¡Alfa, se acabó el tiempo de nuestro contrato matrimonial! - Capítulo 34
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Capítulo 34: Capítulo 34 Sra. Gatsby
Punto de vista de Hailey:
—Por favor, firme aquí, señorita Synder —señaló el abogado de Sherman mientras yo firmaba dondequiera que me pedían que lo hiciera. Sherman y yo nos habíamos convertido en marido y mujer hacía un minuto. Todo era falso, pero las emociones que fluían por mi interior no lo eran.
El corazón se me salía del pecho mientras firmaba los papeles del matrimonio. Todo parecía real, pero solo es una farsa.
El abogado de Sherman ha venido al juzgado con los papeles del contrato, donde se estipulaba que Sherman y yo estábamos unidos en un matrimonio por contrato con un límite de tiempo de un año.
Hay cláusulas en las que se dice que, después de la boda frente a la familia, Sherman y yo debemos consumar el matrimonio y que no debe haber infidelidades durante el mismo.
No puedo revelarle a nadie que esta es una boda por contrato; si lo hago, tendré que devolver el dinero que Sherman pagó por la cirugía de mi madre, pero por duplicado, o podría exigir más.
Si concibo un bebé durante el período de este matrimonio por contrato, tendré que entregárselo a Sherman y no podré retractarme. Hay muchas otras cláusulas, y no creo que todas sean relevantes.
Tengo que hablar con Sherman sobre la consumación del matrimonio y sobre lo de concebir.
Llevaba el vestido que habíamos comprado con la abuela. Sentí una opresión en el pecho mientras las palabras del papel se mezclaban.
—Felicidades por su boda, señora Gatsby —me felicitó el abogado mientras Sherman atendía una llamada telefónica.
—Gracias —dije mientras salía del despacho. Sherman ya había firmado los papeles del contrato.
—Sherman —lo llamé. Estaba de pie al final del pasillo. El corazón se me aceleró cuando su alta figura se giró para mirarme.
«Está delicioso, es todo nuestro», ronroneó mi loba; tenía literalmente corazones en los ojos. La reprimí, no quería ponerme a babear por él.
—Sí. ¿Está todo listo? —preguntó, mirando por encima de mi hombro antes de que sus oscuros ojos se posaran de nuevo en mí. Una descarga de electricidad recorrió mi cuerpo.
Esta reacción es por culpa de esta estúpida marca.
—S… sí, lo he firmado todo —dije, recomponiéndome para no seguir haciendo el ridículo.
—¡Genial! Tengo una reunión en la oficina —empezó a darse la vuelta para marcharse, pero primero necesitaba aclarar algunas cosas.
—Eh…, quiero hablar de algunas cláusulas del contrato —dije, impidiendo que se fuera. Se giró por completo.
—¿Qué pasa? —preguntó Sherman. Su postura parecía tranquila, pero el tic en su ojo demostraba que quería irse ya mismo.
—Hay una cláusula que menciona que debemos consumar el matrimonio, y no creo que sea necesario —susurré mientras la cara se me encendía. Todavía no he perdido la virginidad, ya que siempre sentí que era algo sagrado y quería hacerlo con el hombre que me amara de verdad.
—Esas cláusulas no están sujetas a discusión ni a negociación, Hailey. Fuiste tú quien inició el trato, pero soy yo quien lo dirige. Consumaremos el matrimonio y seguiremos cada una de las cláusulas de ese contrato —sus palabras sonaron definitivas. Se dio la vuelta y se fue, sin darme la oportunidad de discutir nada.
Me quedé allí, con los ojos como platos y la rabia consumiéndome.
¡Cómo se atreve a pensar que es el jefe en esto! Si cree que voy a seguirlo como una oveja, está muy equivocado.
Dando un pisotón de rabia, salí del juzgado echando humo.
—¡Hailey! Qué grata sorpresa. —Refunfuñé en cuanto su voz llegó a mis oídos.
Me di la vuelta y vi a Francesco y a Sadie de pie, con el ceño fruncido. Sadie pegó su cuerpo al de él para marcar su territorio, como si yo fuera a ir detrás de él.
—No es una grata sorpresa para mí, Francesco —dije con una sonrisa empalagosamente dulce, y su ceño se frunció aún más.
—Como sea, ¿qué haces delante del juzgado? —preguntó, escéptico.
—No es asunto tuyo —refunfuñé. Quería marcharme de allí, pero sabía que no me dejarían en paz hasta que soltaran sus tonterías y se quedaran satisfechos tras haberme provocado.
—No seas así, Hailey. Francesco te ha hecho una simple pregunta. ¡Por qué te portas como una mocosa! —se burló Sadie. Puse los ojos en blanco ante su falsa inocencia.
—Sherman y yo hemos registrado nuestro matrimonio hoy —dije, mirándoles las caras para ver sus expresiones. Sus ojos se abrieron como platos mientras la envidia y la ira se arremolinaban en los de Sadie, y Francesco hervía de rabia.
—Vaya que lo has superado rápido, Hailey —escupió Francesco. Sé que se estaba conteniendo para no soltar maldiciones.
—Mírate, Francesco, no seas hipócrita. Te estabas follando a mi mejor amiga cuando estábamos prometidos y éramos pareja. No tienes ningún derecho a avergonzarme —espeté, apretando los dientes.
Estos hipócritas no tienen ningún derecho a juzgarme cuando los infieles son ellos.
—Te negaste a que te follara. ¡Yo tenía necesidades! ¿Qué se suponía que hiciera? ¡Esperarte hasta que nos casáramos! No soy tan paciente —se burló, como si esperar a su prometida hasta la boda fuera algo absurdo.
Hoy se ve aún más feo. Todavía no puedo creer que pensara que era un hombre guapo cuando lo conocí.
—Es una razón absurda y patética para engañar a tu prometida, Francesco, y fue mi decisión esperar hasta la boda, y deberías haberla respetado. No hay ninguna razón para discutir esta mierda en este momento. Todo es parte del pasado —dije, esperando a que viera que lo que sea que tuvimos se había acabado y que ya no tenía ningún derecho sobre mí.
—No entenderías las necesidades de un hombre, Hailey. ¿Crees que el heredero de los Gatsby te será leal? Se follarará a una mujer nueva cada semana —piensa que sus palabras crearán un conflicto entre Sherman y yo, pero no sabe que lo nuestro no es real, que estamos fingiendo todo.
Me reí entre dientes de su intento desesperado por arruinarlo.
—Agárralo bien fuerte, Sadie. Es como un perro: olfateará el culo de cualquier perra si se aburre de ti. Si pudo engañarme a mí, puede engañarte a ti fácilmente —dije. Las uñas de ella se clavaron en el brazo de él, haciéndole sisear de dolor, y él la apartó de un empujón.
La sorpresa y la conmoción estaban escritas en toda su cara. Me reí a carcajadas mientras me alejaba.
Es la mejor venganza. Ni siquiera tuve que hacer nada.
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