Airen: Poder y Leyenda - Capítulo 6
- Inicio
- Todas las novelas
- Airen: Poder y Leyenda
- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 — Amigas para siempre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Capítulo 6 — Amigas para siempre 6: Capítulo 6 — Amigas para siempre Faelith dijo que seríamos amigas, pero no sabía bien cómo hacerlo.
Al principio me sentía rara con ella, así que usé como excusa las prácticas de magia.
Lonie dijo que estaba bien practicar magia de agua, así que eso hicimos.
Lo primero que quería aprender era cómo controlar el maná a distancia.
Pero a diferencia de Lonie, Faelith no sabe explicar bien.
Decía cosas que no entendía y a veces parecía que solo hacía las cosas por instinto.
Igual creo que es muy buena con la magia.
Después de escucharla muchas veces, pude entender un poquito lo que trataba de enseñarme.
Creo que el problema es que cuando trato de sacar el maná de mi cuerpo, lo imagino lejos, y por eso no puedo controlarlo.
Así que decidí imaginar que todavía es parte de mí, como si saliera, pero no se desconectara.
Imaginé que mi maná formaba una mano que seguía unida a la mía, incluso cuando estaba lejos.
Me costó varios días entenderlo bien.
Extrañaba a Lonie, pero no quería rendirme.
Después de dos semanas, logré hacer una bola de agua a distancia, aunque muy lenta.
También pude encender los cristales de luz de la casa.
Pero aún necesitaba mucha concentración.
Me tomó una semana más para hacerlo sin fallar.
En total, tardé un mes en aprender lo mismo que Faelith hizo en dos meses y medio con la ayuda de Lonie.
Así que creo que lo hice bien.
La magia es maravillosa.
No sé bien qué es el maná, pero está dentro de todos.
Cuando uso magia, siento que responde rápido, como cuando quiero mover mi mano y se mueve sola.
Ahora puedo hacer una bola de agua solo con pensarlo, aunque solo funciona si está cerca.
Faelith y los demás pueden hacerlo desde más lejos, pero cada día mejoro un poquito más.
Algo que no dejaba de pensar era por qué la bola de agua de Faelith fue tan fuerte ese día.
Se lo pregunté.
—Ah, sobre eso… —dijo ella, pensando mucho—.
Pues, agarré el agua y la apreté muy fuerte con el maná… así se hizo dura y luego la lancé.
—¿Eso es todo?
—Sí, eso es todo.
No estaba segura si era cierto, pero lo intenté.
Hice una bola grande, imaginé que la apretaba con el maná como si estuviera dentro de una esfera.
La lancé a un árbol delgado al otro lado del río.
Al principio voló bien, pero a mitad de camino se rompió.
—¿Qué pasó?
—preguntó Faelith.
—Creo que usé poco maná.
Lo intenté de nuevo con más maná.
Esta vez cruzó el río, pero al chocar con el árbol solo salpicó y no le hizo nada.
—¿Tampoco así?
—preguntó Faelith, preocupada.
—No… ¿segura que eso fue todo?
—Bueno… hay más, pero no sé cómo explicarlo… —Sabía que no era todo.
—Cuando hago una bola fuerte, uso mi maná y la hago dura… pero no como tú, Airen.
—¿Cómo, entonces?
—Pues… meto el maná dentro… —¿Eh?
¿Dentro?
—¡Ya sé!
Faelith levantó una bola de agua y recogió un puñado de tierra.
—Imagina que la tierra es mi maná —dijo, y la echó dentro de la bola de agua.
—…¿solo la mezclaste?
—¡Exacto!
—¡Lo tengo!
Volví a hacer una bola de agua, y esta vez, en lugar de rodearla con maná, lo mezclé.
No puedo ver el maná, pero sé dónde está.
Cuando todo estuvo mezclado, lo presioné con más fuerza.
Ahora la bola era firme y pesada.
Apunté al mismo árbol y la lancé.
Esta vez chocó con fuerza, estallando y marcando un poco la corteza.
—¡Sí!
Grité feliz.
Faelith me aplaudía con una sonrisa.
Estaba emocionada.
Probé muchas veces más, y se me ocurrió hacerla girar antes de lanzarla.
Así volaba más rápido.
Una vez hasta dejó un agujero en la corteza.
Aún era débil, pero me sentí muy orgullosa.
Incluso Faelith se impresionó, aunque ella lo hizo mejor al segundo intento.
Pensé que la magia es poderosa.
Si eso le diera a alguien en la cabeza podría hacerle mucho daño.
