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Alma Negra - Capítulo 166

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166: 166 166: 166 —No deberíamos hacer esto aquí, John.

—Lo sé, pero ¿Cómo se lo explico a estas ganas que siento de ti?

—Siempre estás pensando en sexo.

—¿Y quién dijo que estaba pensando en eso?

Cuando dije ganas, me refería a ganas de besarte, abrazarte, tenerte así en mis brazos, ¿Eso me convierte en un idiota enamorado, o en un imbécil sin remedio?

—Ambas.

Estás más romántico que nunca.

—Acabo de comprender algo, que antes no entendía y ahora me quedó claro.

No sabes cuan importante es una persona para ti, hasta que estás lejos de ella, y la extrañas tanto que, aunque trates de ocultarlo o busques desesperadamente un reemplazo, nada podrá reemplazar ese vacío que sientes en el pecho.

Antes de que llegaras iba a cometer una estupidez, estaba tratando de olvidarte, pero soy tan idiota que, aún tratando, más te cruzabas en mi cabeza.

No me había disculpado contigo y pienso que debo hacerlo, aunque sé que eso no va a cambiar lo que hice— desvié la mirada por la incomodidad—.

Quiero que sepas que eres la única mujer que deseo a mi lado; ya sé que soy un infeliz, un hijo de puta, infiel, lo peor que existe en el mundo, pero este tipo barato y malo— hice una pausa—, es el que te ama con cada parte de su ser; este necio y testarudo, es quien no puede estar sin ti, Daisy— jamás pensé decir una cosa tan vergonzosa e incómoda en mi vida.

Es lo más cursi que he escuchado o dicho.

Daisy rio y la miré serio.

—¿Y ahora a ti qué te causa gracia?

—Deberías ver tu cara.

Tienes roja hasta las orejas, John— rio más fuerte, y la bajé.

—No me causa gracia.

—A mí sí.

Eres tan lindo y tierno, que me dan ganas de apretarte los cachetes así—trató de llevar su mano a mi rostro, y retrocedí—.

Pareces un osito de peluche— rio, y le di la espalda.

—Deja de hacer eso, tonta.

—¿El hombre sin sentimientos, cruel y sanguinario, mejor conocido como alma negra, está avergonzado?— preguntó en un tono alto, y me giré hacia ella para taparle la boca.

—¡Baja la voz, mocosa!

¿A ti qué te hace pensar que estoy avergonzado?

— me quitó la mano de su boca, y rio.

—Eres lindo.

Esa es una de las razones por las cuales te amo, John.

Eres fuerte, cruel, reservado, pero conmigo y Mia, eres una ternurita— sonrió, y llevó su mano a mi mejilla—.

No importa lo que haya pasado, no tengo nada que perdonarte.

Olvidemos todo y comencemos de nuevo, pero esta vez, al lado de nuestra princesa.

Para mí tú también eres el único, yo no quiero a nadie más.

—Quiero que viajemos.

Ya sé que eso no va a evitar que nos encuentren, pero podemos tener un tiempo de paz.

Daisy, quiero que tengamos algo de tranquilidad y tiempo en familia.

Nuestra Mia lo necesita y también nosotros.

—Pero ¿Y los Roberts?

—Ya me encargué de ese asunto, y sé que mandarán a alguien a investigar sobre mí, pero mientras estemos juntos, sé que vamos a poder sobrepasar todo.

No vuelvas a dejarnos, Daisy, no sabes cuánta falta nos hiciste a los dos.

¿Por qué no nos damos otra oportunidad?

—Me parece bien, ¿Y cuándo será el viaje?

—Mañana mismo.

Hagamos una vida distinta y normal en otro lugar, lejos de toda esta basura.

No podré salir de esto del todo, pero luchemos juntos por nuestra felicidad y la de nuestra adorada Mia, ¿Si?

—Sí, hagámoslo juntos— sonrió, y entrelacé mi mano en su pelo antes de besarla.

Vi un auto a lo lejos que venía a nuestra dirección y me detuve; si ven este desastre, nos van a culpar.

Le agarré la mano a Daisy y recogimos las armas del suelo para subirnos de vuelta a la camioneta.

No podré limpiar la escena como corresponde, pero ni modo.

Manejé hasta la casa de Akira para que Daisy viera a la niña.

—Tenemos que hablar— me dijo Akira al verme, se veía molesto.

Estoy seguro de saber sus razones, yo no le avisé sobre mis planes.

—Hablaremos ahora, pero iré a ver a mi hija primero.

—Te espero en el estudio— siguió caminando.

—Subamos a la habitación— le agarré la mano a Daisy, y subimos al cuarto.

La niña estaba dormida, pero cuando Daisy se acercó a la cuna, ella se despertó.

—Hola, princesita— su voz se escuchaba entrecortada, y vi como su rostro se llenó de lágrimas—.

Estás tan grande, mi amor.

—Y cada día que pasa se parece más a ti— diciendo esto, Mia se paró en el borde de la cuna y Daisy la sujetó.

—Mamá no se volverá a ir nunca más.

Lo siento tanto, pequeña.

No sabes cuánto te extrañaba— la acercó a su pecho y Mia estaba balbuceando.

Se veía bastante activa y feliz de ver a Daisy.

Le agarraba el pelo en sus pequeñas manos y acercaba su pequeña cabeza a su pecho.

Al verlas tan acarameladas, no pude evitar abrazarlas a las dos.

Ellas son todo lo que tengo y debo protegerlas siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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