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Alma vinculada al juego - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 CAPÍTULO 16 — El nombre que pesa
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17: CAPÍTULO 16 — El nombre que pesa 17: CAPÍTULO 16 — El nombre que pesa El calor no disminuyó.

Al contrario.

El hombre extendió ambos brazos, y las marcas incandescentes sobre su piel comenzaron a reorganizarse, no como runas, sino como cicatrices antiguas que recordaban cómo debía fluir la energía.

—Ya lo entendiste —dijo—.

No copiaste.

Adaptaste.

Arthur no respondió.

Respiraba con dificultad, pero su postura era firme.

El fuego que antes lo habría derribado ahora se concentraba en puntos específicos de su cuerpo, comprimido, contenido, hambriento.

—Sophia —pensó—.

Esto… no es solo Instinto.

—No —respondió ella—.

El Instinto fue el detonante.

—Lo que estás haciendo ahora pertenece a un nivel más profundo.

El enemigo dio un paso adelante.

El suelo se vitrificó bajo sus pies.

—Escucha bien —continuó Sophia—.

En este mundo, el poder real no nace del entrenamiento común.

—Nace del origen.

Arthur frunció el ceño.

—¿Linaje?

—No solo sangre —corrigió—.

Linaje es memoria del mundo.

—Algunos nacen con ella.

Otros… la despiertan cuando sobreviven a lo imposible.

El hombre sonrió.

—Ya no eres un intruso —dijo—.

Ahora eres un problema.

El aire se comprimió.

Esta vez no fue una explosión.

Fue un refuerzo total.

El cuerpo del enemigo se cubrió de una capa ardiente, como una armadura viva.

Cada movimiento dejaba estelas de fuego denso, pesado, imposible de ignorar.

—Está usando un Estado de Forja completo —advirtió Sophia—.

—Su linaje es antiguo.

De los que no necesitaban conjuros.

Arthur dio un paso al frente.

Y cometió el error.

Intentó avanzar de frente, confiando en su nueva resistencia.

El impacto fue inmediato.

Una patada reforzada lo lanzó contra un árbol, que se partió en dos al instante.

Arthur cayó al suelo, sintiendo cómo algo en su interior se desestabilizaba.

El calor que había contenido se dispersó.

Dolor.

Puro.

—¡Arthur!

—la voz de Sophia fue tajante—.

Perdiste la compresión.

¡Te excediste!

Arthur tosió sangre.

Intentó levantarse.

No pudo.

—Ahí está —dijo el enemigo, acercándose—.

El límite.

—No importa cuánto adaptes.

Sin un origen claro, tu cuerpo se romperá.

Arthur apoyó una mano en el suelo.

Temblaba.

—Sophia… —pensó—.

¿Esto es todo?

Silencio.

Un silencio más largo que antes.

Luego: —No —dijo ella—.

Pero ahora debes decidir qué tipo de existencia quieres ser.

Arthur alzó la mirada.

—Escucha con atención —continuó—.

Tu respuesta anterior fue defensiva.

—Ahora necesitas un principio.

El enemigo levantó la mano.

Una lanza de fuego condensado comenzó a formarse, girando lentamente, devastadora.

—No puedes igualarlo —dijo Sophia—.

—Pero puedes redefinir el intercambio.

Arthur respiró hondo.

No intentó absorber más calor.

No intentó bloquear.

Se centró.

—Tú no conviertes energía en destrucción —susurró Sophia—.

—Tú la conviertes en dominación progresiva.

Algo encajó.

Arthur sintió cómo su percepción cambiaba.

No veía el fuego.

Veía el esfuerzo detrás de él.

La inversión.

El costo.

—Entiendo… —pensó—.

No es el ataque.

—Es la relación de fuerzas —confirmó Sophia—.

—Y ahí… tú tienes ventaja.

El enemigo lanzó la lanza.

Arthur no se movió.

Extendió la mano.

No para detenerla.

Para recibir su intención.

El impacto fue brutal.

El mundo se volvió blanco por un instante.

Pero Arthur no cayó.

El fuego no explotó.

Se comprimió.

Se desarmó.

Se volvió… recurso.

Arthur gritó, no de dolor, sino de esfuerzo absoluto.

Su cuerpo se tensó.

Sus músculos respondieron.

No como un aumento repentino.

Sino como una subida constante, implacable.

—Esto es… —murmuró el enemigo, retrocediendo—.

Sophia habló, clara, solemne.

—Autoridad del Combate —dijo—.

—No un linaje heredado.

—Uno que se construye mientras lucha.

Arthur dio un paso adelante.

El suelo crujió bajo su peso.

No por fuerza bruta.

Por presencia.

—Cuanto más te esfuerzas —continuó Sophia—, más claro se vuelve el estándar.

—Y el estándar… eres tú.

El enemigo apretó los dientes.

—Entonces dime —dijo—.

¿Quién eres?

Arthur alzó la mirada.

—Arthur.

El hombre soltó una risa breve.

—No.

Tu nombre real en este mundo.

Arthur dudó.

Sophia habló por primera vez sin análisis.

—Aún no lo tiene.

El enemigo asintió lentamente.

—Entonces escucha el mío.

El fuego a su alrededor se apagó parcialmente, revelando marcas profundas en su piel.

—Soy Kael de la Forja Carmesí.

—Portador del Linaje del Horno Vivo.

—Y no he perdido una batalla en cien años.

Arthur cerró el puño.

Dentro de él, algo nuevo despertaba.

No fuego.

No linaje heredado.

Algo peor para sus enemigos.

Hambre sin fondo.

—Sophia —pensó—.

Esto que siento… —Es el inicio de otro principio —respondió—.

—Uno que los antiguos temían nombrar.

Arthur dio un paso más.

—Cuando termine esto… —dijo—.

—Quiero entenderlo.

Sophia respondió, suave pero firme: —Sobrevive primero.

La pelea aún no había terminado.

Pero el resultado… Ya no estaba escrito por la sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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