Y apenas estoy empezando.
Faelith cambió mucho estos días.
Ya no es la seria y gruñona que me miraba feo.
Ahora habla mucho, sonríe y le encanta contarme cosas sobre magia, sobre Lonie… y sobre Aran.
Le pregunté a Therion si notaba el cambio.
—¿Cambio?
¿No ha sido así siempre?
Dijo que siempre fue alegre con él.
Eso quiere decir que solo era así conmigo porque pensaba que quería quitarle a Therion.
Ahora me preocupa qué pasará cuando note cómo Lonie y Aran se miran… pero no seré yo quien se lo diga.
En algunas historias, castigan al que trae malas noticias… y Faelith sigue siendo más fuerte que yo.
Con la magia de agua, ya no tenía mucho más que aprender.
Lonie me enseñó a hacer cosas como paredes de agua, desviar la lluvia, y caminar sobre el río.
Pero eso último aún no lo logramos.
Lonie dijo que es porque somos pequeñas y no tenemos suficiente maná.
Pensé si tal vez alguien del pasado había hecho eso y lo creyeron un milagro.
Me dio risa.
—¡Tengo hambre!
—dije en voz alta—.
¿Debería invitar a Faelith?
—Oye, Faelith, ¿quieres venir a almorzar a mi casa?
—¿A la casa de Therion!?
—Sí, ¿quieres?
—¡Claro!
Pero debo pedirle permiso al abuelo.
—Está bien.
—¿Vienes conmigo?
Así conoces al abuelo.
—Vamos.
No lo tenía planeado, pero fui con ella a su casa.
Vive con su abuelo y su mamá.
Me dijo que su papá murió cuando era muy pequeña.
No quise hacer más preguntas.
Su casa era más pequeña que la mía, pero acogedora.
Al entrar, nos recibió una mujer muy bonita.
Se parecía a Faelith, así que supuse que era su mamá.
—Oh, ¿es tu amiga, Fae?
—Sí, mamá, es mi amiga.
—Mucho gusto —dije.
La señora me sonrió, pero luego me miró diferente, como si viera algo raro.
—…¿Eres humana?
No… la mitad… Ah, estaba mirando mis orejas.
—Sí, mi mamá es humana y mi papá elfo.
Me llamo Airen y tengo… —¡No me toques!
Intenté darle la mano, pero gritó y retrocedió.
Estaba alterada y me miraba feo.
—¡Faelith, te prohíbo volver a verla!
—¿¡Qué!?
—¡Es una orden!
¡No te acerques más a ella!
—¡Pero mamá!
—¡No me repliques!
¡Y tú, vete y no vuelvas!
No entendía qué pasaba.
Solo quería ser amable.
Ella señalaba la puerta, gritando.
Me sentí triste.
No sabía qué hice mal… pero quería preguntarle.
—¿Perdone, he hecho algo mal?
¿Por qué me habla así?
—pregunté sin entender.
—¡¿No me oíste!?
¡Lárgate!
Me empujó con fuerza, caí hacia atrás y me golpeé la cabeza con un mueble.
Me dolió mucho, y me asusté.
Empecé a temblar sin saber por qué, solo tenía miedo, mucho miedo.
Me encogí en el suelo, mirando a su cara molesta.
Era adulta, seguro sabía magia… si quería, podría hacerme daño.
No entendía qué había hecho mal.
—¡Ya basta!
—gritó un hombre desde dentro de la casa.
Su voz fue fuerte, y me asustó más.
Me levanté rápido y salí corriendo sin mirar atrás.
—¡Airen, espera!
—me llamó Faelith, pero no me detuve.
Solo quería irme.
Corrí lo más rápido que pude, sin detenerme hasta estar lejos de la ciudad.
Mi corazón latía muy fuerte y me dolía el pecho.
Me sentía como si algo malo me hubiera aplastado por dentro.
Nadie me había tratado así en esta vida.
Ni siquiera cuando Faelith me gritaba al principio me había sentido tan… tan mal.
Sentía que esa señora me odiaba.
—¡Oh, Airen!
¡Cuánto tiempo sin ver…!
—me saludó la mamá de Lavieh, pero no la miré, solo seguí corriendo.
Cuando llegué a casa, vi a mamá afuera y corrí más rápido.
Me lancé a sus brazos, y ella me atrapó enseguida.
—¡Airen!
¿Qué haces?
¿Estás bien?
No respondí.
Solo me aferré a ella, hundiendo mi cara en su pecho.
Me temblaban los labios, pero no quería llorar.
