Alma vinculada al juego - Capítulo 28
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28: Capítulo 27 28: Capítulo 27 Una visita que ya estaba acordada No era una ciudad.
Todavía no.
Era un asentamiento en proceso de decidir qué quería ser.
Estructuras simples, pensadas para durar lo justo.
Senderos marcados sin imponerse al terreno.
Nadie había tocado las zonas donde las flores crecían más densas.
Arthur estaba de pie junto a Akira, observando cómo Darían y Mora discutían en voz baja sobre la distribución de guardias nocturnos.
Lyse revisaba provisiones.
Kael permanecía apartado, atento al horizonte, como si esperara a alguien… o algo.
Sophia habló con suavidad en la mente de Arthur.
—No es sorpresa.
Ella viene de frente.
Arthur asintió casi imperceptiblemente.
El aire no cambió de forma violenta.
No hubo presión ni miedo.
Solo una sensación clara de presencia conocida.
Serathiel apareció caminando desde la planicie, sin ocultarse, sin anunciarse, como siempre hacía cuando no necesitaba imponerse.
Arthur dio un paso adelante antes que nadie más reaccionara.
—Serathiel.
Ella se detuvo a pocos metros.
—Arthur —respondió—.
Veo que sigues vivo.
Eso simplifica muchas cosas.
Akira la observó con atención.
No con hostilidad.
Con memoria.
Sabía quién era.
Sabía lo que había hecho.
Kael inclinó la cabeza con respeto abierto.
—Rey Demonio del Dominio Umbrío —dijo—.
No esperaba que vinieras en persona.
—Justamente por eso vine —respondió Serathiel—.
Las cosas importantes no se delegan.
Miró alrededor con calma.
No evaluaba defensas.
Evaluaba intenciones.
—La información ya se movió —continuó—.
Reyes demonio.
Altos demonios.
Ángeles.
Incluso facciones humanas con ojos demasiado abiertos.
—Todos saben que un grupo se está asentando aquí.
—Y todos saben que tú estás en el centro.
Arthur no lo negó.
—Por eso imaginé que vendrías.
Serathiel lo miró directamente.
—No vine a detenerte.
—Vine a entenderte.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue deliberado.
Arthur habló sin rodeos.
—Este lugar no fue elegido por poder.
Fue elegido porque nadie más lo quería.
—Porque el miedo lo dejó vacío.
Serathiel asintió levemente.
—El rastro del Jinete de la Guerra —dijo—.
Incluso siglos después, sigue siendo suficiente.
—Exacto —continuó Arthur—.
Nadie construye aquí porque todos creen que hacerlo es invitar a una repetición.
Akira intervino, firme.
—No estamos intentando provocar nada.
Pero tampoco vamos a huir de un lugar solo por lo que podría pasar.
Serathiel la observó con atención.
—Eso te ha costado el sistema —dijo—.
Akira se tensó apenas.
—Sí.
—Y aun así sigues en pie.
Serathiel volvió a Arthur.
—Entonces dime algo claro —dijo—.
¿Por qué quedarte?
Arthur no levantó la voz.
—Porque este sitio no pertenece a nadie.
Y justamente por eso… puede pertenecer a todos los que no encajan en ningún dominio.
Kael soltó una breve risa nasal.
—Lo dice como si no fuera peligroso.
—Lo es —respondió Arthur—.
Pero no más que vivir bajo banderas ajenas.
Serathiel guardó silencio varios segundos.
Sophia no interrumpió.
Finalmente, Serathiel habló: —Los otros reyes demonio están inquietos.
—Los ángeles observan.
—Algunas facciones menores ya están discutiendo si venir a “negociar” o a “poner orden”.
Arthur lo sabía.
—Por eso necesitamos tiempo.
—Y espacio.
—Y alguien que no malinterprete esto como una amenaza.
Serathiel entrecerró los ojos.
—¿Estás pidiendo ayuda?
Arthur sostuvo su mirada.
—Te estoy pidiendo que no permitas que lo distorsionen.
Serathiel exhaló lentamente.
—Cuando pedí tu ayuda en mi dominio —dijo—, Lo hiciste sin intentar reclamar nada.
—Apagaste una guerra pequeña… Sin convertirla en una grande.
Dio un paso más cerca.
—Eso pesa.
Akira sintió el ambiente cambiar.
No presión.
Decisión.
—Habrá facciones que intenten forzar autoridad aquí —continuó Serathiel—.
—Otras pedirán “permiso” sin decir la palabra.
—Yo puedo contener a las que no entienden el lenguaje de la calma.
Arthur no sonrió.
—¿Y el costo?
—Que cuando pregunten quién permitió esto —respondió ella—, Mi nombre estará en la respuesta.
Kael alzó una ceja.
—Eso no es poco.
—No —admitió Serathiel—.
Pero tampoco es gratis para ustedes.
Miró a Arthur con seriedad absoluta.
—Si este lugar se convierte en un trono… Yo seré la primera en retirarme.
Arthur asintió.
—No buscamos tronos.
—Bien —dijo ella—.
Entonces ayudaré a que este sitio tenga algo más difícil de destruir que muros.
Se dio la vuelta.
—Orden.
—Tiempo.
—Y silencio político.
Antes de irse, añadió: —No estás solo en esto, Arthur.
—Pero a partir de ahora… Todos sabrán exactamente dónde estás.
Serathiel se alejó sin ceremonia.
El mundo siguió igual.
Pero el peso de la decisión ya estaba repartido.
Akira rompió el silencio.
—…Bueno.
—Eso fue apoyo.
Kael sonrió de medio lado.
—O el comienzo de algo muy incómodo.
Arthur miró la planicie.
—Ambas cosas suelen ir juntas.
Sophia habló por última vez en ese momento: —Arthur.
Esto ya no es solo supervivencia.
Es permanencia.
Y él lo sabía.
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