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¡Alfa, se acabó el tiempo de nuestro contrato matrimonial! - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 Ardiendo de celos
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18: Capítulo 18: Ardiendo de celos 18: Capítulo 18: Ardiendo de celos Punto de vista en tercera persona:
—¿No vas a presentarnos, Hailey?

—dijo la mujer, mientras se sentaba en la silla disponible sin preguntarles.

Teresa Gatsby enarcó una ceja, cuestionando los modales de la joven por la rudeza con la que los había interrumpido y se había sentado sin permiso.

—¿Quién debe de ser esta jovencita, Querida?

—preguntó Teresa Gatsby a Hailey, que miraba a su exmejor amiga, quien sonreía descaradamente pensando que le había arruinado el desayuno a Hailey.

—Abuela, ella es mi amiga de la universidad, Sadie Saylor.

Y Sadie, ella es la señora Teresa Gatsby, la abuela de Sherman —los presentó Hailey.

Los ojos de Sadie se abrieron desmesuradamente al oír el apellido Gatsby.

Se enderezó y, con una falsa sonrisa educada, se giró hacia la mujer mayor.

—¿Ah, sí?

¿Señora Gatsby?

Encantada de conocerla —Hailey puso los ojos en blanco ante la falsa sinceridad de su exmejor amiga y la forma tan educada en que hablaba, cosa que nunca hacía.

—Encantada de conocerla también, señorita Saylor —la Abuela Gatsby no dijo nada más y dio un sorbo a su café, dejando a Sadie en una situación incómoda.

Parecía que la mujer mayor lo hacía a propósito.

—Y bien, ¿Hailey?

¿Cuándo es la boda?

Francisco y yo nos casamos en un mes —parloteó Sadie como un disco rayado, sin mirar a Hailey ni a la mirada fulminante que esta le dirigía.

—Será en dos meses, Sadie.

Y felicidades a ti y a Francisco —murmuró Hailey, dando un sorbo a su café y rezando para que Sadie se fuera.

Si la abuela se enteraba de que Francisco y ella habían tenido una relación hacía un mes, entonces se daría cuenta de que la historia de Sherman y ella era una patraña y que algo no encajaba.

—Señora Gatsby, tiene que venir a mi boda.

Le enviaré la invitación, será un honor para nosotros —Sadie solo quería la popularidad que obtendría en el círculo social si la gran Teresa Gatsby iba a su boda.

No tenía buenas intenciones, solo avaricia.

—Claro, claro —Teresa Gatsby despachó a la joven y se concentró en su desayuno.

Estaba segura de que no iría a su boda.

El teléfono de Hailey vibró en su bolso y lo sacó para ver que Sherman la estaba llamando desde que había llegado a la cafetería.

Tenía tantas llamadas perdidas de él que se asustó, pensando que le había pasado algo a su madre.

Iba a contestar la llamada, pero un jadeo de sorpresa la distrajo.

Sadie tenía los ojos como platos y miraba a alguien o algo detrás de Hailey.

Hailey giró la cabeza para mirar a la persona y su corazón se detuvo y su estómago dio un vuelco extraño.

Se volvió hacia Teresa Gatsby, que tenía una amplia sonrisa en el rostro.

—Buenos días, Abuela.

¿Cómo estás?

—saludó Sherman a su abuela mientras sus ojos se posaban brevemente en Hailey, pero no dijo nada.

Su máscara de frialdad e indiferencia seguía intacta.

Sadie todavía estaba en shock y quizá hipnotizada por el apuesto hombre.

Cualquiera con ojos podía ver la envidia que derrochaba.

Estaba celosa de Hailey.

¿Por qué siempre conseguía ella las cosas buenas?

¡Primero fue Francisco y ahora Sherman!

Francisco se estaba quedando calvo y no era tan guapo como Sherman, ni tan rico como él, pero no podía hacer nada.

Aquel hombre la congelaría hasta la muerte con su fría mirada, aunque no podía evitar intentarlo; Francisco la había rechazado al principio, pero luego se rindió a su seducción.

Una sonrisa de suficiencia apareció en su rostro al pensarlo y Sadie estaba segurísima de que todos los hombres eran iguales.

