Acaso no es lo mismo?
—No, los hermanos se quieren de una manera diferente, como el cariño entre mejores amigos o como el cariño que le tienes a tus padres.
Además, los hermanos no se casan entre sí.
Faelith se quedó callada y reflexionó un poco lo que le había dicho.
Luego me miró con una expresión incómoda.
“¿Quiere disculparse?
Vamos, no seas tímida… Jajaja, no me voy a molestar.” Pero no lo hizo.
Justo cuando parecía que iba a decir algo, su expresión cambió de nuevo, como si se le hubiera ocurrido algo malo.
Me miró por unos segundos y luego empezó a caminar hacia el camino de rocas.
—No te vayas todavía, ya regreso.
—¿Eh?
—No puedes irte hasta que regrese, ¿lo entiendes?
—Oye, ¿y nuestra charla?
Se marchó sin decir más.
Yo solo me quedé ahí de pie sin saber qué pasaba por su mente.
“¿Qué no me vaya?
¿Quiere decir que la espere aquí hasta que regrese?
Ella no dijo nada más y desapareció entre las rocas.” “Pues… tendré que esperar… Bueno, de igual manera venía a entrenar, por lo que da igual esperarla un rato.
Entrenaré mientras tanto.” Lo primero que quise intentar fue la voltereta que hizo Lysian durante el duelo de práctica con Therion.
Me puse de frente a la misma piedra en la que él lo había hecho y comencé a correr.
El primer intento fue un fracaso.
La roca estaba mojada y mi pie resbaló al intentar correr sobre ella.
Al parecer, Faelith estuvo practicando con su magia de agua.
Puedo saberlo porque hay pequeños charcos de agua por esta zona y el cielo está despejado, por lo que es obvio que no ha llovido.
Busqué otra roca del mismo tamaño que estuviera seca y lo intenté de nuevo.
Tres pasos sobre la roca, un salto al final y, usando el peso de mi cuerpo para girar en el aire, caí de pie como yo quería.
Lo único malo fue que la altura del salto fue muy baja y caí demasiado cerca de donde había empezado a correr.
Si lo hubiera hecho en un duelo, me habrían alcanzado antes de caer al suelo.
Seguí practicando hasta que, tras unos cuantos intentos, lo conseguí.
Tomando impulso y pisando con fuerza en la roca, logré girar bien.
Está bien como demostración, pero no creo que pueda usarlo en un duelo real.
—¿Y ahora qué?
Pensé en movimientos ágiles y útiles para mejorar mi entrenamiento.
Quise intentar una forma rápida de levantarme al caer, como he visto hacer a los cazadores cuando entrenan.
Me tiré de espaldas al suelo y moví mi cuerpo con energía.
Al principio fue bien: encogí mis piernas hacia adelante y me impulsé con mis brazos, pero no logré formar el arco necesario para ponerme de pie.
Cuando mis pies tocaron la tierra, me tambaleé hacia atrás y me caí.
Está bien, con la práctica lo conseguiré.
Luego de intentarlo muchas veces, por fin lo logré.
Tuve que poner más fuerza en mis manos y elevar más mis piernas para lograr el movimiento.
Después intenté una voltereta hacia atrás para simular una retirada rápida.
Ya había hecho volteretas similares antes.
Me puse de espaldas, salté hacia atrás formando un arco, aterricé con las manos y luego con los pies, repitiéndolo tres veces más.
Me salió a la primera como quería.
Ciertamente, este cuerpo es increíble.
Si lo entreno correctamente, podré moverme con más agilidad y rapidez.
Empiezo a cansarme, pero aún puedo continuar.
Justo cuando pensaba en qué más podría intentar, Faelith regresó dando saltos entre las rocas.
Se acercó lentamente hasta quedar justo enfrente de mí.
De nuevo ese silencio incómodo.
Faelith no me miraba directamente y estaba haciendo un gesto de incomodidad.
Además, no dejaba de frotar sus manos como si estuviera nerviosa.
—¿Tienes algo que decir?
Al escucharme, ella levantó su mirada y me vio con un gesto amargo.
Asintió lentamente con la cabeza y abrió su boca para hablar.
—Yo… lo siento.
