Alma vinculada al juego - Capítulo 27
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27: Capítulo 26 27: Capítulo 26 El rumor no pide permiso El mapa era tosco, pero útil.
Marcaba rutas evitadas, zonas de intercambio informal y, curiosamente, flechas que rodeaban la planicie.
—Nos están usando como punto de referencia —dijo Akira.
—O como prueba —añadió Kael—.
Si sobreviven aquí, otros se acercarán.
Sophia confirmó.
—Los rumores ya comenzaron.
“Un grupo cruzó la planicie y no desapareció.” “Uno de ellos derrotó a un ser que no debía caer.” Arthur frunció el ceño.
—No quiero fama.
—No la estás buscando —respondió Sophia—.
Eso la hace más rápida.
El segundo contacto fue diferente.
Tres figuras bien equipadas, emblemas discretos, disciplina clara.
—Observadores —dijo Darían—.
De alguna casa menor.
No atacaron.
No saludaron.
Solo observaron… y se retiraron.
—Eso fue político —comentó Lyse—.
Nos vieron y ahora informarán.
Akira suspiró.
—Genial.
Apenas llegamos y ya somos un “tema”.
Arthur miró el terreno.
—Entonces pongamos límites.
Todos lo miraron.
—No vamos a reclamar nada —continuó—.
Pero tampoco permitiremos abusos aquí.
Kael arqueó una ceja.
—Eso es… una postura.
—No —respondió Arthur—.
Es una decisión práctica.
Sophia añadió: —Decisión registrada.
Zona de exclusión tácita creada.
Arthur parpadeó.
—¿Qué?
—No lo proclamaste.
Pero actuaste en consecuencia.
Otros lo interpretarán como autoridad funcional.
Mora soltó una carcajada.
—Arthur, acabas de hacer política sin querer.
—Odio eso.
—Lo hiciste bien —dijo Akira, seria—.
No prometiste protección.
Solo estableciste un “hasta aquí”.
Esa noche, no hubo combate.
Pero sí visitantes a distancia.
Fogatas lejanas.
Miradas que evaluaban.
El rumor crecía: No de un rey.
No de un imperio.
Sino de un lugar donde nadie mandaba… pero nadie podía imponer.
Antes de dormir, Arthur habló en voz baja.
—Sophia.
—Aquí estoy.
—Si sigo tomando decisiones así… Hubo una pausa.
—No estarás creando un imperio —dijo—.
Estarás creando un punto de equilibrio.
Otros decidirán llamarlo de otra forma.
Arthur cerró los ojos.
Por primera vez, el peso no se sintió como amenaza.
Se sintió… inevitable.
Cuando alguien alza la voz… y otro baja la cabeza Llegaron al mediodía.
No con sigilo.
No con cautela.
Llegaron como quien ya decidió que el lugar le pertenece.
Cinco estandartes negros con una franja carmesí avanzaron por la planicie, visibles desde lejos.
Armaduras limpias.
Formación correcta.
Demasiado orden para un territorio que nadie reclamaba.
—Eso no es exploración —dijo Lyse—.
—Es teatro —añadió Kael.
Arthur no se movió.
Sophia habló con calma.
—Casa Varnak.
Facción media.
Especializados en “estabilizar zonas sin dueño”.
Traducción: imponer tributo antes de que alguien más lo haga.
El grupo se detuvo a una distancia respetuosa… pero no humilde.
El hombre al frente dio un paso adelante.
—En nombre de la Casa Varnak —dijo, voz entrenada—, declaramos esta planicie bajo supervisión provisional.
Akira apretó los labios.
—Ni siquiera preguntan.
Arthur dio un paso al frente.
—¿Supervisión de qué?
El hombre sonrió.
—De seguridad.
Este lugar ha atraído actividad anómala.
Nuestra casa se encargará de— —No —interrumpió Arthur.
No alzó la voz.
No se tensó.
Solo dijo no.
El aire se volvió denso.
—Entiendo que estén confundidos —continuó el hombre—.
Pero esta decisión ya fue— Arthur inclinó ligeramente la cabeza.
—No fue.
Silencio.
Sophia susurró solo para él.
—Están midiendo reacción.
Si dudas, avanzan.
Arthur no dudó.
—No hay tributo aquí.
No hay bandera.
Y no hay permiso.
El capitán frunció el ceño.
—¿Y tú quién eres para negarlo?
Arthur lo pensó un segundo.
—Alguien que vive aquí hoy.
Eso fue suficiente.
No hubo choque.
No hubo amenaza directa.
Pero cuando la Casa Varnak se retiró, lo hizo prometiendo volver.
—Eso fue una advertencia —dijo Mora.
—No —corrigió Kael—.
Fue una prueba fallida.
No pasó ni una hora.
Desde el extremo opuesto de la planicie, apareció otra figura.
Sola.
Sin armadura.
Sin estandarte.
Un hombre mayor, túnica gastada, bastón sencillo.
Se detuvo lejos.
Esperó.
Arthur lo notó de inmediato.
—Ese sí viene distinto.
Sophia confirmó.
—Representante civil.
No combatiente.
Vínculos comerciales.
Nivel de amenaza: nulo.
Arthur se acercó solo.
El hombre inclinó la cabeza.
—No vengo a reclamar nada —dijo—.
Solo… a preguntar.
—Pregunta.
—¿Este lugar seguirá siendo… como es ahora?
Arthur lo miró.
—¿A qué te refieres?
El hombre eligió sus palabras con cuidado.
—Neutral.
Abierto.
Sin dueño… pero no abandonado.
Arthur entendió.
—¿Qué necesitas realmente?
El hombre tragó saliva.
—Pasar.
Comerciar.
Cruzar sin que alguien decida que debemos pagar por existir.
Arthur guardó silencio.
Sophia habló, suave.
—Esto es permiso no verbal.
Si asientes, otros lo sabrán.
Arthur miró al hombre.
—Mientras respeten el lugar… nadie les cerrará el paso.
El hombre no sonrió.
Se inclinó más profundo.
—Eso basta.
Cuando se fue, Akira se acercó.
—Arthur… —Lo sé —respondió él—.
No dije “sí”.
—Pero tampoco dijiste “no”.
Kael soltó una risa baja.
—Y ahí está el problema.
Arthur observó la planicie.
Una facción había intentado mandar.
Otra había pedido sin pedir.
Y sin darse cuenta… Él había respondido a ambas.
Sophia habló por última vez ese día.
—Las estructuras no siempre se construyen.
A veces… se revelan.
Arthur cerró los ojos un segundo.
Esto ya no era casualidad.
Pero tampoco era ambición.
Era simplemente… lo que quedaba cuando alguien decidía no apartarse.
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