Me dolía mucho por dentro.
—Estás empapada en sudor, mi amor… —… —Bueno, está bien si no quieres hablar de ello.
Vamos adentro, ¿sí?
Asentí con la cabeza.
Entramos a la casa.
Más tarde, mamá volvió a preguntarme qué había pasado, pero no le dije nada.
Me quedé callada.
Después de pensar mucho, creí que todo fue porque ella supo que yo era mitad humana.
Aquí viven muchos elfos, y nunca vi otro humano que no fuera mamá.
Tal vez algunos piensan que eso está mal.
No quería preocuparla más.
Por la noche, papá también vino a mi cuarto.
Seguro mamá le dijo algo.
—¿Airen, pasó algo hoy?
—Es que… traté de usar magia de fuego y… casi me quemo —mentí.
—¡Airen!
¡Eso es peligroso!
¡Te dije que practicar magia de fuego sola no es buena idea!
Papá se alteró.
Alzó la voz y me asusté.
Me puse a llorar.
—… Perdón, hija.
No quise gritarte.
¿Tuviste un mal rato?
Lo siento mucho —me abrazó enseguida, y me calmé un poco.
Era un buen papá.
No como los papás malos de los cuentos.
Me dijo que no practicara más magia hasta entrar a la escuela, y le prometí que no lo haría.
Al menos por ahora no quería practicar nada.
Después se fue, pero entonces apareció Therion en mi puerta.
—¿Por qué le mentiste?
—me dijo con cara seria.
—… No mentí.
—Hace meses pasó lo del fuego.
Yo estaba ahí, ¿recuerdas?
Y Lonie te dijo que no practicaras sin ella.
No creo que hayas desobedecido eso.
—… —¿Qué fue lo que pasó realmente?
—Therion… ¿alguna vez alguien te dijo algo feo por ser mitad humano?
—¿Qué?
No… espera… ¿alguien te dijo algo a ti?
Le conté todo.
A él sí podía contárselo.
También era mitad elfo como yo.
Al escucharme se puso de pie muy molesto.
—¡Esa mujer va a oírme!
—¡No!
¡Por favor, no hagas nada!
—¿Vas a dejarlo así?
—Es mi problema… yo lo voy a resolver.
Por favor.
Therion suspiró.
Aunque estaba enojado, prometió no hacer nada.
También me prometió no contarle a nadie.
Al día siguiente, no salí de casa.
Therion y papá salían por las mañanas y volvían tarde.
Mamá hacía los quehaceres del hogar.
Ese día la ayudé.
Lavamos ropa, limpiamos la casa y cocinamos.
Bueno, ella cocinó… yo solo le pasaba las cosas.
Era la primera vez que ayudaba, y descubrí que no era muy buena en eso.
Pasaron dos días más.
No fui al claro.
Le había dicho a Therion que resolvería esto, pero no hice nada.
No sabía cómo.
Solo lo dejé así por ahora.
Por la tarde, vi a mamá entrenando con su espada en el patio.
Ya la había visto hacerlo antes, pero esta vez la observé más.
Movía su espada delgadita muy rápido.
Parecía la de los cuentos.
—Mamá… —¿Sí, cielo?
—¿Por qué tienes orejas pequeñas?
—¿Eh?
Ah, porque soy humana.
—¿Qué es una humana?
—Pues… somos como los elfos, pero distintos.
Los elfos tienen orejas largas, y nosotros no.
Además, los elfos son muy rápidos y elegantes.
—¿Te gustan los elfos?
—Claro, me enamoré de tu padre desde que lo vi.
Tenía quince años entonces… aunque él sigue igual de guapo —se rió.
—¡Cuéntame más!
Me contó que vivía en Lános y un día vio un grupo de jóvenes elfos que viajaban.
Uno era papá.
Ella se enamoró de inmediato y logró que él también se enamorara.
Pero como papá debía volver a Valadhiel, mamá decidió irse con él, incluso si eso significaba pelear con sus padres.
Dos años después nació Therion, y después yo.
—¿Los elfos odian a los humanos?
—¿Odiar?
No, aunque hace muchos años hubo una guerra.
Pero ahora hay paz… ¿por qué preguntas eso?
—Ah… solo tengo curiosidad.
—¿Segura que no es por lo que pasó el otro día?
—¡No, de verdad!
Solo quería saber.
—Bueno.
Pero sí, hay gente que no ve bien a los humanos.
Dicen que los elfos son superiores.
Y a veces… también miran mal a los medio elfos.
—¿Cómo yo?
