Alma vinculada al juego - Capítulo 15
- Inicio
- Todas las novelas
- Alma vinculada al juego
- Capítulo 15 - 15 CAPÍTULO 14— Antes del segundo aliento
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: CAPÍTULO 14— Antes del segundo aliento 15: CAPÍTULO 14— Antes del segundo aliento Arthur se detuvo cuando el bosque empezó a abrirse.
No fue una decisión consciente.
Fue el cuerpo el que frenó primero.
El terreno descendía hacia una extensión irregular de tierra desnuda.
No era un claro natural: los árboles estaban cortados de manera desigual, algunos troncos aún mostraban astillas recientes.
El suelo estaba endurecido por pisadas repetidas, marcas circulares, arrastres.
Un lugar usado.
No para vivir.
Para enfrentarse.
Arthur avanzó solo unos pasos más.
Entonces lo sintió.
No presión.
No miedo.
Presencia.
—Detente —dijo Sophia, dentro de su mente, con una calma absoluta—.
Ya te vio.
Arthur no se movió.
Desde el otro extremo del claro, una figura emergió lentamente.
No había urgencia en su andar.
Cada paso estaba colocado con intención, como si midiera la distancia incluso antes de recorrerla.
Era un hombre.
Alto.
Delgado.
Cubierto con una armadura antigua, reparada demasiadas veces como para conservar su forma original.
La espada que llevaba no brillaba: el filo estaba apagado, gastado por incontables impactos.
Pero el aura… —Es densa —susurró Sophia—.
No desbordada.
Comprimida.
Controlada al extremo.
Arthur tragó saliva.
El hombre se detuvo a unos veinte pasos.
—No esperaba encontrar a alguien aquí —dijo—.
Mucho menos solo.
Arthur no respondió.
El desconocido inclinó ligeramente la cabeza, observándolo como quien evalúa una herramienta.
—No huyes —continuó—.
Tampoco te tensas.
Eso suele significar dos cosas.
La espada descendió de su hombro.
—O eres fuerte… o estás condenado.
El aire cambió.
No de forma visible, pero Arthur lo sintió en la piel.
—No ataques todavía —dijo Sophia—.
Está probando tu reacción.
Quiere que cometas el primer error.
Arthur ajustó su postura.
No adoptó una guardia perfecta.
Solo una cómoda.
El hombre sonrió apenas.
Y avanzó.
El primer corte fue directo, limpio, sin engaños.
Arthur giró el torso y el filo pasó rozando su abrigo.
Antes de que pudiera contraatacar, el segundo golpe ya venía en ángulo inverso.
—Retrocede medio paso —ordenó Sophia—.
No intentes bloquear aún.
Arthur obedeció.
El tercer ataque impactó contra el aire donde él había estado un segundo antes.
—Ritmo constante —continuó ella—.
No acelera.
No se frena.
Está midiendo cuánto tardas en adaptarte.
Arthur lanzó su primer ataque.
No fue elegante.
Fue rápido.
El hombre desvió la hoja con facilidad y respondió con una patada directa al abdomen.
Arthur alcanzó a cubrirse parcialmente, pero el impacto lo lanzó hacia atrás varios metros.
Cayó de rodillas.
—Bien —dijo el desconocido—.
Al menos sabes atacar.
Arthur respiró hondo.
El dolor estaba ahí.
Pero no dominaba.
—Su aura no fluctúa —dijo Sophia—.
Eso significa que no está usando técnicas complejas.
Todo es físico… pero optimizado.
—¿Entonces?
—pensó Arthur.
—Entonces no intentes superarlo en fuerza.
Rompe su lectura.
El hombre volvió a avanzar.
Esta vez más rápido.
Arthur se movió de forma irregular.
No siguiendo patrones.
Cambió la distancia de manera abrupta, fingió un tropiezo, giró tarde.
El filo rozó su hombro.
Sangre.
—Dolor aceptable —dijo Sophia, sin emoción—.
Pero ahora ya sabe que puedes aguantar daño.
Arthur apretó los dientes.
Atacó de nuevo, esta vez buscando el brazo.
El hombre bloqueó, pero por primera vez dio medio paso atrás.
Sus ojos se afilaron.
—Interesante… El choque de acero se intensificó.
Arthur ya no reaccionaba solo por instinto; cada movimiento venía acompañado por la voz de Sophia, precisa, quirúrgica.
—Cadera tensa.
Va a girar.
—Su pie izquierdo está cargado.
Barrida.
—Ahora.
Ataca ahora.
Arthur falló uno de esos ataques.
Y pagó el precio.
El golpe le cortó el costado y lo lanzó al suelo con violencia.
Rodó.
Jadeó.
El hombre no lo remató.
Esperó.
—No eres un simple superviviente —dijo—.
Pero tampoco eres un guerrero completo.
Arthur se incorporó lentamente.
Sangraba.
Respiraba mal.
Pero sonrió.
—No —pensó—.
Aún no.
—Todavía no —corrigió Sophia—.
Y eso está bien.
Esta pelea no se gana rápido.
El hombre volvió a alzar la espada.
—Levántate —ordenó—.
Aún no terminamos.
Arthur apretó el arma.
El combate apenas comenzaba.
Y ninguno de los dos pensaba retirarse.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com