—¿Eh?
—Le pregunté al abuelo sobre los hermanos y me dijo lo mismo que tú.
Tenías razón… yo estaba equivocada.
“Ah… así que era eso… Seguramente pensó que le estaba mintiendo con lo de los hermanos y corrió a preguntárselo a su abuelo.
Este, obviamente, sabe del tema y le dijo lo mismo que yo.
Tras haber comprobado que decía la verdad, ahora se siente apenada por desconfiar de mí y acusarme sin pruebas.” —Está bien, acepto tus disculpas.
—No, no está bien.
Te traté muy mal.
Te acusé de cosas horribles, te llamé mentirosa y dudé de ti.
No hay manera de que me perdones tan fácil.
“Dicho así suena muy mal, pero no me importa demasiado.” —¿Y qué quieres entonces?
—Un castigo.
—¿Castigo?
—Merezco un castigo por lo que he hecho.
—¿Castigo, eh…?
Entonces esto está bien.
Levanté mi mano y le di un pequeño golpecito en la frente con mi dedo índice.
—Listo.
—¿¡Cómo que listo!?
¡Estoy hablando en serio!
—¿Entonces prefieres la muerte?
—¿Eh!?
Ella se sobresaltó y se puso pálida cuando escuchó la palabra “muerte”.
Lentamente negó con la cabeza.
—Entonces con esto es suficiente.
—Pero… “Vaya que es terca.” —¿Entonces qué tal esto?
Serás mi amiga de ahora en adelante.
—¿¡Amiga!?
—Sí.
Jugarás y practicarás conmigo todos los días de ahora en adelante.
Además, me tendrás que ayudar siempre que yo te necesite.
Ah, y deberás enseñarme a controlar el maná a distancia.
Faelith se quedó sorprendida por mi sugerencia.
Lo pensó por unos segundos y luego abrió la boca para responder.
—¿De verdad quieres que yo sea tu amiga?
¿Incluso después de cómo te traté?
—¡Así es!
¡Y no aceptaré un no por respuesta!
—le dije eso en tono firme para poner punto final al asunto.
Faelith suavizó su expresión y dibujó una sonrisa en su rostro.
—Entonces… ¡Seamos amigas para siempre!
—Uah, qué cursi… —¿Cursi?
—Ah, no es nada.
¡Ja ja ja!
¡Bien, desde ahora seremos amigas para siempre!
Y así, con un apretón de manos para sellar nuestro acuerdo, hice mi primera amiga.
Perspectiva de Faelith Me llamo Faelith Indocaris.
Tengo 4 años… y estoy enamorada.
Sé que algunos dirán que soy muy joven para enamorarme, pero aun así estoy enamorada.
El chico que me gusta se llama Therion.
Es tres años mayor que yo y es un medio elfo.
Aunque no sé bien qué significa que sea medio elfo, el abuelo me dijo que es medio elfo porque su mamá es humana.
Tampoco sé bien lo que es una humana.
Luego el abuelo empezó a decirme cosas que no entendí, así que lo dejé.
Lo único en lo que él es diferente es que sus orejas son más pequeñas que las de los demás niños.
Eso no me importa, pienso que son bonitas.
¿Se preguntan por qué me gusta Therion?
Hace unos días, en un día muy caluroso y soleado, vi por primera vez a unos chicos usar magia de agua cerca del río.
Era la cosa más bonita que había visto.
Los niños jugaban a lanzarse bolas de agua con magia, y cuando estas estallaban, se formaban hermosos arcoíris de colores.
Yo quería hacer arcoíris también, así que fui a la orilla del río para ver si podía usar magia de agua.
No sabía que usar magia fuera difícil, así que me acerqué al agua y puse mi mano en ella.
No pasó nada, pero no quería rendirme tan fácil, así que seguí intentándolo.
De repente, algo me golpeó en la espalda y caí al río.
Como no sé nadar, me estaba ahogando.
Tenía mucho miedo y no podía respirar.
Justo cuando pensé que moriría, alguien saltó al agua y me sacó del río.
Cuando abrí los ojos, vi el rostro resplandeciente del chico que me había salvado.
Un arcoíris brillaba detrás de él.
