Alma vinculada al juego - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO 17— El vacío que responde
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18: CAPÍTULO 17— El vacío que responde 18: CAPÍTULO 17— El vacío que responde El aire ardía.
No por el fuego.
Por la fricción de dos voluntades que se negaban a ceder.
Kael respiraba con dificultad.
La Forja Carmesí seguía activa, pero ya no era estable.
Las llamas que antes obedecían ahora fluctuaban, perdiendo cohesión.
Arthur dio un paso más.
Cada movimiento era más pesado que el anterior.
No estaba exhausto.
Estaba siendo consumido.
—Sophia… —pensó—.
Algo no está bien.
—Lo sé —respondió ella—.
—La Autoridad del Combate no es gratuita.
Arthur apretó los dientes.
—Explícalo.
Rápido.
—No aumenta tu poder —dijo—.
—Te obliga a sostener el estándar que impones.
Arthur sintió un tirón interno.
Como si cada mejora exigiera algo a cambio.
—Tu cuerpo se adapta —continuó—.
—Tu mente se afila.
—Pero el costo es acumulativo.
Si el combate se prolonga demasiado… —Tu identidad empieza a erosionarse.
Kael levantó la cabeza.
—Ahora lo entiendes, ¿verdad?
—dijo, jadeando—.
—No estás creciendo.
Te estás quemando desde dentro.
Arthur no respondió.
Porque era verdad.
Pero no toda la verdad.
El fuego de Kael se concentró por última vez.
No era una técnica elegante.
Era un golpe final, cargado con todo lo que quedaba de su linaje.
—Entonces cae —gruñó Kael—.
El ataque descendió como un martillo ígneo.
Arthur no esquivó.
No bloqueó.
Extendió la mano.
Y algo se abrió.
No fue una explosión.
Fue un silencio antinatural.
El fuego no se extinguió.
Desapareció hacia adentro.
Arthur gritó.
No por dolor.
Por hambre.
—Arthur —la voz de Sophia se volvió grave—.
—Esto ya no es Autoridad.
El mundo pareció perder profundidad por un instante.
Arthur sintió cómo la energía de Kael no solo era absorbida, sino descompuesta.
No llamas.
No calor.
El principio detrás de ellas.
—Escucha con atención —dijo Sophia, precisa—.
—Esto es Gormand Void.
Kael cayó de rodillas, con los ojos abiertos de par en par.
—¿Qué… hiciste…?
Sophia continuó, sin rodeos.
—Gormand Void no roba poder.
—Devora excedentes.
—Energía, habilidades… incluso conceptos mal anclados.
—El vacío no se sacia.
Solo decide qué conservar.
Arthur cayó de rodillas.
Sangre descendía por su nariz.
Su respiración era irregular.
—El costo —añadió Sophia— es que cada vez que lo uses… —Tu cuerpo recordará lo que significa no llenarse nunca.
Kael apoyó una mano en el suelo, temblando.
—Entonces así se siente… —rió débilmente—.
—Ser reducido a recurso.
Arthur se puso de pie con esfuerzo.
Cada músculo gritaba.
Cada pensamiento pesaba.
Pero seguía allí.
—Termina —dijo Kael, levantando la vista—.
—Hazlo.
Arthur negó lentamente.
—No.
Kael parpadeó.
—¿Qué?
—No necesito matarte para demostrar nada.
El fuego residual alrededor de Kael se disipó por completo.
Las marcas de su linaje se apagaron, pero no desaparecieron.
—Has perdido —continuó Arthur—.
—Pero sigues vivo.
Kael lo observó largo rato.
Luego, con dificultad, se incorporó.
Y se inclinó.
No como súbdito.
Como guerrero.
—Arthur —dijo—.
—Acepta esto como se aceptaba antes de los sistemas y las jerarquías falsas.
Alzó la mirada.
—Permíteme seguirte.
—No como esclavo.
—Como sirviente jurado.
Sophia habló antes de que Arthur respondiera.
—Advertencia: aceptar un vínculo de este tipo crea una resonancia permanente.
Arthur respiró hondo.
Miró a Kael.
—No te seguiré usando como arma.
Kael sonrió.
—Entonces es un trato justo.
Arthur asintió.
—Acepto.
El vínculo no brilló.
No hubo símbolos.
Solo un ajuste silencioso en la presencia de ambos.
Kael exhaló profundamente.
—Entonces dime… ¿a dónde vamos ahora?
Arthur cerró los ojos.
El vacío en su interior se aquietó.
Sophia habló con suavidad.
—Arthur.
—Hay un rastro cercano.
Arthur lo sintió.
No energía de combate.
No mana.
Voluntad persistente.
Familiar.
Abrió los ojos.
—Akira.
Sophia confirmó.
—Está viva.
—Y no muy lejos.
Arthur dio el primer paso en esa dirección.
Esta vez, no estaba solo.
Y el mundo… No tenía forma de ignorarlo.
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