—Sí, pero no todos.
Algunos nobles son así.
Mejor no te acerques mucho a los nobles, cariño.
A veces piensan que son mejores que todos los demás.
—Está bien.
Gracias, mamá.
¿Dónde está papá?
—Trabajando en el nuevo proyecto.
¿Recuerdas los planos que entregaron juntos?
Era para la nueva universidad.
—Ah, eso era.
Después de hablar con mamá, entendí que ser medio humana no es malo.
La mamá de Faelith me trató mal por otra razón.
No quiero esconderme para siempre, así que mañana iré a verla y le pediré una explicación.
Tal como había planeado, al día siguiente me preparé para salir y, armándome de valor, salí de casa.
Crucé el campo y seguí el camino hacia la ciudad.
“Voy a arreglar este asunto de una vez por todas”, pensé con decisión.
Pero decirlo era más fácil que hacerlo.
Estaba justo frente al camino que llevaba hacia Pyrenhal, ni siquiera llegué a caminar hasta la casa de Kael, me detuve y me quedé de pie, sin saber muy bien qué hacer.
“No puedo solo ir y tocar la puerta como si nada… seguramente su mamá me eche a empujones otra vez…”.
Pensé que era muy pronto para ir y me di media vuelta para regresar a casa, pero tampoco podía regresar.
Sentía que, si lo hacía, seguiría huyendo para siempre.
—Oye… ¿eres la amiga de Faelith?
—¡Iwah!
—grité al sobresaltarme.
Alguien me habló desde atrás y, cuando volteé, reconocí al señor que había visto en casa de Faelith la última vez.
Su aparición repentina me asustó, y me alejé de él un poco.
Lo miré por unos segundos y pensé en salir corriendo otra vez, pero justo cuando iba a hacerlo, él habló: —¡Espera!
No te vayas, por favor.
Me quedé quieta.
“¿Qué hace aquí?
¿Vino para buscarme?
¿O fue casualidad?” No parecía molesto conmigo.
Tampoco me había hecho nada malo aquella vez.
Más bien, él parecía molesto con la mamá de Faelith.
—¿Q-qué quiere?
—pregunté tímidamente.
—He venido a disculparme contigo y con tus padres por lo que hizo mi hija.
Estoy muy avergonzado.
—¿Su hija?
“¿Se refiere a la mamá de Faelith?
¡Ah!
Entonces… ¡él es su abuelo!” —No espero que perdones a mi hija, ella te trató terriblemente sin que tú tuvieras culpa de nada… pero por favor, no dejes de ser amiga de Faelith.
—…Solo quiero saber una cosa… ¿por qué la mamá de Faelith se enojó tanto conmigo?
—Sí… supuse que preguntarías eso.
Verás… en un principio, Leriel —mi hija— y su esposo Aerion vivían en una aldea pequeña al norte de Astald.
Poco después de que Faelith naciera, decidieron mudarse a Pyrenhal porque ya habían pasado cosas peligrosas allá… intentos de secuestro a niños.
Pero justo el día que se fueron, fueron atacados por gente mala en el camino.
Aerion fue… fue lastimado.
—¿Gente mala como… humanos malos?
—pregunté, con un nudo en el estómago.
—Sí… fuiste muy lista en darte cuenta.
Él se sacrificó para que su esposa e hija pudieran escapar con vida.
—Entonces… ella se enoja conmigo porque soy mitad humana… —No es que te odie.
Está muy arrepentida.
Pero… lo que pasó le trajo recuerdos que tenía muy guardados.
El Reino de Áglar atrapó a todos los que hicieron eso, pero parece que Leriel nunca lo superó del todo… y guardó rencor sin darse cuenta, confundiendo a los malos con todos los humanos.
—¿Y Faelith?
—Ella fue a buscarte cuando saliste corriendo… pero no sabía dónde vivías.
Te buscó por toda la ciudad hasta que al final, al atardecer, yo mismo salí a buscarla y la encontré llorando en las afueras.
—¿Ella lloraba?
—Sí… estos últimos días hablaba solo de ti.
Decía que ahora no se sentía sola, que tenía una amiga de verdad.
Cree que ya no la quieres.
Me sentí pequeñita.
Como si se me hiciera un hoyo en el pecho.
“¿Por qué corrí así?
¿Por qué no volví antes?
¡Ella pensó que yo la odiaba!” —Yo… yo no le conté nada a mis padres —le dije con la voz bajita—, y no quiero que lo sepan, por favor… —Lo entiendo.
Y lo prometo.