El sol iluminaba su rostro, que mostraba preocupación por mí, y su voz gentil hizo que mi corazón latiera muy rápido y mi cara se sintiera muy caliente.
De inmediato supe que era amor.
¿Cómo lo sé?
Una vez el abuelo regresó de un viaje y me trajo muchos libros de cuentos.
Todos ellos hablaban de princesas que eran rescatadas por príncipes, y que decían estar enamoradas porque su corazón latía muy rápido cerca de ellos.
Poco después averigüé su nombre y comencé a seguirlo en secreto durante medio año.
Descubrí que cuando estaban de vacaciones, él y otros chicos se reunían en un claro cerca del río, en las afueras de la ciudad.
Otro niño que sabía de eso me dijo que ellos se reunían ahí para practicar magia.
Magia… Si puedo aprender a usar magia, entonces podré estar cerca de él.
Le pedí al abuelo que me enseñara magia, pero él dijo que aún era muy pronto para mí.
Como yo todavía quería aprender, le pregunté a los demás adultos, pero ninguno me quiso enseñar.
Estaba triste, porque si no podía aprender magia, no había modo de acercarme a él.
Entonces, un día mientras lo observaba durante su práctica, escondida en unos arbustos —era mediodía y ellos, como de costumbre, practicaban magia de viento—, me descuidé, y entonces una niña me descubrió.
—Vaya, vaya, miren lo que encontré por aquí~ Se llama Lonie.
Ella me arrastró fuera de los arbustos y me llevó hacia donde estaban los demás.
Estaba muy asustada.
¿Y qué si Therion pensaba que yo lo estaba mirando a escondidas?
Eso hice, pero no quería que él lo supiera.
Los demás niños me miraron en silencio, incluido Therion.
Él parecía no recordarme, pero no importa.
Después de unos segundos, el niño más grande me preguntó: —¿Cómo te llamas?
Traté de poner una cara seria.
Si notaban que estaba asustada, pensarían que estaba haciendo algo malo.
—Me llamo Faelith —respondí con voz firme.
—Dime, Faelith… ¿qué haces aquí?
¿Por qué nos espiabas?
“¡Oh no!
Se dio cuenta…” Intenté no entrar en pánico y respondí rápido: —Quiero aprender magia.
No era mentira.
De verdad quería.
Quizás no dije todo, pero no estaba engañando.
Los chicos se miraron entre ellos como si ya conocieran esa situación.
Alcancé a oír algunos murmullos entre ellos, cosas como “¿otra vez?” o “no podrá”.
Luego de unos segundos, el mayor habló: —¿Cuántos años tienes?
—Tengo cuatro.
—Ya veo… Escucha, no es la primera vez que un niño pequeño viene pidiéndonos que le enseñemos magia.
Este mes ya han venido cinco, pero ninguno lo logró.
Todos se fueron tristes.
La magia es difícil de comprender, especialmente para niños pequeños.
Podemos darte una oportunidad, pero si fallas y te deprimes… no será nuestra culpa.
Era arriesgado, pero decidí intentarlo.
La que me explicó todo fue la chica de antes, Lonie.
Me mostró cómo sacaba una bola de agua del río, cómo la hacía flotar entre sus manos y luego la lanzó al otro lado.
Ya lo había visto antes, así que no me sorprendí mucho.
Lo complicado fue su explicación: “autoconciencia”, “flujo de maná”… no entendí nada.
No sabía qué hacer, pero igual lo intenté.
Fracasé.
Todos me miraban como si ya supieran que iba a fallar.
Sentí las lágrimas en los ojos, pero lo volví a intentar… y fallé otra vez.
El chico grande me dijo que ya estaba bien, que lo dejara, pero no le hice caso.
Dijo “vamos” y todos se fueron a otro sitio.
Me quedé sola, intentándolo hasta que el sol empezó a bajar.
Recordé que el abuelo me dijo que no debía quedarme fuera cuando oscureciera, así que volví a casa.
Al día siguiente regresé.
—¿Tú otra vez?
—dijo el mayor, sorprendido—.
No te rindes, ¿eh?
No le respondí.
Solo caminé hasta la orilla del río y volví a intentarlo.
