Alma vinculada al juego - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - Capítulo 42: CAPÍTULO 41 — Las huellas del usurpador
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Capítulo 42: CAPÍTULO 41 — Las huellas del usurpador
La sala quedó en silencio.
No era un silencio incómodo.
Era uno cargado de aceptación forzada.
Arthur permaneció de pie, con los brazos relajados a los costados. No presionó más. Sabía que insistir solo rompería algo que aún necesitaba mantenerse firme.
Mora fue el primero en suspirar.
—Siempre haces esto —murmuró—. Decides solo… y luego nos pides que confiemos.
Arthur giró la cabeza hacia él.
—No decido solo —respondió—. Decido porque alguien tiene que hacerlo.
Kael habló entonces, con la voz grave y controlada.
—Si el Rey Demonio Dravakarn te envía, no es un asunto menor.
—Eso significa que los otros reyes no solo desaparecieron… sino que alguien los está reemplazando.
Arthur asintió lentamente.
—O algo peor.
Akira, sentada con el brazo aún vendado, lo observaba sin decir palabra. Finalmente habló:
—¿Sabes quién es?
Arthur negó con la cabeza.
—No con certeza.
—Pero quien sea… tiene el poder suficiente para tocar a los reyes demonio sin provocar una guerra abierta.
Eso hizo que Lyse frunciera el ceño.
—Entonces no es un loco —dijo—. Es alguien que sabe exactamente lo que está haciendo.
Arthur cerró los ojos un segundo.
Eiren Valcross.
El nombre aún no lo conocía.
Pero su sombra ya se sentía demasiado clara.
—Partiré al amanecer —dijo finalmente—.
—Mientras esté fuera, la ciudad queda bajo su protección.
Miró a Akira.
—Y tú no saldrás de aquí.
Akira apretó los dientes.
—No me mires así —dijo—. Sé cuándo no puedo seguirte.
Arthur sonrió apenas.
—Volveré.
No prometió rápido.
No prometió ileso.
Prometió volver.
Fuera de los muros
Arthur dejó la ciudad sin ceremonia.
No hubo despedidas largas ni discursos heroicos. Solo el sonido de las puertas cerrándose detrás de él y el viento golpeando su abrigo.
Sophia habló cuando la ciudad quedó fuera de su campo visual.
—Ruta trazada hacia el dominio demoníaco más cercano con anomalías registradas.
—Advertencia: múltiples reyes demonio han perdido contacto en esa dirección.
Arthur avanzó.
—Entonces empezamos ahí.
El paisaje cambió conforme se internaba en territorio demoníaco. Las tierras eran fértiles, pero algo estaba… mal. Las criaturas que encontró no lo atacaron de inmediato. Algunas simplemente lo observaron, como si esperaran órdenes que nunca llegaron.
—Esto no es abandono —murmuró Arthur—.
—Es transición.
Sophia confirmó:
—La autoridad demoníaca sigue activa.
—Pero su fuente no está presente.
Arthur apretó el puño.
—Alguien la está sosteniendo desde fuera.
Horas después, llegó a lo que alguna vez fue un puesto fronterizo demoníaco. Las estructuras seguían en pie. El estandarte del rey aún colgaba… pero descolorido.
Entonces apareció.
No atacó.
Caminó desde las sombras con pasos tranquilos.
Elegante. Segura. Peligrosa.
—Arthur de la ciudad libre —dijo la mujer—.
—No esperaba que llegaras tan pronto.
Arthur la observó con atención.
—¿Y tú eres…?
Ella sonrió.
—Nyssara.
Nada más.
No necesitaba título.
Sophia reaccionó de inmediato.
—Advertencia: entidad de alto rango.
—Autoridad demoníaca activa… pero no central.
Arthur dio un paso al frente.
—¿Dónde está el rey de este dominio?
Nyssara ladeó la cabeza, divertida.
—Vivo.
—Pero ya no gobierna.
Arthur sintió una presión leve en el aire. No hostil, pero dominante. Como si el espacio mismo reconociera la presencia de ella… sin obedecerla del todo.
—Entonces es verdad —dijo Arthur—.
—Alguien está quitando tronos sin destruirlos.
Nyssara lo miró con más interés.
—No quitándolos —corrigió—.
—Reordenándolos.
Arthur frunció el ceño.
—¿Para quién?
Nyssara dio media vuelta, alejándose.
—Para alguien que cree que los reyes demonio son una reliquia.
—Y que el mundo necesita un orden nuevo.
Se detuvo un segundo antes de desaparecer entre las sombras.
—Dile a Dravakarn que esto ya empezó.
—Y dile también… que tú eres observado.
El silencio volvió.
Arthur permaneció inmóvil varios segundos.
Sophia habló en voz baja:
—Confirmación.
—Existe una autoridad superior no registrada.
—Nombre aún desconocido.
Arthur exhaló lentamente.
—No por mucho.
Miró hacia el horizonte demoníaco.
—Sea quien seas…
—ya dejaste demasiadas huellas.
Y Arthur comenzó a caminar otra vez.
No como un explorador.
No como un mensajero.
Sino como alguien que acababa de entrar, oficialmente, en el conflicto de los reyes.
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