Sin duda, caerían bajo su hechizo.

—¡Oh, mi diosa!

¿Sherman?

—Hailey se burló del intento desesperado de Sadie por ser amistosa y querer la atención de su prometido.

Hailey estaba segura de que él rechazaría sus insinuaciones y la insultaría, pero para su sorpresa, él soltó una risita y estableció contacto visual con la zorra intrigante.

—Sadie, ¿no?

—su voz grave y profunda contenía un matiz de diversión y el corazón de Hailey se encogió dolorosamente.

Un gruñido bajo y furioso amenazó con escapar de sus labios y quiso mostrarle a esa zorra a quién pertenecía él, pero él tampoco era suyo.

Se recostó en su asiento, ardiendo de ira y celos.

Sherman lo estaba haciendo a propósito y estaba funcionando.

—¡Abuela!

No me encuentro bien, ¿puedo irme?

Nos vemos mañana —dijo Hailey con una expresión de disculpa.

—Está bien, querida, mañana hablaremos de la fiesta de compromiso en el desayuno o en el almuerzo.

Cuídate, cariño —Hailey le dio un abrazo a la mujer mayor, ignorando por completo a la bruja que estaba sentada allí con la boca abierta ante la información.

Si creía que iba a recibir una invitación, aunque fuera un matrimonio falso, estaba muy equivocada.

Hailey se levantó de la mesa tras despedirse y sin molestarse en mirar a ninguna de las personas presentes en la mesa.

Podía oír unos tacones siguiéndola al salir por la puerta y aun así no se molestó en detenerse y hacerle caso.

—¡Hailey!

¡Para!

—la llamó la voz de Sadie, pero no se detuvo y la ignoró.

No le debía ninguna cortesía y, si Sadie pensaba que había olvidado su traición, se llevaría una buena sorpresa.

—¡Oh, mi diosa!

Caminas superrápido, ¡Hailey, para!

—la alcanzó y le puso la mano en el hombro para detenerla.

Hailey apretó los dientes con rabia ante la audacia de esta chica para hablarle tan descaradamente y comportarse como si nada hubiera pasado.

—¡¿Qué coño te pasa?!

—gruñó Hailey, sus caninos se alargaron y estaba lista para transformarse en su loba y hacerla pedazos.

La loba de Hailey estaba ansiosa por clavar sus garras en su carne.

—¡Huy!

Yo… lo siento.

Cálmate —tartamudeó Sadie con los ojos muy abiertos por el miedo.

—Nunca me calmaré en tu presencia.

No sé a qué juego estás jugando haciéndote la simpática, pero no he olvidado que te acostaste con mi exnovio —ambas estaban en el aparcamiento y no había nadie a su alrededor.

—Hailey, sé que lo que hice estuvo mal y lo lamento —dijo Sadie en voz baja y con un puchero triste en los labios.

—Ahórrate las gilipolleces.

Ya me importa una mierda, pero escucha con atención, ¡Sadie!

Aléjate de mi Prometido, ÉL ES MÍO —un gruñido bajo de advertencia se escapó de los labios de Hailey mientras su mirada se conectaba con la de Sadie, que temblaba de miedo.

Sabía que no tenía ninguna posibilidad de luchar contra Hailey porque Hailey era Sangre Alfa y Sadie provenía de una familia Omega.

—¡¿Lo has entendido?!

—preguntó Hailey, su voz sonaba furiosa y exigente.

Su cuerpo estaba en posición de combate.

—S… sí —Hailey se dio la vuelta después de dejar clara su postura y empezó a caminar hacia la carretera para parar un taxi, cuando de repente alguien la agarró y la metió en el cuarto de la limpieza, dejándola en la oscuridad.

Un grito se le atascó en la garganta cuando la persona que la había metido dentro le tapó la boca con la palma de la mano.

Hailey empezó a entrar en pánico y su corazón latía muy deprisa.

El cuarto parecía cerrarse a su alrededor y atraparla dentro para siempre.

Hailey era claustrofóbica y odiaba estar en lugares pequeños; para ella era como vivir una pesadilla.

Hailey pareció desmayarse mientras se ahogaba, buscando aire.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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