Alma vinculada al juego - Capítulo 38
- Inicio
- Todas las novelas
- Alma vinculada al juego
- Capítulo 38 - 38 CAPÍTULO 37 — Cuando el Dominio camina
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
38: CAPÍTULO 37 — Cuando el Dominio camina 38: CAPÍTULO 37 — Cuando el Dominio camina Los preparativos comenzaron sin anuncios.
No trompetas.
No discursos.
Arthur había aprendido rápido que una ciudad no se protege levantando muros primero, sino ordenando voluntades.
Rondas más frecuentes.
Puntos de observación elevados.
Señales simples, claras, imposibles de malinterpretar.
No eran defensas de guerra.
Eran defensas de criterio.
Sophia observaba en silencio.
—Optimización aceptable.
—Nivel de riesgo: contenido.
—Pero insuficiente frente a entidades de rango soberano.
Arthur no respondió.
Lo sabía.
Fue entonces cuando el aire cambió.
No vibró.
No explotó.
Cedió.
En el centro de la ciudad, donde antes había solo una plaza amplia aún sin terminar, el espacio se plegó sobre sí mismo formando un círculo de runas antiguas.
No brillaban.
Afirmaban.
El hechizo de teletransportación no irrumpió.
Se declaró.
Los guardias reaccionaron, armas en mano, pero ninguno atacó.
Instinto puro les gritaba una verdad incómoda: Eso no es algo que puedas detener.
Dos figuras emergieron.
La primera era colosal.
No por tamaño exagerado, sino por presencia.
Un hombre alto, de complexión poderosa, piel marcada por vetas que recordaban escamas antiguas.
Sus ojos dorados no ardían: pesaban.
Cada paso suyo parecía reclamar el suelo.
Detrás de él, un segundo ser: más delgado, afilado, con aura comprimida como una hoja desenvainada a medias.
Un subordinado… pero uno que, por sí solo, habría sido un desastre ambulante.
Arthur ya estaba allí cuando terminaron de materializarse.
No corrió.
No gritó órdenes.
Simplemente caminó al centro de la plaza.
—Bienvenidos a mi ciudad —dijo con calma—.
—Identifíquense.
El coloso lo observó con interés genuino.
—No tiembla —comentó—.
—Bien.
Dio un paso al frente.
—Soy Dravakarn.
—Rey Demonio.
—Dragón Primordial.
Un murmullo recorrió la ciudad como una ola contenida.
Sophia habló de inmediato en la mente de Arthur: —Confirmación absoluta.
—Entidad soberana.
—Clasificación: el más fuerte entre los Reyes Demonio conocidos.
—Concepto: Dominio absoluto.
Arthur no retrocedió.
—¿A qué debo el honor?
—preguntó.
Dravakarn inclinó ligeramente la cabeza.
No como sumisión.
Como reconocimiento de interlocutor válido.
—Algunos reyes demonio han desaparecido.
—No muertos.
—No destruidos.
—Simplemente… ausentes.
Sus ojos se afilaron.
—Eso no ocurre sin causa.
—Y las causas recientes apuntan a ti.
Arthur no negó.
—He tenido encuentros —respondió—.
—Pero no he encadenado a ningún rey demonio.
—Ni he iniciado una cacería.
—Lo sé —dijo Dravakarn sin titubear—.
—No mientes.
—Y yo no vengo a acusar.
El subordinado dio un paso, pero Dravakarn alzó una mano.
—Quieto.
Luego volvió su atención a Arthur.
—Vengo porque eres una anomalía.
—No perteneces a este mundo.
—Y aun así… lo estás afectando.
Arthur sostuvo la mirada.
—No es mi intención.
Dravakarn sonrió apenas.
—Nadie que cambia el mundo lo hace con intención consciente.
Sophia intervino, esta vez con mayor cautela.
—Advertencia: —El interés de Dravakarn no es hostil.
—Es estructural.
Arthur decidió ir directo.
—También viniste por ella.
Dravakarn inclinó la cabeza una fracción más.
—Sí.
—El concepto que te acompaña.
—Sabiduría.
El aire se tensó.
—Pocos pueden cargar un concepto sin ser devorados por él —continuó—.
—Menos aún convivir con él.
—Y tú… dialogas.
Sophia habló, audible solo para Arthur.
—Respuesta recomendada: —Transparencia limitada.
Arthur asintió levemente.
—No la controlo.
—No la uso.
—Caminamos juntos.
Dravakarn soltó una breve risa grave.
—Eso es más peligroso que cualquier pacto.
Miró alrededor: la ciudad, la gente, el orden incipiente.
—No gobiernas por miedo —dijo—.
—Ni por sangre.
—Y aun así, todos te reconocen.
Sus ojos volvieron a Arthur.
—Por eso estoy aquí.
—Porque si alguien está moviendo piezas entre reyes demonio… —no eres tú.
Arthur sintió el peso de esa afirmación.
—Pero estás cerca del tablero —continuó Dravakarn—.
—Y eso te convierte en variable crítica.
Silencio.
Finalmente, el Rey Dragón habló con absoluta claridad: —No vengo a amenazarte.
—Vengo a proponerte algo simple.
Dio un paso más cerca.
—Si descubres quién está forzando el equilibrio… —si ves algo que no debería existir aún… Su voz se volvió firme como roca antigua.
—Me lo dirás.
—Porque cuando el dominio se quiebra… —yo soy quien lo reescribe.
Arthur sostuvo la mirada.
—Y si decido no hacerlo.
Dravakarn sonrió.
No con crueldad.
Con respeto.
—Entonces significará que estás listo para desafiarlo tú mismo.
El hechizo comenzó a disiparse.
—Eso —dijo Dravakarn mientras desaparecía—, —será interesante.
Cuando el aire volvió a la normalidad, nadie habló durante varios segundos.
Sophia rompió el silencio, serena: —Registro completado.
—Interacción con soberano máximo: exitosa.
—Advertencia implícita: el juego ha comenzado.
Arthur exhaló lentamente.
Y por primera vez desde que fundó la ciudad… Sintió que el mundo, de verdad, lo estaba mirando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com