¡Alfa, se acabó el tiempo de nuestro contrato matrimonial! - Capítulo 30
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Capítulo 30: Capítulo 30: Maquinando en mi contra
Punto de vista de Hailey:
—Señoras y señores, gracias a todos por acompañarnos hoy. Los he invitado para presentarles a mi futura nieta política, Hailey Synders. Démosle la bienvenida a la familia Gatsby —anunció la abuela Teresa mientras Sherman y yo estábamos a su lado.
Todos aplaudieron mientras la abuela nos abrazaba a ambos. Sentí el corazón muy pesado, abrumado por la culpa. No quiero engañar a la abuela, pero no tengo otra opción.
—Muchas gracias, querida —dijo la abuela Teresa, abrazándome una vez más. Tenía lágrimas en los ojos y una gran sonrisa en los labios, y la culpa dentro de mí se intensificó.
—¿Por qué me das las gracias, abuela? —pregunté, mientras la gente se reunía alrededor de Sherman para felicitarlo.
—Por aceptar a Sherman y darle una oportunidad. Nunca pensé que vería el día en que se casara, y ahora estoy feliz de poder morir sin preocuparme por él. —Sus palabras me oprimieron el corazón. ¡Cómo podré mirarla a la cara cuando todo esto termine!
—Es un buen chico, abuela. Soy la chica más afortunada por tenerlo en mi vida —dije. Sí, Sherman es generoso; si hubiera querido, no habría tenido que ayudarme, pero aun así eligió hacerlo.
—Hailey, ¿no nos vas a presentar? —preguntó la irritante voz de Madeline a mi lado. Giré la cabeza y vi a mi madrastra y a Tiana allí de pie, con sonrisas de superioridad en sus rostros.
Seguro que quieren insultarme.
—Abuela, ella es la esposa de mi padre, Madeline, y su hija, Tiana. —Podía ver la ira de Madeline por mi elección de palabras.
—¿Ah, sí? Encantada de conocerlas. Soy la abuela de Sherman. —Se dieron la mano.
—Es una lástima que la madre de Hailey no haya podido venir, pero tiene la costumbre de abandonar a su hija. —¿Qué tonterías estaba diciendo? Mi cuerpo empezó a temblar de ira.
—Sabes muy bien dónde está mi madre ahora mismo, Madeline. La operaron y está en el hospital —bramé. Si quería sacarme de mis casillas, lo estaba consiguiendo.
—Quizás, pero tiene un historial de mentiras —graznó como si fuera una broma. Sentí un escozor en los ojos y la cara se me acaloró. Quería arrancarle los pelos y molerla a golpes.
No tenía derecho a venir aquí a soltar mentiras y sandeces.
—¡Abuela! Te hablé de la madre de Hailey, ¿verdad? Está en nuestro hospital recibiendo el mejor tratamiento. —La voz de Sherman me interrumpió justo cuando abría la boca para ponerla en su sitio.
—Sí, sí, Sherman. Me disculpo. Querida, quería conocer a tu madre, pero no me encontraba bien —dijo la abuela. Ignoró por completo al par de madre e hija.
—No pasa nada, abuela. Descansa —dije.
—Ven, abuela, la Sra. Williams quiere conocerte. —Sherman se la llevó mientras sus ojos se encontraban con los míos. No había nada en sus ojos salvo ira.
—¡En serio, Madeline! ¡Has caído muy bajo! ¡Y para qué! —dije entre dientes. Los ojos de Madeline se entrecerraron hacia mí, y Tiana seguía con su acto de inocencia, lo que me sacaba de quicio.
—No te mereces nada de esto. Mi hija debería estar en tu lugar —dijo con desdén, mostrando su fea cara en ese momento.
—¡Ah! Así que ese es el motivo por el que te comportas como una imbécil. Pensaba que habías perdido la cordura. —A Tiana se le escapó un jadeo al oír mis palabras. Nunca me había visto defenderme, a pesar de que su madre me trataba como a la basura.
—¡Cómo te atreves! Tu padre se va a enterar de esto, Hailey. No puedes faltarme el respeto de esa manera solo porque te vayas a casar con un Gatsby —dijo con desdén.
—¡Hailey! ¿Por qué eres tan cruel con mi madre? —alzó la voz Tiana, con lágrimas falsas cayendo de sus ojos. Su plan era llamar la atención y arruinarme la noche.
—No hagas esto, Hailey, mi madre solo quiere lo mejor para ti. —Me tomó las manos, suplicante. En serio debería dedicarse a la actuación. Es una actriz ridículamente buena.
