¡Alfa, se acabó el tiempo de nuestro contrato matrimonial! - Capítulo 28
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Capítulo 28: Capítulo 28 fiesta de compromiso
Punto de vista de Hailey:
Ahora mismo estoy sentada en el coche de Sherman. Dion conduce y Sherman está a mi lado, con su característica actitud taciturna. No hemos hablado de nada después del arrebato en la cocina esta madrugada. No hay nada de qué hablar, nos hemos estado evitando activamente.
Puedo sentir su ira hacia mí; es un hombre al que le gusta tener el control, y yo no le di ese control sobre mi vida. Él no sabe que la dinámica de mis sentimientos por él ha cambiado.
Puede que él siga pensando que es falso, pero una pequeña parte de mí no quiere que lo sea, y esa parte me asusta más porque no quiero que me hagan daño.
—Mañana iremos a la oficina del registro para inscribir el matrimonio. Dion te recogerá por la mañana en el ático. —El tono duro de Sherman me sacó de mis pensamientos. Él siempre consigue una reacción de mí; quizá sea su voz, que me provoca escalofríos por la espalda; su aroma, que hace que me dé vueltas la cabeza; o su presencia, que enciende mi cuerpo.
—De acuerdo —dije con voz queda, sin mirarlo, por miedo a que mis ojos delataran lo que empiezo a sentir por él.
Llevaba puesto el vestido que la abuela Teresa me compró; se ceñía a mi cuerpo a la perfección e hice un maquillaje atrevido. Cuando me planté frente al espejo, sentí como si estuviera viendo a otra persona. Estaba despampanante, y la expresión de Sherman fue una sorpresa: sus ojos se oscurecieron mientras recorrían mi cuerpo y su mandíbula se tensó, pero no me hizo ningún cumplido.
Me decepcionó, pero le resté importancia como siempre hago con todo.
—Ignora a mi madre y a mi hermana. No eres la verdadera nuera de los Gatsby, así que no deberías molestarte en responder a sus provocaciones. —Una vez más, su voz me provocó escalofríos por la espalda, pero también se me revolvió el estómago. No necesita recordarme que esto es falso.
—¡¿Necesitas recordarme que no es más que una farsa?! ¿Crees que tengo amnesia? —espeté, lanzándole dagas con la mirada. Nuestros ojos se encontraron y mi loba gimió.
—¡¿Tienes algún problema con que te lo recuerde?! —preguntó, con una sonrisa ladina dibujada en los labios. Aparté la cara, rompiendo el contacto visual.
—Soy capaz de recordar las cosas, señor Gatsby. No se moleste en recordármelo. —De repente, tiró de mí para sentarme en su regazo. Como el vestido era tan ajustado, no pude sentarme a horcajadas sobre él, pero eso no le impidió apretar mi cuerpo contra el suyo.
—Sherman, llámame Sherman. No señor Gatsby —susurró sobre mis labios. Tragué saliva mientras mis ojos se posaban en los suyos y el impulso de besarlo se volvía intensísimo.
—Esto es falso, es un negocio. En privado, lo llamaré señor Gatsby —dije, sin cederle ningún poder sobre mí.
—Jefe, ya hemos llegado. —La voz de Dion rompió nuestra burbuja y me zafé de él. Respiré hondo y esperé a que Dion abriera la puerta, pero fue Sherman quien se acercó y la abrió.
Me ofreció la mano para que la tomara, y en cuanto la puse sobre la suya, un cosquilleo me recorrió el brazo al instante.
—No quiero ningún tipo de drama esta noche. Evítalo tanto como puedas —me advirtió. Puse los ojos en blanco discretamente y caminamos de la mano hacia la puerta. Sigo sintiendo lo mismo que la primera vez que vine aquí. Tengo el estómago encogido por los nervios.
—¿Crees que me gusta montar dramas? Dile a tu madre y a tu hermana que se mantengan alejadas de mí —bufé, mientras la ira y el dolor que me causaron sus palabras me hacían temblar y agotaban mi paciencia.
—Hailey, no quise decir eso… —Sus palabras fueron interrumpidas por la voz de la abuela Teresa. Muchos coches entraban por el camino de acceso y la gente en la entrada se fijó en Sherman y en mí cuando la abuela gritó nuestros nombres.
Odio ser el centro de atención y ahora mismo estoy en el puto foco. Invocando a mi cabrona interior, esbocé una sonrisa radiante y caminé con la espalda recta y la cabeza bien alta.
—¡Oh, mi diosa! Qué guapos estáis los dos —dijo la abuela mientras nos abrazaba a ambos. No había ni rastro de la señora Gatsby, la madre de Sherman, por la zona, y respiré aliviada.
—Gracias, abuela, tú también estás preciosa —le devolví el cumplido mientras nos hacía pasar al interior de la mansión, que bullía de gente. Mi nariz hormigueó con toda clase de aromas que se mezclaban en el aire.
—¡Oh, Sherman! Ven a conocer a mis amigas —llamó la voz de la señora Gatsby. Mis ojos se posaron en ella, que estaba de pie con unas mujeres que nos miraban, y sobre todo a mí, con ojos críticos.
—Ven. —Sherman empezó a caminar hacia su madre mientras la abuela iba a atender a los otros invitados. De verdad que no quiero estar cerca de ella, y ni siquiera me había dirigido la palabra.
—Señoras, os presento a mi hijo, Sherman —lo presentó a las tres mujeres, que lo inspeccionaban como si fuera un trozo de carne. Sé que Sherman es un espécimen atractivo, pero lo estaban desnudando con la mirada descaradamente delante de mí.
—Sí, sí, siempre lo vemos en las revistas de negocios. Es mucho más guapo en persona —lo halagó una mujer con un vestido azul, y las otras dos asintieron.
—Es un hombre de negocios de mucho éxito —se jactó la señora Gatsby, ignorándome por completo.
—Gracias, madre. Encantado de conoceros. Esta es mi prometida, Hailey Synders, es una doctora de mucho éxito —me presentó Sherman, y yo les dediqué una sonrisa educada.
—Hola, señora Gatsby. Encantada de conoceros —saludé a la madre de Sherman y a las mujeres. La madre de Sherman tenía el ceño fruncido al dirigirse a mí. No me importa si le caigo bien o no.
—¡Vaya! ¡Una doctora! ¿Y tus padres? ¿Han venido hoy? —preguntó la mujer del vestido azul. Parece una entrometida que quiere saberlo todo.
—Mi madre está en el hospital, acaba de someterse a una operación y necesita mucho descanso. —Ignoré la parte de los padres y solo les hablé de mi madre. No quiero a mi padre cerca de mí, ni en pintura.
—Es una pena, pero no te preocupes, señorita Synders. He invitado a tu padre y a su otra familia. Deben de estar de camino. —Giré la cabeza bruscamente hacia la señora Gatsby, que tenía una sonrisa de suficiencia en los labios.
¡¿Qué coño quería decir con que había invitado a mi padre?! ¡Y a su otra familia! Empecé a temblar de ira cuando sus palabras calaron en mi cabeza. Él no es mi padre y no lo quiero ni cerca.
Lo arruinará todo. Simplemente no puedo arruinarle esta fiesta a Sherman; él ha pagado la operación de mi madre y no puedo estropear su parte del trato.
¡¿Cómo sabía quién era mi padre?! Me da vueltas la cabeza y no sé si podré seguir en su presencia mucho más tiempo.
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