Lonie me acompañó todo el tiempo, explicándome con paciencia, pero la verdad es que no entendía nada.
Lo intenté todo el día y no logré ni una gota.
Estaba tan frustrada, con tantas ganas de llorar.
Los otros chicos empezaron a murmurar otra vez: —“Era obvio…” —“No puede hacerlo…” Lonie los miró molesta, y ellos se fueron.
Pero Therion no se fue.
En lugar de marcharse, vino hacia mí, puso su mano sobre mi cabeza y dijo: —¡Ánimo!
Sé que puedes hacerlo.
Solo con esas palabras sentí que podía levantar el río entero.
Ya no pensé en las explicaciones ni en las palabras difíciles.
Solo me concentré en una cosa: hacer una bola de agua.
Desde el centro de mi pecho, algo empezó a moverse, como si una corriente saliera por mi brazo hasta el río.
Levanté la mano y, con ella, una enorme bola de agua se elevó en el aire.
“¡Lo logré!” Miré hacia atrás.
Todos me estaban mirando.
Pero solo había uno que me importaba: Therion.
Y él me estaba mirando… ¡a mí!
Me emocioné tanto que quise impresionarlo.
Apunté la bola de agua a un árbol y le ordené que volara rápido hacia él.
En ese momento, mi cuerpo se sacudió y la bola salió disparada… pero no alcancé a ver si acertó.
Mis piernas se doblaron solas y me caí hacia atrás.
Todo se puso oscuro.
Cuando desperté, el cielo estaba pintado de un naranja suave.
¿Era el atardecer?
Me incorporé de golpe, mirando alrededor.
—Oh, ¿te despertaste?
—dijo Lonie sentada sobre una roca plana.
Estaba cuidándome.
Al recordar lo que había pasado, volví la cabeza hacia el árbol al que había apuntado.
Estaba ahí, intacto.
—Ya veo… fallé —susurré.
Justo entonces, los otros chicos corrieron hacia mí, con expresiones emocionadas: —¡Has despertado!
—¡¿Oye, cómo lo hiciste?!
—¡Eso fue increíble!
—¿Puedes hacerlo otra vez?
—¡Idiota!
¿Quieres que se desmaye otra vez?
Todos hablaban al mismo tiempo, muy emocionados.
Yo no entendía por qué tanto alboroto.
En medio del ruido, Therion se acercó y con la mirada me señaló una dirección.
Lo seguí con los ojos… y vi una enorme roca, al otro lado del claro.
Tenía un agujero justo del tamaño de la bola de agua que hice.
“¿Eso lo hice yo…?” Therion sonrió y dijo: —Sí.
Fue increíble.
Al escuchar eso, mi pecho se llenó de calor y mi corazón empezó a latir muy fuerte.
“Definitivamente… me gusta Therion.” Ese día, los chicos me aceptaron como parte del grupo.
Desde entonces empecé a reunirme con ellos seguido.
Como no recordaba cómo había hecho esa bola de agua, tuve que volver a aprender desde cero con Lonie.
Pero después de varios intentos, logré dominar la magia correctamente.
Con el tiempo, empecé a entender (bueno, solo un poquito) las cosas que Lonie me explicaba.
Las vacaciones terminaron, y ellos volvieron a la escuela.
A veces los veía, otras veces no.
Aun así, yo iba todos los días a practicar.
Cuando las clases terminaron otra vez, volvimos a reunirnos en ese mismo lugar.
Nunca pude hacer una bola de agua tan grande como la de ese día, pero no me importaba.
La prueba de que lo hice estaba ahí, marcada en la roca al otro lado del río.
La prueba de mi amor.
Fui muy feliz.
Por más de medio año me sentí como en un cuento.
Había dado el primer paso para conquistar al chico que me gustaba.
Hasta el día en que apareció cierta niña.
Tomada de la mano con Therion, actuando tan cariñosa, como si fuera algo normal.
Sentí que todo lo que había hecho fue solo una broma.
Odiaba a esa niña.
Esa niña que parecía venir a quitarme a quien más amaba.
Más tarde… esa niña se convertiría en mi mejor amiga.
Y viviríamos momentos increíbles juntas.
Pero esa… Es otra historia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com