—¡Tiana! ¡Qué estás haciendo! ¡Suéltame! —Traté de soltar mis manos de su agarre, pero sus uñas se clavaron en mis muñecas.
—¡Hailey! Por favor, todo el mundo está mirando. Te pediré disculpas. —Giré la cabeza y vi que la atención de todos estaba sobre nosotras y que estaban susurrando. Sherman no aparecía por ninguna parte.
Mis ojos lo buscaban frenéticamente.
—Tiana, esto no es divertido, suéltame —gruñí, intentando soltar mis manos una vez más, pero ella era más fuerte que yo. Se acercó a mí como si fuera a abrazarme.
—¿Crees que voy a dejar que te quedes con todo esto? No mereces ser feliz, Hailey —susurró, con una cruel sonrisa de superioridad reemplazando su puchero preocupado.
—Tiana… —No me dejó terminar la frase. Se echó hacia atrás y, como a cámara lenta, cayó dramáticamente al suelo, chillando.
—¡Tiana! ¡Mi bebé! —chilló Madeline, corriendo hacia Tiana.
—¡Por qué la empujaste, bicho raro! —acusó Shannon, que estaba a mi lado. Todos me miraban con acusación, como si la hubiera empujado, pero no lo hice. Estaba actuando; era ella la que me sujetaba las manos y fue ella misma la que se apartó de mí de un empujón.
—Yo… yo no lo hice. Ella… —Traté de explicar, pero los ojos de todos estaban fijos en mí.
—¡Cállate! Todo el mundo vio lo que le hiciste a tu hermanastra. No hace falta que lo niegues —dijo la madre de Sherman, con el asco escrito en su cara.
—Sra. Gatsby, yo no hice nada. Ella me estaba sujetando las manos… —Mi cara se giró bruscamente hacia un lado mientras mi mejilla ardía.
—¡No tienes vergüenza al mentir, Hailey! ¡Empujaste a mi hija, no abre los ojos! ¡Cómo te atreves a mentir! —Madeline fue la que me abofeteó. Las lágrimas me quemaban en los ojos, pero me negué a llorar delante de ellos.
Si querían incriminarme por algo que no había hecho, que así fuera. Ya no iba a dar más explicaciones. Consiguieron lo que habían venido a buscar.
—No entiendo qué ha visto Sherman en ella. Es una mentirosa, una cazafortunas —refunfuñó la madre de Sherman, recorriéndome de la cabeza a los pies con la mirada llena de asco.
—Es igual que su madre. Ambas son codiciosas de dinero y poder —dijo Madeline, uniéndose a la madre de Sherman para insultarme delante de todos.
—¡No te atrevas a meter a mi madre en esto! —gruñí. Mi loba estaba lista para saltar sobre esta loca que arruinó la vida de mi madre y ahora estaba arruinando la mía. No se lo permitiría.
—¡Qué vas a hacer! ¿También me vas a empujar a mí como empujaste a mi hija? —Madeline se me acercó, con la cara pegada a la mía. Podía ver sus intenciones con claridad. Quería humillarme y que los Gatsby me echaran para tomar a Tiana como su nuera.
—No la empujé —refunfuñé, encontrándome con su mirada. Era muy difícil reprimir a mi loba cuando lo único que quería era salir y hacer trizas a esta gente.
—Eres una chica muy trastornada, que no tiene ni vergüenza ni dignidad. No mereces ser la esposa de nuestro precioso hijo —dijo la Sra. Gatsby con desdén, sujetándome el brazo con fuerza mientras sus afiladas uñas se clavaban en mi piel.
—¿Qué está pasando aquí? —retumbó la voz de Sherman. Las lágrimas que había estado conteniendo desde que empezó este drama rodaron por mis mejillas y un sollozo se escapó de mis labios. No sabía si me creería a mí por encima de su madre y su hermana, pero verlo en medio de estos extraños me hizo perder el control que tenía sobre mis emociones.
—¡Sherman! Mira lo que ha hecho esta chica. —La Sra. Gatsby me soltó el brazo y un siseo se escapó de mi boca al ver los arañazos que sus uñas habían dejado en él.
Los ojos de Sherman se movieron hacia mí y nuestras miradas se encontraron. No voy a explicarle nada; si quiere pensar que yo tengo la culpa, que lo piense, no me importa.
—¡Qué ha hecho, madre! —preguntó, sin apartar la mirada. No había nada en su rostro: ni ira, ni emoción, nada. Era como mirar a la nada.
Respiré hondo y mantuve la cabeza alta para aceptar lo que me estaba pasando. No me iba a doblegar ante nadie.
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