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Alma vinculada al juego - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 CAPÍTULO 34 — Errores administrativos y ángeles que caen del cielo
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35: CAPÍTULO 34 — Errores administrativos y ángeles que caen del cielo 35: CAPÍTULO 34 — Errores administrativos y ángeles que caen del cielo El error fue pequeño.

Tan pequeño que nadie pensó que importaría.

Tan humano que, cuando Arthur lo supo, solo pudo llevarse la mano a la cara.

—…¿Repetilo despacio?

—pidió.

Mora, con una carpeta en brazos, habló con total calma: —Aprobé la construcción del almacén norte.

Arthur asintió.

—Bien.

—Con los materiales destinados al muro provisional.

Arthur parpadeó.

—¿Qué muro?

—El que todavía no existe —respondió ella— porque ahora es un almacén.

Silencio.

Kael fue el primero en reírse.

—Defensa convertida en bodega… interesante enfoque estratégico.

Mora frunció el ceño.

—No fue un error grave.

Akira levantó un dedo.

—El muro era para evitar que criaturas medianas entren por la noche.

—Entraron dos —añadió Darían—.

—Se llevaron trigo.

Arthur suspiró.

—¿Murieron personas?

—No.

—¿Hubo heridos?

—No.

Arthur apoyó la espalda en la silla.

—Entonces… es un error aceptable.

Mora lo miró sorprendida.

—¿No estás molesto?

—Estoy aprendiendo —respondió—.

—Si no se equivoca nadie, significa que nadie está haciendo nada.

Sophia apareció, divertida.

—Registro actualizado: —Primer error administrativo detectado.

—Nivel de tragedia: mínimo.

—Nivel de vergüenza futura: alto.

Mora bufó.

—Gracias.

Arthur sonrió.

Ese fue el último momento tranquilo.

Pasaron varios días.

Días reales.

Trabajo, ajustes, discusiones menores… una ciudad que empezaba a moverse como algo vivo.

Hasta que llegaron ellos.

Los mismos que habían venido antes.

Los representantes de fuera.

Esta vez… no venían erguidos.

Venían heridos.

Uno cojeaba.

Otro tenía el brazo envuelto en vendas improvisadas.

Y el que hablaba… apenas se mantenía en pie.

Arthur se levantó de inmediato.

—¿Qué pasó?

Los guardias no tuvieron que anunciar nada.

El miedo lo hacía evidente.

El hombre cayó de rodillas.

—Mi señor… —tragó saliva—.

—Nuestra nación… nuestra ciudad… Arthur dio un paso al frente.

—Habla.

El hombre levantó la vista.

—El cielo se abrió.

Silencio absoluto.

—Creímos que era una señal —continuó—.

—Luz… presión… y luego… Sus manos temblaban.

—Algo cayó del cielo.

Akira frunció el ceño.

—¿Un meteoro?

—No.

Negó con la cabeza.

—Tenía forma humana.

—Alas.

—Y cuando tocó tierra… una parte de la ciudad dejó de existir.

Arthur sintió un frío recorrerle la espalda.

—¿…un ángel?

El hombre dudó.

—Un arcángel.

Sophia apareció de inmediato.

Su tono ya no era ligero.

—Confirmación conceptual: —Entidad de rango superior.

—Clase: ejecutor celestial.

Kael apretó el puño.

—¿Por qué atacar una ciudad?

—No lo sabemos —respondió el herido—.

—No habló.

—No declaró juicio.

—Solo… descendió.

Arthur miró a su gente.

—¿Sobrevivientes?

—Sí… pero la ciudad está rota.

—El miedo la está matando más rápido que el daño.

El hombre inclinó la cabeza.

—Venimos porque… ustedes derrotaron cosas imposibles.

—Porque su nombre se está extendiendo.

Arthur dio un paso atrás.

Dudó.

No por cobardía.

Sino por lucidez.

—Un arcángel no es una bestia.

—No es un tirano menor.

—Es una voluntad armada.

Sophia habló, suave pero clara: —Probabilidad de victoria: incierta.

—Riesgo de escalamiento: extremo.

Arthur cerró los ojos un segundo.

—Si fallo… no solo muero yo.

—Pongo una marca sobre todos ustedes.

Akira lo miró fijamente.

—Y si no haces nada… ese arcángel seguirá cayendo donde quiera.

Silencio.

El viento golpeó las telas del salón.

Arthur exhaló.

—No prometo vencerlo.

Todos lo miraron.

—Pero prometo esto —continuó—: —No voy a permitir que algo con alas decida quién merece existir.

Sophia sonrió apenas.

—Declaración registrada.

Arthur abrió los ojos.

—Prepárense.

—No vamos a atacar al cielo.

Miró al mensajero.

—Vamos a ver… —por qué cayó.

Y en algún lugar muy alto, algo escuchó ese pensamiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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