¡Alfa, se acabó el tiempo de nuestro contrato matrimonial! - Capítulo 37
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Capítulo 37: Capítulo 37: Whiskey y sorpresas
Punto de vista de Hailey:
—¡Oh, mi diosa, da muchísimo miedo! —exclamó Diana mientras las dos salíamos del ático. Nuestro Uber nos esperaba cuando salí por la entrada del edificio.
—Sí, la verdad es que sí —le di la razón. Sherman rezuma poder y autoridad. La primera vez que lo vi en el hospital con su abuela, me cagué de miedo. Sus ojos oscuros parecen mirar dentro de nuestras almas.
—Sí, pero también está bueno. ¿Viste sus bíceps y sus muslos gruesos? Podría aplastarme la cabeza con ellos si quisiera —me guiñó un ojo mientras se contoneaba hacia el taxi. Mi loba gruñó y mis labios se curvaron con disgusto. Hizo una broma sexual, sé que Diana es muy pervertida y le encantan la emoción y la diversión en su vida sexual.
—¿Ah, sí? ¿Así que ahora quieres hacerte notar? —le espeté a mi loba mientras volvía a su enfurruñamiento o lo que fuera que estuviera haciendo. Ha creado un vínculo con el lobo de Sherman y no sé hasta qué punto ha conectado con su lobo.
No me gustó que Diana elogiara a Sherman y desde luego no quiero verlo aplastándole la cabeza entre sus muslos. Me estremecí ante la imagen y me sacudí, conteniendo una arcada. El estómago se me revolvió dolorosamente.
—No lo sexualices delante de mí, Di —intenté mantener un tono bajo, pero me salió en un gruñido. Su cabeza se giró bruscamente hacia mí mientras nos sentábamos en el Uber y el conductor arrancaba el coche.
—¿Qué? ¿Estás celosa, Hailey? —soltó. Me estaba observando con una curiosidad recién descubierta, y yo me retorcí incómoda intentando no mostrar lo que ella buscaba. Porque no estoy celosa.
—No estoy celosa —gruñí, empujándola ligeramente. Se rio a carcajadas mientras aplaudía como si hubiera oído algo muy divertido.
—No mientas, sé que estás celosa —empezó a tomarme el pelo.
¿Esto son celos? ¿Por qué iba a estarlo? Sacudí la cabeza para alejar estos pensamientos confusos.
—¿Por qué iba a estar celosa, Di? Es que es raro. —Ella puso los ojos en blanco, con la sonrisa burlona todavía en los labios.
—¿Me lo preguntas a mí? No me voy a creer tus mentiras. Estabas celosa y es adorable —dijo con entusiasmo mientras sonreía como el gato de Cheshire.
—No, no lo estoy. No tiene nada de adorable. Volveré al ático si me tomas el pelo otra vez. —Hice un puchero mientras ella se reía de nuevo.
—¡Oh, mi diosa! Lo siento. Olvidémoslo por ahora, pero pronto volveré a tomarte el pelo con esto. —Me limité a resoplar antes de girarme hacia la ventanilla para mirar el exterior.
El Uber redujo la velocidad mientras mis ojos contemplaban el lugar al que habíamos llegado. ¿Hay gente de pie delante de un pub? ¿Un club de striptease? No lo sé.
«Whiskey». Es lo que pone en el letrero del local. Hombres y mujeres hacían cola en filas separadas para entrar.
—¿Cómo vamos a entrar con una cola tan grande? —pregunté, ya temiendo el dolor y las ampollas en los pies.
—No vamos a hacer cola —dijo Diana con una sonrisa socarrona. Pagó el Uber y empezó a caminar hacia la entrada.
—¿A qué te refieres? —Se plantó delante de un portero que era alto, con grandes bíceps y tatuajes por todos los brazos.
—Hola, soy amiga de Lily. Espero que te haya hablado de mí. —Diana le guiñó un ojo al portero, cuyo rostro se iluminó al oír el nombre.
—Sí, sí, encantado de conocerte. —Chocaron los puños y nos dejó entrar. Yo seguía con la boca abierta por la sorpresa mientras Diana me empujaba dentro del pub tenuemente iluminado. Tantos gritos y maldiciones nos siguieron al entrar.
—¡Oh, mi diosa! ¿Quién es Lily? —pregunté, mientras Diana me arrastraba entre la gente que bailaba en la pista de baile. Una mezcla de perfumes y humo asaltó mis fosas nasales. Arrugué la nariz por el cosquilleo.
La música está altísima, pero con nuestro oído de hombre lobo podemos oírla bien. Está oscuro, pero hay luces brillantes.
—Es la amiga de una amiga de una amiga. No importa, hemos entrado —dijo, restándole importancia con un gesto de la mano.
—Eres un demonio, Di —me reí mientras me subía por unas escaleras a un lugar donde no había música alta ni más cuerpos sudorosos.
—A veces hay que ser un demonio para que las cosas salgan bien. —Ambas nos reímos entre dientes por eso al llegar al final de la escalera.
—¡Sorpresa! —gritó, mientras el confeti caía sobre mí y más voces se unían a la de Diana.
—¡Oh! —jadeé mientras mis ojos contemplaban a la gente que estaba de pie frente a mí, vitoreando y aplaudiendo con grandes sonrisas en sus rostros.
Todos son del hospital, enfermeras y otros doctores. Apenas unos diez. Solo conozco a las dos enfermeras y a tres doctores; dos son mis subalternos y el otro trabaja con Diana y conmigo.
La zona está decorada y hay una pancarta en la pared: «La despedida de soltera de Hailey». Me reí entre dientes ante la exhaustiva preparación de Diana.
Sin duda, es la mejor amiga que he tenido. Sentí un escozor en los ojos por las lágrimas, pero las contuve, porque no quería llorar delante de todo el mundo.
Nadie ha hecho nunca algo así por mí. Me hizo sentir especial aunque la boda sea falsa. La abuela Teresa y Diana son las únicas personas que me han hecho sentir especial por primera vez en mi vida.
Mis cumpleaños y días especiales siempre estaban monopolizados por Tiana. Ella y su madre siempre se llevaban a mi padre en esas ocasiones, dejándome sola con una madre enferma que estaba demasiado triste y desconsolada para ver cómo se me rompía el corazón.
—Muchas gracias, Diana —dije, atrayéndola para darle un abrazo mientras contenía las lágrimas.
—¡Ah! No llores, Hailey, cariño, quiero que seas feliz, siempre. —Me abrazó con fuerza mientras los demás nos rodeaban, felicitándome.
—¡Hailey! ¡Estoy dolido porque no me dijiste que estabas comprometida y que te casas en dos días! —exclamó el Doctor Finley. Ashton Finley, Diana y yo trabajábamos en el mismo hospital desde que terminamos nuestras prácticas.
Es humano, y la mayoría de los humanos que nos rodean no conocen la existencia de los hombres lobo, y preferimos que siga siendo así. Intentó invitarme a salir, pero siempre lo rechacé diciendo que tenía novio, y en ese momento tenía a Francesco.
—Mantener el misterio hasta que sea un hecho —sonreí mientras él arrugaba la frente. No tengo una respuesta para su pregunta. Todo surgió de la nada, terminará en un año y no quería contárselo a nadie, pero ahora, ya se ha descubierto el pastel.
—Venga, chicos, vamos. Tengo muchas sorpresas esta noche para nuestra sexi novia —Diana me arrastró hacia la mesa mientras todos vitoreaban y nos seguían.
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