¿Y tú?
¿Aún quieres verla?
—¡Sí!
Justo estaba por ir… pero no me atrevía.
—Ella está en el claro donde solían jugar.
Dice que si espera ahí… algún día tú aparecerás.
Oh, mira, creo que tus padres vienen hacia aquí… —¡¿Qué?!
—me giré rápido.
¡Mamá y papá venían desde la casa al ver que hablaba con alguien!
—Iré a ver a Faelith, pero no le diga nada de esto a mis padres.
Es un trato.
—Trato hecho.
Eres aún más sabia de lo que Faelith dice… —¿Ella… dice eso de mí?
—Todo el tiempo.
“Faelith…” —Y dile… que no la odio.
Y… que siento mucho lo que le pasó a su papá.
—Te lo agradezco.
—Hola, ¿puedo ayudarle en algo?
—dijo papá al acercarse.
—Buen día.
Me llamo Garluen, soy el abuelo de Faelith, la amiga de su hija.
Solo pasaba por aquí y la vi.
Espero no haber causado molestias.
—Por supuesto que no.
Soy Aerithor, y ella es mi esposa Elidri.
—Un placer.
Tienen una hermosa casa… ¿puedo saber quién la diseñó?
—Fue mi maestro, Hesgar.
—¡¿Hesgar?!
¡Ahora entiendo por qué se me hacía conocida!
Tiene su estilo único.
—¿Conoce al maestro Hesgar?
—Oh, sí.
Amigos desde que éramos niños.
—¡Qué sorpresa!
¿Le gustaría seguir conversando adentro?
De paso le invito algo.
—Encantado.
“Ya esto me estaba aburriendo…” —Papá, ¿puedo ir a la ciudad?
¿Está bien?
—Está bien.
Pero vuelve antes de que oscurezca.
—Sí.
Antes de irme, miré a Garluen.
Él me sonrió y me guiñó un ojo.
Confiaré en él… solo por ahora.
Caminé todo el camino hasta el claro rocoso.
Justo como él dijo, Faelith estaba allí, sentada a la orilla del río, lanzando piedritas al agua.
Cuando oyó mis pasos, se giró y abrió mucho los ojos.
—Mmm… hola —dije yo.
—¡Lo siento mucho!
—gritó entre sollozos.
La vi llorando… y sentí que me rompía por dentro.
Ella debió estar esperando aquí todos los días, preguntándose si la odiaba.
“¿Por qué tuve miedo?
¿Por qué salí corriendo como una boba?
Solo fui a esconderme con mamá… qué vergüenza.” —Faelith… no importa.
Ya lo olvidé.
—Pero… lo que pasó con mamá… —Hey… ¿no recuerdas?
¡Somos amigas para siempre!
Faelith corrió hacia mí y me abrazó fuerte.
Mientras lloraba, yo también dejé caer una lágrima.
Pero esta vez era de alegría.
Volvimos a la normalidad.
Me contó que se enojó mucho con su mamá al principio, pero después su abuelo le explicó todo y ella la perdonó.
Su mamá también le pidió disculpas.
—La próxima vez tráela a casa —dijo mi mamá.
—¿Ah, sí?
Jajaja… quizás algún día.
“No pienso ir por allá de nuevo…” —Ahora que lo pienso… nunca te llevé a mi casa.
¿Quieres ir ahora?
—¡Claro!
Esta vez fue sin pedir permiso, y… por si acaso, para evitar accidentes.
Cuando llegamos, su abuelo todavía estaba charlando con papá.
Faelith se sorprendió, pero dijimos que fue una coincidencia.
Como disculpa, le di una visita guiada… incluyendo la habitación de Therion… con él a medio vestir.
¡Ups!
Después de eso, seguimos viéndonos todos los días.
A veces venía a mi casa; su abuelo le dio permiso para visitarme cuando quisiera.
Pasaron los días y llegó el invierno.
Como hacía tanto frío, ya no íbamos al claro tan seguido.
Nos reuníamos más en mi casa.
Una cosa curiosa es que, aunque puedo usar magia de agua… no puedo controlar la nieve o el hielo.
Cada vez que lo intentaba… ¡se derretía!
“Parece que aún me falta mucho por aprender…” Los otros chicos ya terminaron clases.
Faltan tres meses para que empiece el nuevo año escolar.
Según Therion, se reúnen más en verano que en invierno.
Kael es la excepción, claro, porque es mi vecino.
Y así… fueron pasando los días.
Hasta que llegó el día de asistir por primera vez a la escuela de magia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com